El tidinit y la africanidad saharaui

Por: | 27 de febrero de 2018

 

ARDIN Y TIDINIT

Texto: Bahia Mahmud Awah

Fotos: Bahia MH Awah

El componente cultural es uno de los elementos antropológicos que resulta diferenciador para el Sahara con respecto a otros países del norte africano, como Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. Hago hincapié en la lengua hasania y su literatura, la vestimenta africana la darraá[1], la melhfa[2], la música houl o El houl[3] y sus instrumentos, el tidinit[4], el ardin[5] el tabal[6] y la neifara[7].

Sin embargo, la presencia de estos rasgos en algunas geografías transfronterizas se ha convertido en un puente de unión entre África del Norte y África subsahariana. Estos rasgos culturales específicos de la cultura saharaui y mauritana son un nexo donde convergen varias culturas, la árabe, la africana y la hispana, esta última con la introducción de la guitarra española en la música saharaui en el siglo XX.

El clásico griot mauritano, Sidahmed Uld Ahmed Zeidan, nacido en la región de Tembedgha en El Haud Eshargui de Mauritania en 1945 y conocido como uno de los grandes clásicos de la música tradicional hasaní, explica que el tidinit tiene su origen en el laúd árabe original y fue creado por el músico iraquí Ishagh Almufsali. Más tarde este instrumento pudo llegar a la música del África negra a través de un discípulo de Ishagh llamado Zariat.

El tidinit está considerado entre los grandes clásicos de la música mauritana como “símbolo de la historia” para las culturas hasaníes, es decir Mauritania y el Sahara Occidental, porque era su voz de arenga patriótica ante las gestas y epopeyas que cantaban los igauen[8] y los juglares para ensalzar a los bravos guerreros anticoloniales y en épocas de batallas intertribales.

El tidinit tiene cinco cuerdas, denominadas تشبطن tishibten. Según cuenta Uld Ahmed Zeidan en sus orígenes tenía cuatro cuerdas y el propio Ishagh Almufsali fue el que añadió una quinta cuerda de color rojo elaborada de seda, a la que llamó  وتر الدم wáter Edam, “cuerda de sangre”. Esto sucedió durante la época de los  العبسين Abasies, finales del mandato del califato de Harun Arashid años 786–809.

En 1969 el clásico del houl hasaní, el mauritano, Cheij Uld Abba emprendió una gira por algunos enclaves del Sahara Occidental, aún bajo dominio español, y en un concierto en la localidad costera de El Aargub, el poeta saharaui Ahmed Baba Uld Budbuda Uld Abdelaziz, bisnieto del sabio Chej Mohamed Elmami, le improvisó en pleno recital estos versos, impresionado por la voz del griot y el toque de su tidinit. Versos que fueron inmortalizados por el clásico al ser musicalizados, y que han sido memorizados durante generaciones, tanto en el Sahara Occidental como en Mauritania.

تدنتك و اردين زين     و الردات امعها

والل بعدن بعد اخلين         يلوما كلنها

Bellos son tu tidinit  y ardin,

hermosa  es tu voz,

y no me resisto a expresártelo.

En mayo de 2016 en los campos de refugiados saharauis tuve una charla con el poeta y erudito Salma Brahim, alias Belgha. Conversando en su jaima sobre la cultura e identidad de los saharauis como pueblo que la bibliografía colonial y su vecino del norte intentaron desdibujar a pesar del innegable argumento de su existencia como pueblo afro-árabe, Belgha me dijo:  “Cuando investigamos la historia de los saharauis como pueblo e identidad que existía mucho antes de que España ocupara el territorio, debemos saber el por qué los saharauis han vivido siete siglos en jaimas; siete siglos hablando hassaniya, hasnia, como su lengua y durante siete siglos su medio de transporte era el camello. Esto tiene alguna razón”. (Belgha, 2016)

 

[1] Vestimenta del hombre saharaui. Atuendo de procedencia de los países del África negra.

[2] Vestimenta de la mujer saharaui y mauritana. Túnica de procedencia africana.

[3] Música de la cultura de las sociedades hasaníes en el Sahara Occidental y Mauritania. El nombre igual procede de las lenguas africanas de senhaya o zenaga.

[4] Instrumento tradicional  de la música El Houl saharaui y mauritano, de origen arabo-africano, solo es tocado por el hombre.

[5] Instrumento de cuerda tradicional que combina cuerdas y tambor usado exclusivamente por la mujer, tiguiuit.

[6] Tambor fabricado artesanalmente de un árbol africano y cubierto por cuero curtido del camello. El tambor sus laterales suelen ser repujados con distintas geometrías de la artesanía tradicional de las escuelas de Tiris y Chengueti.

[7] Instrumento tradicional de viento, se trata de una flauta de uso pastoril en la cultura saharaui y mauritana.

[8] Plural de iguiu, cantante griot de la música houl en el Sahara Occidental y Mauritania.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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