Argentina lleva diez años de batallas con los acreedores 'buitres'

Por: | 16 de octubre de 2012

Uno de los acreedores de Argentina que no aceptaron la restructuración de su deuda ni en 2005 ni en 2010 ha embargado en Ghana una de la fragata de su Armada, la Libertad, que cumple las mismas funciones que el buque escuela español Elcano. Se trata de un capítulo más de la persecución judicial que enfrenta Argentina por la suspensión de pagos de 2001, pese a que el 93% de las acreencias han sido canjeadas por sus tenedores por otros bonos de menor valor. A diferencia de las suspensiones de pago de las empresas, en las que si una mayoría de los acreedores acepta la restructuración de la deuda, todos deben asumirla, no existen mecanismos internacionalmente convenidos para reordenar los pasivos de los países.

 

Grecia, que este año logró que los acreedores que tenían el 95% de 206.000 millones de euros en bonos aceptaran una quita del 75%, ha seguido pagando como estaba previsto al 5% que rechazó la oferta. Para ese 5% no ha habido ajuste. Pero Argentina, cuando propuso en 2005 una quita del 66% de una deuda 81.000 millones de dólares, estableció que los que entraran al canje de deuda no podían recibir menos que los que lo rechazaran. Es decir, si el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner hiciera lo que hizo Grecia con el 7% que no aceptó el primer canje de hace siete años o el segundo en 2010, debería resarcir al 93% restante, lo que le resultaría imposible de asumir. Por eso, Argentina se dedica a sortear los juicios que los bonistas le inician, sobre todo en la justicia de EE UU.

Más allá del simbolismo del caso de la fragata, los acreedores no han tenido mucha suerte a la hora de cobrar. Con juicios iniciados en EE UU, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, han intentado embargar activos de Argentina en el exterior, pero muchos de ellos están protegidos por convenios internacionales que le otorgan inmunidad soberana: son los casos de las sedes y salarios diplomáticos o los activos militares, como los buques de la Armada. En Ghana, en cambio, la justicia de momento no ha aceptado este criterio.

Los títulos públicos que no entraron a los canjes suman 6.578 millones de dólares de capital y 4.598 millones de intereses vencidos, por lo que totalizan unos 11.177 millones. Solo el 2% corresponde a deuda emitida en pesos, es decir, de aquellos que solo pueden litigar en los tribunales de Argentina, donde las leyes de emergencia económica promulgadas en plena crisis de este país (2001/2002) tornan improbable que los jueces les den la razón.

El 36% son bonos nominados en euros. Entre sus tenedores figuran 60.000 ahorradores de Italia, donde la justicia se ha declarado incompetente para lidiar con la suspensión de pagos de un país soberano como Argentina. Por eso esos inversores italianos han iniciado una demanda contra Buenos Aires en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), del Banco Mundial, el mismo tribunal al que ha recurrido Repsol por la nacionalización de YPF. También hay juicios en Alemania y Reino Unido, aunque sin mayores novedades.

El 60% de las acreencias impagas son en dólares. La mayoría de las demandas contra Argentina se concentra en un juzgado de Nueva York, en el del veterano Thomas Griesa. Allí litigan los llamados fondos buitre, que son aquellos que no tenían bonos de Argentina cuando este país suspendió pagos sino que los adquirieron después, por monedas, y desde 2002 pretender cobrar el 100% de su valor. Dos fondos buitre, EM, de Kenneth Dart, y NML, de Elliot Management, demandan a Argentina unos 3.000 millones de dólares entre capital e intereses. Es decir, más de un cuarto de las acreencias impagas del país sudamericano corresponden a estos dos fondos carroñeros. Existen otros de menor tamaño, como Aurelius Capital.

 

Pero aunque no son la mayoría de los bonistas, los fondos buitre son los que tienen menos que perder y los que más gastan en abogados para atrapar activos de Argentina. Lo mismo que están haciendo con este país ya lo han hecho con otros, como Perú en los 80 y 90. También han comprado deuda griega. Es precisamente Elliot el que ha conseguido el embargo de la fragata en Ghana.

Cada tantos meses surge la noticia de que los buitres intentan hacerse de tal o cual bien argentino en el exterior. Buenos Aires ha conseguido victorias judiciales en EE UU o Suiza cuando defendió las reservas del Banco Central o los recursos de la Seguridad Social allí depositados, con el argumento de que ambas entidades funcionan de manera separada del Tesoro. En cambio, Elliot ha logrado embargar en EE UU 90 millones de dólares que Argentina había cobrado en la privatización parcial de su Banco Hipotecario, otros 23 millones de esta entidad con participación estatal y 3,3 millones de una agencia pública de promoción científica. De momento, no se ha ejecutado ningún bien.

Para los acreedores resulta fácil que la justicia de EE UU les dé la razón de que Argentina debe pagar, pero les es difícil cobrar. Algunos que no son buitres han llevado sus sentencias favorables en Nueva York a los tribunales argentinos para su ejecución, pero aquí no han prosperado por las leyes de emergencia económica.

Ante los pocos bienes embargados, Elliot, Dart y Aurelius intentan ahora bloquear el pago de los bonos emitidos en los canjes de 2005 y 2010, lo que supondría una seria complicación para Argentina. Se amparan en una cláusula de sus antiguos títulos, la llamada pari passu, que establecía que todos los acreedores debían ser tratados del mismo modo. Ellos sostienen que el Gobierno de Fernández les paga a los tenedores de los nuevos bonos, que son hijos de los activos impagos, mientras que a ellos los siguen haciendo esperar desde hace 11 años. El juez Griesa ha fallado a favor de los buitres en este caso, pero la discusión se dirime ahora en un tribunal de apelaciones de Nueva York. El Gobierno de EE UU, que se ha quejado ante Argentina por diversas deudas impagas de este país, ha intervenido, en cambio, a favor de Buenos Aires en este juicio porque un fallo contrario al país sudamericano sentaría un mal precedente para otras reestructuraciones de deuda, sobre todo en tiempos en que varios países europeos corren riesgo de suspensiones de pago.

La historia de la reestructuración de deuda de Argentina es considerada ejemplar en el sentido de que ha permitido que la tercera economía latinoamericana volviese a crecer y lo hiciera con gran ímpetu en los últimos años, pero los litigios de los acreedores muestran que la estrategia también ha tenido sus contratiempos. Además, Buenos Aires lleva 11 años sin pagar la deuda de 6.241 millones de dólares al Club de París, conjunto de países acreedores. Argentina debe la mayor parte de ese dinero a Alemania, Japón, Holanda, Italia y EE UU. Partidos de izquierda y organizaciones de derechos humanos de Argentina reclaman que se revise la legitimidad de esta deuda porque una porción de ella fue contraída por un gobierno ilegítimo como fue la última dictadura de este país (1976-1983).

 

Hay 53 Comentarios

La explicación esta muy prolija,pero el fondo de todo esto es que la irresponsabilidad se paga,asi de simple y asi de reponsables tienen q ser los gobernantes.

Muy buena nota, te felicito

Alejandro:debo felicitarte,porque es un buen articulo.
Lo triste que por este camino va España.Esperemos que a esa hora lo pueda sortear como lo esta haciendo Argentina.

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Eco Americano

Sobre el blog

Novedades, tendencias y debates sobre el devenir de la economía y el desarrollo de Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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