Cuerpo a tierra (Leyuad)

Por: | 10 de febrero de 2017

Sidi Brahim uld Ishdur_Hamida Abdulláh_Bunana Buseif_Selma Brahim Belga
Los poetas saharauis Sidi Brahim uld Ishdur, Hamida Abdulláh, Bunana Buseif y Selma Brahim “Belga"

Esta entrada ha sido escrita por Gonzalo Moure, escritor, co-director de Leyuad, un viaje al pozo de los versos y miembro de la Asociación Escritores por el Sahara-Bubisher.
    
La sala estaba llena. Y los tres directores temblábamos como hojas de  talha en pleno siroco. No era ya un festival, tierra de profesionales y buenos aficionados, sino un verdadero estreno. El estreno. En la filmoteca del CGAI. Leyuad echaba a andar donde debe: entre la gente.

En la mesa, la ministra de cultura, Jadiya Hamdi. Una luchadora de la cultura. Empeñada en encontrar la manera de ofrecer salidas culturales a los niños y jóvenes de los campamentos: Escuela de Arte, de Música, Escuela de Cine. Y cómplice del Bubisher para que toda esa actividad intelectual tenga un refugio, un puerto seguro en cada campamento. Y también en la mesa un hombre bueno, comprometido y sólido, brillante y humilde al mismo tiempo: Manuel Rivas. Su presentación fue breve e intensa: viajemos juntos hasta Leyuad, hasta la Tierra de los Hombres del Libro.

Mientras la película reproducía el viaje al pozo de los versos, iniciado en la jaima de su querido Badi Mohamed Salem, Rivas no dejaba de tomar notas. Y después, en el coloquio, las fue desgranando. A veces, el director no se lo ha planteado, pero… Llega a algo que estaba debajo, como el pozo de agua ignorado debajo de los pies. Y así, el escritor nos sorprendió al poner uno de los vértices de la película en la escena en la que el filósofo Belga juega dentro y fuera de la jaima con Mohammed, el único niño presente en el campamento de Leyuad. Suena de fondo la canción del músicoMehdi al bubisher. No canta al proyecto de bibliotecas y bibliobuses, sino al auténtico bubisher, al pájaro de la buena suerte, tueirazueina. Mantiene Manuel Rivas que ese instante es clave, porque el sabio que necesita sentir la tierra en cada lugar del desierto que pisa, que se acuesta y rueda por ella, le propone lo mismo al niño: cuerpo a tierra. Pasado, presente y futuro. Y tiene razón el escritor gallego, porque sin esa renovación la película no estaría completa, porque Limam Boisha vive en el exilio, necesita volver con los poetas mayores hasta el pozo de los versos, pero sin el niño Mohammed ese viaje no tendría sentido. Es esa nueva generación la que tiene que ir sintiendo también la tierra en sus manos y su espalda, o el Sáhara quedará huérfano de cantores y poetas.

Leyuad quiere ser eso. No ya un tratado de erudición sobre la poesía y sus formas, sino un canto a la vida, sin la que la poesía no es más que un “lujo cultural de los neutrales”. La poesía, en la película, toma partido. Partido por la tierra, por la gente, por la relación entre el ser humano y la tierra. Dice Limam en uno de sus primeros textos de la película que siente que se está quedando seco del Sáhara, que tiene que ir a Tiris porque… “cómo puede crecer la poesía en una tierra en la que nada crece.” Es decir: en el exilio, en la hamada que jamás fue la patria de los saharauis, tanto como en la lejana ciudad de asfalto y cemento. Algo que a veces se olvida, sobre todo entre las nuevas generaciones: la hamada es el destierro en sí; la ciudad es también la hamada. Por eso, el viaje de los cinco poetas hasta el enclave mágico y espiritual de Leyuad es un viaje simbólico de todos, todos los saharauis, hasta la cuna de su poesía, entendida esta como la clave de su propia identidad.

Susurra Limam casi al final de la película:
“Quiero acabar de aceptar que la tierra es la verdadera patria del verbo. Porque si seguimos así, con un pie tan lejos del otro, en la emigración y el exilio, acabaremos por desgarrarnos. Tenemos que aceptar que somos saharauis aquí, saharauis allá; al mismo tiempo, con todas nuestras contradicciones, con la inmensa belleza de nuestra herencia común.Solo así lograremos ser un pueblo completo.”

Leyuad, como recuerda Badi en su jaima, antes del viaje, significa “los generosos”. Y como también dice Limam en las últimas palabras de la película, los galabbaLeyuad, HeletLeyuad, Ebulay, Amailag, Tuama… son la petrificación de todos los poetas muertos vivos y futuros del Sáhara. Ellos, el propio Badi, Bunana, SidiBrahim, Belga, son… los generosos. Leyuad hecho carne.

“Memoria del tiempo
que sigue moliendo
la sustancia de las estrellas.
Volveremos a encender los fuegos
Que acabarán por expulsar a los enemigos,
que ni siquiera merecen ser nombrados.
He aprendido el camino.”

Ahora el camino de Leyuadestá en aquellas ciudades que quieran conocer el pozo de los versos, que quieran ver al entrañable Badi Mohamed Salem dibujando para sus compañeros en la arena el mapa del lejano valle, pero también en las jaimas y en las escuelas de los campamentos, donde crece una nueva generación que también deberá tener sus poetas. Nosotros, BrahimChagaf, Inés Aparicio y yo, también lo hemos aprendido. Cuerpo a tierra.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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