El colorido de los atuendos

Por: | 22 de agosto de 2016

Ebbaba Y Fati_vestimenta tradicional
Ebbaba y Fati vestidas con la ropa tradicional saharaui

Ruge el viento tras la lona de la jaima. Hoy ha sido un día más de calor. En su interior, nuestro hombre saca una libreta donde anota recuerdos, inventa historias y relata la vida en el campamento. A veces le gusta pensar cómo era la vida en la ciudad, el ajetreo, el ruido, sus gentes y el olor a mar. Escribe a mano para luego trasladarlo al bloc de notas de su Samsung Galaxy, con paciencia y esmero. Y entonces, cuando todos duermen, mientras  los escarabajos excavan túneles en la tierra, camina hasta un lugar elevado en busca de un poco de cobertura. Consigue enviarnos su crónica, su relato, su historia. Memoria viva de todo un pueblo que deja escapar los días en un campamento de refugiados en el más inhóspito de todos los desiertos. Mi admiración y respeto a nuestro compañero, Mohamidi Fakal-la, un valiente caballero del desierto.

Esta entrada ha sido escrita por Mohamidi Fakal-la desde los campamentos de refugiados saharauis. 

El imponente atuendo de hombres y mujeres saharauis no hay que verlo con tanta simpleza que solo se limite al tono y colorido, ni tampoco como un modo de vestir tradicionalmente reservado a momentos festivos. En efecto, detrás de los “extravagantes” trajes que hoy se exhiben con lucidez tanto en el hogar, en el mercado, en las oficinas, en puerto y en aeropuertos, se esconde con sencillez todo un ideal, una idiosincrasia costumbrista que preconiza el simbolismo de una sociedad que emana sus raíces de una cohesión étnica, religiosa y social, bien definida geográficamente. Con esta máxima se eleva todo un contexto nacional y racional entorno a unos valores heredados ancestralmente.

Estos nobles cimientos se conservan en el seno de la sociedad con cierto celo. Y con un aperturismo de cara al medio circundante y a la vez tolerante. Gracias en primer término a la erudita enseñanza oral presente en el entorno familiar y que refuta categóricamente todo desliz que no honra al ser dentro del conjunto social. Por muy simple que ese hecho parezca anodino.

Este entendimiento bien valorado se establece como uno de los parámetros sociales a través de los cuales se identifica potencialmente el acervo cultural que encuentra en los colores un modo de vivacidad. Es verdad que algunas civilizaciones se difieren de otras en este sentido a causa de sus particularidades políticas, culturales y económicas.

Los colores negro, blanco y azul celeste, identifican claramente la vestimenta tradicional saharaui. Estos colores y coloridos representan por igual una elección al tejido que podría ser de lino o de algodón, en un clima hostil que impone sus propias reglas. El nativo está llamado a refugiarse y parapetarse a fin de no perecer en el silencio de la soledad.

La sobretúnica o como se conoce localmente darraá. Esta vestimenta reservada a hombres, suele ser igualmente de color blanco o azul, amplia, ligera y refrescante. Acompañada de zerual, pantalón, y en ocasiones se compagina con chabadur, camisola larga y estrecha de mangas largas. Para cubrirse del sol y el siroco se utiliza el alzam o turbante, completando el original traje de los hombres del desierto. El alzam mayoritariamente es de color negro y el más célebre es el de nila de tinte azul añil.

Por su parte, la mujer cubre su cuerpo con la melhfa con una elegancia preponderante. Combinando colores, pasando por el negro, blanco hasta el azul. Pero el más tradicional y apreciado es la melhfa de nila, de ese color azul añil. Es destacable que en toda esta alusión predomina una presencia religiosa, ambiental, económica y cultural. Finalmente es de señalar que los cambios experimentados por la población en las últimas décadas, han introducido toda una gama de colores en el diseño de las melhfa de mujeres de todas las edades. Quizá este nuevo rumbo es motivado por las importaciones a gran escala del mercado asiático y en concreto el de China y el de Cachemira.

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guapísimas

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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