La generosidad de la lluvia

Por: | 27 de enero de 2015

Paisaje de Tiris                                                                                            Paisaje de la región de Tiris

Esta entrada ha sido escrita por el poeta Ali Salem Iselmu.

La lluvia es rahma1, es baraka2, es el retorno de la vida al desierto después de una larga sequía. Los nómadas preguntan por ella, la desean, la buscan en el cielo, en el horizonte; y salen los bueah3 exploradores de la lluvia, a capturar las noticias para trasladarlas a los beduinos.

 

Cuando un enorme río seco, sufre una intensa riada y en su interior queda atrapada el agua, los nómadas buscan las dunas blancas y empiezan a cavar hasta encontrar el precioso líquido que dará vida a sus rebaños y a la vegetación que crece entorno a las zonas que conservan mejor la humedad.

La lluvia también es poesía, es descripción, es precisión, es el cielo salvador, es plegaria hacia dios pidiendo su vuelta, es baile, es música.

Un sinfín de rituales hace el hombre pidiendo que la lluvia vuelva, y al volver, retornan con ella los frig4, los pastos y el ganado. Es así la historia del nómada que busca en las primitivas nubes parte del milagro que caracterizó su antiquísimo, modo de vida.

En las palabras de los antiguos saharauis y de su poesía, la describen en los siguientes versos:

Sobre la montaña de Mades5  ha llovido,
en Telklaket6 crecen las espigas de cebada,
corren las gacelas a su encuentro
y los brotes verdes,
se ven
sobre la hermosa sábana.

Ha llovido,
y el ganado abandonará
los pozos,
buscará el agua de esa lluvia.

Los niños gritan de alegría,
y los veloces dromedarios
se dirigen hacia ella,
quieren masticar las frescas yerbas,
quieren bañarse bajo sus gotas.

El calor desaparece,
los hombres hierven
sus teteras,
beben el dulce té,
observando a sus animales,
beber de los charcos de agua,
que emergen sobre la planicie.

Vuelve la estampa de otoño al Tiris7, al Adrar Sutuf8; y entre montaña y montaña, se ven las jaimas, los hombres, las mujeres y los niños; la vida regresa lentamente después de una terrible sequía, los pastores vuelven a jugar el tablero de la dama de arena con sus palos de Mrokba9 y sus pelotas de estiércol de camello.

La lluvia vuelve a dibujar el paisaje del desierto, devolviéndole, los animales, los pastos y los hombres. Muere la sequía y los nómadas vuelven a bailar con un cuenco lleno de caramelos y otro lleno de leche.

1 Es una palabra de origen árabe que significa misericordia.
2 Es una palabra de origen árabe que significa bendición.
3 Palabra que designa al oteador de la lluvia.
4 Conjunto de jaimas que se forma una al lado de otra, con una separación aproximada de quinientos metros.
5 Montaña del Adrar Sutuf, parte suroeste del Sáhara Occidental.
6 Territorio que se encuentra en Adrar Sutuf, Sáhara Occidental.

7 Llanura blanca caracterizada de dunas y montañas negras.
8 Tierra que se encuentra en el suroeste del Sáhara Occidental.
9 Pequeña planta de tallos amarillos-verdosos, crece en ella una pequeña gramiña llamada Az.

Hay 2 Comentarios

Ali Salem Iselmu (Pirri), es un guerrillero de la palabra. Sobrio cuando hay que ir directo, lleno de color cuando hay que hacer sentir un paisaje. Sabio, y sabiendo de cada piedra del Tiris que recorre año tras año.

lluvia en el desierto, ojalá que no cesara, que no hubiera tanto tiempo de sequía, que lloviera a menudo y que el desierto poco a poco se fuera transformando, que las pequeñas plantas más resistentes empezaran a ir ganando terreno, que ese gran manto de arena se convirtiera en tierra fértil, que todo cambiara a partir de la lluvia.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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