Diario de viaje - Entre arenas (IV)

Por: | 05 de febrero de 2016

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Paseo por el desierto

Por Federico Guzmán

12 de octubre de 2015. Paseo al atardecer. Reflexionando sobre el significado de refugiado.

Con el fresco del atardecer, salimos a caminar por el desierto. A la “hora mágica” las sombras se alargan sobre la tierra y todo relumbra incandescente. El cielo del campamento es enorme, los horizontes son tuyos, y el sonido se expande sin barreras. Risas de niños en la distancia, balidos lejanos de cabras, la llamada del muecin a la oración... todo apareciendo y desapareciendo sobre un fondo de silencio. Ibon recoge una piedra de sílex que recuerda un hacha rupestre. Creo que mi amigo ha apuntado a algo muy profundo con su cuestionamiento de la separación entre “nosotros” y “ellos”. Empiezo a entender cómo esta fractura sostiene toda una cosmovisión del mundo que ha embrujado a nuestra cultura. Observemos los retos que está enfrentando la humanidad. ¿Cuál es la causa del expolio de los recursos, el colonialismo, la discriminación, la desigualdad, el racismo, el terrorismo, la crisis económica, el consumismo sin sentido y el incremento de gastos militares en guerras sin fin? Estos problemas existen, en mi opinión, porque la civilización tecno-científica hegemónica está propagando una visión del mundo culturalmente condicionada que presenta la vida como una guerra interminable entre fuerzas antagónicas, una lucha entre el bien y el mal, el hombre y la naturaleza, el amigo y el enemigo, "nosotros" contra "ellos". Este bio-poder dualista e imperialista solo ha creado desigualdad, infelicidad e inestabilidad porque está planificado para perpetuar el control sobre la vida de las multitudes. Desde Adán y Eva, seguimos alimentándonos mutuamente la mentira del bien contra el mal, y la familia humana parece estar viviendo bajo ese hechizo, con el cerebro lavado, adoctrinado e hipnotizado para vivir en el miedo, para cerrar nuestro corazón a una mayor generosidad, alegría, sabiduría, creatividad, cooperación, paz y compasión. Ibon deja la piedra de sílex colocada verticalmente en la tierra, como un micro-monumento anónimo. Todo es inteligible desde la perspectiva unificadora de la veracidad. Y nuestra verdadera historia es que somos hermanos y hermanas, niños y niñas mágicos del árbol de la vida.

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Flor de berenjena en el huerto de Mohamed Ali

Cerca de la jaima de Muyeb, pasamos cada mañana junto al huerto de Mohamed Ali, un venerable sheibany (anciano) que cultiva sus matitas con dedicación. Cercados con bajos muretes de adobe crecen felices tomates, berenjenas, calabacines y zanahorias. Este remanso de austera biodiversidad está amorosamente atendido con inteligencia ecológica y tesón. Aquí no hay pesticidas ni semillas transgénicas y las mariposas vuelan por todas partes. Un simpático y raído espantapájaros nos recibe con los brazos abiertos. Mohamed Ali dedica parte de la indispensable agua de la ayuda humanitaria asignada a su familia a regar su pequeña yannah (jardín, paraíso) en la tierra salada de la hamada. Aquí también prosperan tres arbolitos de moringa, la “planta milagrosa” que el gobierno y las ONGs está distribuyendo entre la población por su alto contenido nutritivo de vitaminas y aminoácidos y por su rápido crecimiento y resistencia. Hoy el cielo está inusualmente nublado y los verdes de las plantas destacan de forma matizada en la paleta ocre-arenosa del desierto. De pronto, una gota me cae en el rostro. Luego otra, otra y otra… empieza un pequeño milagro. Las hojas verdes repiquetean con agua de vida. Oigo los gritos alegres de niñ+s corriendo y saltando y veo a la gente salir de sus casas a empapar sus cuerpos de felicidad.

En las múltiples conversaciones con saharauis afloran continuamente las contradicciones que vive nuestro pueblo en el desierto. Ibon me ha pasado el Homo sacer1 de Giorgio Agamben, donde el filósofo italiano profundiza en la condición de los refugiados. El texto me hace ver que estas contradicciones no son sólo las que vive el pueblo saharaui refugiado, sino las de todo el modelo biopolítico occidental. Agamben explica que, “en la antigua Grecia, existían dos términos para definir la vida. Zoe era la mera vida desnuda y pertenecía al dominio de la naturaleza, como la vida de todos los otros animales. La zoe, por ser vida natural estaba fuera de la política clásica. La política, en Grecia, debería construir una verdadera vida humana, bios, diferenciada cualitativamente de la mera vida natural, zoe. En las sociedades pre-modernas del Medioevo la vida natural era sagrada y de dominio divino. Esta percepción cambió en las sociedades modernas donde la vida desnuda, la pura vida natural, se tornó el fundamento del propio Estado. Por ello se denominó “Estado-nación”, porque el soporte del Estado está en el hecho biológico de nacer. A través de la vinculación artificial del nacimiento con la ciudadanía, la vida humana es capturada como soporte del Estado. De esta forma los nacidos son recubiertos jurídicamente como ciudadanos y transformados en soporte de la soberanía nacional. El refugiado encarna el límite en que el derecho, al proclamarse como derecho de los ciudadanos, defiende al ciudadano abandonando al ser humano, que sin derecho ni ciudadanía no es nada más que una vida desnuda. Para Agamben, el concepto del refugiado debe ser considerado como una categoría política radicalmente fronteriza, un límite externo que pone en cuestión los propios principios del Estado-nación. Desde su condición de límite, el refugiado interpela y ayuda a pensar y renovar unas categorías modernas que ya no sirven para defender la vida humana como tal”2.

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Artesanía con mensaje


Retomando la tesis de Hanna Arendt en su ensayo Nosotros refugiados, Agamben sugiere que los refugiados representan, de hecho, “la vanguardia de su pueblo”. “Pero eso no quiere decir que podrían ser el núcleo de otro futuro Estado-nación. Para Agamben, solamente en una tierra donde los espacios de los Estados hayan sido agujereados y topológicamente deformados, y el ciudadano haya aprendido a reconocer en sí mismo la realidad del refugiado que existe en él, solamente en y a partir de esas dos condiciones es posible pensar la sobrevivencia política del mundo futuro. En lugar del Estado-nación, tenemos que imaginar la posibilidad de construir comunidades en las que el principio político fundador sea la extraterritorialidad recíproca, lo que obligaría a repensar nuevas relaciones internacionales. El concepto político orientador de reconocimiento no sería más el ius del ciudadano, en su lugar se reconocería el refugio del individuo. Eso significaría que en lugar de Estados nacionales divididos por fronteras territoriales, habría que crear comunidades políticas diversas y en movilidad permanente. El concepto de persona podría volver a tener un sentido político importante, que ahora ha perdido porque ha sido usurpado por el concepto de nacionalidad. Desde la perspectiva que nos desafía a pensar nuevas formas políticas, más allá del Estado-nación, los refugiados representan una vanguardia. Ellos son el indicio que indica una orientación posible para donde dirigir los esfuerzos y luchas políticas futuras”3.

1 Giorgio Agamben. Homo sacer. Pre-textos.
2 Castor M.M. Bartolomé Ruiz, Los refugiados, umbral ético de un nuevo derecho y una nueva política, La Revue des droits de l’homme [En ligne], 2014, URL : http://revdh.revues.org/988
3 Ídem.

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Lo ideal sería que todas las personas pudieran moverse y asentarse en un territorio libremente y que no hubiera fronteras.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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