Afuera (II) En Un pedregal

Por: | 14 de marzo de 2020

AFUERA_ilustracion pedregal

Afuera (II)

Texto e ilustración: Noor M. Dleimi

En un pedregal

No queda sitio para esconderse, tan solo las ropas pardas cubren sus espaldas mientras se acurrucan en el pedregal. Sus espaldas y las de las más de cuatrocientas personas que esperan inmóviles que el zumbido se acerque, tozudo y cada vez más sordo. Aguardan que pase de largo con su panza llena de napalm. Como ayer, como antes de ayer. Esperan. Mientras, Mariem desea ser una piedra más del desierto, una grande a poder ser, pues aunque se sabe que las piedras son inmortales, el viento es más duro y al final las acaba deshaciendo. Empieza por las más pequeñas. También piensa que le bastaría ser unos cuantos puñados de arena que campen a sus anchas, al menos se libraría de aquello que está sintiendo ahora, ayer, antes de ayer. Antes.

Antes no hubiera imaginado estar sin su pequeño Bushraya, sin su Abba, que aún es pequeño pero se empeña en dejar de serlo, sin su Fatma, que ya casi es una mujer o siempre lo ha sido o esa impresión le da ahora. Los ha dejado junto a unos vecinos bajo un pequeño grupo de acacias, más adelante aunque no muy lejos, quizás a día y medio a pie. Mariem ha tenido que regresar a por su madre. Les ha dejado. Sus niños. Lo hizo en un coche que se dirigía a evacuar a los saharauis que se apelotonan en unos campamentos improvisados a las afueras de Smara. Esperaba encontrar allí a su madre. Las tropas marroquíes habían ocupado casi toda la ciudad y habían comenzado los enfrentamientos. Pero hubo suerte y Mariem encontró a su madre. El mismo coche les ha traído de vuelta hasta Mahbés, un punto intermedio entre Smara y la frontera argelina. Eso sucedió tres días atrás. Cada noche llegan coches para trasladarlos hasta Argelia. Hoy, por fin, les toca subirse en uno pero ella no quiere ir hasta allí, Mariem pretende convencer al conductor para que se desvíe a recoger a sus pequeños o al menos la deje cerca.

O eso piensa, pero deja de pensar en el futuro porque tal vez nunca lo haya. El ruido de los aviones engulle cualquier oración que se esfuerce en repetir como un enorme enjambre de langostas lo haría con una minúscula hoja. El ruido. Ese ruido le perfora. No puede ser más punzante, no puede apretarle más la mandíbula. Se equivoca. Puede ser más punzante y sí, puede apretar más la mandíbula porque los músculos de su cuello y de sus hombros se tensan y tiran de Mariem hacia arriba. Sus dientes a punto de estallar. Todo su cuerpo retumba como una olla de agua hirviendo. Desea que lleguen ya y todo se acabe o que pasen ya de largo, como ayer, como antes de ayer. Pero no llegan, jamás llegan, tan solo continúan acercándose.

Sucede entonces un momento. Solo es un momento, uno en que se nos olvida lo que está a punto de pasar, uno en el que Mariem ve sus caras, uno en el que cruza un pensamiento, no, una certeza: están bien, uno en el que te da tiempo a soñar con sus rostros adultos: Abba es igual que su padre. Pero el momento ya se ha esfumado. Bah. Su padre ya es piedra. Quizás la que toca con su mano, con la otra toca la cara de su madre, acaricia su mejilla y palpa sus lágrimas, les envuelve el silencio estridente de los motores que ya están sobre sus cabezas, la penumbra del que no tiene más remedio que aguardar inmóvil lo que está por llegar. Todo está quieto, como una piedra, como la arena. Quizás no pase, quizás no sea hoy. Fatma, Abba, Bushraya, Fatma, Abba, Bushraya, Fatma, Abba, Bushra       

Pero ya es piedra, y las piedras no pueden hablar.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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