El dolor del destierro de la patria

Por: | 18 de agosto de 2017

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Foto: B. Awah 2005

Texto de Bahia MH Awah

El desaparecido intelectual fundador del Frente Polisario Luali Mustafa Sayed afirmaba en sus famosas charlas conocidas como “Conferencias de los cuadros de 1976” ما دام العدد ماه ممكن من حيث الكمي لازم انوفر النوع. لازم اذا كان العدو يحسب بنحاس احن نحسبو بذهب “Mientras nuestro enemigo nos supera en cantidad, nosotros debemos prevalecer en calidad. Y si él cuenta en cantidades de bronce, nosotros debemos contar en calidad de oro. Sin entender esta idea se nos podrían complicar las cosas”.

Las palabras de Luali me llevan a recordar estos versos de Mohamed Moulud Uld Omar Uld Ali, cuando era entrevistado, hacia el año dos mil, por el investigador saharaui Mali Mohamed Backar. A la profunda pregunta “¿Por qué a la fuerza has sido desterrado de tu tierra?”, Moulud respondió con estos versos, que detallan y simplifican cualquier respuesta que se plantea cuando se trata del forzoso exilio, con lo que conlleva de destierro y dolor.

ان الزمان رماني                    لمن هو بالمـحن

وذللني من فراق                    الاهل والوطــــن

ياويح باكــــــــية                   تبكي على وطني

كان ياليتــــــــها                   في سالف الزمـني

El dolor del destierro de la patria

El tiempo me ha empujado

a donde hay dolor.

Me ha amedrentado

por la separación

de mi familia

y de mi tierra.

Ay, de aquel que llora mi tierra,

Y, ay, de aquel

que la lloró

en tiempos pasados.

El poeta y escritor argentino, Juan Gelman afirmaba en ese mismo contexto: “No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida. Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran y nadie nos corta la memoria…”. Semejante fuerza expresiva para definir el destierro la ha dejado constatada Moulud en sus versos “El dolor del destierro de la patria” en los que evocaba ancestros que en otros tiempos también sufrieron el exilio y que no se resignaron. Él tampoco se resignó. La ocupación se lo llevó sin rendirse en sus convicciones y su lucha por volver a ser de nuevo libre en su patria. Los saharauis apenas llegan al millón de habitantes, y su adversario treinta y dos millones. La estadística de pensamiento teórico de Luali Mustafa y su aplicación práctica y teórica en la vida de los saharauis en esos cuarenta y dos años de litigio político y militar, avalaron la calidad educativa y profesional de los saharauis en calidad, frente a la cantidad numérica de su adversario. Y es por eso que se han convertido para el adversario en alket lehbara, la goma de la resina de la acacia que atragantó la avutarda sin poder tragarla ni expulsarla.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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