Bobih

Por: | 05 de febrero de 2018

FADEL2

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Conchi Moya, periodista y escritora madrileña colaboradora invitada

Ilustración: Fadel Jalifa

– ¡Que venga Bobih! ¡Quiero que venga Bobih! ¡Quiero escuchar su voz!

– Este bebé no va a nacer hasta que mi nieta escuche cantar a Bobih… – se lamentó la comadrona.

Mariam chillaba con desesperación en la jaima donde estaba dando a luz. Era su cuarto hijo pero nunca había pasado por un alumbramiento tan accidentado. Un parto era algo muy serio, y por mucho que hubiera imaginado antes de ser madre el dolor que conllevaba, jamás se había acercado, ni de lejos, al desgarro que suponía traer a un hijo al mundo. Pero siempre había contado con la mejor comadrona, su abuela. Y su buen estado de salud y la finura de su cuerpo habían resultado decisivos para que sus tres experiencias anteriores no hubieran resultado insoportables.

Tampoco había pasado por sobresaltos en sus otros embarazos. A la emoción que sintió durante el primero, le siguió el miedo a un dolor ya conocido que experimentó en el segundo y finalmente la placidez que le dio la veteranía del tercer embarazo. Pero se había sentido rara desde que supo que se encontraba en cinta por cuarta vez. Una sensación extraña, no sabría explicarla, que no le había abandonado durante los nueve meses. Ella, que era en extremo juiciosa y tranquila, había vivido en una constante agitación. Se sentía vulnerable, caprichosa e irascible. Tenía constantes antojos; le apetecían las comidas menos convenientes, los perfumes más empalagosos y vestir melhfa de la mejor calidad. A su Hamdi, que bebía los vientos por ella y la quería hasta la adoración, le costaba un gran esfuerzo disimular la impaciencia que le producían sus extraños deseos. Sólo se sentía satisfecho gracias a la desconocida concupiscencia que devoraba a la recatada Mariam. Aquel giro en sus hasta entonces correctas relaciones era una novedad bienvenida por él.

Pero aquella petición iba más allá de lo aceptable. La exigencia de que Bobih, la voz más admirada en Auserd, acudiera a la jaima donde tenía lugar el alumbramiento, era algo nunca visto. La comadrona, desesperada, intentaba calmar a Mariam, hacer que se callara para que los que esperaban fuera de la jaima no escucharan aquellas insensateces. Pero no había forma. La parturienta estaba empeñada en escuchar a aquel hombre de voz prodigiosa, que además tocaba la trompeta en la banda de Tropas Nómadas. Si él no llegaba no habría bebé, parecía decir Mariam. Para la abuela aquello era lo nunca visto, una completa inconveniencia. Relacionarse con los españoles no había traído más que salidas de tono entre las parejas jóvenes, que no sabían guardar el decoro y las buenas formas. La abuela suspiró. No había más remedio que claudicar.

Se dirigió a la jaima vecina, donde esperaban los hombres tomando té. Les explicó la situación. Mariam se estaba comportando con una desconcertante tozudez y si no actuaban pronto aquel parto no culminaría bien. Los hermanos y el padre de Mariam, movilizados por la abuela, fueron a buscar a Bobih al cercano frig donde acampaba con su familia. Por suerte no hizo preguntas ni pareció molesto con la petición. Se apresuró a acompañarles hasta llegar a la jaima de la parturienta. Bobih se colocó sentado al lado de la falda trasera de la jaima, los hombres no podían acceder al recinto sagrado donde tenía lugar el parto, y empezó a cantar una alabanza a la victoria de los guerreros saharauis: Inna sahibu alyubni la ianya min al gadari, “El cobarde no se salva de su destino”.

En ese instante se escuchó el grito desgarrado del último empujón y un poderoso llanto.

– ¡¡¡Es una niña!!! Por fin Mariam me ha dado una niña. Alabado sea Dios – gritó la abuela.

Los hombres se abrazaron a Bobih en el exterior de la jaima. Se escuchó el zgarit  de las mujeres.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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