El dulce encuentro sin cita previa, [a una generación]

Por: | 11 de abril de 2018

RAWANTA

Texto: Mohamidi Fakala, periodista y escritor saharaui, que escribe desde los campamentos de refugiados saharauis en el sur de Argelia

Ilustración: cuadro de Fadel Jalifa, pintor saharaui

A veces las coincidencias encierran un profundo sentir, sobre todo, cuando se trata de algo o de alguien que representa toda una vivencia que aún sigue latente en el corazón de la melodía del recuerdo. Por cierto, toda esta motivación se relaciona con personas, lugares y circunstancias dispares.

En todo caso, es reconocible destacar esa falta de desfallecimiento en la persecución de un sueño, convertido en una concatenación de hechos heredados por tantos otros. Un sueño, lejos de ser perezoso o abandonado a causa de las inclemencias del tiempo, la separación, o el destierro. Toda una relación vivida con apuro para no perder las ligaduras, acuñadas por una eterna amistad y materializadas por el resorte del poder del afecto.

Fue uno de esos encuentros, sin cita previa, que dejaban los planes sujetos a un devenir momentáneo; embebido en el arranque de la precisión del momento. Nada se detenía en la memoria, pero de ella brotaba un flujo imparable, más bien igualable al desplazamiento intranquilo del barco de Balearia, que iba cruzando el Mediterráneo, removiendo sus hélices las olas del norte. En ese diáfano sentido, el influjo tenue se vislumbraba aferrado para sus adentros; aliviándose para apoderarse de sí mismo, como la mismísima noche que poco a poco, se desconocía cómo, se había ido diluyendo entre los albores del día, con la llegada a otro puerto diferente. Un embrujo seductor y sedante, causado quizás por el encuentro, las sinceras conversaciones que giraban en torno a muchas temáticas, coherencia e incoherencia de nuestro tiempo.

Fue más bien una semblanza de un retrato de viejos amigos, a los que la casualidad les tendió su propia jaima de nuevo, pero esta vez sobre el intranquilo oleaje de un desierto de mar, después de tanto tiempo sin poder encontrarse en tierra firme, tanto aquí como allá. No importaba tanto el escenario, lo esencial fue que se mantuvieron encerrados en un estrecho camarote, descarnando el pasado, alrededor de la aromatizada evasión de un excelente té, marcado por la discreción de la tranquilidad de la madrugada.

En aquel arrebato nostálgico no faltaron los nombres de amigos de ahora y de entonces; vivos o muertos; unidos todos por un sublime ideal. Probablemente todo esto no es más que un reflejo inconsciente que las últimas pinceladas de la noche, en aquel largo viaje, quiso testimoniar a su manera.

Hay 0 Comentarios

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

Ver todos los fragmentos »

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal