Los refugiados saharauis despiden otras Vacaciones en Paz

Por: | 31 de agosto de 2015

Vacaciones_en_paz_01Niños saharauis del programa Vacaciones en Paz regresan a los camapamentos de refugiadoas en Tindouf

Esta entrada ha sido escrita por la periodista Alba Villén.

Los refugiados saharauis cierran las maletas un verano más. Vuelta al desierto. Chocolates, miel, aceite, ropa, material escolar... llenan el equipaje de bienes a los que tendrán un acceso limitado en un desierto pedregoso, su hogar. Los 4467 niños saharauis que han llegado a España este año gracias al proyecto Vacaciones en Paz regresan esta semana escalonadamente, según las diferentes comunidades de residencia, a los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia) tras dos meses de convivencia con las familias de acogida españolas.

Las despedidas tienen el sabor del primero de los tres tés del ritual saharaui: amargo. Familias de acogida y refugiados comparten un sabor agridulce cuando no queda más remedio que decir adiós. Los menores, que comprenden edades entre los 9 y 13 años, se reencuentran en los aeropuertos con los nervios y felicidad propios de quien retorna a casa con los suyos. Laila, una de las pequeñas refugiadas que visita España por segunda vez, lleva un par de semanas tachando sobre el calendario los días que faltan para volver a ver a su madre y hermanos. Sin embargo Ali, que ya cuenta con 13 años y es consciente de que vivió su último verano en la península, apura hasta el último momento el abrazo a su “hermano de España”, como él lo llama, y con el que no tiene fecha para reencontrarse de momento.

Vacaciones en Paz es un programa solidario que comenzó en 1976 debido a las carencias sanitarias y temperaturas extremas del desierto, que los refugiados sufren especialmente en verano. Tras la huída de los saharauis en 1975 debido a la invasión marroquí del que por entonces era el Sáhara español y el establecimiento de miles de refugiados en el desierto de Tinduf, los pequeños llegan a España donde viven los dos meses estivales con familias de acogida. Durante ocho semanas se les hace revisiones sanitarias, se vacunan, refuerzan su alimentación con una dieta rica y variada, y comparten con las familias de acogida la riqueza de dos culturas tan distintas: la saharaui y la española.

Los cuarenta y tantos grados por los que este verano gruñía España no es motivo de queja para los pequeños refugiados que durante junio y agosto rozan los 60 en el desierto. Mohamed, un saharaui afincado este verano en Andalucía, ha aliviado el calor zambulléndose en la piscina cada tarde. Mariem, hermana de Mohamed, ha pasado su primer verano en los campamentos por cumplir el límite de edad que acepta el programa solidario y palia las altas temperaturas mojando un trapo y envolviendo la botella de agua con él para quitarle algún que otro grado al agua que tiene para beber. La crisis económica de los últimos años ha hecho que el número de familias de acogida disminuya y que muchos pequeños no tuvieran más remedio que quedarse en un desierto que impide cualquier actividad ante la furia de los rayos del sol. Gely Ariza, coordinadora del programa Vacaciones en Paz de la Coordinadora Estatal de las Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS) nos recuerda el número de pequeños que vinieron en los últimos años: en 2011 llegaron al país 6415 niños, en 2012 lo hicieron 5496, en 2013; 4935, en 2014; 4694, lejos de los 4467 de este verano, según datos del ministerio saharaui. “Aunque los Gobiernos de algunas comunidades siguen reticentes a la atención a la Salud, este verano hubo 40 intervenciones quirúrgicas de carácter leve. Además el programa ha incorporado grupos específicos para celiacos y diabéticos, en los que hay que mejorar los protocolos de atención”, explica Ariza.

Los pequeños que llegan por primera vez a España no conocen el idioma y se asombran de la rutina del país. El agua, los interruptores y la cama, entre otros, causa la fascinación de los niños que miran atónitos y absorben como esponjas todo lo que les rodea. “Nunca pensé que hubiera algo más que arena hasta que llegué a España, había colores por todas partes, los ojos me brillaban, no había visto tanta ropa y comida junta en una tienda”, cuenta Mohamed Salem, que llegó a Extremadura en 2002. Antonio Hernández, el padre de acogida de Salem, le preguntó “¿qué quieres llevarle de vuelta a tu familia?” y él señaló el grifo del agua. “Entre risas y frustración me intentaron explicar que el grifo no funcionaría solo por ponerlo en la pared de mi casa”,explica el refugiado. Mohamed ha tenido la oportunidad de volver a España en 2014 para cursar estudios de postgrado y a sus 23 años dice no haberse reencontrado con el paraíso que recordaba de los pasados veranos, “ya no sentía ese asombro de mi niñez,  aquel paraíso había desaparecido, ahora cuando entraba al metro y saludaba a la gente, se extrañaban, parecían ir a toda prisa”, explica frunciendo el ceño.

Vacaciones_en_paz_02Familias de acogida españolas con los niños saharauis


Las actividades organizadas para los niños en verano permiten a los saharauis reencontrarse “con los suyos” y a las familias de acogida compartir sus experiencias. Piscinas municipales, zoológicos, parques temáticos, excursiones y recibimientos por parte de los ayuntamientos marcan la tónica de los veranos. Fatimetu Mohamed, una refugiada en el campamento de El Aaiun, llegó en junio por primera vez a Madrid, Erik Martínez, su familia de acogida, cuenta que el comienzo no fue fácil, “le costó bastante adaptarse a la vida en España, nos entendíamos por gestos ya que solo sabía algunas palabras en castellano”, apunta. Pero con tesón, cariño y paciencia Fatimetu se hizo con el afecto de todos los que la rodeaban y marchó, hace apenas unos días, con lágrimas en los ojos. “¿Todo eso es playa, seguro que todo eso?”, sonríe Erik recordando su impresión cuando vio el mar por primera vez.

Los pequeños se convierten en el centro de atención en sus casas de acogida y en las plazas y calles que frecuentan. Su piel canela, sus grandes ojos siempre atentos a todo, y su acento improvisando un buen castellano no pasan desapercibidos. Ropa, camas, televisión, juegos... el universo del refugiado se amplía sin límites y vuelve a desaparecer tras dos meses. Una pregunta a la que las familias de acogida se suelen enfrentar es: ¿y no lo pasa mal cuando el niño vuelve al desierto y no tiene lo mismo que aquí? No todas las preguntas tienen respuesta en la causa saharaui, pero a esta contestan muchas asociaciones: “los niños vuelven con sus familias, a casa, con sus hermanos y compañeros de juego, a su colegio con sus amigos, y lo material no es lo único que da la felicidad”.
 
Las asociaciones de apoyo al pueblo saharaui, más de doscientas repartidas por el territorio español, organizan durante todo el año numerosos actos benéficos como carreras, teatros o conciertos solidarios para financiar el programa. El viaje de cada pequeño cuesta 600 euros que normalmente asumen las familias ante la escasez de ayudas públicas. “El precio de los vuelos sigue siendo el gran obstáculo del programa”, explican desde CEAS. Además las asociaciones se esfuerzan en perfeccionar el programa Vacaciones en Paz para buscar un equilibrio ético a una solidaridad impuesta por la necesidad.

Los años y el letargo de la situación de los refugiados saharauis no solo han hecho mella en el estancamiento del conflicto -eterno olvidado por la comunidad internacional- sino que también ha herido, en ocasiones, el fin del programa Vacaciones en Paz. María Álvarez, educadora especializada en cooperación internacional y madre de acogida durante este verano en Castilla-La Mancha, cree que algunas personas han corrompido el programa: “es perjudicial que las familias den a los niños todo lo que piden con el pretexto de que ya tienen que sufrir bastante en el desierto, la riqueza de este programa solidario no recae en lo material”, reivindica Álvarez. La manchega ha tenido que lidiar en ocasiones con berrinches y enfados de la pequeña que achaca a que su familia saharaui le pide que lleve cosas de vuelta. Y entonces ¿qué es Vacaciones en Paz? también son muchos los que lo tienen claro: el fin del programa es educar en la riqueza de la interculturalidad, fomentar valores de respeto y tolerancia y ofrecer oportunidades que en el desierto quedan tan lejanas.

“La piscina”, “el pollo con patatas” y “el mar” es lo más destacado por los refugiados ante la típica pregunta de “¿qué es lo que más te gusta de España?”. Ojos fuera de órbita en niños que alcanzan la década de vida y que nunca han visto el mar, risas ante el intercambio de los “hits” más escuchados en España con las canciones tradicionales saharauis que las familias acaban intentado bailar con una melfa -vestimenta de la mujer saharaui- que pocas veces logran llevar sin tropezar, y miles de gestos sencillos del día a día que son imposibles de entender si no se ha disfrutado de un embajador saharaui en casa. Gran parte de los niños refugiados llaman papá y mamá a sus familias de acogida, reflejo del papel tan sólido y significativo que se adquiere cuando un menor hace un hueco tan profundo e insustituible en sus vidas.

Vacaciones_en_paz_03          Niña saharaui en el autobús que le lleva al aeropuerto de regreso a los campamaentos de refugiados

Hay quien no sabía dónde quedaba el Sáhara antes de que un refugiado llegara a su casa. Tras dos meses de convivencia la presencia del pequeño habrá hecho, en la mayoría de los casos, que el compromiso de la familia traspase el programa solidario. Muchos españoles viajan a los campamentos para conocer su realidad, se interesan por la situación de violación de derechos humanos en los territorios ocupados por Marruecos y acuden a manifestaciones a lo largo del año para exigir a la comunidad internacional que interceda en la resolución de este conflicto, explica Abdulah Arabi, delegado del Frente Polisario en Madrid. Todo ello es parte del legado que los pequeños dejan en casa cada verano con la inocencia de quien cuenta qué es una guerra a través de ojos de niño. Sus “queremos ser libres”, “queremos volver a nuestro país” y sus esperanzadores “Sáhara vencerá” golpean en la razón de quienes piensan que los críos andan ajenos al problema de su país. Pero no es así, ellos saben de lo que hablan. “Me pregunto si la playa de Mijas será igual que el mar de mi país, el Sáhara Occidental”, pregunta Aichatu Abdalahi cuando ve por primera vez el mar, que con 9 años nunca ha conocido su país, en el que ansía vivir.

¿Y tras Vacaciones en Paz? Hay niños que tienen la oportunidad de quedarse estudiando en España a través del proyecto Madraza – que significa escuela en hassanía, idioma de los saharauis- a través del cual cursan el año escolar en España y vuelven los veranos a los campamentos de refugiados, y los hay, en un porcentaje muy bajo, que vuelven al cabo de los años como monitores del programa Vacaciones en Paz. Ese es el caso de Lab Ahmed, que este verano ha vuelto a Lleida tras 13 años. Ahora tiene 23 años y es madre. “La hemos visto pasar de la niñez a la adolescencia y de esta a la madurez, sin transición”, explica Antonia Pons, su madre de acogida durante aquellos veranos en los que Lab era una niña.
Ahora Antonia y Lab recuerdan entre confidencias aquellos años en los que la pequeña empleaba media hora para elegir el helado que quería, “hoy cerramos tarde, aquí está la saharaui”, decían en la heladería. Hoy “todo es distinto”, cuenta Pons, que confiesa que Lab se sigue tomando su tiempo, pero esta vez para elegir el color de la chaqueta que llevará a su hija a su vuelta a los campamentos.

La causa saharaui tiene una amplia delegación repartida en todas las provincias españolas que velan, además de por el éxito de programas como Vacaciones en Paz, por una solución a un conflicto que se prolonga ya por 40 años. “La paz, la estabilidad y las perspectivas de integración en el Magreb dependen en buena medida de la pronta solución del conflicto del Sáhara”, explica el delegado Abdulah. “No podemos cerrar los ojos ante los riesgos evidentes que supone el estancamiento cómplice de este conflicto impuesto y cruel”, añade.

Lab apura los últimos minutos que le quedan junto a su familia en Lleida hablando de sus sueños y de la amargura de una vida en un entorno hostil al que, en palabras de su madre de acogida, “le falta de todo menos honor, dignidad y paciencia”. María reflexiona sobre los momentos vividos con Aichetu y Erik apenas puede articular recuerdos porque el vacío de la marcha de Fatimetu dice haberle dejado en blanco.
Los pequeños ya pisan de nuevo arena. El fuerte viento del siroco no erosiona sus sonrisas y acaban fundiéndose en abrazos con sus padres biológicos. Apenas llevan unas horas en el desierto y ya corren descalzos por la arena en busca de amigos con los que intercambiarán decenas de historias sobre este verano. Los refugiados comienzan a preparar la mochila para el próximo curso escolar en los campamentos. Todo vuelve a su cauce, a la normalidad en España y a la espera eterna en los campamentos. Ahora solo quedan 10 meses para las próximas Vacaciones en Paz, pues la comunidad internacional no parece que vaya a encontrar, en el caso de que la estén buscando, una solución al conflicto durante este tiempo.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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