Lágrimas saharauis

Por: | 08 de enero de 2016

Abrazo_Fotografía de Pep Farràs
"Abrazo" Fotografía de Pep Farràs

Esta entrada ha sido escrita por la doctora saharaui Lehdía Mohamed Dafa.

No podía comprender como a pesar de la catástrofe que habían sufrido su voz sonaba jovial y con una energía renovada.

Había tenido que refugiarse en la colina porque el agua de las tormentas se había embalsado, inundando toda la daira (barrio). Las paredes de adobe de la cocina y la sala se habían disuelto como un azucarillo y el mínimo ajuar estaba embarrado.

Toda la wilaya (municipio) había sufrido cuantiosos daños, cientos de casas derrumbadas, las familias lo habían perdido casi todo y la ayuda: comida, lonas, mantas, linternas..., no llegaba.

Decían que en Dajla la situación era mucho peor, todas las casas se habían derrumbado. En 40 años de refugio en la hamada argelina los saharauis nunca había sufrido unas inundaciones tan dañinas como esta.

Por más que le preguntaba “¿tu qué tal estás?” “¿qué tal mis hermanas?”, “¿y los niños?”, él solo me hablaba de que en la badía (el campo, en el desierto) estaba empezando a brotar el pasto, que en unas semanas o meses el Sáhara (Occidental) se convertiría en un paraíso verde, rebosante de comida para los camellos y las cabras. Quería prepararlo todo para partir. Hicimos planes de irnos juntos a Emheriz o Tifariti, disfrutar de la vida, de las conversaciones sin tiempo, del té, de la noches estrelladas…

Ahora me emociono y hasta me ha asomado una lágrima; y yo, también, sólo pienso en el viaje.

Hasta pronto papá.

Hay 4 Comentarios

La esperanza...

Tuve a Teslem tres años,en verano,con el programa vacaciones en paz,luego tuve la oportunidad de ir a los campamentos,fue el viaje mejor de mi vida,te dan todo y no tienen nada,de esto hace unos diez años,se crea un lazo de compromiso para toda la vida, hablo con ellos todas las semanas y cuando tengo la oportunidad mando ayuda porque no es fácil,me encantaría poder volver,pero siempre pienso que el dinero de mi viaje les hace mas falta que mi presencia,aunque Teslem me dice que prefiere que vaya

No he podido evitar emocionarme, hace 10 años más o menos pase 3 veranos seguidos en el Sahara, ha sido la mejor experiencia de mi vida hoy más de 10 años después no puedo evitar emocionarme al pensar en su gente, ¡¡que gente!! por dios. Un fuerte abrazo desde España.

Bueno ya sabemos lo que es la inhumanidad ¿no? pues eso, permitir que familias enteras vivan en el desierto sin ningún tipo de recurso, sólo tierra y cielo, y hasta hacen conciertos de vez en cuando, es que ......

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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