Memoria de vida [02]

Por: | 11 de septiembre de 2015

Memoria de vida_02                                                                                                                    Ilustración de Roberto Maján

SOBRE UN PEDAZO DE BARRO - Limam Boicha

Este es  nuestro pedazo de barro,
refugio nuestro de sueños rotos,
de trabajo sin paga,
nuestro cuarto de comida y bebida,
lectura y oficina y cama
y música y tertulia
y pies y manos y solos y juntos.

En nuestro pedazo de barro,
entran y salen extraños y conocidos
y nuestra puerta siempre está abierta,
y la ventana también es puerta,
y la puerta, lógicamente, es puerta
simple puerta, de madera sin cerradura,
con  clavo oxidado que hace
el ingrato papel de candado
y, a veces, hay candado,
por si acaso.

Este es nuestro pedazo de barro
compartido,
sobre él sopla el viento
(supongamos un día cualquiera
uno de esos días sin cigarrillo,
ni dinar, ni ougía, ni euro, ni pasaporte, ni visado)
con su  danza en espiral
irrumpe electrizado el viento,
y la  frágil Trinchera de Palabras se desploma
-  por fatua y por desamparada -
con sus láminas de zinc
de rancias costillas,
con su nido de madera,
y principios resecos,  
festín de termitas.

La bombilla procurada
estalla sobre nuestros cuerpos
a ras de suelo,
se esparcen las soflamas  
de la nocturna emisión radiofónica,
 y las escurridizas cucarachas
saquean el reparto del mes sagrado,
dátiles, queso suizo (prohibida su venta ) y la leche
                                                                      /en polvo
saltan las palabras y buscan refugio,
entre nosotros los personajes de
Pedro Páramo
       Hojas de Hierba
                 Relato de un naufrago y
                                    el Lápiz del Carpintero,
deambulan como extraños espíritus.                   
se ahogan en el polvo,   
( lo mismo los vasos, la cintas de música,
la botella de cenizas, colillas  y el agua sucia: arena
                                                                     / y hormigas)
y salen disparados por debajo de la puerta,
igual que los sueños y los versos a medio componer.

Alguien maldice el viento,
se acuerda de la insignia de su abuela
y pronuncia  - como letanía - un conjuro
o una oración para espantar el siroco.

La noche evacua nuestras frágiles ansias,
desde  el este resuena Sherguía,
y la noche es noche
ay! y si uno pudiera abrazar  
la sonrisa de las muchachas
que llega con el silbido del viento.

La noche es noche
y Sahlía, si se le antoja,
acude sin previo aviso desde el oeste.

El rudo viento no cesa,
reparte bofetadas
resentido de sus largas jornadas.

Mientras tanto, seguimos sobreviviendo:     
pedazos rotos de ideal y barro.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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