Memoria de vida [03]

Por: | 19 de octubre de 2015

Memoria_de_vida_03
Ilustración de Roberto Maján

LAS REGLAS GRAMATICALES - Salka Embarek

A la entrada de las celdas cuelga un trozo de cartón en el que se puede leer frases como «Prohibido escribir», «no está permitido leer», «prohibido hablar sin permiso», «prohibido rezar en alto». Los guardianes amenazaban con lanzarlas a los perros hambrientos como castigo o golpear sus cuerpos con garrotes de madera hasta perder el sentido del tacto y caer en desmayo. Treinta años más tarde, alguien detallaría en un informe todas esas torturas y el nombre que recibía cada una.

A Galia se le ocurrió que aquel pedacito de cal que sobresalía de la pared en una esquina de la celda,  serviría de tiza para escribir en las suelas negras de las sandalias, las reglas gramaticales con las que instruir a sus compañeras. Si aparecía un guardián por el pasillo, dispondrían de tiempo para borrar lo escrito frotando el calzado contra el suelo.

Mamía no tenía más de trece años cuando fue secuestrada por el ejército marroquí. Hasta ese momento siempre había asistido al colegio, pero ahora los recuerdos de su vida se presentaban difusos como los sueños. No estaba segura de saber nada que no hubiera ocurrido después de aquel primer día de marzo de 1976.  La memoria no soporta con la misma fortaleza que el cuerpo, los embates del sufrimiento, pero lo que Mamía sí conservaba intactas eran las enseñanzas de su madre sobre cómo debían comportarse una mujer de la familia Salek.

Entre todas decidieron comenzar las clases el primer viernes después de Ramadán, pero las reuniones para acordar los turnos de vigilancia del pasillo se hacían cada vez más peligrosas ante la despierta sospecha de uno de los guardianes. La puerta que daba a las mazmorras disponía de una pesada cerradura que alertaba de su llegada, pero cuando éste se percató, comenzó a dejar la puerta entreabierta y a usar botas de goma. Varias veces Mamía, su hermana Fatma, Galia y las demás, fueron sorprendidas en plena clase mientras recitaban los tiempos verbales. Lo que nunca descubrieron los guardianes, fue aquel pedacito de cal que, con gran cuidado, la maestra volvía a colocar en la esquina inferior de la pared.

EL HAMMAN

El óxido que se desprendía de los platos metálicos flotaba en el agua caliente que daban por la noche. Se pegaba a los garbanzos y se confundía con los granos de sémola triturados. Abrazada a su cuerpo frío, Mamía recitaba en silencio unos versos del Corán que hablaban del amor divino y del perdón humano con la dicción clásica de su dialecto hassania1. Cada noche la oscuridad traía el frío. Los años, que habían raído los bordes de la melhfa2 dejando sus pies  desprotegidos,  borraría los vivos colores de manera desigual por toda la tela. Mientras ella repetía como un mantra las estrofas poéticas de un libro sagrado que aún no conocía, otras sudaban enfermas de tuberculosis. Las clases de gramática por entonces, resultaban cada vez más escasas.

La dirección de la cárcel inauguraría más tarde un hamman3 para bañar a las enfermas y evitar el contagio. La maestra Galia fue de las primeras en probar el efecto del vapor en sus pulmones aliviando las heridas internas que no le dejaban respirar.

Al llegar su turno, Mamía fue conducida a empujones hasta el final de un pasillo desconocido en donde tuvo que esperar su turno en soledad unos minutos. La tarde se coló por la única ventana que dejaba incidir la luz a pocos metros de su cuerpo. Se atrevió a levantar la mirada con la esperanza de ver el color del cielo antes de volver a la profunda oscuridad de la celda.

Habían pasado ya quince años y su corazón no estaba preparado para el magnífico espectáculo que suponía ver, por primera vez en su vida, muy a lo lejos, levantándose por encima de los dominantes muros de la cárcel, las montañas nevadas del Atlas.  Su infancia en el desierto natal aún permanecía en su memoria como un cálido recuerdo, pero este paisaje extranjero, de cordilleras heladas, se presentaba ante ella de forma accidental provocándole un dolor insoportable en el pecho, más intenso aún que el sufrido durante todos esos años desaparecida en las mazmorras. Entendió que de  ahí surgían los ejemplos gramaticales de Galia, de esos monumentos naturales sin dueño donde todo es fértil, hasta lo más sencillo. Ese era el mundo de la poesía y el conocimiento, de ahí venía la música y todas las ideas que mueven el mundo. Abrieron la puerta del recién inaugurado hamman  y recordó que llevaba más de quince años secuestrada y presa.

1 El Hassania es el dialecto del idioma árabe hablado en el Sáhara Occidental, Mauritania y norte de Mali. Es un dialecto que se diferencia bastante de otras variantes del árabe, como el Dariya, hablado en Marruecos y otros países árabes del mediterráneo.
2 Melhfa, tela amplia de colores, o de un solo color, que sirve de vestimenta tradicional a las mujeres saharauis. Es usada también en otras culturas propias de los pueblos del Bidan.
3 Hamman. Baño árabe que incluye el vapor, como los baños turcos.

* El texto está inspirado en las vivencias de la activista saharaui Mamía Salek que permaneció dieciséis años en una cárcel marroquí. 

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Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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