África, el continente de las mil lenguas

Por: | 06 de abril de 2019

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Texto y fotos: Ali Salem Iselmu

Cuando el autobús atravesó aquel pueblo bañado por el mar cantábrico, sentí el olor del océano que recuerdo de pequeño en mi ciudad. Observé las montañas, vi las vacas pastando sobre hierba. El mar y la montaña verde se miraban. Los dromedarios observaban los acantilados surcados por la arena, iban al pozo en busca de agua. África el continente inmenso, el de las mil lenguas, la tierra del escritor maliense Amadou Hampatebá. El hombre que descubrió las  bibliotecas humanas e impactado dijo «en África, cuando una persona anciana muere, una biblioteca arde».

Amadou escribió en hermosos cuentos toda la tradición “pelule”, mientras el escritor Donato Ndongo de Guinea Ecuatorial es el autor de la novela “Las tinieblas de tu memoria negra” y la escritora de Benín Agnes Agboton escribió los cuentos “Eté utú”. África estaba presente en el evento organizado por la fundación asturiana “Pájaro azul” bajo el título “Flujos migratorios en las literaturas africanas”. La presidenta de la fundación Inmaculada González había conocida el continente del poema, del relato, de la selva tropical y del desierto. Un continente que atrapa por su diversidad, por su tamaño y fuerza. En África nació el hombre, la selva y el desierto. Sus pobladores han narrado, cantado y escrito sobre lo invisible y lo imaginario.

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Al llegar a la duna

Por: | 06 de marzo de 2019

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Texto: Ali Salem Iselmu. Fotos: J. I. Robles y B. MH Awah

Al llegar a la duna empecé a observar el espectáculo de luces que nacía en el cielo, en él descubrí caminos, rutas que me llevaban a antiguas ciudades. Dirigí mi vista hacia el norte, allí estaba la estrella polar. Seguí observando hasta que descubrí las luces de la ciudad de Tinduf, pensé en las caravanas de comerciantes, en esa extraña ciudad nacida entre colinas, cuyas luces parecen un viejo farol que emerge del interior del Sahara.

Cuando dirigí mi mirada hacia el este, el espectáculo de diminutas estrellas era infinito. Una luz pareció penetrar en mis ojos y desaparecer, pensé en un deseo que compartí con el silencio del momento, mientras iba observando unas huellas pequeñas que permanecían quietas en medio de la noche. Creí que aquellas huellas eran de una mujer, un pie pequeño que no llega a penetrar del todo en la arena. Pensé en la chica joven, cuyos ojos parecían dos estrellas.

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BH191433Texto: Ali Salem Iselmu. Foto Wad Miyek, Tiris, de Bahia MH Awah 2011

Cuando concluimos una disfrutada lectura de un libro, que nos ha dejado un buen sabor, queremos compartir con los más inmediatos afines de lectura nuestra opinión al respecto.

Si opinamos formulando o presuponiendo criterios, sin un conocimiento previo del contexto, erraremos contra el autor y su obra. Y como dice el proverbio saharaui ويل لغن من حكينو “El mal del verso se debe a su declamador”. Cuando Tiris, rutas literarias se publicó en 2016, tuve un enorme deseo que me llegara la opinión de alguien que conociera la región de Tiris y sus referentes en la historia de la poesía. Dos años más tarde entiendo que valió la pena esperar, al ver que mi deseo se ha hecho realidad en un texto de crítica literaria que me llega del escritor, periodista y poeta saharaui Ali Salem Iselmu, natural de esa region de Tiris. Un texto que a continuación comparto con el lector de este blog. Bahia MH Awah

Cuando terminé de leer el libro “Tiris, Rutas Literarias” del escritor saharaui Bahia Mahmud Awah, me quedé absorto ante el recorrido de cada verso convertido en epopeya. En las arenas del Tiris se perdieron mis lágrimas entre leyendas de poetas y guerreros saharauis como Ali Uld Meyara, Wayaha Uld Ali Chij o Mohamed Uld Tolba.

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Todas las fiebres la fiebre II Parte

Por: | 20 de enero de 2019

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Texto: Limam Boicha. Ilustración de Fadel Jalifa

II parte

La fiebre de la trufa silvestre 

Mientras pensaba en la desconocida fiebre que asolaba Zuerat, descubrí que en Boir Tiguisit también había una fiebre: la de la trufa silvestre, la trufa blanca.  Por la tarde empezaron a llegar los recolectores. Salían en coches muy temprano y se pasaban la mañana buscando por todas partes. A veces sabían dónde estaba, otras veces buscaban al azar. Peinaban los cauces verdes o resecos en busca de cualquier pista.

A partir de las cuatro o cinco de la tarde pasaban por la tienda con su cosecha y se la vendían a los dueños del local. El hijo pesaba los kilos de la trufa en la balanza como si se tratara de pepitas de oro. Les pagaba el dinero. Casi todos le compraban algo de mercancía y todos iban contentos.

Pero la fiebre de la trufa no abarca solo a Boir Tiguisit, sino a todos los territorios liberados, los campamentos de refugiados, Tinduf y parte de Argelia. El kilo de la trufa se paga muy bien. Allí todo el mundo hablaba de Terfas y preguntaba dónde se podía encontrar. Conocer un lugar donde había trufa era como un secreto de estado.

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Después del gran río, nadie habla bambara

Por: | 15 de enero de 2019

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 Texto de Ali Salem Iselmu. Foto red

Vete hacia el norte le dijeron, no te detengas, aunque las olas del mar te impidan alcanzar el paraíso con el que has soñado y del que tantas veces te han hablado. Observó sus dos vacas y a sus hijos que corrían felices persiguiendo mariposas, cortando flores con sus pequeñas manos alrededor de aquel río, en el que a veces se detenían en su orilla, para ver el reflejo de sus sombras en el interior del agua.

La pequeña choza de ramas y troncos, tenía el suelo de tierra y estaba cubierta por varias esteras. En una esquina estaba el pequeño horno de barro que usaba su mujer para cocinar el pan. En su largo recorrido por el campo, iba a las plantaciones de mijo que le habían dado buenas cosechas y le recordaban a sus padres, y aquel lejano día en el que colocaron varios estacas para marcar el límite de las tierras que cultivaban.

Él tenía que tomar una decisión, ofrecer una nueva oportunidad a su familia, alejándose del Sur en el que nació, abandonado la inmensa planicie, de árboles, pájaros y pequeñas chozas de madera que acompañan la trayectoria río.

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Todas las fiebres la fiebre

Por: | 07 de enero de 2019

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Texto y foto: Limam Boicha. I PARTE

 Por más que preguntaba, nadie de mi familia que estaba en Mauritania sabía decirme a ciencia cierta qué fiebre era. ¿Hemet Charg? ¿La fiebre del sur, el Paludismo?, preguntaba. No, me aseguraban. Es una fiebre nueva, me decían, que deja a la persona exhausta, sin fuerzas y dura un par de semanas.

—No te vayas sin consultar a algún médico, a lo mejor es una enfermedad contagiosa—me aconsejó mi padre.

No fui a ver a ningún médico. No tenía tiempo. Estuve debatiéndome entre ir o no ir para ver a mi madre. Al final, el amor superó mis dudas y miedos.

Desde los campamentos de refugiados saharauis en el sur de Argelia viajé en coche al territorio liberado del Sahara Occidental. Primero a la badía, al desierto fértil. Allí estuve tres días tomando leche de camella, y disfrutando con parte de mi familia de la serenidad de esa zona bella y verde, tras las lluvias caídas pocos meses atrás.

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Texto: Bahia Mahmud Awah. Inedita foto cedida por los hijos del periodista español Miguel De la Cuadra Salcedo. Foto del histórico poeta y dirigente saharaui Biga Uld Baali, [Mohamed Lamin Aba Chij Aba Ali] 

Esta leyenda literaria poco conocida de la vida de El Mahyub Uld Freitis,  Moishan[1], Hakim Brahim, Uld Lumahad, y Sidi Uld Haidug, la pude recoger  en una charla que tuve el año 2017 con una de las más referentes cantautoras revolucionarias saharauis Beitura Mint Malainin.  Le pregunté acerca de la canción y el verso revolucionario Polisario de aquellos incipientes años del proceso de liberación saharaui. Lo hice sabiendo que había sido la joven que compuso ese verso y lo cantó en la mítica banda musical Grupo Luali, de la que fue miembro fundador. Esta cantautora tuvo estrecha amistad de activismo anticolonial en los setenta con  el poeta y comandante Biga Uld Baali y sus compañeros de militancia, los históricos polisarios[2] anteriormente citados.

Partiendo de métodos cualitativos como herramienta de la investigación en la búsqueda del conocimiento y consciente de las pocas veces en el que se dan estos momentos de la antropología de interacción, en busca de una fuente oral fidedigna, le confesé a Beitura que quería saber de estos míticos polisarios y de su verso. Sabía que esa charla inevitablemente me llevaría a otras historias que siempre quise indagar, sobre todo la de los históricos dirigentes saharauis Biga Uld Baali, Brahim Uld Darwich, Moishan Uld Lumahad y Sidi Uld Haidug.

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PINTURA P-23

Texto: Conchi Moya Fernández, escritora y periodista

Ilustración: Fadel Jalifa

Este texto ha sido publicado por Literafricas

Zahra Hasnaui es heredera de la rica tradición oral de los hombres y mujeres saharauis, que se pierde en la noche de los tiempos. Es integrante de la Generación de la Amistad, el grupo de escritores saharauis que crean en español, segunda lengua de los saharauis. Es el idioma elegido por ellos como herramienta de creación, porque como dicen “piensan, hablan, sienten, sueñan y escriben sus poemas” también en el idioma de la metrópoli, el único legado que dejó España tras cien años de colonización, vehículo de relación con los pueblos de España y Latinoamérica con quienes tienen un pasado común.

A Zahra, filóloga y profesora, las circunstancias, en forma de invasión marroquí del Sahara Occidental, la convirtieron en locutora de radio, activista y escritora. Los saharauis respiran poesía desde que nacen pero de alguna manera la lucha contra la ocupación ha llevado a estos escritores a dar a conocer su causa a través de la cultura. Porque, como dice el poeta saharaui Ebnu, los saharauis no pueden escribir sobre flores, amor o belleza mientras su pueblo resista en unos campos de refugiados, en territorio ocupado, o disperso por todo el mundo.

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Cuando los amigos dejan constancia de su compromiso

Por: | 03 de diciembre de 2018

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Texto: Bahia MH Awah. Fotos archivo

Jorge Guillén en la antología “Os doy esto desnudo que es mi mano”. Diez años de solidaridad con la República Saharaui. Una iniciativa intelectual sin precedente en la historia de solidaridad con el pueblo saharaui protagonizada por 23 intelectuales, poetas españoles, suramericanos y palestinos. Algunos de ellos realizaron una visita a los territorios liberados del Sahara Occidental y a los campamentos de refugiados en Tinduf, sur de Argelia.

Dos momentos de esta historia merecen ser recordados cuando muchos de aquellos solidarios escritores, poetas e intelectuales ya no están con nosotros. Recordar la palabra de compromiso con la que Guillen abre la antología de apoyo al pueblo saharaui, un párrafo de la introducción de Enrique Tierno Galván y el poema de José Agustín Goytisolo.

“Con toda el alma y con absoluta convicción me adhiero a la defensa de los derechos humanos y de la paz; y ahora me asocio a todo movimiento que favorezca y proteja a los desvalidos saharauis”.

Jorge Guillén. Málaga 20 de diciembre de 1982.

(…) “Que este libro sirva de consejo, señal y estímulo para que se entienda con claridad por quienes tienen el poder sobre la tierra, que la lucha por la supervivencia de una comunidad, que tiene en sí misma los títulos bastantes para desarrollar plenamente su propia libertad, es causa que merece la comprensión de todos y el canto ferveroso de quienes hacen de la poesía vehículo de la dignidad y la cultura populares. Que ahora y siempre el verso conduzca a la libertad”. Enrique Tierno Galván.

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Y el poema de José Agustín Goytisolo “Vuelven los dueños”

Pasada la hora de las ignominias

Los viejos apagaron con tierra las fogatas

las mujeres y niños recogieron las tiendas

los hombres empuñaron el fusil.

La ruta del desierto fue muy dura:

se abrieron paso a tiros en medio de la noche

para no ser esclavos para no ser vendidos

igual que reses en su propio hogar.

(…) ¡Oh tú que me censuras pues no escribo

De dioses y me exalto por cosas de la tierra!

Ven conoce a esos hombres: como los inmortales

luchando ardiendo por su libertad.

GoytisoloEsta hermosa historia del verso y su autor solidario con la lucha del pueblo del Sahara Occidental merece ser realimentada y recuperado su espíritu intelectual de simpatía y apoyo a los "desvalidos saharauis", como lo dijo en 1981 el miembro de la Generación del 27 Jorge Guillén. Diría con otro viaje que resucita el manifiesto de 1981 y encarna de nuevo el compromiso intelectual español y latinoamericano con la noble causa de los saharauis.

La luz de cuatro velas en Barcelona

Por: | 19 de noviembre de 2018

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Texto: Ali Salem Iselmu

Fotos: Carina (Editorial Wanafrica)

Cuando hablamos de literatura y tenemos el placer de descubrir la profundidad y la magnitud de cada palabra, es en los ojos de cada uno donde encontramos respuesta a cada pregunta. La nostalgia puede guiarnos hacia la esperanza, allí donde el libro “La Luz de Cuatro Velas en El Sahara”, editado por Wanafrica, hace un permanente recorrido desde el pasado, pasando por el presente para dar un salto hacia el futuro y buscar en las calles de una ciudad imaginaria en el interior del Tiris, los anhelos de libertad de los protagonistas de estas historias.

Barcelona siempre ha tenido una especial comunión con la literatura, es una ciudad que sabe acoger lenguas y culturas, ofreciendo siempre una interesante diversidad. Sus monumentos como la Sagrada Familia de Gaudi, son un sello claro de la identidad mediterránea de sus calles.

En una tarde de sábado, en la que uno tiene el placer de compartir mesa con el escritor y periodista Pablo Dalmases, un hombre con una larga experiencia en el Sahara Occidental, fundador del periódico “La Realidad”, conocedor de los saharauis y su historia, uno solo puede decir que ha merecido la pena escuchar los recuerdos y la memoria, con la esperanza de volver a reencontrarse con su tierra.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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