IV Centenario Cervantes: Mi Quijote cabalga en Tiris

Por: | 29 de abril de 2016

QUIJOTE_Fadel_Jalifa
Ilustración del artista saharaui Fadel Jalifa

Como saharauis que hablamos, pensamos y hasta soñamos en español, con motivo del IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, a lo largo del mes de abril realizaremos nuestro pequeño homenaje al gran escritor. Esta entrada ha sido escrita por el poeta Bahia Mahmud Awah, miembro de la Generación de la Amistad Saharaui.

Mi Quijote cabalga en Tiris

Mi admiración por “Alonso Quijano el Bueno”, pese a que el Instituto Cervantes no ha tenido la imaginación de que yo hablaría su idioma en los confines de la nada, en donde se camina y no hay huellas y se habla y todo es prosa y se escribe y todo es versos de arena y versos de madera… No tuve yo la culpa de aprender su idioma en un cuartel militar, ahí donde estaba mi escuela…

Tampoco me arrepiento de lo que aprendí con mis maestros, y con mis monjas vestidas de blanco, a las que escuchaba fascinado cómo pronunciaban mi apellido, “Mahamud”… o el nombre de mi pueblo “Au-serd”,  me encantaba cuando alguien les preguntaba y ellas respondían… “son nuestros hermanos de la provincia del Sahara”.

Desde entonces ha corrido el tiempo y en los días que se celebraba el cuatrocientos aniversario de la obra cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra, nacían las primeras, pequeñas pero tan grandes, obras literarias en lengua española de unos poetas saharauis.

Y me pregunto si es una casualidad mi intención de homenajear al ilus-tre maestro que nos embrujó con su idioma en el desierto, o es que estoy atraído por los mejores versos jamás compuestos en lengua española en mis tierras saharianas. Volví a repasar la historia por si encontrara esa razón que inevitablemente está presente como identidad compartida entre metrópoli y colonia…

Mi memoria, aún fresca, guarda el olor de mis primeras cartillas de parvulitos donde se recogían casi todas las asignaturas: lengua, religión,  ciencias,  geografía… y con todo esto se me hace muy familiar el aniversario y más cuando leo que estuvo encarcelado muy cerca de nosotros el hombre por el que gracias a su idioma nos identificamos como el pueblo árabe africano de habla hispana.

Pero siento que alguien nos está ignorando… no fueron nuestros maes-tros ni las monjas ni el mismo Miguel de Cervantes si estuviera entre los que somos testigos del Cervantes del siglo XXI.

Creí mucho en la fuerza de tu imaginación, nunca dudé de tu inmenso alcance e influencia entre nosotros los habitantes del Sahara, y traté de recrearte e imaginarte en el desierto, ensillando tu rahla1 al lomo de un flaco corredor, al que llamarías Yamali Labiad2, y con tu inseparable escudero que te seguiría con su domada y bajita saidah3 de carga.

Te vería vestido de gala con dos darraas, blanca y azul, que destacarías con edjnaid4 cruzadas sobre tu pecho, único yelmo que usaban los caballeros andantes saharianos. Y cuántas veces te imaginé librando encarnizadas luchas contra gigantes de vientos y caballerías de espejismos, proyectados por pequeñas piedras que se vislumbran desde lejos en los calurosos días del desierto.

De reino y patria, en lugar de La Mancha, tendrías los montes de Leyuad,  famosos por sus cuentos de misterios diabólicos y leyendas entre los pastores de Tiris, tierra de muchas fábulas.

Entonces ya te asimilaría como un patrimonio que también es de los hombres del desierto y en vez de creer haber leído que habías nacido en una casa medieval de Alcalá de Henares, diría desde tiempos remotos: “he aquí la jaima negra hecha de pelo de dromedario y erguida sobre dos largas rkayis5, el hogar donde nació el genio sahariano Miguel de Cervantes”.

Y que en tu andar habrías atravesado Uad Saguia6, y que en cuatrocientos días de caminar de los dromedarios7  alcanzarías Adrar Labyad8, retomando la marcha después de dos días de descanso para abrevar tu yamal9.

Aquí, te vería cambiando de dirección atraído por la jabar10 que venías oyendo en tus encuentros con pastores y dayarin11  hacia el centro de la vida beduina de Tiris, los frig de los eruditos, los juglares, los caballeros andantes, los guerreros, las bellas y muy deseadas doncellas, igual podrías haberle entregado el corazón a una dulce Fatma de Tiris.

La tierra de los poetas seguro te habría inspirado la obra cumbre entre los hombres del desierto que tanto afán tuvieron por aprender y leer tu magna obra literaria… ya me estás trayendo a la memoria versos sobre ese lugar por el que yo te imagino caminar:

Tierra de corazones,
de hombres del verbo,
poetas y anónimos eruditos.

…en la cueva de un corazón
hay damas con ojos de arco iris
y umbrosas pestañas,
paisajes de aire indeleble,
Matusalén, pan y rebaño

…Leyuad, alma de Tiris,
santuario de magnánimos,
leyenda de fantasmas,
cazadores de arco y flecha.

Y no dudaría en haberte visto enfrentándote al gigante que nuestro poeta Limam describe en estos preciosos versos:

Gigantes de luna
sentados en sus tumbas
esperando al espíritu
que vela su eterno sueño.

¿Dónde rezaban sus plegarias
a esa soberbia belleza?

Y encontraríamos esculpido en tu mansba12, “que acreditó su ventura, morir cuerdo y vivir loco”, cuando ya en paz descansaras en una magbara13 de nuestros muertos vivos. Seguro que en paz descansa tu alma como decimos, alah yarhmac14.

1Rahla: montura del camello para el hombre .
2Yamali Labiad: nombre preferido por los caballeros saharauis para nombrar su mejor dromedario de montura.
3Saidah: dromedaria estéril que se doma para la carga.
4Edjnaid: correaje que se ponían los caballeros saharauis alrededor de la darraá.
5Rkayis: palos sobre los que se monta la típica jaima saharaui.
6Uad Saguia: el río que atraviesa El Aaiun y desemboca en el Atlántico.
7Cuatrocientos días de caminar de los dromedarios: expresión utilizada por los caballeros saharauis para medir las distancias recorridas por los camellos en un viaje.

8Adrar Labyad: zona de Tiris muy famosa por sus dunas y sus piedras blancas .
9Yamal: dromedario.
10Jabar: noticia que corre de boca en boca.
11Dayarin: buscadores de camellos.
12Mansba: lápida en la tumba de los saharauis que identifica a quien está enterrado.
13Magbara: cementerio.
14Alah yarhmac: que Dios bien te acoja.

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La vida sin apellidos escribe sobre la tierra la historia de la humanidad poco a poco a través de las plumas de alguna gente sabia, que existe en todos los rincones.
Del planeta.
Haciendo resonar como un eco el sonido del universo reverberando en los montes, en los ríos, en los árboles o en las piedras.
Eternamente.
Por encima de la vida de los seres vivientes de cualquier clase o condición.
Está el eco.
Que sostiene el mundo, sin límites ni fronteras artificiales como invisibles hilos, o rayas en el suelo.
Que borra el aire.
En el planeta Tierra, la casa de los humanos y de todo cuento existe hecho a conciencia.
Por la mano inteligente y generosa.
A quien volvemos los ojos, por encima del ruido de la calle.
Desde el fondo de nuestra alma.

Maravillosa ilustracion de Fadel Jalifa en commemoracion de IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes.

Estariamos encantados de poder enviarte unas camisetas.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

SANKARA SIDATI2
Poema de Bahia MH Awah, escritor, poeta y antropólogo. Imagen del archivo RASD, el poeta y diplomático saharaui Mohamed Sidati y el desaparecido líder africano Tomás Sankara en 1982 visitando a la República Saharaui y a los campos de refugiados saharauis. 

África vuelo California BA 279

En homenaje a mis hermanos y hermanas del

África negra que surcan por sus

sueños atravesando desiertos y

océanos por un mundo mejor.

 

Lejos y sin cosechas, allí dejo

mi África sin pan.

 

Repetía una y otra vez cuando despedía

tierra firme, su tambor, su mortero y su viejo arado.

Náufrago,

se marchó en busca de otros horizontes,

y el África atrás despedía, sumergida en tristes tinieblas,

de hambrunas,

de guerras de tripas,

de cayucos y pateras,

hundidos con todas las quimeras de la tribu.

 

El pan que un día partió para traer

costaba tanto como el caviar

del “Masa Time Warner Center de Manhattan”.

 

Bububakar, no dejó de llevar consigo un fardo

lleno de ilusiones,

se lo aconsejó el jefe de los saimara,

se lo aconsejó el chej de los bambara,

se lo aconsejó el patriarca de los zulú,

para que el día de la vuelta,

“si Dios navega

en tu habitual deriva de cada mar

viera su nueva chabola rebosando pan,

trigo, maíz, arados y el timbal de tambores”.

 

Desde mi ventanilla busco África y delibero para sofocar

la ira de mi conciencia.

 

Veo una Europa egoísta,

envuelta en oscuras nubes del porvenir,

veo gigantes rascacielos,

veo chimeneas de fábricas triturar mi virgen maíz,

y veo otras ensayar armas que destruyan

los verdes campos de mis trigales,

y al ver otras y otras aldeas de espigas segadas

el dolor remueve mis intestinos vacíos,

esos de quienes llegan la deriva.

 

Preocupados los ancianos del clan,

dicen, de España esta vez llegan al Atlas

blindados de guerra en vez de granos de cebada

para hacer el cuscús del Rif,

y de Francia estorban la vida muchos soldados,

que no dejan de molestar ¡Eh, tu outre ici!

En pleno vuelo,

no dejo de pensar en el viejo continente,

rezo para que esa humanidad vuelva a emerger

otra vez tras este siglo sin siembras

de maíz,

sin arrozales y sin el sagrado trigo de los hijos de Caín.

 

Ya sobre las nubes del Atlántico

siento franqueadas las fronteras,

y rotos los sueños,

los cayucos no cesarán de atravesar estos mares

porque creen que otro mundo más justo es posible.

¿A dónde vas humanidad de tez blanca?

De ojos miopes, azules, oscuros y verdes,

de hurtados cerebros enfermizos,

de vacíos y retuertos vocabularios

de postizos principios y corruptos amigos,

su mundo es tan alejado,

separado y diferente en valores de lucha,

de África y de la franca libertad al mío.

 

Y como africano le confieso que

ni una vez me inclino a la mano que se besa,

ni en mi corazón tengo lugar para cubrir al malvado.

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El País

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