Cuando el verso se hace justiciero, poema de Bahia MH Awah

Por: | 22 de marzo de 2022

Texto de Bahia MH Awah. Imagen de Carmen Giner en logo del grupo de escritores saharauis en el exilio, Generación de la Amistad
Exilio I_
Bahia Mahmud Awah

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Mi madre maestra y mis hermanas

en el regazo de aquella oscura noche de 1975

ante el peligro que arreciaba

amenazando la vida de los niños

dispusieron mi huida de la guerra.

Me calzaron gastados Keeds,

pantalones de pana

y un jersey

que más tarde, en el éxodo,

gastados, sucios y estrujados

eran el cobijo donde se alimentaban

los despiadados piojos del exilio.

Hoy veo a la humanidad como garrapatas,

veo sanguijuelas

devorando la conciencia de quienes

nos dirigen hacia la apocalipsis humana.

¿Adónde vas humanidad?

repitiendo viejos errores en tu falsa conducta.

Y tú presumes de fiel cristiano,

de civilizado

de buen político

de buen humano.

El viento de la noche saharaui

Por: | 08 de marzo de 2022

                                                    ALMERIA 4 (2)

Texto de Ali Salem Iselmu, periodista y escritor saharaui

Cuadro oléo del artista saharaui Fadel Jalifa E. Fal

Cuando vio aquellas pisadas, se dio cuenta que eran más de 40 hombres. Sabía que estaban al acecho, esperando que llegara la madrugada para llevar todo su ganado. Él percibía el peligro en la mirada de su animal de carga. Aquel semental que se sostenía sobre sus  enormes patas, mientras olía el viento que le iba llegando. Él animal sabía que no era el olor de la lluvia, tampoco  era el olor de la hierba de otoño, tampoco era el ruido del relámpago.

Unas pisadas, un viento que soplaba anunciando el peligro, eran señales claras para alguien que conocía las montañas de Rich, una larga  cordillera que él recorrió muchas veces sólo.  En ese momento  había olvidado a su mujer, a sus hijos que estaban en el interior de la jaima esperándole.

Estaba tan concentrado.  Meditaba, mirando hacia  todas las direcciones. Todo era desnudo en aquella planicie de color oscuro. El único aliado que tenía en ese momento, era un río seco, lleno de acacias que estaba hacia el este.

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SIDI MOH ULD ELAB
Texto y foto de Bahia MH Awah, en homenaje al guerrillero revolucionario Sidi Mhamed Uld Lab

En febrero de 2015, escribí un texto sobre el histórico revolucionario saharaui Sidi Mhamed Uld Lab, hoy retomo de nuevo aquel artículo para recordar un histórico anticolonial en su XIII Aniversario. El 2009 compartí con él una inolvidable charla en su casa del campamento de refugiados saharauis Bojador. Estaba acompañado por su mujer Alia y sus pequeñas hijas. Recuerdo que le pregunté en qué año había nacido y tras meditar su respuesta, me dijo:

– Dicen los expertos que pretenden saber de todo, que yo había nacido en 1913. Pero yo digo que he nacido en عام ﻋﯕلت انتلف Am Aglet Entalfa. El año en el que se precipitaron muchas lluvias en Tiris y se llenó de agua el pozo Aglet Entalfa.

Si la fecha que estos expertos decían de su nacimiento fuera cierta, aunque él no estaba de acuerdo, Sid Mhamed habría vivido 102 años plenos, coronados de muchos acontecimientos acaecidos entre circunstancias de guerra, cárcel y exilio.

Nació en Uad Ayahfun, en la región de Tiyirit. Su familia era nómada, como la inmensa mayoría de los saharauis que en aquellos tiempos nomadeaban con sus ganados camellares entre el territorio del Sahara Occidental y regiones fronterizas de Mauritania, desde Tiris Zemur, Adrar a Taganet. En el Sahara, me decía Sid Mhamed:

– Nos movíamos, errantes, en una amplia zona comprendida entre Lacraa, región de Dajla, Gur Leuafi, Gur Mansur, Sidahmed Ergueibi hasta Tiris, Adrar Setuf, Leyuad, Leglaat, Agüeinit, Uad Yena, Haimer Mah, Eig, Intiyat, Gleibat Asabaa, Dueyat, Bir Genduz, Auserd, Bir Nazaran y Tichla.

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No te irás sin tú hijo

Por: | 27 de diciembre de 2021

PINTURA P-4

Texto: Ali Salem Iselmu, periodista, poeta y escritor saharaui del  grupo de escritores saharaui en el exilio, Generación de la Amistad

Cuadro oléo del artista y pintor saharaui Fadel Jalifa

̶ No te irás sin tú hijo ̶ le dijo enfadada. Ella que lo había entregado todo renunciando a sus padres y a buena parte de su familia.  ̶ Lo llevarás contigo y te llevarás con él, el nombre que le pusiste  ̶ volvió a insistir.

Él salió caminando de aquella casa sujetando la mano de su hijo que iba mirando los ojos de su madre, una madre que lloraba a medida que el niño se alejaba por aquella larga calle. El día era limpio, con un cielo azul intenso y el viento soplaba con mucha fuerza.

Lo menos que él deseaba era una despedida amarga, marcada por aquellas rotundas palabras.  ̶ ¿Qué hago?  ̶ se preguntaba, mientras el niño le iba preguntando por su madre. No tenía respuesta a las preguntas de su hijo e intentaba tranquilizarlo prometiéndole un helado o cromos con fotos de futbolistas.

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20211202_191907Texto Conchi Moya, fotos Bahia MH Awah. 6 diciembre 2021

El pasado jueves 2 de diciembre se presentó en el Espacio Miguel Delibes de Alcobendas el libro “Poetas y Poesía del Sahara Occidental. Antología de la Poesía Nacional Saharaui. Una antología poética”.

Se trata de una obra fruto de varios años de trabajo común entre investigadores saharauis y de la Universidad Autónoma de Madrid, por el que se ha recogido la producción poética de los llamados poetas nacionales saharauis, se le ha dado forma escrita y traducido, más bien recreado, al castellano. El acto fue organizado por la Asociación Amistad Saharaui de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, también impulsora de la edición del libro en colaboración con el grupo Antropología en Acción de la Universidad Autónoma de Madrid, UAM.

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Bebí versos de aroma haiku

Por: | 28 de noviembre de 2021

POEMA KEIKOBebí versos de aroma haiku

Al poeta del largo exilio, Beibuh El Hach, y al carmen Shingo, en el Albaicín de Granada

En el templo del carmen, hospedaje de siglos,

oré por el alma de un duende nómada

cuyas estrofas silban cálidos, dulces,

y húmedos labios de una antigua tetera.

Erguida, la tetera dialoga a orillas

de cristalinas aguas que mecen

las piernas desnudas de La Alhambra.

Al son de las cataratas del té,

orando versículos entre mis dedos,

probé versos de aroma,

la hierba que un gigante del verbo en otros lares

araba en tierra yerma,

allá lejos en el refugio

de pedregales y guijarros,

resguardada del exilio en su cálida jaima,

habitada de siluetas que murmuran el verbo,

de aromas de otras gentes y tiempos.

Esa tarde en el carmen probé sus versos

sembrados con el embrujo de las onna-bugeisha[1]

que sabía recitar los haiku[2]

que ahogaron en Hiroshima y Nagasaki.

Por el alma del poeta

saboreé el intenso aroma de un gaf[3]

en el patio del carmen,

anclado por los siglos en las venas del Albaicín,

en las colinas que trepan los muros de la Alhambra,

en sus otoñales y frondosos bosques.

Aún los versos hasaníes

palpitan en mi lengua y me susurran

fragantes poemas de Granada.

Esa tarde probé

versos de aroma,

versos de un gigante del verbo,

versos de otros lares que la hija del poeta

sembraba con amor

en el regazo de una jaima

remendada por manos del exilio.

Poema de Bahia MH Awah en homenaje a Beibuh El Hach y al carmen de Keiko Shingo en el Albaícin de Granada donde se respira amistad, aroma de la hierbuna buena y el té del exilio saharaui. 

[1] Grupo de mujeres guerreras del Japón feudal que desarrollaron actividades bélicas basadas en las artes marciales como samuráis para defenderse de los enemigos.

[2] Poesía tradicional japonesa, que consiste en un poema breve, generalmente formado por tres versos.

[3] Poema corto en hasania de tres versos.

De las delicias del verso y la transgresión de su autor saharaui

Por: | 15 de agosto de 2021

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El fallecido poeta saharaui Beibuh Uld El Hach (1929-2017) sobre las reivindicaciones de la identidad saharaui por parte del régimen marroquí escribía un largo poema que se titula “La lengua, el bagaje y la jerga nos separan”. Y Don Quijote decía “Si el poeta fuera casto en sus costumbres, lo será también en sus versos; la pluma es lengua del alma”, y no dudo que lo fue la pluma y alma del poeta Beibuh como lo es Bachir Uld Ali Uld Abderrahaman en casto y pluma.

Este poeta al desarrollar la temática inicial que aparece en el poema de Beibuh zanja cualquier duda en las abismales diferencias que alejan a la identidad saharaui del marroquí y su cultura.  El rigor del verso que cantó Beibuh lo ratifica Bachir Ali en este poema.

Opuestos y diferentes a ellos

Opuestos seremos los saharauis con Marruecos

como pueblo,

en la moral y en el credo.

Los ancestros nos separan

Nos separan su traición a la religión,

ellos dicen que su amo es el Rey Hasan

y nosotros decimos

que sólo tenemos un amo:

el Dios todopoderoso y compasivo.

Nos separan costumbres y hábitos,

Nos separan los vocabularios

Nos separan los modos de vida

Nos separa la genealogía

Nos separa la geografía

Nos separan los brotes de verdes hierbas

Nos separan días de calor, fríos y vientos

Nos separan atuendos

Nos separan y nos diferencian deleites y hospitalidad

Nos separan indumentarias

Nos separan el arte de cocinar en el desierto

y desde antaño y desde los ancestros

otros rasgos más nos separan.

Ellos ordinarios son del género humano

y nosotros somos más que esto

porque no nos exponemos para que nos adivinen

leyéndonos en manos llenas de perforadas conchas y caracolas.

Nosotros y ellos opuestos seremos

como pueblo,

en la moral y en el credo.

Reto al marroquí escribir un aguilal en Leboir

o que se enardezca por nuestro canto

o que tenga atisbo de nuestra sombra

o que tenga el mínimo de nuestros gestos

o que tenga una brizna de nuestra guasa,

tú que pretendes conocernos.

Reto al marroquí ofrecer sus alfombras al huésped

como iguala en nuestra generosidad

donde los días transcurren reflejados en nuestra sonrisa

de alma sincera

y nuestras puertas abiertas de par en par

y aglomeradas de convidados.

Le reto a que nos igualen en proteger el vecino

en ser transparentes

en ser hombres al que se pueden confiar.

Le reto a seguir nuestros pasos cuando

enfurecidos golpeamos en la batalla

o cuando acudimos salvar al débil

o saldar las deudas de los que poco tienen.

A Marruecos les aconsejo no tener esperanza

con nosotros.

Nosotros y ellos opuestos seremos

como pueblo,

en la moral y en el credo.

Desde allá asómate y fíjate, verás un marroquí y un saharaui

caminar en un zoco,

observa su caminar y te darás cuenta sus diferencias,

observa la fisionomía

observa el temple y seguridad personal

observa sus manos y sus pies y luego si sigues

observando te darás cuenta de que Dios nos ha diferenciado.

Decidles a Adán y a Eva si es cierto

que han parido para Marruecos este espécimen de humanos,

decidles que a nosotros

nos renegamos de Adán y nos renegamos de Eva.

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Ilustración: Uld Radaa, pintor y artista saharaui. Óleo, Resistimos

Texto de Mohamidi Fakala, periodista y escritor saharaui colaborador de este blog. Escribe desde los campos del exilio saharaui en el sur de Argelia

Mucho ha cambiado en estos tiempos de tormenta. Sin embargo, para aquellos que desconocen la esencia del desierto fueron sorprendidos al vislumbrar la gigantesca nube de arena que parecía cambiar la tierra y el cielo en un día. El vendaval llegó para volcarse con sus alas sobre los campamentos, dispersando ceniza que hace arder la calma y sentidos a los cuatro vientos.

El Oeste instigaba a cambiar el rumbo de las direcciones de los alisios. Traía consigo misma intensa polvareda de jinetes invisibles, cabalgaban al son de nubes rubescentes vacías de líquido. El embate en las alturas arde en la semblanza ardorosa que causaba misterio donde se unía el universo a modo de lodo como filigrana. Y la meta atiende a su alcance en la desembocadura del  canal de Suez. Junio precedía mucho más que  arduo verano de poca sombra. Por su parte, un telón de espejismo atiende filtrarse en maravilloso arco iris que evocaba cantos de alegría. Mientras, que los eruditos longevos del desierto se afanan en plegaria ante tanto embrujo de una ola sin espuma ni escarcha. El granito tamizado revelaba uno de los infinitos secretos de la naturaleza del desierto. Cuando el aire coronaba las tiendas y barracones la agilidad de fuerza caía invertida en  trasfondo obscuro de la noche.

El Sol tímidamente quedaba inquieto para perderse después en la Soledad de la nada, y el cielo se tornaba de color púrpura para que se extendiera unos lienzos que reflejaban una lidia desconocida y carnal.

Al otro lado de la esquina se percibía un discurso incomprensible matizado en la rareza de una simple cacofonía. Otros, sin embargo, quedaban embelesados de júbilo, lejos de ser rendidos. De hecho, un sumiso adversario se adversa en el juicio del fracaso. Voces se levantan refutando ahogarse en la profundidad del olvido.

Una tormenta de sables con sus hélices remolinaba sin desenfreno cosechando un inquieto vendaval. Y el habitual chillido de los niños quedaba encerrado entre paredes de una escuela, y la sombra de tormenta quedaba retraída en mutismo áspero de un prolongado refugio. Un alto en el ciclo de la naturaleza da señas de descontento en aras del ensueño de la justicia. El silbido de los vientos parecía gorjeo de  pájaros en  plena primavera. En los momentos en que los extraños aires se retiraban amainando, un ligero frío se percibía momentáneamente, quizás arrebatado a uno de los dos polos. Seguido por un goteo de ligera lluvia que devolvía la vida. Un efímero hecho dejaba claro el sentir de fuerza que alimentaba la sobrehumana resistencia  de un pueblo.

¿Quién encendió las luces del camión?

Por: | 03 de mayo de 2021

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Texto del escritor y periodista del exilio saharaui: Ali Salem Iselmu Abderrahaman

Ilustración del pintor y artista del exilio saharaui, Fadel Jalifa Embarec Fal

Cuando me saludó note que el tono de su voz había cambiado, hablaba más despacio y cierta calma dominaba su cara. El paso inevitable de los años, había moldeado aquella dura infancia  que le permitió sobrevivir entre veinte niños que perecieron por la madrugada, cuando una bomba de fragmentación estalló sobre el camión en el que huían.

Él recuerda el momento del impacto, el llanto de su madre y las llamas  del camión que alumbraban el camino  que atravesaba las dos montañas. Todos se quedaron atrapados, menos él y su madre. Lograron sobrevivir, escondiéndose en la escasa vegetación. Haciendo un pequeño refugio entre los árboles.

¿Por qué no te atraparon?le pregunté después de muchos años no tenía una respuesta clara, algún recuerdo quedaba en su mente no obstante seguía asustándose de los aviones, del ruido de sus motores. Después de estar en silencio durante un largo rato, me dijo:

̶ ¿Por qué me preguntas por esta historia, si han pasado muchos años?.

̶ Quiero saber el nombre de los niños que murieron le contesté con cierta insistencia.

̶ Quiero desprenderme de ese pasado, del momento del impacto de aquella bomba me contestó él con cierta impotencia.  

Quería rebuscar en la oscuridad de aquella madrugada, adentrarme en el fuego de aquel camión y recordar las caras de  los niños devorados por el fuego y los fragmentos de esa  bomba mortal.

Varias preguntas estaban sin respuesta, pero él no quería seguir hablando de ese lejano momento. Ahora tenía cuatro hijos y vivía próximo a la playa. Le gustaba hablar de su oficio de fontanero, de las calderas de gas  y de su familia.

No obstante, yo tenía que saber los nombres de los supervivientes, recuperar sus fotos para volver a aquel lugar en el que aún permanecen los restos oxidados de aquel camión.

 «Los habrán enterrado» me preguntaba, mientras él seguía hablando de otras cosas. Son veinte niños junto con sus madres los que perecieron aquella madrugada, todos sabían lo que había ocurrido, pero nadie se atrevía a dar más detalles.

«¿Cómo los pudieron localizar para arrojarles aquella bomba?».

Entre suaves palabras continuaba nuestra charla. Hablamos de la dificultad que tenía él para recordar, no obstante, su madre tenía en su poder los detalles de aquella historia.

Quién tomó la decisión de encender las luces del camión, sí sabía que la zona estaba vigilada por aire y tierra. Ellos eran un objetivo claro, no podían romper aquel cerco y escapar.

El conductor pereció al igual que los niños y las mujeres, en aquel lugar rodeado de montañas en el que se escondieron durante una semana.

«¿Cómo pudo sobrevivir él, junto con su madre?, probablemente la bomba no los alcanzó o quizás se quedaron dormidos en el momento de la huida o querían volver a su ciudad».

Entre palabras y palabras, seguía buscando más detalles, intentando armar aquel puzle. Él cambiaba de forma permanente de conversación, evitaba recordar aquella madrugada.

Le dije que estaba interesado en volver a ese lugar, quizás me ayude a entender algunas cosas que me lleven a descifrar sus recuerdos.

«¿Quién encendió entonces las luces del camión aquella madrugada?, ¿quién escapó con vida?». Observando detenidamente sus ojos, supe con certeza que algo más ocurrió. Me despedí con una idea clara, volver a ese lugar, buscar los cuerpos quemados, enterrarlos.

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Texto de Pablo-Ignacio de Dalmases

Ilustración: Fadel Jalifa

Un viaje apresurado a Madrid para intervenir en un programa de televisión producido por la UNED da pie al reencuentro con buenos amigos que traen siempre noticias gratas. En este caso son Juan Carlos Gimeno, profesor titular de la UAM y antropólogo y Bahía Mahmud Awah, escritor e investigador. Coautores ambos en la edición de una antología poética sobre el Sáhara Occidental en la que también han colaborado Mohamed Ali Leman, Juan Ignacio Robles Picón, Mohamed Salem Abdelfatah y Vivian Solana Moreno. El volumen se titula “Poetas y poesía del Sáhara Occidental. Antología de la poesía nacional saharaui” (Última línea)

Pocos géneros literarios son tan capaces de expresar los más recónditos sentimientos del alma humana como la poesía. Toda gran literatura, por ejemplo, la misma española, tiene en sus poetas a sus más caracterizados cultivadores. Pero la nuestra, como la de la generalidad de los países, está destinada, como ocurre con las obras de los demás géneros, a ser publicada y, por tanto, leída, lo que no excluye su recitación puntual. Con la poesía saharaui ocurre exactamente lo contrario. Como se dice en la introducción se trata de una poesía “destinada a ser recitada públicamente, que no se registraba por escrito y que aún hoy, cuando se escribe, es para facilitar su memorización, no su lectura” y que se “cantaba en el nomadeo, los viajes realizados para la reproducción de la vida, rememoraba los lugares de pastos, agua y cultivos… cantaba los combates entre las tribus y la valentía de los combatientes de cada una de ellas… el amor a la tierra, no de una manera abstracta, sin aludiendo a lugares concretos…".

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Este volumen constituye la primera antología en español de poesía oral saharaui y recoge obra de Mohamed Salem Uld Abdelahe, “Badi”, que es considerado el decano de los poetas saharauis, así como Mohamed Mulud Uld Budi uld El Hach “Beibuh”, “poeta de la patria y el pueblo”, Ljadra mint Mabruk uld Daaf, la “poetisa del fusil”, Alal Uld Daf Uld Did, Sidi Brahim Uld Salama Uld Eydud, Bachir uld Ali Uld Abderrahman, “poeta de la revolución y del nacionalismo”, Ahmed Uld Mahmud Uld Omar, Hosein Uld Mulud Uld Mohamed Salem, Mustafa Uld el Bar Uld Abdedayem, Hasin Uld Brahim uld Mohamed, Hamdi Uld Alal Uld Daf “Zaim”, Bunana Uld Abdelhay Uld Ahmed Uld Buseif y Jadiyetu Mint Aleiyat Uld Suelam, considerada la “poetisa de la intifada”.

Hay poesía de la época precolonial y colonial, de la etapa en que se produjo la emergencia del nacionalismo saharaui y luego la propia de la revolución, la creación de la RASD y la lucha con la ocupación marroquí. Una buena muestra de la creación literaria saharaui que acredita, como apunta Boaventura de Sousa Santos, que “los poetas son los guardianes de la sabiduría que se sedimenta en los accidentes de vidas tan llenas de incertidumbres como de voluntad colectiva para vencer las dificultades. Son los educadores populares por excelencia”.

Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

SANKARA SIDATI2
Poema de Bahia MH Awah, escritor, poeta y antropólogo. Imagen del archivo RASD, el poeta y diplomático saharaui Mohamed Sidati y el desaparecido líder africano Tomás Sankara en 1982 visitando a la República Saharaui y a los campos de refugiados saharauis. 

África vuelo California BA 279

En homenaje a mis hermanos y hermanas del

África negra que surcan por sus

sueños atravesando desiertos y

océanos por un mundo mejor.

 

Lejos y sin cosechas, allí dejo

mi África sin pan.

 

Repetía una y otra vez cuando despedía

tierra firme, su tambor, su mortero y su viejo arado.

Náufrago,

se marchó en busca de otros horizontes,

y el África atrás despedía, sumergida en tristes tinieblas,

de hambrunas,

de guerras de tripas,

de cayucos y pateras,

hundidos con todas las quimeras de la tribu.

 

El pan que un día partió para traer

costaba tanto como el caviar

del “Masa Time Warner Center de Manhattan”.

 

Bububakar, no dejó de llevar consigo un fardo

lleno de ilusiones,

se lo aconsejó el jefe de los saimara,

se lo aconsejó el chej de los bambara,

se lo aconsejó el patriarca de los zulú,

para que el día de la vuelta,

“si Dios navega

en tu habitual deriva de cada mar

viera su nueva chabola rebosando pan,

trigo, maíz, arados y el timbal de tambores”.

 

Desde mi ventanilla busco África y delibero para sofocar

la ira de mi conciencia.

 

Veo una Europa egoísta,

envuelta en oscuras nubes del porvenir,

veo gigantes rascacielos,

veo chimeneas de fábricas triturar mi virgen maíz,

y veo otras ensayar armas que destruyan

los verdes campos de mis trigales,

y al ver otras y otras aldeas de espigas segadas

el dolor remueve mis intestinos vacíos,

esos de quienes llegan la deriva.

 

Preocupados los ancianos del clan,

dicen, de España esta vez llegan al Atlas

blindados de guerra en vez de granos de cebada

para hacer el cuscús del Rif,

y de Francia estorban la vida muchos soldados,

que no dejan de molestar ¡Eh, tu outre ici!

En pleno vuelo,

no dejo de pensar en el viejo continente,

rezo para que esa humanidad vuelva a emerger

otra vez tras este siglo sin siembras

de maíz,

sin arrozales y sin el sagrado trigo de los hijos de Caín.

 

Ya sobre las nubes del Atlántico

siento franqueadas las fronteras,

y rotos los sueños,

los cayucos no cesarán de atravesar estos mares

porque creen que otro mundo más justo es posible.

¿A dónde vas humanidad de tez blanca?

De ojos miopes, azules, oscuros y verdes,

de hurtados cerebros enfermizos,

de vacíos y retuertos vocabularios

de postizos principios y corruptos amigos,

su mundo es tan alejado,

separado y diferente en valores de lucha,

de África y de la franca libertad al mío.

 

Y como africano le confieso que

ni una vez me inclino a la mano que se besa,

ni en mi corazón tengo lugar para cubrir al malvado.

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El País

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