Diario de viaje - Entre arenas (II)

Por: | 20 de enero de 2016

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Los artistas junto a la comunidad de la ESA, en el desfile del Festival Internacional de la Cultura Saharaui

 Por Federico Guzmán

5 de octubre de 2015. En la Escuela Saharaui de Artes conociendo a Nasra y Ahmed.

Por fin llegan Nasra y Ahmed a la Escuela. Nos saludamos todos cordialmente. Noto una energía indefinida de empatía y aceptación, hacemos bromas porque todos estamos alegres, expectantes y un poco nerviosos. Como es costumbre, la adab (hospitalidad) saharaui nos invita a sentarnos y conversar alrededor del té. Nasra habla con Karlos e Ibon con Ahmed, y todos charlamos con todos, y empezamos a conocernos. Liasaa nos ofrece el primer vaso de la proverbial ceremonia del té saharaui. Bismil-láh!1. Nos explica que consiste en un rito pausado en que el té se calienta en el frenna (brasero) de carbón y luego se escancia lentamente de un vaso a otro, una y otra vez en interminables círculos hipnóticos, hasta producir deliciosa espuma. Dice que hay que tomar tres vasos: el primero amargo como la vida, el segundo dulce como el amor, y el tercero suave como la muerte. El té está tan rico que Ahmed propone un cuarto vaso para la resurrección. El té saharaui procede de China y fue introducido por mercaderes franceses en el siglo XIX. Desde entonces se ha convertido en un símbolo adoptado localmente en un mundo interconectado globalmente.

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Encuentro de los artistas con Jadiya Hamdi, Ministra de Cultura de la RASD

Uno de los parámetros que inspiran estas residencias es precisamente el diálogo intercultural. Una de las cosas que empiezo a intuir, después de repetidas visitas a este territorio, es la necesidad de superar las incesantes divisiones que el afán clasificador de Occidente se empeña en multiplicar para intentar entender el mundo. Superar no significa borrar la diversidad de formas de entender y habitar el mundo, sino  más bien trascender el pensar analítico de la civilización tecno-científica, no con una síntesis que reúna los resultados del análisis, sino armonizándolos en un sentido holístico. No existe ciertamente una perspectiva global. Toda perspectiva es limitada, pero existe siempre la posibilidad de un intercambio y de una ampliación de perspectivas y el diálogo intercultural apunta precisamente a esta intuición no-dual: ser garante de que la diversidad cultural no sea sinónimo de violencia o conflicto, y de que la unidad tampoco lo sea de supresión de las diferencias o de monoculturalidad totalitaria.

El té saharaui, siempre asociado a la conversación, nos recuerda que la comunicación cara a cara es aquí el fundamento de la cohesión social. Nasra habla un encantador español con el acento hasanía de los jóvenes saharauis que han pasado veranos en España con el programa Vacaciones en Paz. Es una mujer amable, despierta e intuitiva, estudiante con altas calificaciones en la ESA, con una breve pero destacada experiencia en proyectos como su participación en los Encuentros Internacionales de Arte y Derechos Humanos ARTifariti, un mural colectivo para el Centro de Abastecimiento Alimentario de la Media Luna Roja Saharaui, o la colaboración en el taller de sinestesia de la Fundación Artecittà y la Facultad de Bellas Artes de Granada. Su enfoque es en la pintura, el dibujo y la cerámica. Estos días prepara un cuadro para la exposición colectiva Nujum Saharauia (Estrellas saharauis) que va a ser itinerante por varias sedes africanas. Nasra tiene mucha ilusión con estas residencias artísticas y así lo expresó en su carta de motivación a la candidatura: “Me siento orgullosa y muy animada de representar a la Escuela Saharaui de Artes en otras partes del mundo. Quiero expresarme mediante el arte como herramienta para defender los derechos humanos y para que los demás conozcan mi causa”2.

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Pintura de Mohamed Boisha

La declaración de Nasra es tan sencilla y contundente que en labios de un artista europeo podría sonar casi ingenua. L+s artistas saharauis pintan cuadros políticos, épicos y cotidianos, sus poemas son manifiestos de incertidumbre, protesta y esperanza, su música es reivindicativa, combativa e inspiradora y el cine está comprometido con el esfuerzo revolucionario de su tierra. Su arte es la intifada3 de una nueva vanguardia transformadora. Observamos en ellos una urgencia, una crudeza y una inmediatez tan poderosas que a veces pueden desestabilizar nuestra sofisticada mirada occidental. Los artistas saharauis no se manifiestan por los derechos de autor, no hacen su obra para catálogos, ni selfies para las redes sociales. Si bien podemos hacer análisis postmodernos, deconstructivos o post-estructuralistas de su obra, ésta es sobre todo una indispensable herramienta insurgente, desautomatizadora, decolonial, colectiva y sanadora de desarrollo psico-estético, comunicacional y socio-expresivo. Es el grito de sublevación de todo un pueblo, en lucha no violenta por su dignidad como personas, por su tierra, sus raíces y su libertad. Muchos de ellos no habían pensado ser artistas, pero en vez de agarrar un fusil, han tomado una brocha con pintura, y han visto que pueden, en vez de derramar sangre, embadurnar el mundo con colores, mensajes y símbolos. Tod+ saharaui es artista cuando descubre dentro de si mism+ una luz mágica que le permite trascender su condición de exiliad+, y reconocerse como creador, capaz de transformar la realidad, dando un sentido a su vida dibujando la maktuba(el destino) colectivo.

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Viaje de los artistas a Bir Lehlu, zonas liberadas del Sáhara Occidental

La conversación continúa y los artistas han ocupado la biblioteca como base común de operaciones. Han fijado un horario de mañana para sus encuentros y charlan animadamente. Con material desplegado por todas las mesas, intercambian ideas, fotocopias, referencias de películas, sitios web y archivos digitales. Estoy dibujando en el aula contigua y el sol del desierto entra a raudales por los grandes ventanales. Me refugio en la sombra, porque hace muchísimo calor. Como co-director artístico he optado por la metodología taoísta del wu-wei4 que es un “no-hacer-haciendo” o más exactamente “no hacer-permitiendo que nada quede sin hacer”. Este modo abierto permite acompañar sin juzgar, invitar sugiriendo, indicar revelando, dando a entender preguntando y suscitando la auto-indagación. Además intento completarlo añadiendo toda la información de que dispongo del contexto. A través de la celosía de caña de la biblioteca sólo me llegan retazos de lo que están diciendo, y los escucho como por un teléfono roto: “El País Vasco tiene una relación con el Sáhara de antiguo… Siempre apoyan al Sáhara con fuerza y se sienten cercanos en la búsqueda de su identidad dentro de un país libre y soberano... En las fiestas populares vascas ponen unas jaimas llamadas chosnas y siempre hay pegatinas saharauis… Cuando la policía vasca te coge y te pide los papeles, si ven que eres saharaui te dejan ir… En la guerra del 75 al 90 no se hablaba de España, sino de Euskadi que eran los que más acogían Vacaciones en Paz… Artistas como Fermín Muguruza han apoyado al Sáhara… Y aquí el sentimiento siempre es el mismo: en el Sáhara no vas a tener problemas, y si eres vasco ¡menos todavía!”

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Karlos Martínez a contraluz

1 Bismil-láh!: “En nombre de Dios”. Es propicio pronunciarlo al comenzar cualquier cosa.

2 Nasra Sidi Azman. Carta de motivación para la candidatura a las residencias Entre arenas, 2015.
3 Intifada: “levantarse, sacudirse, sublevarse”. Es el nombre de la protesta pacífica desde 2005 en las zonas ocupadas del Sáhara Occidental.
4 Tao Te King, de Lao Tzu.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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