IV Centenario Cervantes: Primera Parte del ingenuo hidalgo don Quijote de La Hamada, también llamado del Sáhara

Por: | 08 de abril de 2016

Ilustración_Quijote_Moulud Yeslem
Ilustración del artista saharaui Moulud Yeslem

Como saharauis que hablamos, pensamos y hasta soñamos en español, con motivo del IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, a lo largo del mes de abril realizaremos nuestro pequeño homenaje al gran escritor. Esta entrada ha sido escrita por la poeta Zahra Hasnaui, miembro de la Generación de la Amistad Saharaui.

Capítulo primero

Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo saharaui en el comienzo de sus andanzas. 

En un lugar del Sahara, de cuyo nombre quiero acordarme y a todos recordar, no ha mucho tiempo que vive un hidalgo de los de Kalashnikov en astillero, la voluntad como adarga, mehari1 flaco y dreimisa2 corredora. Una olla de algo más lagarto que carnero, arroz las más noches, y lentejas lo demás consumen las tres partes de su hacienda. El resto della concluyen tuba3 de maniya4, barrad5, darraa de basan6, turbante de tubit7 y sandalias de cuero para las fiestas, los días de entresemana se honra con su uniforme de tropa de lo más digno. Tiene en su jaima a su madre, que pasa de setenta, una sobrina que no llega a los veinte, y una descoyuntada dreimisa que así sirve de rocín como de improvisado lecho en las gélidas noches del desierto. Frisa la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, es de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la libertad. Quieren algunos decir que tiene el sobrenombre de “Marroquí” o “Mauritano”, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por fuentes constatadas, se deja entender que es Saharaui. De esto importa mucho a nuestro cuento, es de añadir que en la narración dél no se sale un punto de la verdad.

Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, no ha mucho, vivía en otro lugar del Sáhara Occidental. Las huestes provenientes del norte se apoderaron de su ciudad, devastando sus esperanzas de independencia. Llegó a tanto el desatino que forzóle a abandonar  su hacienda y enseres con lo puesto que, teniendo en cuenta la latitud, no era mucho. En llegando a esta parte del desierto del Sáhara, La Hamada, encontróse con unos caballeros misericordiosos que cediéronle  refugio, sobre todo de esas fieras aves ferradas escupiendo fuego letal cual obra del diablo.          

Con estas circunstancias perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara solo para ello.  No acertaba nuestro hidalgo a encontrar la razón de la sinrazón de su condición. Dispuesto a enmedalla, se dio por leer libros de movimientos de liberación y de independencia, escudriñando lo que ahí se relataba. Participaban los mesmos personajes, una metrópoli, una colonia en lucha, un caballero andante que doblegaba al ambicioso acometedor y un concejo allende los mares que parecía tener gobierno sobre todos los países, de nombre Naciones Unidas. Padecía sobremanera nuestro hidalgo en hallando que su historia no compartía el mesmo final feliz, la independencia. Enfrascóse tanto en su lectura, que el cerebro llenósele de la fantasía que leía en los libros, así de batallas, desafíos, como de valerosos caballeros, Simón Bolívar, Gandhi, Kwame Nkruman, Nelson Mandela…     

En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para su honra como para el servicio de su República, visitar ese insigne concejo de sabios, Naciones Unidas, ante el que presentar sus respetos, como cualquier caballero andante que se precie, y exponer el agravio del que había sido objeto por parte del monarca marroquí, ya que de sus lecturas entresacó que este concejo arbitraba los litigios entre caballeros. Imaginábase el pobre ya recompensado por tamaña intrepidez y por mayúscula afrenta con la independencia inmediata de su país, y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba.

Y lo primero que hizo fue limpiar una gumía pequeña que había pertenecido a su bisabuelo, desempolvando su vaina de cuero artesano cuarteado, y llevándola a un herrero para rejuvenecer su filo. No acababa de fiarse el feliz caballero de esos artilugios modernos, y dando honor al nombre de la daga,  guardola en la manga.  

Fue luego a ver a su dromedario, y aunque ingenuo, mas no tonto, en viendo sus tachas y su famélico perfil cambiólo por su dreimisa. Un atisbo de lucidez hízole pensar en el inconveniente de atravesar el Gran Mar, siendo de secano desconocía lo que es menester para ello; mas pudiendo más su locura que otra razón alguna, finalmente antojósele un obstáculo insignificante para su dreimisa.     

Teniendo ya transporte y armas, sólo le quedaba poner nombre a sí mismo y a su dreimisa. El de ésta lo tuvo de inmediato, Hurria8. El alborozo de la facilidad con que habíalo hallado se truncó en impaciencia ante la imposibilidad de decidir el suyo. La fortuna parecía abandonarle. Llevóle ocho noches y ocho días. Después de muchos nombres, que formó, borró y quitó, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al final se vino a llamar de la forma más previsible, don Quijote de la Hamada, en honor a la tierra que le había acogido, mas acordándose de que muchos caballeros agregaban el nombre de su patria, así quiso como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya, con que, a su parecer, declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della, resolviendo llamarse también El Quijote del Sáhara. He aquí, pues, la razón de esta doble nominación de nuestro bravo caballero.  

Prestas, pues, sus armas, afilado el acero de su gumía, elegido el rocín motorizado, confirmándose a sí mismo y a su llevada, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin fruto y cuerpo sin alma. Si por su buena suerte, en su camino hacia el Alto Concejo, encontrárase con algún gigante alauita y finalmente le rindiera, sería a bien tener a quien presentarle hincado de rodillas para que su grandeza dispusiera del vencido a su talante.

¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo terminado sus prevenciones y más cuando halló nombre para su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza, de quien siempre había estado enamorado. Llamábase República, y buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de gran señora, vino a llamarla República Árabe Saharaui Democrática, porque era natural del Sáhara también, nombre, a su parecer músico y significativo, como todos los demás, que a él y a sus cosas había puesto.

1 Mehari: dromedario blanco de montura.
2 Dreimisa: nombre popular con el que se denomina a los vehículos del ejército saharaui, de una famosa casa británica. Literalmente significa “rapada” (el coche es femenino en hasania; la autora se ha tomado la licencia de mantener el género original).
3 Tuba: pipa artesana local.
4 Maniya: tabaco natural.
5 Barrad: tetera.
6 Basan: tejido lustroso de color blanco o azul con el se suelen confeccionar las darraas.
7 Tubit: tejido de paño fresco.
8 Hurria: libertad.

*Extraído del libro Don Quijote, el azri de la badia saharaui, escritores saharauis.

Hay 0 Comentarios

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

Ver todos los fragmentos »

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal