Conversación sobre el primer gaf del poeta Mohamed Salem, Badi

Por: | 12 de junio de 2015

Esta entrada ha sido escrita por Juan Carlos Gimeno, Doctor en Antropología Social, Universidad Autónoma de Madrid

En el curso de un trabajo promovido por el Ministerio de Cultura de la República Árabe Saharaui Democrática tuvimos el privilegio de entablar amistad con los y las poetas nacionales saharauis, y entre ellos con el poeta Mohamed Salem, conocido como Badi. Es el relato de la producción de su primer verso que él nos regaló lo que quiero yo ahora regalaros.


 

El trabajo en el que hemos colaborado como investigadores del Departamento de Antropología Social y la asociación Antropología en Acción, comenzó en el año 2006 y  ha consistido en apoyar a los investigadores saharauis del Ministerio de Cultura a recopilar la poesía oral saharaui con el objetivo de crear el Archivo Nacional Saharaui de Poesía, publicar una muestra de la producción poética de sus poetas como antologías personales, tanto en árabe/hasanía como en español, así como contribuir a visibilizar, mediante imágenes, el conocimiento de esta poesía en el mundo. En relación a este último objetivo ha sido todo un logro culminar la producción de la película documental, “LEGNA, habla el verso saharaui”, dirigida por el poeta saharaui, Bahia Mahmud Awah, y los antropólogos, Juan Ignacio Robles Picón y Juan Carlos Gimeno, que mereció el primer premio en el Festival Internacional de Cine del Sahara en su edición de 2014.

Permitidme un pequeño inciso antes de compartiros este regalo; una anotación útil para situarse en el lugar y el tiempo. Toda poesía es universal por definición, también la poesía oral saharaui que es riquísima en su historia. La particularidad de la poesía oral, como sabéis, estriba en que no es lo mismo leer que escuchar. Hasta hoy ninguno de los poemas compuestos y escritos por estos hombres y mujeres poetas saharauis lo fueron para ser leídos, sino para ser escuchados. Antes de llevar a cabo este trabajo, todos los poemas del poeta Beibuh que nació en 1928 ó 1929, ocupaban una página en blanco. Se trata de una poesía, compuesta siempre sobre un fondo musical, que enreda musicalmente los hombres y las mujeres saharauis con el mundo del desierto y entre sí. Su poesía opera tanto sobre la razón como sobre la imaginación y el sentimiento. Los poetas recitan desde su corazón. En la poesía oral, a diferencia de la poesía escrita que usa el papel como mediación, la relación entre poetas y su público es directa y  tremendamente física; los poemas fluyen de la boca del poeta al oído de la audiencia, de un corazón a otros corazones. Con sus palabras los poetas saharauis hacen de su boca la frontera entre el cuerpo y los significados del  mundo; con su cuerpo abierto al mundo, principio y fin de los actos humanos, estos poetas saharauis practican el verso de Tomas Tranströmer: “El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro”; ese salto que en la sociedad saharaui sólo tiene sentido cuando se comparte con la audiencia, es el poema.

En la lucha contra la ocupación colonial, en el Sahara Occidental la poesía no fue un lujo. La búsqueda de una nueva libertad, nacida como experiencia contra el colonialismo, gestando un nuevo modo de vida a partir de una historia de libertad vivida como sociedad nómada, fue la base de la construcción de una nueva sociedad, el punto de partida para la lucha saharaui, que las circunstancias históricas hizo que se enfrentara al colonialismo de las metrópolis europeas primero, y contra la ocupación marroquí/mauritana, después. La lucha fortaleció la consolidación de una conciencia propia revolucionaria, el surgimiento de una revelación del Sahara sobre sí mismo, en el marco de las luchas contra el colonialismo que estaban empeñando pueblos hermanos en el continente africano y en todo el mundo, donde se ensayaban versiones vernáculas de un ansia global por la liberación, en el contexto de la descolonización del mundo.

A decir de la extraordinaria poeta Jadra Mabrouk, la Revolución saharaui hizo a todas mujeres y hombres saharauis poetas, en la necesidad de encontrar modos nuevos de nombrar al nuevo mundo que se forjaba en los años 1970 en la lucha por ser libres. Para decirlo con el verso de la poeta norteamericana Adrienne Rich en el que sintetiza el despertar de una conciencia: “bajos los párpados de los saharauis nuevos ojos se abrieron”. Esa fue la función de la poesía, nombrar el mundo desde esta nueva conciencia.

Mohamed Salem Badi fue uno de los poetas que contribuyeron a renombrar el mundo en hasanía, la lengua saharaui.. Nacido en 1936 su vida transcurrió entre el nomadeo libre de su infancia y su juventud por el territorio hasta 1958, su trabajo en las tropas nómadas, su vinculación al Polisario a mediados de los años setenta y su contribución en la guerra contra el ocupante marroquí, su exilio en los campamentos de Tinduf. Pero esta sería un reseña biográfica que ignora lo fundamental; Badi es, cualquiera que sean las circunstancias de su vida, un poeta, un poeta universal, como vais a ver; y como vais a ver es un poeta saharaui.

Quisimos saber de él, como de los demás poetas nacionales saharauis, como fue que surgió su primer verso, el primer verso que es el primero de todos los demás. Nuestro amigo, el joven poeta y diplomático saharaui, Mohamed Salem Ebnu, quien escribe su fantástica poesía en español, no se pierdan su poesía por favor, trasladó a Badi nuestra pregunta. Y esta fue respuesta. Lector, espero complacerte.  

Ebnu: Juan Carlos pregunta por el primer verso de Badi, si lo recuerda.

Badi: No sé…tengo miedo a mentir.
Verás, cuando yo empecé en la poesía, ahora tengo más de setenta años, tenía nueve años. Si le restas nueve años de más de setenta, pues es demasiado tiempo.

Ebnu: A ver si puede recordar el primer verso.

Badi: Bueno, como te dije a mí sólo me pidieron un gaf y lo recité, me vino así sin más y luego no le presté mucha atención, no le di importancia. No era algo que yo deseaba hacer, ni fue una iniciativa mía, simplemente me lo pidieron y lo dije y luego no sé, pasé mucho tiempo sin recitarlo. A veces hacemos poesía a nada, a cosas así…a veces le escribimos versos a una acacia, a un arbusto, a una duna o a una Yumaja (brote tierno que crece dentro de Emurcba, un pasto típico del desierto, se extrae de sus cañas y es comestible y sabroso. Y se utiliza coloquialmente para destacar la belleza de una mujer “está como una Yumaja”)
El poeta, maldito sea, a veces hace poesía sobre coas que no existen. Unas veces para decirte que un té está muy amargo, lo hace con un verso, o si quiere que le prepares un té, también te lo dice con un verso y tiene tantas ocurrencias.
A mí realmente no me gusta escribir nada, sino estoy muy seguro de ello. Pero seguramente en otra oportunidad, a lo mejor se lo puedo decir…
He oído a la gente decir algo que dicen que es mío y a lo mejor es verdad. Dicen que yo se lo recité una vez y si lo afirman no debe ser mentira, seguramente es la verdad.
“El ser humano alaba en sus días lo que en otros tiempos criticaba”
Dile que restando nueve años de más de setenta, el resultado es mi poesía y mi vida.
A lo mejor la respuesta a esta pregunta la puede tener Beibuh, seguramente se lo habré dicho en alguna ocasión y si no, habrá gente que lo pueda recordar. Me han preguntado muchas veces sobre este tema. Y hay dos cosas, desde mi punto de vista, que el poeta no puede olvidar, una es su primer gaf, y la otra es la imagen con que expresa un sentimiento o una idea, eso no se olvida ¿Por qué? Por el tiempo que gastó buscándola y el esfuerzo por encontrarla, una búsqueda intensa, exprimiendo sus neuronas hasta encontrarla y cuando la encuentra ya no la pierde. Siempre la recordará y podrá olvidar todo lo que la acompaña y olvidar el gaf o la tal-a en los que la ha escrito, pero la expresión misma, su manera de colocarla en un poema no la olvida. Hay algunos poetas que dicen, a veces, que han olvidado, pero no es así, él siempre la recordará.

Ebnu: Entonces usted no ha olvidado…

Badi: No, nunca. El poeta olvida el gaf, olvida la tal-a, pero la expresión que creó o los recursos utilizados no los podrá olvidar. Y lo debaten los poetas y uno llega a creer que después de veinte años, treinta o cien se olvida, pero no es así, que nadie se esfuerce en ilusiones. Si un poeta se apropia de lo que no es suyo debe saber que su dueño siempre lo sabrá, siempre aunque puede hacerse la vista gorda y no decir nada y puede olvidar la tal-a en la que está.
A mí, personalmente me ha ocurrido…Yo no lo hago porque sé que su dueño lo sabe, sé que el dueño, aunque yo la ponga debajo de mi protección y jure y niegue y oculte, aunque él ya no esté, su creación, esa expresión, no la olvidará jamás. Mi único consuelo sería la muerte de dicho poeta y que además no la haya compartido con nadie, porque lo que le ha costado esfuerzo para conseguirlo, nada lo podrá arrancar de su memoria, nunca jamás.

Ebnu: Entonces recuerda, usted, lo primero que dijo.

Badi: De forma general todo lo que he buscado, con seguridad lo conservo en mi memoria, aunque no recuerde si lo hice en libueir o lebteit, sólo sé que está en mi mente. Cuando recuerdo el esfuerzo que costó encontrarla, desde que la tengo ya no se me olvida, siempre la recordaré… No hay poeta que puede agotar la poesía, agotar sus caminos y posibilidades. Son los poetas los que acaban, ellos mismos, con esos caminos. Y ¿Por qué? Por la falta de investigación y por las prisas. Cuando una persona es cuidadosa, tú por ejemplo vas a escribir un gaf o una tal-a y te paralizas, te detienes. Entonces haces un té, o bebes o te duermes o te despiertas y sin darte cuenta vendrá la solución, siempre y cuando no te apresures. Tiene que llegar la solución, tiene que llegar esa rima, esa terminación que a ti te parece que se ha agotado o se ha tornado estéril, etc. déjala reposar a tu lado y vendrá la solución, sólo tienes que tener cuidado y esperar. Puede que la escuches a un niño, lo juro que de un niño, sentado entre otros niños, y de repente sin darte cuenta pronuncia la palabra, el término que estabas buscando, o lo dice un anciano o cualquier persona, lo puedes encontrar en un libro o en cualquier cosa. El secreto es ir despacio sin mucha prisa, no tengas prisa, no tengas prisa…
Y como te dije, la falta de investigación y rendirse ante las dificultades, eso el poeta lo tiene  que superar.  El poeta no debe rendirse, ni ante Bhar ni ante nada. Al poeta lo que se le pone por delante debe aplastarlo, destruirlo hasta convertirlo en una carretera, la levanta como una autopista. Si se le resiste una palabra o una idea que quiere utilizar tiene que buscar todas las posibilidades, todos los ángulos hasta que le encuentre el sitio adecuado para ubicarla. Si no entra en este bhar, entrará en otro y en todo caso la puede dividir, separar haciendo lo que se llama Alinfilak (separar, dividir), Puede poner una mitad en cada lado, incluso separadas por otra palabra.
Ejemplo:
Dijo Mohamed, que recto sea el camino de, Barikala”
Un hombre llamado Mohamed Barikala, perdón Abdalahi, Mohamed Abdalahi.
“Dijo Mohamed, que recto sea el camino,
Ab“Dijo Mohamed, que recto sea el camino,
Abdalahi, el camino por el que pasaremos.”
dalahi, el camino por el que pasaremos.”
¡Viste! Mohamed Abdalahi, no pudo entrar en un mismo verso por ser un nombre compuesto. Él tenía que nombrarlo pero su nombre era más largo que el verso, él tenía que incluirlo por completo.
Esto es lo que hace el poeta. Dicen que “los poetas son los príncipes de las palabras, las consumen como desean y en ellas se les permite lo que a nadie está permitido.”

Aquel gueif, que dije por primera vez, lo voy a recordar ahora que se han ido las niñas (sus hijas) porque es un verso romántico y en nuestra sociedad cada cosa tiene su momento y tiene su público.
Había un grupo de chicas que por la noche estaba tocando Atabal (tambor) fuera de las jaimas, había también mujeres mayores y niños y estaban cantando y recitando poesía. Una de aquellas mujeres me sentó en su regazo, hacía mucho frío y mi ropa era bastante ligera, eran jirones de una tela cosidos, entonces la llamábamos Dirbala (harapo). El frío era importante y la mujer me envolvió en sus brazos y me pidió que le dedicara un verso. No recuerdo si se estaba burlando de mí o era porque sabía que era de una familia de poetas y le dije:

El más sublime amor de todas mis amantes
me ha convertido en Iram de las Columnas.
(Iram de las columnas era, según el Corán, un pueblo de incrédulos que Alá destruyó y Badi hace una comparación entre lo que le causaba el, supuesto, amor de esa mujer y la destrucción de ese pueblo por Dios.)
Ellas, las chicas estaban cantando:

Vamos despertad hijas de la estrella polar
no vayáis a dormir y echad más leña al fuego.

Era un Shour de una mujer de Atar y estaba muy de moda aquellos días. Tenía muy bonita voz y las chicas lo estaban repitiendo, lo estaban cantando y ella me dijo a ver si me haces un verso y le dije:
El más sublime amor de todas mis amantes
me ha convertido en Iram de las Columnas.

Eso fue a la edad de nueve años, pero casi al cumplir los diez. Fue antes de la muerte de Ahl Lebsir, que ocurrió en 1946. Creo que dos años antes, fue un año que se llamó el “Año de Didhan” estábamos en Dluu al oeste (en el Sáhara). Antes cuando estábamos en un sitio o nos  mudamos a un lugar, empezábamos a llamar al año con el nombre de ese lugar. Decimos por ejemplo El año en que estuvimos en La hamada, o el año del Ragm, etc. cuando es un buen año la hierba o arbusto que abunda en ese momento se asigna su nombre a dicho año, o el lugar en donde se reúne mucha gente, cuando  se llena una laguna como el año de Umdumsiya. Eso nos sirve para indicar y recordar el tiempo.
Esto es todo, Juan Carlos, ya he dado respuesta a tu pregunta, ya te he complacido.

 

 

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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