El ATS, “El médico del éxodo” Mohamed Embarec Facal-la

Por: | 28 de junio de 2018

MOH EMBAREC DAH

Texto: Bahia MH Awah

Foto, cedida por Hasana Emhamed

Corría el año 1976, principios de la guerra en el Sahara Occidental. España acaba de abandonar el territorio y Marruecos y la Mauritania de Mojtar Uld Dadah anexionaban militarmente al país.

Yo era menor de edad y me encontraba formando parte de los primeros flujos del éxodo huyendo hacía un lugar seguro, como me habían indicado mi madre y mi hermana. Un día después me recogió una unidad de combatientes del Frente Polisario, y me confiaron a una familia que me acogió en Gleibat Legleya;  me trasladó con ella pasando por el pueblo  de Gleibat El Fula, desde donde nos dirigimos a la localidad mártir de Um Draiga. En el tercer bombardeo de la aviación marroquí a esta localidad estábamos cerca del monte Ziza, y todos los miembros de la familia nos apresuramos a escondernos de los aviones debajo de unas frondosas acacias, momento en que me hirió el ojo derecho las afiladas espinas de una talha[1] donde buscaba protección. En aquellas circunstancias adversas no había ningún remedio para mi herida. Estuvo sin cura varias semanas durante la dificultosa huida hacia la ciudad argelina de Tinduf[2].

En una parada en las fronteras de Argelia, en un lugar conocido como Adam Soixante-quinze[3], recibí la primera atención de un sanitario. Me dijo “mañana cuando llegues a Rabuni, que te vea el médico Mohamed Embarec”. No sabía quién era el “médico”, me lo imaginaba como un especialista argelino que atendía a los primeros heridos y enfermos de los refugiados.

Ese día me presenté frente a unas tiendas de campaña de poliéster color azul, con el logo de Croissant-Rouge algérien. Allí estaba un hombre que frisaba los sesenta años, de barba medio canosa, bien poblada y con una sonrisa constante que no perdía a pesar de la pipa de tabaco saharaui que mordía entre sus dientes. Muchas mujeres se dirigían a él como Dah y otros hombres que trabajaban con él le llamaban Mohamed Embarec. Había unas enfermeras españolas con rostro de preocupación que constantemente consultaban con él en su ir y venir de tienda a tienda atendiendo una decena de pacientes. 

Recuerdo que Dah me dijo,  “Ven hijo”, cogió mi hombro, me metió dentro de la tienda y me sentó sobre unas cajas de madera, de las que guardaban medicamentos frágiles. Y volvió a preguntarme mirando hacia el exterior de la tienda “¿Dónde está tu madre?”. Como veía la grave inflamación que tenía el ojo y la secreción que desprendía por el lagrimal, quería que la explicación más correcta se la diera mi madre. Durante aquellos días del éxodo cada vez que alguien me preguntaba por mi familia, no podía soportar la interpelación y un nudo ahogaba mi garganta y me temblaban los labios. Era la pregunta más hostigadora que he sufrido durante el éxodo. El ATS cogió mi barbilla, la levantó y fijó mi cara hacia sus ojos… y enseguida llamó a una de aquellas sanitarias españolas y le dijo que me desinfectara el ojo, que me pusiera gotas de colirio y me lo tapara con un vendaje. No había posibilidad de prestarme más atención. Había muchos pacientes más graves y sobre todo bebés desnutridos y madres enfermas.

Años más tarde supe la envergadura humana de aquel ATS del éxodo, del exilio y del refugio que me atendió en aquellas circunstancias. En los años ochenta en La Habana compartí mis estudios con uno de sus sobrinos. Y posteriormente en plena guerra en el Sahara conocí en persona a uno de sus hijos que era sanitario militar. En octubre de 1998 lo acompañé como coordinador con el programa de la Ser “Hoy por hoy”, que realizó desde el campamento de la wilaya de Smara Iñaki Gabilondo y su equipo. Aún guardo su imagen sentado, con su pipa de maneiya[4] saharaui en la mano desprendiendo un especial aroma y mirando hacia el horizonte.

La serena y segura voz de Dah en respuesta a la pregunta de Gabilondo sobre cómo recordaba la casa que había tenido que dejar en La Güera, se fusionaba armónicamente con la música de despedida del programa. “La casa la construí con mis manos y la ayuda de mis hijos y amigos… me sentaba en el portal y desde sus ventanas veía el océano Atlántico y sus olas…”. La voz de Mohamed Embarec suavemente se iba alejando del oyente como si celestialmente se marchara hacia aquella entrañable casa de La Güera que le habían arrancado. 

El próximo 14 de diciembre se cumplirá el IX aniversario de su marcha, como el ATS  “el médico del exilio”, Mohamed Embarec Uld Fakal-la, el ATS que en 1976 despidió entre sus brazos el histórico dirigente saharaui, el médico Buel-la Ahmed Zein. Era el único ATS que la metrópoli había dejado tras su abandono al territorio. Era el hombre que se enfrentó a las horrendas consecuencias del éxodo de la población huyendo del ejército marroquí y de su aviación. Era el hombre que  curaba los heridos del napalm que usó Marruecos contra la localidad de Um Draiga. مِّنَ الْمُؤْمِنِينَ رِجَالٌ صَدَقُوا مَا عَاهَدُوا اللَّهَ عَلَيْهِ ۖ فَمِنْهُم مَّن قَضَىٰ نَحْبَهُ وَمِنْهُم مَّن يَنتَظِرُ ۖ وَمَا بَدَّلُوا تَبْدِيلًا. “Entre los fieles hay hombres que cumplieron en su compromiso con el todopoderoso. Algunos corrieron su suerte, otros esperan fieles y sin renuncias”, sura  del Corán sobre el compromiso.

 

[1] Acacia del desierto.

[2] Tinduf se construyó en 1852 en un antiguo emplazamiento de unos pozos llamados Tendefes, acuíferos citados por el geógrafo y viajero onubense Al Bacri y de los que se dice que desaparecieron a finales del siglo XV. El nombre de Tinduf, en lengua de senhaya significa “la acogedora”, según cuenta en su obra Angel Domenech, en “Chej Ma El Ainin señor de Semara”, sic.

[3] Planicie dentro de las fronteras de Argelia con el Sahara Occidental, que lleva en nombre topográfico Planicie setenta y cinco. Lugar donde paraban convoyes de los primeros flujos de refugiados saharauis perseguidos por las tropas de ocupación del ejército marroquí durante los primeros meses de la invasión al territorio saharaui.

[4] Tabaco natural que fuman los saharauis y los mauritanos en tres tipos de pipas, llamadas طوب Tuba, اعظم   Edaam y سكى Siga.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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