Memoria de ciudad [07]

Por: | 02 de septiembre de 2016

Madrid_Ilustración_Roberto_Maján

LA PRISA DE MADRID - Ali Salem Iselmu

Cuántas veces intenté fraguar mis sentimientos y recomponer mis ideas pensando en el esfuerzo que he de realizar para llevar mi voz de un sitio a otro, porque la voz de uno es también de otros cuando más la dotamos de contenido y nos comprometemos en trasladar a los demás nuestra experiencia mediante historias, anécdotas compartiendo lo que nos pertenece de forma generosa.

La última vez que estuve en Madrid sentí la sensación de llegar a una nueva ciudad gobernada por el movimiento y la velocidad, tantas caras se cruzaron con mis pasos; caras de diferentes tamaños, ojos con distintos colores y personas que se mezclan con las luces y los anuncios de la navidad; pero en todas se nota cierto cansancio y el agobio de subir un metro todas las mañanas y ver las mismas personas, cada una hundida en su propia vida. En medio de aquello me sentí un espectador en la jungla urbana pero en ningún momento quise ser partícipe y me conformé con guardar mi sitio hasta bajar en la parada de metro; a toda prisa subí la escalera y rápidamente busqué el autobús, después de unos minutos en medio del frío que me parecía más suave que el de Vitoria llegué a una avenida que era el punto de encuentro de un tráfico acelerado y en la mitad había una preciosa fuente de agua que reflejaba toda la luz en los chorros que iba soltando de forma continua. De repente me vi perdido y llamé inmediatamente a Bahia por teléfono porque no sabía dónde me encontraba; me explicó que él estaba en el sitio donde habíamos quedado pero yo me equivoqué y no lo supe distinguir, después de describirle el color de los edificios y la fuente decidí preguntar a una mujer el nombre de la calle y me indicó que cruzara el puente hacia la avenida, en la cual debí bajarme en un primer momento.

Después de caminar unos metros y cruzar el puente vi a Bahia dirigirse hacia mí y en ese instante supe que estaba en la calle en la que debí de bajarme; nos saludamos e intercambios las principales novedades, después compramos pan para la cena y subimos a su casa, allí estaba Conchi muy hospitalaria como siempre, pendiente de los platos, la cocina y la conversación; me saludó e intentó en todo momento que me sintiese cómodo pero yo le insistí que era uno más de la casa y que no se preocupara absolutamente por nada. A medida que nuestra charla iba adquiriendo, alrededor de los platos y el té, tono de poesía, literatura, el Sáhara y la Generación de la Amistad Saharaui, hablamos de la necesidad de seguir escribiendo e intentando trasladar historias sobre nuestra realidad a la gente; me acuerdo que les dije que leí en el periódico El Correo un artículo sobre Poemario por un Sahara Libre en el que la periodista reconocía la importante labor de divulgación que hace sobre la cultura saharaui.

Nos levantamos a media mañana y empezamos a leer antologías de poesía y a seleccionar poemas, yo decidí leer unos versos de Limam Boicha y Chejdan Mahmud, mientras observaba el sol entrar en el salón jaima y bebía tranquilamente mi primer vaso de té verde; en ese momento recordé el sol caliente del Sáhara pero estaba convencido que el invierno madrileño es bastante helado y la temperatura muy baja.

Los tres decidimos coger el metro e ir a divulgar la cultura saharaui mediante la poesía y la música en el multicultural barrio de Lavapiés, acudimos a nuestra cita a las seis de la tarde, el teatro estaba semi-vacío y la gente fue llegando de forma pausada hasta que nos reunimos un buen grupo, pronto estaba el teatro lleno de amigos y gente muy conocida en la poesía como la escritora Ana Rosetti y otros más… y empezamos a hablar de cultura, la saharaui, y la necesidad de divulgar la historia del Sahara a través de canciones y versos que arranquen los sentimientos de la gente como complemento a los discursos políticos que muchas veces aburren al auditorio porque no dialogan directamente con el individuo ni le arrebatan parte de sus emociones.

Al terminar mi intervención a toda prisa corrí hacia el autobús en una frenética carrera en la que apenas percibí la prisa del metro, desesperado llegué a mi asiento, miré a todos los que estaban a mi alrededor, saqué el libro “Memoria del Fuego” de Eduardo Galeano y seguí leyendo la belleza de su lenguaje profundo describiendo la historia de América; mientras las luces y el ruido de Madrid iban desapareciendo lentamente y yo quedaba inmerso en el silencio de la noche.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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