Murió el genio y “duende del verso saharaui”, Badi Uld Mohamed Salem Uld Abdalahi

Por: | 13 de noviembre de 2019

BADI & BAHIA

Texto Bahia Mahmud Awah y foto de Juan Ignacio Robles

“En la lengua de cada poeta duerme un ángel, duende del verso, el sheitan”, Badi Mohamed Salem Abdalahi

El sábado 9 de noviembre de 2019 el poeta y erudito saharaui Badi nos dejaba. Llevaba tres días diciendo a sus hijas que pronto se iría. Pero el mismo día en el que se celebraba las fiestas de عيد المولود  nacimiento del profeta Mahoma, le confesó a su familia que quería dejar “un consejo al pueblo saharaui”, una confidencia en verso que escribió y entregó a su familia, como si estuviera preparando su epitafio final. Se levantó, rezó y mientras oraba sobre su inmaculado aliwish se precipitó, cayendo sobre su altar en el día más deseado para un creyente. Al marcharse como erudito y poeta quiso ratificar su compromiso con la causa de su pueblo y aconsejarle velar por el mejor logro de lucha anticolonial, que es su unidad.

يا الشعب الفكرك مرفوع       لا أدير الوحد فنزاع

لا ترظي بها مفكوع          و لا تصيفط بها طماع

Oh, pueblo,

De altura en tus principios.

No cuestiones tu unidad,

ni la uses para consentir

el enfadado,

ni la minusvalores

para complacer al mercenario.

Badi fue un hombre que consagró su vida a la poesía, porque la poesía, como dijo García Lorca, “no quiere adeptos, quiere amantes”. Durante una de nuestras entrevistas con él para “Legna, habla el verso saharaui” en 2011, Badi nos dejó una clave de un erudito que sabe orientar: “El rol de un poeta es guiar a su sociedad”. Pero su mira iba más allá del simple amo del verbo en su esplendor, así zanjaba: “Pero la sociedad debe estar atenta a lo que dice el poeta”. 

Badi era natural de la región del verso, los guerreros anticoloniales, los caballeros andantes y los eruditos saharauis, Tiris. En más de una ocasión le escuché en su jaima contar a sus interlocutores dónde nació y se crio y yo en esas ocasiones a veces traducía. Otras sólo le escuchaba, cuando iba personalmente a visitarle a su jaima en el exilio para preguntarle sobre incógnitas de mis investigaciones sobre la literatura saharaui y sus artífices de siglos pasados. “Mi verdadero nombre es Mohamed Mustafa pero todos me conocen como Badi Mohamed Salem. Nací en 1936 en  اجناب Echnaba, pequeña población de nómadas cercana al pueblo de Guelta, en el límite de Tiris con la región norteña de Zemur.

Mi relación con ese coloso del verso que se nos ha ido, viene de mi infancia, ya que estuvo de militar con mi padre en el cuerpo de Tropas Nómadas durante el periodo colonial. Mi difunta madre, la poeta Jadiyetu Mint Omar, fue la mejor amiga de la que fuera su esposa en los años 60, Bagra Mint El Kenti Uld Mohamed El Jalil. De niño me familiaricé con sus versos, que mi madre memorizaba y recitaba en nuestra casa primero en Auserd, y posteriormente en sus últimos años en el exilio.

Una de las últimas veces que estuve en la jaima de Badi fue en 2017 junto a sus amigos los profesores Juan Carlos Gimeno y Juan Ignacio Robles, codirectores de “Legna, habla el verso saharaui” y recopiladores y estudiosos de la obra de Badi y otros grandes poetas nacionales saharauis. Estábamos acompañados por la antropóloga Rocío Medina y la investigadora portuguesa Isabel Gomes. Badi nos recibió acompañado de sus hijas y nos agasajó a lo grande en su jaima como se hace a los amigos en la cultura saharaui. Anteriormente recuerdo que en 2011, tras invitarle a que hiciera con nosotros el viaje a Tiris cuando trabajábamos en la película “Legna, habla el verso saharaui”, tuvo que renunciar debido a sus problemas de visión. Al regreso del viaje estuvimos un día con él en su acogedora jaima en la daira Farsia para contarle nuestra experiencia, despedirle e invitarle a que en el próximo viaje a Tiris viniera. Nos dijo que le hubiera gustado acompañarnos en aquel viaje del que regresábamos pero en otras condiciones porque estaba en víspera de una operación de cataratas. Entonces nos habló de su inmenso amor por Tiris, pasaje que incluí en mi libro “Tiris, rutas literarias”: “Si existiera el paraíso el día del juicio final, éste estará entre los montes de Auserd, Leyuad, Leshuaf, Amat Larfaad y toda esta zona de Tiris”.

Era una confesión sublime de amor por esa región, novia de los poetas. “Parece, cuando se ama, que el mundo entero tiene rumor de primavera”, decía Juan Ramón Jiménez. “Junto a mi familia en aquellos años con nuestros ganados recorríamos el Sáhara del sur hacia el norte, hasta Uad Saguia y al sur hasta adentrarnos en Mauritania sobre todo su región de Taganet, siempre persiguiendo la lluvia y los pastos”. Taganet es la morada del clásico mauritano Mohamed Uld Adubba que no dejó ningún monte de su orografía que no hubiera cantado en su poesía y que inmortalizaron los clásicos del houl Aulad Abba, como Badi inmortalizó Tiris en sus poemas y lo cantaron Aulad Eida, Sadum y El Jalifa. Similitudes en amor por la tierra que tuvieron las dos colosales figuras de las letras hasanianas.

Me resulta difícil destacar la envergadura de un hombre del verso como él, sin pensar en Jorge Guillén, Walt Whitman, Miguel Hernández, García Lorca, Antonio Machado, Mahmud Derwich, Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Mohamed Uld Adubba, Aulad Haddar o de figuras saharauis del siglo pasado como el vate anticolonial Edjil Uld Sidi Baba, quien fue su poeta mentor, según me comentó en una ocasión. “En toda nuestra historia y en las épocas que hemos vivido se han destacado tres poetas, Edjil Uld Sidi Baba, Beniug Uld Abdelahi y Uld Hueidi. Y sin olvidar a Lehbib Uld Sneiba”.

El ocaso de la vida de este inmortal en la memoria se ha consumido en este pensamiento del poeta mejicano Amado Nervo, cuando dijo; “Veo al final de mi rudo camino, que yo fui el arquitecto de mi propio destino”. Así era Badi, profundo en su verso, insumiso, notorio, sensible, complejo, solidario, subjetivo e indomable, comprometido con su gente e implicado con su causa hasta mancharse. Y un poeta como él fue duro de roer y dulce de amar y sufrir por lo suyo como dejó constatado en sus últimos versos, consejos y la despedida a su pueblo.    

La desaparición física de Badi le ha convertido ya en inmortal en la memoria saharaui y todo aquel que ha sabido y entendido la envergadura de su profundo verso. Porque, como dijo Lord Byron “Jamás mueren en vano los que mueren por una causa grande”.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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