Menos chabolismo, pero más chabolistas

Por: | 01 de septiembre de 2012

Hay más chabolistas, pero una proporción menor de la población urbana de Latinoamérica vive en chabolas. Nos podemos quedar con esta última noticia y destacar el logro. Pero no debemos olvidar que son más las millones de vidas humanas que transitan en villas, favelas, ranchos o tugurios.

 

En el último informe que ONU Hábitat difundió la semana pasada sobre el estado de las ciudades latinoamericanas se menciona que la proporción de población chabolista cayó del 33% en 1990 al 24% en la cifra proyectada para 2010. Sin embargo, “los esfuerzos realizados no fueron suficientes para reducir la cantidad absoluta de personas en estas condiciones, que aumentó de 106 millones a 111 millones”. Con la palabra “esfuerzos”, la agencia de Naciones Unidas se refiere al crecimiento económico, la reducción de la pobreza y la desigualdad y las políticas de vivienda y urbanización de favelas. “A nivel de país, destacan los avances en Colombia, Nicaragua y Perú, donde el numero de personas sin condiciones habitacionales adecuadas se redujo en una cuarta parte entre 1990 y 2007 (último dato disponible); también logró avances México, mientras que la situación se ha estabilizado en Argentina y República Dominicana. En Brasil, se estima que, a pesar del descenso en términos relativos, la población viviendo en asentamientos precarios aumentó en más de 5 millones de personas en el mismo periodo”, evaluó ONU Hábitat.

Chile y Costa Rica tienen a menos del 10% de la población urbana viviendo en chabolas. México, República Dominicana y Paraguay figuran con entre el 10% y el 20%. Entre el 20% y el 30% aparecen Ecuador, Panamá, Argentina, Brasil y El Salvador. Entre el 30% y el 40%, Venezuela, Honduras y Perú. Entre el 40% y el 50%, Guatemala, Nicaragua y Bolivia. “Al vivir en un barrio precario o de alta concentración de pobres, se reducen el acceso y las oportunidades de empleo, educación y servicios, mientras aumentan la exposición a la violencia urbana y la vulnerabilidad a los desastres naturales”, lamenta ONU Hábitat. Esta agencia califica como chabola u hogar en asentamiento precario aquella que sufra alguna o todas estas condiciones: falta de materiales durables para enfrentar condiciones climáticas adversas, hacinamiento, sin acceso fácil a agua potable en cantidad y precio razonable, carencia de saneamiento adecuado y ausencia de tenencia segura de la tierra que evite desalojos.

Al organismo que dirige el exalcalde de Barcelona Joan Clos le preocupa puntualmente la evolución del déficit de vivienda digna en la región: ha aumentado de los 38 millones de casas en 1990 a entre 42 millones y 51 millones en 2011. La falta de vivienda supera el 50% del total de hogares en Honduras y Nicaragua, y es cercano o superior al 30% en Argentina, Bolivia, El Salvador, Paraguay, República Dominicana y Venezuela.

“El alquiler y el mercado del suelo están poco desarrollados y reglamentados, pese a su participación decisiva en la problemática habitacional”, se refiere ONU Hábitat a toda Latinoamérica. “En general, ha aumentado la seguridad en la tenencia (de la tierra) en los barrios informales, aunque el proceso de integración es incompleto. Los mecanismos adoptados han demostrado su eficacia, pero no son siempre accesibles a los más pobres y plantean desafíos importantes para la calidad y localización de las viviendas que se construyen, la oferta de servicios y el modelo de ciudad que genera”, alude el documento a que en muchas oportunidades los gobiernos otorgan terrenos a los menos desfavorecidos en las afueras de las ciudades, donde las infraestructuras y el transporte no son los mejores. Es así que en algunas ocasiones se refuerza la desigualdad.

La electricidad en áreas urbanas es un servicio casi universal (entre el 97% y el 100% de cobertura) en Latinoamérica. El 97% tiene acceso a agua mejorada y el 86% dispone de saneamiento (74 millones de personas no lo tienen), pero esas tasas no tienen en cuenta las condiciones de provisión del servicio, ni su precio o calidad, según advierte ONU Hábitat.

 

El informe se refiere a algunos datos que ya hemos comentado en otras entradas de este blog: “Los países de América Latina y el Caribe han logrado avances considerables en la lucha contra la pobreza en los últimos 10 años. La proporción de población urbana pobre se ha reducido, pero, en números absolutos, las cifras siguen siendo muy altas. Aproximadamente 124 millones de habitantes de ciudades viven en la pobreza, o una de cada cuatro personas. La región sufre de un problema de inequidad grave y persistente. Hay un déficit considerable de empleo y una abundante informalidad laboral, que se concentran en los jóvenes y las mujeres. La desigualdad se manifiesta en ciudades divididas social y espacialmente, pese a las múltiples oportunidades de desarrollo económico y social que ofrece la urbanización”. De todas las variables que se mencionan resultan novedosos los datos de informalidad laboral en las ciudades: afecta a entre el 50% y el 60% de los trabajadores de República Dominicana, El Salvador, Ecuador, Perú, Paraguay y Colombia (de menor a mayor); a entre el 40% y el 50% en Argentina, Brasil y Uruguay, y a entre el 30% y el 40% en Chile, Panamá y Costa Rica.    

El informe de ONU Hábitat no solo abarca aspectos sociales sino también económicos. En este último sentido, el peso relativo de las megalópolis está disminuyendo en beneficio de ciudades más pequeñas que ofrecen condiciones más competitivas. “Resalta el dinamismo de ciudades fronterizas, ciudades que se benefician de grandes inversiones industriales y ciudades localizadas en corredores económicos o en la periferia de grandes conurbaciones”, comenta el documento.

Entre un 60% y un 70% del PIB regional se genera en el conjunto de áreas urbanas, lo que suena lógico. Pero esa produccion está concentrada en unas pocas ciudades, entre otras causas, porque Latinoamérica ha adoptado durante décadas un modelo de gestión económica muy centralizado, que propició su concentración cerca de los centros de poder político, según ONU Hábitat. Unas 40 ciudades producen más del 30% de la renta regional. De ese porcentaje, prácticamente la mitad procede de cuatro megalópolis: São Paulo, México, Buenos Aires y Río de Janeiro. Algunas de estas grandes ciudades han comenzado a dar señales de perder las ventajas competitivas que impulsaron sus economías. Varias está aumentando menos su renta per cápita que la de su país, como son los casos de São Paulo, Río de Janeiro y el DF.

Por el contrario, la agencia de Naciones Unidas destaca que ciudades como Arequipa (Perú), Barranquilla o Cartagena (ambas en Colombia) ofrecen algunas ventajas que no siempre tienen las capitales de sus países y, aunque su competitividad es inferior, gozan de un potencial importante para mejorar. Pero la expansión de ciudades intermedias no siempre ha sido muy feliz. “Cambios como los generados por el desarrollo industrial del norte de México se tradujeron, en muchas ciudades fronterizas, en escenarios de caos urbano y precariedad. En Brasil, la extracción de petróleo ha significado un incremento considerable del ingreso per cápita en áreas productoras, sin llegar a propiciar una menor desigualdad en el espacio. Las inversiones han conllevado algunas mejoras en las condiciones de vida, pero no para todos, y ha sido fuente frecuente de problemáticas ambientales y sociales”, advierte ONU Hábitat.

 

Hay 3 Comentarios

Todos los países revolucionarios bolivarianos son los que tienen peores indices. ¿porqué será?

74 millones de personas sin alcantarillado en latinoamerica en 2012, algo que en la antigua Roma tienian hace 2000 años, sorprendente.

No hay que irse tan lejos, nuestras ciudades ya están atestadas de desterrados sociales gracias a esta política excluyente y aristocrática, que busca destruir el equilibrio entre clases.

http://casaquerida.com/2012/08/29/tiempo-de-madurez/

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Sobre el blog

Novedades, tendencias y debates sobre el devenir de la economía y el desarrollo de Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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