"Los secretos del camino", relato de Ali Salem Iselmu

Por: | 02 de junio de 2022

 

PINTURA P-17 (3)

Texto: Ali Salem Iselmu, periodista y escritor saharaui. Cuadro Óleo del artista saharaui Fadel Jalifa

Iba solo en medio de la espesa niebla, quería repasar con mis ojos, pequeños detalles que solo yo sabía encontrar. Quería ver los secretos de aquel largo camino. Cierto miedo sentía, cuando miraba atrás y todo desaparecía. Los árboles eran unas figuras pálidas y fantasmagóricas, el río estaba cubierto por aquellas partículas de agua en suspensión. Aquella tierra que había recorrido tantas veces, había desaparecido.

No encontraba las montañas, ni aquel pueblo de tejados rojos que estaba incrustado en la pequeña elevación. De repente me vino la imagen de aquel paisaje plano, en el que las piedras se mezclaban con la fina arena. Aquello parecía por unos momentos, un lugar oscuro e impredecible.

De pequeño mi abuelo me había enseñado a observar el viento de arena, me había dicho que cuando empezaba a soplar. Nadie debía seguir caminando. Incluso los avestruces, los chacales y las hienas se quedaban quietos.

En cambio yo estaba caminando, experimentando una profunda felicidad. Todo era imaginario en ese momento. El ladrido de los perros, el hombre de la bicicleta que a veces me saludaba, pero esta vez parecía que le había entrado pánico.  Incluso me miró de forma insegura, buscaba una respuesta rápida, de alguien que había salido de la plena oscuridad.

Seguí caminando, buscando lógica al silencio de mis pasos, al calor de mis entrañas. Quería un abrazo, una palabra, pero estaba solo ante el peligro de un paisaje que ya no conocía, ni dominaba.

El camino se estrechaba ante mis ojos, la tierra estaba cubierta por una extraña bruma húmeda que lo invadía todo. Yo quería tocar el tronco de aquel árbol, mirar las ovejas pastar, tocar la pequeña valla con mis manos. Pero todo desapareció.

Las luces eran raras, algo impedía su intensidad. A pesar de todo eran el único punto de referencia, la única señal inequívoca que a veces desaparecía ante mis ojos.

Me sentía seguro, pisaba el suelo con cierta firmeza, quería llegar a mi destino y tomar el último té de la tarde.

De repente me asusté, me vino a la mente la imagen de aquel hombre que se enterró en la arena, en medio de una tormenta. Nadie encontró sus huellas. La fuerza de aquel viento duró una semana, no se volvió a saber de él. Cinco años después, encontraron un trozo de tela verde desteñido. Debajo estaban sus huesos, el cráneo estaba integro.

Intenté dominar mi miedo, avanzar por el largo camino que conocía de memoria. Iba calculando la distancia que me separaba de la carretera asfaltaba. Oí el ladrido de un perro, y empecé a sentir cierta tranquilidad, sabía que no estaba perdido. A pesar de la oscuridad, cogí con mi mano un puñado de piedras, las observé detenidamente. Vi que tenían un color claro, aquella era una buena señal, estaba cerca del asfalto.

Seguí caminando, intentaba ver lo que estaba a mí alrededor, hasta que vi las luces de un coche, sabía con cierta certeza que había llegado a mi destino.

El miedo y la oscuridad quedaron a mi espalda, no obstante seguía imaginando aquella tierra que conocía tan bien, pero la espesa niebla me impedía ver el paisaje que había recorrido muchas veces solo.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

SANKARA SIDATI2
Poema de Bahia MH Awah, escritor, poeta y antropólogo. Imagen del archivo RASD, el poeta y diplomático saharaui Mohamed Sidati y el desaparecido líder africano Tomás Sankara en 1982 visitando a la República Saharaui y a los campos de refugiados saharauis. 

África vuelo California BA 279

En homenaje a mis hermanos y hermanas del

África negra que surcan por sus

sueños atravesando desiertos y

océanos por un mundo mejor.

 

Lejos y sin cosechas, allí dejo

mi África sin pan.

 

Repetía una y otra vez cuando despedía

tierra firme, su tambor, su mortero y su viejo arado.

Náufrago,

se marchó en busca de otros horizontes,

y el África atrás despedía, sumergida en tristes tinieblas,

de hambrunas,

de guerras de tripas,

de cayucos y pateras,

hundidos con todas las quimeras de la tribu.

 

El pan que un día partió para traer

costaba tanto como el caviar

del “Masa Time Warner Center de Manhattan”.

 

Bububakar, no dejó de llevar consigo un fardo

lleno de ilusiones,

se lo aconsejó el jefe de los saimara,

se lo aconsejó el chej de los bambara,

se lo aconsejó el patriarca de los zulú,

para que el día de la vuelta,

“si Dios navega

en tu habitual deriva de cada mar

viera su nueva chabola rebosando pan,

trigo, maíz, arados y el timbal de tambores”.

 

Desde mi ventanilla busco África y delibero para sofocar

la ira de mi conciencia.

 

Veo una Europa egoísta,

envuelta en oscuras nubes del porvenir,

veo gigantes rascacielos,

veo chimeneas de fábricas triturar mi virgen maíz,

y veo otras ensayar armas que destruyan

los verdes campos de mis trigales,

y al ver otras y otras aldeas de espigas segadas

el dolor remueve mis intestinos vacíos,

esos de quienes llegan la deriva.

 

Preocupados los ancianos del clan,

dicen, de España esta vez llegan al Atlas

blindados de guerra en vez de granos de cebada

para hacer el cuscús del Rif,

y de Francia estorban la vida muchos soldados,

que no dejan de molestar ¡Eh, tu outre ici!

En pleno vuelo,

no dejo de pensar en el viejo continente,

rezo para que esa humanidad vuelva a emerger

otra vez tras este siglo sin siembras

de maíz,

sin arrozales y sin el sagrado trigo de los hijos de Caín.

 

Ya sobre las nubes del Atlántico

siento franqueadas las fronteras,

y rotos los sueños,

los cayucos no cesarán de atravesar estos mares

porque creen que otro mundo más justo es posible.

¿A dónde vas humanidad de tez blanca?

De ojos miopes, azules, oscuros y verdes,

de hurtados cerebros enfermizos,

de vacíos y retuertos vocabularios

de postizos principios y corruptos amigos,

su mundo es tan alejado,

separado y diferente en valores de lucha,

de África y de la franca libertad al mío.

 

Y como africano le confieso que

ni una vez me inclino a la mano que se besa,

ni en mi corazón tengo lugar para cubrir al malvado.

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El País

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