Selma Uld Mohamed Uld Brahim, alias Belgha, el erudito y poeta visionario saharaui

Por: | 30 de septiembre de 2016

BELGHA_Y_BAHIA
El poeta Selma Uld Mohamed Uld Brahim, alias Belgha, charla con Bahia Mahmud Awah

El semblante de su figura me infundió un enorme aprecio y respeto desde que empecé a conocerle de una manera diferente a los demás. Alto, moreno, de rostro risueño que llena la vista desde el primer contacto con él. Me impresionó su cabellera cortada y cuidada a la manera antigua como la llevaban los grandes eruditos y sabios saharauis1; y el brillo de las canas de su melena tintada de un color azul oscuro debido al roce con el tradicional turbante negro de nila, colgado en su cuello y a veces enrollado sobre su cabeza. Vi por primera vez a Belgha, todo un personaje de nuestra cultura, en los años ochenta. Él formaba parte de un variopinto elenco artístico que recorría la parte liberada del territorio para acompañar y animar a las regiones militares, la población nómada y la comunidad saharaui en Mauritania.

Belgha actuaba aquel día con el principal grupo de música y teatro de aquellos años, que a veces desarrollaba sus actividades con motivo de los festejos nacionales, como el día de la unidad nacional u otras fechas que acogen las localidades saharauis en la zona liberada. Belgha recreaba y animaba a una población que había sufrido las consecuencias de la invasión; aún muchos saharauis, que entonces eran niños, arrastran consigo las secuelas y psicosis que dejó entre la población civil. En los últimos años de la guerra Belgha, con su compañía de títeres, deleitaba a niños y mayores en las localidades de Tifariti, Zug, Awadi, Agüeinit o en el Festival Internacional de Cultura y Artes Populares que celebra cada año el Ministerio de Cultura saharaui. Pero en esa época Selma para mí sólo era el titiritero que animaba y deleitaba a todo espectador, dirigiendo y creando con el movimiento de sus hábiles piernas y brazos un muñeco tradicional saharaui que bailaba y congratulaba a pequeños y mayores que le acompañaban con los coros en sus danzas.

Los cámaras extranjeros, ante su imponente presencia, lo enfocaban en primer plano sin saber de quién se trataba, inducidos  por su figura fotogénica y unos rasgos físicos como los de los grandes eruditos saharauis de siglos pasados o filósofos de la Grecia antigua. Por su aspecto prototipo de hombre beduino de especial carisma llamaba la atención antes de subir al escenario.

Se le conoce como Belgha entre la población a causa de unas babuchas que en los años cincuenta se traían de Bélgica y que su padre calzaba. El apodo se transmitió de padre a hijo y éste lo ha querido conservar. Para cualquier persona, Belgha es a simple vista, una impresionante figura esculpida por la naturaleza del desierto, un hombre que, sin profundizar, para el observador llama la atención más por su aspecto que por su interior.

Belgha es una figura emblemática, pero que pasa un tanto desapercibida entre su gente por el hecho de no dar a conocer de forma pública sus otras facetas de erudito. Su virtud de sabio multifacético es desconocida por una parte de la sociedad saharaui, tal vez a causa de su humildad, que le hace no parecer lo que él sabe qué es realmente. Tras una noche de fluida y abierta conversación en uno de mis viajes a los campamentos de refugiados saharauis pude constatar con certeza que es un erudito visionario, gran poeta y un excelente orador con un dominio absoluto sobre la cultura e historia de su sociedad. Se le puede definir como antropólogo, sociólogo y por qué no filósofo en su tierra. Enseguida nos hicimos amigos y el interés que me suscitaba, él lo intuía como erudito, lo que fue un factor para ganar su confianza durante mis contactos para mi trabajo de investigación sobre la memoria y cultura oral saharaui.

-Me crié entre el ganado camellar, no conocía las vacas ni las cabras y junto a mi familia nos trasladábamos en el territorio desde sus más extremos límites del norte, moviéndonos hacia el Río Saguia al Oeste y siguiendo hacia el Sur, en las fronteras con Mauritania. Desde que tuve juicio recuerdo que nunca hemos cruzado al Norte más allá del Río Saguía. Mi madre murió cuando yo era un bebé, y entonces me crió y me educó mi abuela hasta que me hice mayor. Mi abuela nació en la región de Tiris en la parte noreste cerca de Zueirat en Ereig Ateintana, mi padre también nació en Tiris. La vida de mi abuela madre, fue excepcional y merece atención para buscarla en mi memoria o en la memoria colectiva de nuestra historia de hace un siglo atrás.

A los siete años comencé a aprender leer y escribir en elouh y memorizar los primeros versículos del Corán. El almurabit2 primero me enseñó a leer y memorizar y luego a escribir. Llegué hasta el versículo Sabih y Amma, pero después de haber memorizado ocho capítulos dejé el aprendizaje en elouh y me dediqué a la diversión y caprichos de los niños de la badia, juegos tradicionales, disfrutar tanto de bodas, como de fiestas de reconciliación, de divorcios o de bautizos.

Belgha apuntaba a propósito de su dominio de la cultura saharaui y el amor que le atrae hacia ella desde pequeño, que antiguamente los mauritanos decían que los saharauis en el saber y la ciencia son el tronco del árbol y ellos como sus hojas. Belgha, en la explicación de sus planteamientos, siempre argumenta para contrastar todo lo que transmite a sus interlocutores, y este es un rasgo que caracteriza a los grandes maestros y eruditos. Ante una pregunta que le repetí varias veces sobre cómo había adquirido el bagaje cultural que posee me explicó, en estos tajantes términos, que el aprendizaje ha sido algo natural para él durante toda su vida.

Sobre la inteligencia argumenta, recordando teológicamente, que hay siete días a lo largo del año en los que todas aquellas personas que nacieran en ellos suelen ser sumamente inteligentes o, en el otro extremo, tienen serias dificultades psíquicas. Y sobre esta historia cuentan que al principio de los tiempos hubo una mujer llamada Zahra, que era muy inteligente y bella. Al morirse Dios la convirtió en una brillante estrella en el cielo que guiaba a los nómadas en sus periplos por el desierto. Durante su aparición en el firmamento hay siete días durante los cuales las personas que en ellos nazcan serán especiales, superdotados, inteligentes, desquiciados, valientes o cobardes. Y todos nacen distintos a los demás en sus extremas cualidades humanas, en lo referido a inteligencia o belleza física.

- Desde mi infancia siempre me he dedicado a nuestro ganado, no he hecho otra cosa que no fuera el cuido de los dromedarios de mi familia y el conocimiento de mi entorno social. Conocía cada miembro de mi ganado, sus hiran3, sus mayores, sus intenciones y comportamientos y hasta conocía con cabal certeza sus huellas. Puedo identificar sus pisadas en tierra entre muchos otros ganados cuando se me pierden, incluso puedo reconocer los dromedarios mal domados, los tranquilos y los que suelen huir para no ser domados, a los que llamamos sharid o shirrad. Sé ordeñar las camellas, cómo saltar sobre el lomo de uno cuando las circunstancias me lo exigen. Y también sé curarlos cuando enferman o cuando una hembra es estéril y se necesita su procreación, porque para el hombre del desierto la reproducción del dromedario es un proceso vital para su subsistencia. Creo que apenas quedan saharauis que puedan discutir conmigo el conocimiento sobre estos emblemáticos y venerados animales, ya sea en lo que concierne a su curación, su cuidado o su ordeño. Toda esa fortuna de dromedarios que tuve la heredé de mi padre y de mi abuela.

Como decía al principio Belgha es un poeta visionario, si comparamos las predicciones en su poesía o en sus adagios encontramos cierto paralelismo objetivo con la obra de Chej Mohamed Elmami. Esta poesía-predicción de Belgha le acerca al sabio que vivió un siglo antes que él, y con el que sin embargo comparte el concepto de la unidad cultural saharaui. En este poema, que Belgha dice que es un proverbio, se esconde una visión sobre el periodo colonial, y el fruto de un siglo de colonización.

Tengo un gallo que este año
incuba sus huevos.
Uno de sus huevos entona su canto.
Y le pregunto a quienes detentan el poder,
¿para quién está guardado este huevo?

En los años setenta Belgha cantaba en varios proverbios el nacimiento de la revolución saharaui. El gallo según él, es el poder colonial, y el huevo que entonaba su canto, es la revolución saharaui. Fruto de ese dominio dio un huevo; es incoherente que un gallo incube un huevo, sin embargo Belgha explota todo recurso que su imaginación concibe.

Chej Mohamed Elmami escribió hace 145 años este trinomio de verso-adagio-proverbio, en los que encontramos cómo el erudito visionaba el nacimiento del Polisario un siglo antes de que ocurriera, como un frente que dirigiría a los saharauis y a la vez lo interrelacionaba con el problema de anexión que iba a perpetrar Marruecos dos siglo después.

الصحرء دارت قفار        ولجبه حاجبه لخظر
لمغرب بنه شار              اركب عنهى وحدر

El Sahara puso su gorro en la cabeza
enfrente está su verde frente.
Marruecos la apunta con su mira
tira arriba, y tira abajo y no acierta.

Belgha también tuvo esa visión años antes del desencadenamiento del proceso de liberación saharaui. En su conciencia de beduino fue crítico contra la presencia colonial y a la vez se declaraba incitador a rebelarse contra todo mal social o político que padeciera su sociedad.

- Antes de incorporarme al éxodo en el año 1975 colaboraba con mis escritos en un programa de poesía que se emitía en la Radio de El Aaiun. El espacio lo realizaba Sidati uld Salami, un buen crítico literario, maestro y poeta, ciego, gran conocedor de la literatura hasani, y Banahi uld Lemhaifid que le hacia la lectura de la correspondencia de los colaboradores. Recuerdo que una vez escribí al programa con el pseudónimo de “Zaabur uld Derbal uld Taleg Ruhu uld Magadilu”4. Escribía en el género elbach, es decir a bocajarro. Un día en la calle vi cómo la gente despilfarraba la comida. Otro día me causó estupor e indignación ver cómo la gente tiraba alimentos y ropa nueva en la basura, recuerdo una carísima darraa de marca Petit Point y una melhfa de nila de la marca Jint Enáma5.

Mi conciencia no podía con ese tipo de derroche sabiendo que había familias que se mantenían de las piedras y gravillas que sus hijos recogían trabajando una larga jornada para la empresa estatal Cubiertas y Tejados. Y a sabiendas que nuestras riquezas tanto minerales y marinas, explotadas por la metrópoli, eran más que suficientes para no dedicarnos a duros y miserables trabajos. Los que vivían bien eran precisamente aquellos que tiraban la comida y los que no tenían nada carecían de fuerza para protestar.

Empecé a escribir al programa de radio con mi seudónimo Zaabur, desencadenando mis críticas en principio sobre temas sociales, y más adelante me declaré en mis poemas amante y conquistador de Egbinaha, nombre de una chica que vendría a significar literalmente “la hemos aceptado” en referencia a El Yabha, el Frente Polisario. Al Frente en sus primeros años la metrópoli lo llamaba despectivamente Lfalaga, los insurrectos, para identificar a los guerrilleros Polisarios. Pero yo a este movimiento ya le había nombrado como Egbinaha. En ese mismo año que nacía el Polisario, se difundió un rumor que algunos miembros de El Yabha fueron capturados por la Legión española en la localidad de Boir Tiguisit, la noticia no estaba confirmada, sólo era un rumor de la gente. Yo por naturaleza soy una persona muy reservada en mis sentimientos, no mostré ninguna preocupación pero en mi interior algo palpitaba y poco a poco surgieron de aquellos acontecimientos diferentes versos.

Después de Leboir6 no habrá más que paz…
y no oculto su encuentro,
era de pies hasta el busto,
toda ella un collar7,
se lo digo a todos.
Y entre mi gente a Egbinaha, la hemos aceptado,
y a mi gente le quiero
decir que no habrá más que paz.

Cumplo un año bajo la oscura sombra
de una larga noche
con la única darraa8  que tengo.
Mi amada dice como el búho:
“mi destino será el que está echado”9.

Envié mis poemas al programa, y los recitaron como poemas de Zaabur, al que dieron las gracias. Semana más tarde escribí otro poema definiendo la ciudad de El Aaiun, tal como era antiguamente y como seguía en aquel entonces.

Mi ciudad El Aaiun, capital del Sahara,
que en ella la paz reine,
será el lazo entre los pueblos del Sahara
y los de España.

Y es efectivamente lo que aún está pasando después de treinta y cinco años, el lazo de unión histórico se mantiene y se fortalece de forma no oficial, sino de pueblo a pueblo, el saharaui y los pueblos de España.

Escribí en la misma época un poema que criticaba el tribalismo y creo que debo sentirme satisfecho de ser el primer saharaui en proscribirlo mucho antes que apareciera de forma oficial abolido por Egbinaha, el Frente Polisario, durante el proceso de liberación nacional saharaui. Verás que con estos versos he sido el primer saharaui que reniega del tribalismo y resumo mi crítica a esta lacra social en torno a la unidad de Uad Saguia y los cien riachuelos de los que se alimenta. Con eso quería explicar nuestra unidad nacional y la cohesión de toda la sociedad saharaui en un solo punto de convergencia, el Frente Polisario.

Alabado sea Dios.
del Río Saguia,
bebe el Sahara.
De todos sus riachuelos Saguia bebe.
Hoy saludo a todos los ríos de Saguia,
porque sobre uno de tus cien ríos,
todos en uno desembocan.

Selma, al terminar de recitarme el poema, me miró y extendió su mano sobre mi hombro como advertencia para que le prestara toda mi atención en lo que continuación me quiso explicar:

El Río Saguia está formado por cien afluentes, y con el propio Saguia son ciento un ríos, y todos en Saguia desembocan. Antes había muchas tribus divididas y subfraccionadas, era la política de la metrópoli para mantenernos enfrentados por el linaje y las dualidades jerárquicas pero hoy sólo existe el pueblo saharaui y este merito es del Frente Polisario, esa chica llamada en mis versos Egbinaha.

El periodo de los años sesenta y setenta se caracterizó por muchos procesos sociales y confrontación política entre las potencias occidentales y sus colonias. Es el caso de la causa palestina en el Medio Oriente, el estancamiento del reaccionario mundo árabe de la época en esa región y los procesos de descolonización en África en la que la conciencia de Belgha estaba impregnada de manera muy directa, porque el territorio seguía siendo una colonia española.

Ante aquellos acontecimientos su poesía ya estaba bastante madura y era recitada con cautela entre la gente. La poesía de Belgha contó tal vez con el handicap de que tenía gran compromiso social y político, lo que le hacía difícilmente asimilable por una sociedad de mayoría nómada. Las circunstancias políticas en la región y el auge revolucionario en el territorio y en la vecina Argelia, no la dejaban ser cantada a los cuatro vientos por temor a represalias. Quedó reducida a un círculo muy limitado y a la vez aislado de los grandes núcleos urbanos, por la propia vida nómada de Belgha. Buscó entonces salir de esta asfixia yendo mas lejos de lo que realmente pasaba en el Sahara, tomando como ejemplo lo que sucedía en otros países. Así se desahogaba en estos versos señalando con el dedo al Egipto post Gamal Abdel Nasser, una nación derrotada y entregada al Israel de Moshe Dayan y sumisa a la política de la corona británica y los Estados Unidos durante el mandato del presidente Lyndon B. Jonson.  

London emite en El Cairo,
y El Cairo abre a London.
Lo primero si lo digo es una insinuación,
y lo otro si lo digo es aberración.

El decano de los poetas saharauis Badi Mohamed Salem en cierta ocasión le dijo a Belgha “Juraría que eres un grande entre los grandes poetas. Nosotros escribimos bien poesía, sin embargo tu poesía es visionaria y sabia, como la de Chej Mohamed El Mami”. Esta afirmación no deja duda alguna de la envergadura de este gran erudito y poeta visionario de nuestro siglo, una figura de nuestras letras que esa faceta de su vida pasa desapercibida.

1 Los eruditos y caballeros saharauis antiguamente dejaban crecer la cabellera hacia arriba, dejando siempre la frente despejada, para no impedir el contacto de la frente con la tierra a la hora de realizar la oración.  
2 Maestro de la escuela coránica.
3 Plural de huar, cría del dromedario.
4 Zaabur: nombre inventado que sugiere misterio y aventura; Uld Derbal: el hijo del harapo; Uld Taleg Ruhu: hijo del que va a su aire; uld Magadilu: hijo del que no le importa nada.
5 Literalmente, tela de la avestruz, una tela muy cara que procede de Oriente.
6 Localidad de Boir Tiguisit, en la región de Zemmur.
7 En la literatura hasania el collar es expresión máxima de belleza.
8 Vestimenta tradicional saharaui para el caballero.
9 En la narrativa saharaui hay una historia relacionada con el búho. Se trataba de un ser que poseía una gran fortuna de dromedarios pero al perderla quedó gritando con la voz con la que orientaba a su ganado, lamentándose de su suerte.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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