La beduina saharaui que conquistó el corazón de París

Por: | 28 de octubre de 2018

45379046_596709457398800_8851431833275990016_nTexto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui que escribe desde los campos de refugiados saharauis en Tinduf, sur de Argelia.

Foto: archivo de la mujer saharaui Mutha Mint Emheimad Uld Aababa

No podría comenzar estas líneas sin hacer una reflexión apropiada antes de escribirlas. Con ellas pretendo desvelar la historia de una afamada mujer, que inspiró a poetas, oradores y cronistas.

Su vida transcurrió en un contexto de lucha entre lo tradicional y lo nuevo, en una escala de valores sociales donde los tabúes, quedaban justificados en una sociedad arraigada en su costumbrismo, aunque en definitiva tolerante. Durante la época colonial el mestizaje entre autóctonos y europeos mostró una evidente timidez, aunque con ciertas excepciones aisladas, como es el caso que nos ocupa. Una historia en la que se conjugó lo amoroso, lo literario y lo espiritual en una relación compleja desde el principio hasta el fin, que trascendió como algo insólito. Inesperado fue lo que le deparó el tren del destino.

La historia de nuestra protagonista comienza con una de aquellas caravanas transaharianas, que comerciaban entre el norte y el sur del gran desierto del Sahara, transportando a principios del siglo pasado a lomos de dromedarios hasta Mauritania a la familia de origen saharaui Aababa. Tiempo después de la unión de sus padres en la histórica ciudad de Chengueti, Emhaimad Aababa y Karmi Mint El Meki, nacía Mutha. Desde muy niña amó aquellas tierras lejanas, su clima, la gente y la tranquilidad de esa antigua ciudad, en la que se mezclaban los hombres bidan en su ir y venir, siguiendo las rutas del vasto desierto, quizá unidos por mucho más que las costumbres en las que imperaban los lazos bidani, en un lugar donde el clima no da cabida a distinciones basadas en el origen o lugar de procedencia. 

En ese ambiente apacible y sereno creció Mutha, que llegó a ser considerada como una de las mujeres más reconocidas y bellas en su entorno. Así lo aseguraban los cronistas de la época y  también lo confirmaban los caballeros que llevaban noticias sobre ella en sus conversaciones. Numerosos poetas recitaron su nombre y extraordinarias cualidades; la elogiaron por su gentileza y generosidad. Fue una mujer extraordinaria en un tiempo extraordinario.

El destino la llevó a cautivar el corazón del gobernador francés Bruno, alias ergalleg (el flaco) quien se convirtió al Islam para poder casarse con ella. Se cuenta que le obsequió con un avión ultraligero, en el que viajó e hizo llegar donaciones a los menos favorecidos de su tierra. El oficial francés tuvo con ella un único hijo, llamado Jean Denis Bruno.

Al acceder Mauritania a la independencia Mutha se instaló en el barrio de bloques en Nuakchot, más tarde se trasladó a la ciudad de Nuadibou, regentando la famosa tienda de Laregib. Al mismo tiempo desempeñó un papel fundamental en la creación de los salones y talleres literarios en los que se reunían poetas y artistas de la talla de Uld Alhasan, Mohamed Abderrahman Uld Rabani y la célebre cantante Naserhala Mint Ngaimich, entre otros.

Fue una mujer experta en preparar y dirigir la ceremonia ritual que acompaña el té sin que el paladar abandonase el aroma de buen gusto; se preocupaba en especial por la limpieza de sus utensilios y al servirlo coronaba sus vasos con un aro de espuma, que lograba con las acrobacias que pasaban el té de un vaso a otro. El registro oral que aún guarda su memoria cuenta que se hizo famosa por su generosidad y los abundantes obsequios que ofrecía a los más necesitados.

En el año 1964, de regreso a su país procedente de París, el avión en el que viajaba se estrelló en Andalucía sobre las montañas de Sierra Nevada, en el Tajo de Goterón. La triste noticia fue recogida por el periódico local, el IDEAL de Granada: “El accidente aéreo del Goterón. Un avión comercial francés se estrella envuelto en llamas en el Tajo del Goterón, en la Alcazaba de Sierra Nevada, la madrugada del 2 de octubre de 1964. Fallecen los 80 ocupantes del aparato que volaba desde Palma de Mallorca hasta Port Etienne, en Mauritania”.

La historia de Mutha inspiró a la etnóloga y antropóloga francesa Sophie Caratini su novela “La hija del cazador”.  Un anónimo de su época la recordó, elogiándola con estas palabras: “Se nos ha aparecido en el centro una palmera que se ha separado en la tierra del oeste, del lugar de las palmeras. Te han regalado las ninfas de las nubes su contenido, alimentando a los pescadores con su abundancia”. En una ocasión, tras su muerte de Mutha, pasó el juez y poeta Mojtar Uld Mohamed Musa, que en paz descanse, por los lugares por donde ella nomadeaba. Los encontró abandonados, tristes y callados, después de haberlos conocido en otros tiempos llenos de personajes, poetas y cantantes. Aquello le inspiró estos versos:

الدني مافيها مرتاب                خرص ذوك الديار امتها

كبل الموت اخير اللي تاب             سابك ما نزلت حمتها

De paso estamos en este mundo,

mira aquellos lugares

que fueron las moradas de Mutha.

Es mejor pedir el perdón

antes de morir

que cuando se es asolado

por la fiebre del último aliento.

En recuerdo a esta mujer de los desiertos, con sangre beduina, quedó erigido un monumento a su memoria en el centro de París, donde aparece con su atuendo tradicional y entre sus manos un cuenco lleno de leche, que simboliza la generosidad y la paz.

Si pasas por Granada, allí descansa a lo alto, Mutha Mint Ababa, en una fosa común con sus compañeros de viaje en el lugar conocido como el “Patio del avión”. En lo alto de la Alhambra, las alas del destino la aguardaban en su  último vuelo. Iba siguiendo las huellas de antepasados, viajeros, almorávides, pero desconcertados entre sus propias murallas moriscas. Hermosa vivencia, certeza inconfundible. Pero tampoco olvides arrojar flores a la sombra azabache de la Dama de la badia. Si la luz desaparece en la noche, contempla las estrellas del sur que guardan su nombre, aún encendidas, esperando a que vuelva del largo viaje.

Mientras Sierra Nevada llora granizos por su alma, vistiéndose de algodón o de cielos grises, reposan en sus estoicas rocas las cenizas de una mujer de otras tierras con genes de Boabdil. Diferentes senderos y miradas torcidas. Oasis desérticos y olivares andaluces, insólitos recuerdos. Simplemente recuerdos.

Viento de semilla lejana, tierra de andalusíes,

de arado y de cosechas, 

sediento palmeral de Chengueti,

distancias aproximadas.

Cronistas,

poetas,

trovadores e igauen[1] ofrendan

una algarabía de versos a una mujer de su tiempo.

**Bibliografía consultada: Prensa de la época y personas que han vivido aquellos tiempos o han oído a sus progenitores hablar sobre la historia de Mutha.

[1] Griot, juglares o bardos en Mauritania

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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