Memoria de agua [07]

Por: | 18 de junio de 2015

Memoria_de_agua_07                                                                                    Ilustración de Roberto Maján

EL ESPEJISMO DE LA FUENTE DE AGUA - Ali Salem Iselmu

Al acercarme al oasis de palmeras del campamento de Dajla, observé una preciosa fuente sin agua, una fuente que hacer honor a las palmeras que la rodean, ella contempla el desierto, vacía y seca. A su alrededor hay vida, vegetación y agua subterránea.

Los niños corren y se dirigen a la fuente, pero solo hay arena, no podrán jugar con el agua, ni podrán bañarse. En el interior de su garganta se observa el paisaje estéril y seco que caracteriza el desierto, el color azul desteñido de sus paredes y las piedras que la rodean, cubiertas por debajo de pequeños trozos de madera, describen este monumento hecho en honor al agua, en unos de los lugares donde el agua es un verdadero milagro.

He observado muchas fuentes  en Madrid, Vitoria, Pamplona, San Sebastián y otras tantas ciudades, donde el agua está al descubierto como en un pantano, que gracias a la lluvia, el agua forma parte del paisaje cotidiano. Podemos bañarnos e incluso coger una barca y navegar sobre la superficie líquida.

En el desierto, la arena se acumula formando enormes dunas que constituyen un paisaje árido, en el que el agua aparece en forma de espejismo, gracias a la imaginación del Sáhara y de sus altas temperaturas. Los dromedarios pueden beber varias fuentes de agua, cuando se acercan a los pozos.

Son animales que la naturaleza les ha dotado de un depósito en su interior para resistir el calor y la deshidratación.

El campamento de Dajla ha construido una fuente en honor al agua y a los oasis, para que los hombres, mujeres y niños, sepan que por donde corre el agua, el paisaje se transforma y en esa transformación la vida vuelve, al interior de un desierto inhóspito y desolado.

Los pozos que aparecen en el interior de los ríos secos, son las verdaderas fuentes subterráneas que han dado vida al desierto y sus moradores, sobre ellos nació toda la leyenda de la vida y hacia ellos se dirigen hombres y animales, para beber el precioso mejunje, que ellos cuidan y miman como un tesoro preciado y de gran valor.

El agua es el himno de las nubes y de los nómadas, que lo expresan de la siguiente forma:
La fuente está vacía
en su interior,
no hay agua,
los niños la rodean
con arena.

Los dromedarios
olfatean su espíritu
saben que está seca.

En su espejismo
hay agua,
hay vida,
es una fortaleza
irreductible
que mira las erguidas palmeras.

Las nubes la rodearán,
y los nómadas le cantarán,
para que caiga la lluvia,
y abrace la arena caliente
y en ese abrazo,
la fuente del desierto
volverá a ser agua.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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