De la quimera a la realidad en la atención en Salud Mental a las personas refugiadas en los campamentos saharauis

Por: | 24 de enero de 2018

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Texto: Marta Guarch-Rubio, Psicóloga y miembro del Grupo de Investigación en Psicología del Testimonio de la Universidad Complutense de Madrid.

Ilustración: campamentos de refugiados del Sahara Occidental en el sur de Argelia,  Fadel Jalifa Embarec Fal

Nuevamente sumida en la inmensidad de la nada, en un lugar que desafía al tiempo y al olvido, rescatando recuerdos de una guerra ya pasada y amparando deseos lejanos de llegar.

Nuevamente en los campamentos de refugio saharauis de Tinduf, en Argelia. Sobre el terreno de la mano de Dumaha Alyene (Directora del Departamento de Salud Mental en los campamentos saharauis) y con Antonio Manzanero (Director del proyecto de investigación sobre “Evaluación de necesidades psicosociales en refugiados y solicitantes de asilo” en la Universidad Complutense) desde Madrid. Los tres compartiendo un punto de partida, la salud mental en contextos de refugio.

El actual aumento de movimientos migratorios y desplazamientos forzados ha dado lugar a una crisis humanitaria mundial sin precedentes. El desgaste psicológico que sufren estas personas a lo largo de todo el proceso migratorio está plagado de riesgos, presiones, miedos, duelos y proyecciones truncadas. Inicialmente, una vida de pérdidas. En el mejor de los casos, les esperará un porvenir en centros o campos de refugio, y si la suerte no acompaña, la muerte o una posible deportación que derrumbará todas las motivaciones por las que iniciaron el viaje. Volviendo así a un Estado que les obligó a salir por no ser garante de su seguridad.

La incertidumbre es sinónimo de exilio, la espera de frustración y la ansiedad y depresión se convierten en su máxima expresión con patologías psicosomáticas.

Consecuentemente, la vida prolongada en campos de refugio es un riesgo para la estabilidad emocional de las personas que allí viven. Es un fuerte determinante que marcará su estado de salud mental en lo sucesivo, incluso años después de vivir bajo condiciones de exilio. Elementos como la falta de esperanza en el futuro, la dependencia de la cooperación, las divisiones familiares forzadas, y en el caso de las saharauis, la permanente espera de más de 40 años, contribuyen al surgimiento y gravedad de los trastornos emocionales.

Ante esta realidad surgió la necesidad y así, en 2010 se creó en los campamentos de refugio de Tinduf el Departamento de Salud Mental del Ministerio de Salud Saharaui en Rabuni.

Una experiencia singular no sólo por su mera existencia si no por ser una iniciativa motivada y gestionada por psicólogas saharauis refugiadas.

Bajo condiciones de refugio la atención en salud mental se ve relegada. La ausencia de interés por parte de agentes políticos o entidades de cooperación, hace de ella una necesidad raramente satisfecha. En esta ocasión, Tinduf va a la vanguardia. Desde este Departamento se da tratamiento, se sensibiliza a la población general para evitar la estigmatización de los dolientes y se potencia la resiliencia como antídoto de supervivencia en el exilio. No obstante, la falta de recursos tanto humanos como materiales dificulta la atención. No existen psiquiatras y sólo las psicólogas clínicas realizan labores de evaluación y tratamiento. En hasanía, lengua saharaui, el concepto de salud mental, de psiquiatría o de psicología se asocia con la locura y genera un rechazo total por parte de los pacientes y sus familiares. Así, la asistencia a terapia se convierte en la última opción siempre precedida por el uso de la medicina tradicional. El refrán popular, “el loco del Sahara no se cura”, es una idea arraigada que se suma a los obstáculos ya existentes en la atención psicológica en los campamentos.

Otro de los escollos a superar es la escasez de fármacos, propia de los campamentos de refugio, y agudizada en el área de la salud mental. La incapacidad de conseguir medicamentos psicotrópicos en Tinduf empeora la sintomatología y la viabilidad de un tratamiento farmacológico a largo plazo. La realidad se torna quimera, y en determinados casos, poca es la garantía de una mejora favorable.

La crisis del Sahara es un conflicto político olvidado a escala internacional. Tal vez por ello apenas existen estudios del estado de salud mental de su población, a diferencia de otros colectivos de desplazados. El pasado mes de junio, desde el Grupo de Investigación en Psicología del Testimonio de la Universidad Complutense de Madrid, publicamos un estudio piloto de los trastornos emocionales que encontramos con mujeres saharauis refugiadas a largo plazo en Tinduf. Os invito a su lectura y a no olvidar a este pueblo con el que tanta responsabilidad tiene el Estado Español.

http://www.huygens.es/journals/index.php/revista-de-victimologia/article/view/89

Finalmente, querríamos agradecer la donación económica de “Asamblea de Mujeres feminista” y “A la sombra de su valla”, que nos facilitaron la compra y entrega de instrumentos de evaluación psicológica para el Departamento de Salud Mental de Tinduf.

Y, por supuesto, mi máximo respeto y admiración hacia todas las psicólogas de Tinduf. Su trabajo diario desde el apoyo psicológico refuerza la convivencia e integración en los campamentos y les convierte en un claro referente.

http://memoriastraumaticas.blogspot.com/

Hay 1 Comentarios

Cuando uno compara su situación actual con las de esas personas nos damos cuenta de lo afortunados que somos de no estar viviendo algo similar. Muy buen artículo, saludos!

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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