UNA AGRADABLE VISITA

Por: | 08 de enero de 2021

LARRY CASENAVE

Texto: Mulay Ahmed Jalifa, intelectual y economista saharaui. Ilustración cuadro oleó del pintor saharaui Mohamed Boicha

Larry es un ser cargado de controversias y, cómo no, contradicciones, además de moverle una permanente disposición para el reto.

La mentalidad de retarle a todo, lo caracteriza más que ninguna otra cualidad, que la naturaleza pudiera estamparle a alguien.

Nació muy lejos de donde le hubiese nacer, ocurrió en América del Sur, en Venezuela, como su madre. Vivió y se uniformó, además de realizar estudios universitarios, en Europa, en la parte de España, de donde es su padre. Se apellida KASENAVE, lo que le sitúa bastante distanciado de los pirineos, es un apellido alemán, a parte de su aspecto, claramente anglosajón.

Tanto el destino Divino, como el castrense, llevaron a Larry, a servir en el cuerpo de la legión (el IVº Tercio), de Villa Cisneros, en El Sahara, otrora español, allá por África Occidental, en el Magreb, "ahí es poco".

Parece que, por fin, se encontrara en el lugar ideal donde haber nacido, y por lo tanto, sin saber explicarlo muy bien, se sentía identificado. A partir de entonces, comenzaría a celebrar su verdadero cumpleaños, en el sitio elegido, y no en el lugar que la casualidad le había impuesto hasta ahora, como a todos.

La realidad, lo cierto por verdadero, es que, nuestro amigo, es muchas cosas al mismo tiempo.

Casi de inmediato, comenzó a entablar relaciones con los lugareños, unos que, menos mal que estudiaban matemáticas, usando la lengua castellana y algunos necesitaban apoyo, como Mahayub Ali Embarec.

Hizo buenas amistades, aunque, aún, algo lejanas de lo que se suele llamar integración.

Hasta aquí, todo ha transcurrido genial, de no haber llegado el año 1975, trayendo consigo nuestra particular ODISEA, cargada de más aventuras adversas que favorables. Nuestro amigo, que, casi nunca, se le exigía llevar su uniforme militar, resulta destinado a formar parte de una columna que se trasladaba a realizar una patrulla en la tierra de los beduinos. Era el inicio de un camino sin retorno.

La columna militar en cuestión, en su marcha al interior, observa la presencia de jaimas en su camino, unas que acaban de convertirse en un objetivo para el entretenimiento, de los uniformados en ese día; dado que ya, "los chicos" se olían el inminente abandono de aquellas tierras de Dios, por parte del colonizador y entonces, lo que fueran a realizar, a todas luces, quedaría impune.

El oficial que se encontraba al mando, hacia el recuento de las chicas de "lefrig" y dio, no sé si llamarla, una orden o luz verde para que cada cual violara aquella que le fuese asignada, sin más. Pero eso, no iba a suceder en ese día, simplemente porque Larry no lo iba a permitir. Por lo tanto, éste, le manifiesta al oficial, su disconformidad con la orden, que, dicho sea de paso, nuestro personaje, no era más que un soldado raso.

La reacción del mando, al oír lo que le dijo Larry, y observando su aspecto feroz, exhibiendo enormes ojos verdes y blandido su armamento, la cual, ya había dispuesto, anticipándose a cualquiera de ellos, al adivinaba lo que les venía. El oficial quiso disuadir al soldado indignado, pero se trataba de un hombre que se encontraba demasiado exasperado y lo demostró haciendo una ráfaga, a parte de la fiereza de su aspecto.

Larry, sin sopesar las consecuencias, exhortó a sus antiguos compañeros de filas a que se retiren de inmediato, ya que él, se quedaba, si no quieren formar una carnicería. Su jefe, que, al parecer, sí ha calculado las más que evidentes consecuencias; esta vez, inteligentemente, optó por abandonar el lugar.

Tuve el deseo de preguntar a nuestro personaje, si lo que hizo, lo hizo para salvaguardar la honorabilidad del ejército de España, ahorrándole una mancha en su historial en el Sahara, o por el contrario, guardar el honor de los beduinos saharauis, evitándoles más sufrimientos, gente que al fin y al cabo, ni siquiera conocía.

No, no le hice esa pregunta. Si él llegara, alguna vez a ojear esto que yo estoy escribiendo, que responda si así lo estima conveniente, si no, será un enigma que nos llevaremos a nuestras tumbas.

Supongo que, cualquiera que le diera por leer este relato, se preguntará, qué tiene que ver todo esto con el título elegido para el texto de lo que se cuenta aquí. Y es que hace unas semanas, recibo una llamada de Larry, por WhatsApp; que después de un saludo, uno que de veras me place, me pregunta que si me parecía bien que él viniera a casa. Bueno, bueno..., pero, ¿esto es normal?, un saharaui, nunca le pregunta a nadie si puede ir a visitarlo, pero si, además, existe una amistad, ya sería el colmo. Le respondí con una cuestión..., pero ¿cómo me preguntas eso?, seguida de una sincera aseveración, pues claro que quiero que vengas, sólo faltaría.

Me acordé de que mi amigo, ya llevaba demasiados años entre Venezuela y España y alejado de su amado pueblo saharaui y que estaría, a estas alturas, influenciado por la mentalidad de sus compatriotas de occidente, será eso.

De camino hacia la parada del autobús, recuerdo que no miraba por donde debía cruzar debidamente, no, toda mi atención se centraba en localizar al "nasarani" más sahraui que había conocido y conozco. Ahí estaba él , era, casi el mismo, ahora con gafas graduadas, algunas arrugas, testimonio de haber vivido. El paso del tiempo es enexorable e inludibles sus huellas, así como imprescindible su sabiduria, pero Larry, simplemente era inconfundible.

Vengo, me dijo, realizando un maravilloso periplo por donde se encuentren mis compatriotas saharauis, sobre todo, los que habíamos vivido en los campamentos. Que conste, me cuenta, que, no hace demasiado que estuve allá y aunque no esté permanente en los campamentos, como muchos, estaré con ellos siempre. Tampoco se te ocurra pensar que eso me supone sacrificio alguno, me explicaba, al contrario, me produce inmensa satisfacción, esa que otorga el cumplimiento del deber.

Me ha concedido, solamente dos días y dos noches, eso sí, intensas. Unas pláticas ininterrumpidas, intentando apurar ese tiempo cortito que me quiso dispensar. Me ha relatado vivencias de antes y de ahora, absolutamente impresionantes. Me contó anécdotas, que producen risa y, al mismo tiempo hacen llorar.

En su incierta andadura, a principios del éxodo de la población saharaui, huyendo de las invasiones, se unió al ejército incipiente de los saharauis. No sabía hablar en ninguno de los idiomas mayoritarios que se empleaban en este lugar del mundo. Cuando se encontraba con algún hispanófono, casi no quería callar ni superarse de él, temiendo no volver a hallar la ocasión de conversar con alguien.

La primera vez que le llamaron para comer, que era cuando se encontraban en Mahbes, donde se hallaban algunas casitas construidas por las tropas que acababan de abandonarlas. Al entrar, no vio ninguna mesa, ni nada que le recordase a un comedor. De pronto alguien apareció con una especie de palangana, a la mitad de arroz blanco, sobre el cual se agolparon todos los presentes, algún alma caritativa le advirtió que aquello era el almuerzo y que se apresurase, si quería comer algo durante aquel día. Lo hizo y sin cuchara, ya que no existía el cubierto, ni tampoco la costumbre de su uso. Ese día, sólo pudo aprovecharlo para el aprendizaje, no para matar el hambre y eso que aquello, no era más que el comienzo.

Una vez alcanzados los territorios en los cuales se comenzaba con el asentamiento de los refugiados, que sólo eran jaimas hechas de cualquier cosa y el invierno era uno bastante crudo. Por la noche, acababan de llegar, le señalaron una jaima donde podía cobijarse con más personas. Me dijo que cayó rendido, aquello le parecía de un confort sin igual. La comodidad no se pudo prolongar más allá de dos o tres horas, había llegado tarde la víspera y antes de apuntalar el alba, una mujer, a la que no conocía, lo despierta y le dice: GUM, GUM, SALI, SALI. Larry, confundido y temeroso, entendió que aquella mujer le estaba echando, que le decía, sale, sale. Nuestro amigo le hizo caso a su oído y salió, enfrentándose a una madrugada gélida, cuando alguien, creo que me dijo que era Bazoka, que es uno de esas personas inagotables y que andaba haciendo lo que pudiese, el cual le pregunta..., pero qué haces aquí, solo y con este frio; el hombre hablaba español a la perfección, lo cual no dejaba de ser un alivio para el amigo. -La mujer de esa tienda, me despertó y me ha echado- ¿cómo?, eso es imposible, amigo. Puedes preguntarle, dijo Larry. Se acercaron a preguntar por lo ocurrido y la señora le explicó al comisario político, que lo que le dijo fue que se levantara para rezar, no que se fuera. Aquello terminó en cálido acercamiento entre las personas, en un té con un pedazo de pan duro, todo un lujo, dadas las circunstancias y una anécdota muy simpática que les hizo reír a todos, a pesar de que, en aquel entonces, risitas, las justas.

En fin, anécdotas relacionadas con el desconocimiento del idioma, varias.

Si queréis, yo puedo cocinar, se ofreció desde el primer minuto, lo cual dice mucho en favor de su cercanía y confianza con nosotros, cosa que nos halaga a todos. Al día siguiente, lo hizo cocinó fideua, habiéndose encargado de la comprar él mismo, todos los ingredientes, simplemente porque le hacía ilusión ofrecer a esta familia alguna delicia y lo ha conseguido. Después, me dejó un problema con mis hijos, y es que cuando él se fue, ellos se encontraban en clase, al venir, llegaron preguntando por Larry, al ver que no estaba se pusieron tristes. Vieron que no eran los únicos con dificultadas para pronunciar "hasania" y por otro lado, cocinaba deliciosamente, en fin, es un hombre insustituible para cualquiera que lo llegara a conocer.

Es un tipo que ama Venezuela, por varios motivos, a España, por muchas razones y El Sahara, para él es, su futuro, su presente y su pasado más valioso. Es un ser de los pocos que son hechos de muchos kilates.

Por la causa del Sahara y en el seno de la RASD, Larry empuño el arma y combatió, tomó la tiza y el encerado para enseñar, el pincel y el caballete y llenó lienzos con hermosas pinturas del Sahara y de los saharauis, garantizó el éxito de infinidades de celebraciones a nivel nacional.

En la actualidad, se encuentra llevando su particular cruzada, orientando e instruyendo, compartiendo sus experiencias y relatando vivencias a toda la diáspora sahariana en el extranjero. Advierte a la juventud de la absoluta necesidad de garantizar la unidad nacional.

Con un grupo de jóvenes comprometidos, se encuentra llevando a cabo una campaña de sensibilización y acopio de ayudas para combatir la covid 19 en los campamentos saharauis, solicitando solidaridad de los solidarios. Juntos, hacen charlas culturales y se encuentra enfrascado en la elaboración de un libro sobre su propia experiencia, participando en construcción de la personalidad saharaui a lo largo de, casi cinco décadas.

En fin, hallé a un hombre, enérgico, renovado, sano físicamente, comprometido, bien amueblado de cabeza, con ilusión de hacer cosas, poseyendo la nobleza del beduino y la fidelidad del AMIGO.

Convendréis conmigo que fue ¿una agradable visita?

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

01

Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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