Estaban solos

Por: | 22 de abril de 2020

22 abril 2020 BH192665

Texto: Ali Salem Iselmu. Ilustración del artista saharaui Fadel Jalifa

Estaban solos encima de una duna descansando, alejados del ruido del mundo, buscando su propia libertad en aquel interminable paisaje. Querían abrazarse con mucha fuerza sobre la fina arena, y mezclarse con ella.  Sentir su propia soledad, derrumbarse sobre sus cuerpos.

No  querían unirse a ningún grupo. Querían caminar, correr, y dibujar sus huellas en aquel lugar virgen. Convertir sus voces en los ecos del viento.

Cuando el imponente sol empezó a ocultarse, sus sombras se hacían más largas. Podían ver desde lejos, los movimientos de sus manos, el tamaño de sus cabezas. Caminaban descalzos y despacio, mientras sus ojos despedían el último rayo de luz.

La noche irrumpió con sus majestuosas estrellas, la oscuridad era total. A lo lejos se veía la luz de una linterna, la única señal a muchos kilómetros.

Ellos se adentraron en aquella cueva, cuyas paredes estaban cubiertas por figuras de extraños animales, animales tan antiguos que hoy serían difíciles de encontrar. Por el otro lado, vieron figuras de hombres largos y delegados, que cazaban en la  sabana.

Con la luz de la linterna fueron mirando, todo lo que les rodeaba. Sentían miedo y a la vez felicidad. Eran los únicos humanos, los primeros conquistadores de un territorio de lagartos negros y escarabajos.

Abrieron sus dos bultos. Primero tendieron una manta de color verde, sobre la superficie de la cueva. Desde el lugar donde colocaron sus cojines, sábanas y sacos de dormir. Podían ver las estrellas, contemplar el silencio de la noche.

Tenían ganas de besarse, de fundir sus labios y volver al origen del mundo. Caminar por aquel valle de árboles verdes, invadido por pequeñas dunas que han ido avanzando con el paso de los años.

Decidieron entonces dar un paseo en medio de aquella oscura noche, dejando en el lugar donde iban a dormir, la luz de una vela. Agarrados de la mano y acompañados de la luz de una linterna, atravesaron la escasa vegetación, mientras tenían la sensación de ser observados, de ser vigilados. El cielo era su mejor aliado, las estrellas rompían la oscuridad, indicaban el camino y le daban un color extraño a las montañas. Los árboles parecían fantasmas, dispuestos a hablar, a interrumpir la soledad de aquellas palabras.

Todo era tan bonito, tan salvaje, tan primitivo en aquel valle que los dos decidieron vencer sus miedos, besándose intensamente. Dejándose caer sobre aquella duna, cerca del tronco de un árbol. Se desnudaron y juntos experimentaron el temblor de sus cuerpos, La inseguridad de aquella  naturaleza virgen.

Volvieron sobre sus pasos. La luz de la vela era la única señal que les podía devolver al interior de aquel abrigo, en el que se dice que los diablos dibujaron las pinturas rupestres para asustar a los hombres.

Antes de cerrar sus ojos, vieron una luz atravesar el cielo, fueron solo unos instantes. En aquel momento, el sonido de algún pájaro de hábitos nocturnos se oía en el interior de la cueva. Ellos estaban tan cansados que abrazaron un dulce sueño, lleno a veces de extraños fantasmas. 

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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