Mientras la eurozona debate su existencia

Por: | 10 de noviembre de 2011

En tiempos en que la eurozona debate su desintegración, en el congreso Econ 2011, de la Universidad de Buenos Aires, se planteó el debate sobre cómo seguir construyendo la nueva Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que nació en 2008. En un panel organizado ayer por el Plan Fénix, el grupo de economistas heterodoxos de Argentina que surgió a partir de la crítica al modelo neoliberal que estalló en 2001, José Briceño Ruiz, profesor de la Universidad de los Andes, de Venezuela, identificó potencialidades y debilidades del proyecto de 12 países sudamericanos que nació con una orientación política, pero que este año, a partir de la renovada crisis financiera global, también se ha metido en cuestiones económicas.

   

Entre las potencialidades, Briceño señaló la construcción de una identidad sudamericana, distinta de la latinoamericana, ya que no incluye a México ni a Centroamérica. De todos modos, juzgó como positivo el rescate que Unasur hace del "acervo integracionista latinoamericano", sobre todo de los conceptos de autonomía y desarrollo. Elogió el hecho de que el nuevo bloque haya incluido a dos países aislados de la región, pero integrantes de ella, como Surinam y Guyana, más identificados con el Caribe por razones históricas, culturales y lingüísticas. Por último, destacó que ha pasado el tiempo de proyectos de integración neoliberal, basados solo en el libre comercio, y ahora se anhelan metas políticas, sociales y productivas.

Pero también se corren riesgos, que a veces van aparejados con las potencialidades. En primer lugar está la heterogeneidad de Unasur, con un "eje liberal", integrado por Colombia y Chile; uno "anticapitalista", con Venezuela, Ecuador y Bolivia; y otro "estructuralista", con Brasil y Argentina. En segundo término, a Briceño le preocupa la reacción del resto de Latinoamérica ante un proyecto que lo deja afuera y rompe con el sueño nunca concretado de unidad desde el río Bravo hasta Tierra del Fuego. El profesor venezolano también se pregunta cómo reaccionará EE UU ante este nuevo polo de poder en su propio continente. El liderazgo de Brasil le plantea dudas a Briceño porque en ese país no todos están de acuerdo con que, para ser jugadores de la escena mundial, antes deban encabezar Sudamérica, con los costes que eso implica, como los que le ha supuesto a Alemania ser líder de la Unión Europea. Por último, el politólogo advirtió sobre los riesgos de caer en una agenda de objetivos "ambiciosísimos".

Aldo Ferrer, uno de líderes del Plan Fénix y actual embajador argentino en Francia, opinó que los gobiernos de Unasur deben aprovechar el "cambio de época", que consiste en que los países ricos se estén "cocinando en su propia salsa" y "una crisis fuerte del Estado neoliberal", para emprender políticas de desarrollo y el fortalecimiento de una macroeconomía que las apoye. "Cuanto más políticas de fortalecimiento de desarrollo nacional, más fortalecidas serán las políticas de integración", opinó Ferrer. A Unasur le recomendó “evitar fijarse metas inalcanzables, integrar la diversidad y aplicar reglas de integración administradas para que no pase lo que hoy pasa en la UE". Por eso aboga por proyectos de integración en comunicación, transporte, energía, ciencia, biotecnología, fronteras y cooperación nuclear, espacial y de sectores industriales. Para eso se necesitan instrumentos financieros y “solidaridad”, según el ex ministro de Economía argentino.

Pero la integración entre países requiere de cohesión social. Si no, es difícil que los pueblos acepten las uniones internacionales. Así fue que el economista Renato Dagnino, de la brasileña Universidad de Campinas, añadió al debate sobre la proyección de Unasur la idea de inclusión social. Advirtió que el crecimiento económico destruye empleos y que los estados no pueden sostener a la mayoría de la población con planes sociales, como el Bolsa Familia de Brasil o los otros similares que creó el resto de Latinoamérica en los últimos años. A su vez, esos excluidos “difícilmente serán empleados por empresas y si eso sucede, recibirán salarios bajos”.

De los 33 millones de personas que reciben el Bolsa Familia, solo 18 millones habían tenido un empleo formal recientemente y como media habían durado apenas 11 meses en ese trabajo, contó Dagnino. A su vez, en los últimos ocho años, el empleo registrado en Brasil creció de 25 millones de puestos de trabajo a 40 millones, pero ese crecimiento fue similar a la cantidad de personas que se sumaron al mercado laboral. “Se crea un empleo formal por cada dos personas que salen de la miseria. Esto es difícil de sostener. Lo que hay que hacer es sustituir la economía informal por la economía solidaria”, aludió Dagnino a las cooperativas de trabajo y a un sistema que deje de apuntar a un consumo exacerbado. Al igual que Ferrer, Dagnino apuntó a la agenda que cada país de Unasur debe plantearse puertas, pero la suya es una visión que rompe los esquemas tradicionales.

Hay 4 Comentarios

Mexico debe volver a sus orgienes. Mexico debe dejar de ser el cipayo de USA en latinoamerica, Mexico debe atender a sus excluidos sociales. Mexico debe cuidar su democracia y Pemex que no se la privatizen. El Pueblo Mexicano siempre sera bienvenido en Unasur, somos Pueblo y los Pueblos no nos comemos la sonata nacioanlistoide esa de 'si no nos quieren aqui.." Nadie es monedita de oro, pero el gobierno de Mexico eligio ser observador y no firmante. Y seguro que no le consulto al Pueblo, sino a USA.

México se autoexclutó de cualquier posible integración latinoamericana en el preciso momento en que firmó el NAFTA.

Este tipo de exclusión debería motivar a México a enclavarse más en organizaciones como la OCDE y acercarse a Asia. Si Sudamérica le cierra la puerta, México debe abrirse otras, de la mano de Centroamérica.

PUES EN PARÍS NOS PONEN DE EJEMPLO…

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Eco Americano

Sobre el blog

Novedades, tendencias y debates sobre el devenir de la economía y el desarrollo de Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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