"Latinoamérica está mejor que nunca, pero falta que vaya del crecimiento al desarrollo"

Por: | 28 de febrero de 2013

Federico Poli se define como un economista heterodoxo, pese a que trabaja a las órdenes del secretario general iberoamericano, el uruguayo Enrique Iglesias, el mismo que dirigió el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) durante 17 años. Poli, argentino de 46 años, se formó en la Universidad de Buenos Aires, donde militaba en el llamado desarrollismo, y fue economista jefe de la Unión Industrial Argentina, donde se opuso a la política económica neoliberal que su país desplegó en los 90. Participó tanto del Gobierno de Eduardo Duhalde (2002-2003), como jefe de asesores del entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, como del de Néstor Kirchner (2003-2007), como subsecretario de la Pequeña y Mediana Empresa. En 2006 se marchó a vivir a Madrid para desempeñarse como director de la división de Asuntos Económicos de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). En diálogo telefónico, Poli valora los progresos de Latinoamérica en el nuevo siglo, pero también confecciona su propia lista de tareas para ir del crecimiento al desarrollo.

 

Pregunta: -¿Cómo está la economía latinoamericana?

Repuesta: -La respuesta depende de la perspectiva que uno tome. Una cosa es si miramos la última década, la fotografía, y nos concentramos en el bajo nivel de deuda pública, que en conjunto es menor al 30% del PIB, en el bajo nivel de deuda externa, en la gran acumulación de reservas internacionales, que totalizan 800.000 millones de dólares, y en el equilibrado calce de monedas de activos y pasivos en el sistema financiero. Entonces decimos que la región está bien, mejor que nunca. Los indicadores sociales están mejor que nunca. El desempleo está en el 7,5%. La pobreza también disminuyó de manera sensible hasta el 30% y la indigencia, hasta el 13%, frente a los datos de 1980, cuando la pobreza era del 40% y la indigencia, del 19%. La región hizo avances formidables en los años 2000. Pero lo otro que hay que decir es lo que uno empieza a ver que la región no ha logrado a pesar de que tuvimos la etapa de crecimiento más larga de los últimos 30 años.

P: -¿Y qué no ha logrado?

R: -Por ejemplo, siguen las insuficientes tasas de inversión. Eso también impacta negativamente en la productividad y en el PIB per cápita. A pesar de una etapa de crecimiento tan larga, la región no logra cerrar la brecha que nos separa de los países desarrollados y asiáticos. Cuando mirás estos indicadores, el desempeño es frustrante. La inversión bruta en capital fijo entre 2005 y 2009 apenas alcanzó en Latinoamérica al 20% del PIB. Está por debajo de los niveles de los 70, cuando era del 23%. Hay otros datos muy desalentadores, como el 2% anual en el crecimiento de la productividad industrial entre 2003 y 2007, que es el peor desempeño de los últimos 40 años. En cambio, desde mediados de los 90 en EE UU crece la productividad industrial un 5% anual. Esto amplía nuestra brecha con EE UU. La productividad promedio de la economía latinoamericana se mantuvo igual entre 1980 y 2010, mientras que en Asia se triplicó. Esto tiene que ver con la inversión bruta en capital fijo, que en los países latinoamericanos ronda entre el 20% y el 24% del PIB, mientras que en Asia va del 30% al 40%. También influye en la productividad el déficit de infraestructura. Debemos pasar de una inversión en infraestructura del 3% del PIB al 6%. La baja inversión en investigación, desarrollo e innovación, la I+D+i, explica las escasas posibilidades de diversificar la matriz productiva, muy basada en los sectores primarios, que tienen bajos niveles de I+D+i. En Latinoamérica, la inversión en I+D+i es del 0,6% del PIB. En EE UU, del 2,5%; en Corea del Sur, del 3% y en Israel, del 5%. Éste es otro tema que tiene que ver con esos indicadores de la región que no están bien.

P: -¿Qué sucederá si no se mejoran?

R: -La acumulación de capital sigue siendo el gran desafío de la región porque eso permitirá tener empleos de calidad con altos salarios. Si no, ocurrirá lo mismo que cuando fue la división internacional del trabajo a finales del siglo XIX. Argentina llegó a ser potencia mundial a principios del siglo XX, pero cuando cambiaron las condiciones internacionales y los productos básicos dejaron de primar, el país desapareció de los primeros puestos. Se necesita más inversión, y más inversión en educación.

P: -O sea que cree que a Latinoamérica puede sucederle lo mismo que a la Argentina de 1910…

R: -Sí. Aquello se acabó de un plumazo y tuvo que ver con el final del buen ciclo expansivo de las materias primas. Es verdad que ahora la región ha aprendido que en estos tiempos de bonanza también hay que manejar bien la política macroeconómica y la lucha contra la pobreza. En eso se distingue esta etapa latinoamericana de otros ciclos expansivos de las materias primas. Además, ahora hay un ciclo expansivo que depende de la demanda muy fuerte de Asia.

P: -¿Cuáles son las políticas necesarias para mejorar los indicadores que usted cuestiona?

R: -Son las políticas para ir del crecimiento al desarrollo. En primer lugar, la región tiene que crear las condiciones para que el capital nacional incremente mucho la inversión. También es importante la estrategia para captar capitales extranjeros porque hay capital y tecnología que no tenemos en nuestros países. No siempre tenemos el conocimiento de gestión. El tema del capital extranjero es polémico porque hay cierta aprensión con él, pero su ausencia puede ser una traba para el desarrollo. El neoliberalismo dio por cerrado el debate sobre el capital extranjero planteando que siempre es bueno y que es mejor que el nacional. Ésa es una mirada errónea. Si uno pudiese elegir, es mejor el capital nacional que el extranjero porque a los gobiernos les resulta más fácil ordenar sus estrategias si la casa matriz está en el propio país. Pero el problema es el destino de la inversión extranjera en la estructura económica del país, o si cumple con los compromisos asumidos en sectores regulados, o con la legislación laboral o medioambiental.

 

P: -Ahora la región está captando cada vez más capital chino.

R: -El problema de las empresas de China no es su origen sino que se insertan en el sector de materias primas, en un esquema que se asemeja al colonial que estableció en la región Gran Bretaña entre finales del siglo XIX y principios del XX. Además hay dudas sobre el respeto de las obligaciones medioambientales y laborales.

P: -Pero también hay empresas europeas y norteamericanas que protagonizan, por ejemplo, catástrofes medioambientales en Latinoamérica.

R: -Y también empresas latinoamericanas. El problema de las chinas es dónde se insertan. Vienen a desarrollar infraestructura, pero para sacar la producción a Oriente. Hay negociaciones nacionales para conseguir prebendas comerciales. Además, el concepto de responsabilidad social empresaria de las compañías chinas es diferente del de las europeas, norteamericanas o latinoamericanas. No quiero hablar loas de las europeas y americanas, pero sí hablo negativamente del cuidado de los recursos naturales y laborales en China. A la región traen chinos para trabajar en sistemas parecidos a los de la cama caliente de la Revolución Industrial. Si uno pretende la diversificación de las exportaciones de Latinoamérica, el desafío es China y cómo hacer sustentable la relación con ella.

P: -¿Qué otras políticas deben adoptarse para llegar al desarrollo?

R: -Hay una necesidad de salto de inversión en infraestructura y energía, y ese salto hay que compatibilizarlo con la provisión de salud, educación y lucha contra la pobreza, que el Estado debe cubrir. Por eso son necesarias las asociaciones público-privadas para infraestructura y energía. Es el sector público el que debe regular el servicio prestado por los privados. La participación del sector privado en infraestructura liberaría ingresos fiscales para otras necesidades y reduciría la necesidad de inversión pública y el déficit de empresas públicas. Los países exitosos han construido un mejor Estado que realiza intervenciones inteligentes, que comprende las ventajas que el mercado ofrece, que lima sus fallos y atiende ciertos objetivos irrenunciables en una sociedad moderna. Se trata de un Estado impulsor de la capacidad productiva a partir de la aplicación de políticas públicas que favorezcan aumentos de competitividad e innovación tecnológica, que tiene un papel fundamental en la orientación y formulación de las políticas de inserción internacional, en consulta y colaboración con el sector privado, y que tiene que cumplir un papel indispensable en la defensa activa de la cohesión social y, por ende, la disminución de las desigualdades sociales y la lucha contra la pobreza. América Latina puede mirar de qué modo el sector público y el privado lideraron y promovieron los grandes consensos nacionales en materia de estrategias de desarrollo económico social en los países exitosos. Como sabemos, la concertación entre Estado, empresa privada, sindicatos y sociedad civil ha sido una valiosa experiencia de muchos países desarrollados. Sin pretender diluir las responsabilidades propias de cada estamento, es útil apuntar que la formación y el fortalecimiento de los consejos económicos y sociales deberían ser merecedores de especial atención por parte del Estado. Otro tema que debe reverse es la exitosa política de desendeudamiento que ha llevado adelante toda la región. Hay que revisarla para considerar que se financie la infraestructura y la energía. El esfuerzo de esta inversión necesaria debe distribuirse a lo largo del tiempo. Seguramente es más conveniente financiar estas inversiones con estructuras de financiamiento como las que ofrecen la CAF (Corporación Andina de Fomento) o el BID. Otro tema para diversificar exportaciones y producción es la relación con China y otras regiones del mundo. Por un lado, Latinoamérica está cómoda como proveedora de materias primas y receptora de dólares de China, pero también hay que considerar la competencia de productos industriales producidos en particulares condiciones medioambientales y laborales. También hay que mencionar la hipocresía de las empresas de Occidente que van a producir a China.

P: -¿Y qué se puede hacer con China?

R: -La relación de Latinoamérica con China consiste en inversión y financiamiento para sacar materias primas. Vale la pena diferenciar esta relación de la que tiene la región con EE UU y la Unión Europea, con las que hay más comercio intraindustrial, que genera derrame positivo en las estructuras productivas. Hay que repensar la relación con EE UU, la Unión Europea y el Sudeste asiático. Quedó atrás el mundo de los 90 en el que George Bush padre planteó el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). Hoy se enfrentan otros dilemas. Los procesos de integración de Latinoamérica, que son anteriores a los de la UE y Asia, saben a poco. La superposición de procesos regionales de integración es compleja de entender. Por eso es difícil que las pymes aprovechen las oportunidades que esos procesos dan. Además, la inestabilidad de las reglas de juego en esos procesos anulan sus beneficios. Cuando hay inestabilidad, el que invierte lo hace en el mercado más grande porque si va al chico, corre el riesgo de que después no pueda abastecer al grande. En los 90 la integración se redujo a la eliminación de barreras comerciales. Hoy lo predominante es la visión política. Es necesaria una visión superadora. Antes estaba Mercosur, la CAN (Comunidad Andina de Naciones) y el NAFTA (Área de Libre Comercio de América del Norte, según sus siglas en inglés). Ahora todo está superpuesto. Venezuela no entró a Mercosur como lo hicieron Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Las trabas al comercio entre Argentina y Brasil están redefiniendo las reglas de juego y los beneficios.

P: -¿Cómo es eso de repensar la relación con EE UU y la UE?

R: -Tenemos que ser más efectivos en el proceso de integración de Latinoamérica. El ejemplo de los 90 era una apertura ingenua que no conducía a nada virtuoso. El proceso de ahora no es el que da a la región lo que debería darle. Si uno se ubica en el mundo, el desafío de China impone a la región pensar en la relación con los otros bloques donde habría mayor virtuosismo en el comercio. Hay que explorar ese virtuosismo. En el mundo hay fuerzas inexorables. Hay que pensar las negociaciones internacionales con nuevos actores que arrasan con muchas industrias establecidas. Hay que ver cómo reformatear la industria. China no abre su mercado industrial por nada.

 

P: -En el mundo se habla ahora de guerra de monedas, todos quieren devaluar, pero a la mayoría de los países de Latinoamérica se les hace difícil evitar la apreciación frente a los países desarrollados.

R: -Justamente, la última condición para el desarrollo que quería mencionar es el tipo de cambio. Marcelo Diamand hablaba en los 80 de la estructura productiva desequilibrada de Latinoamérica. Hay diferentes productividades entre el sector primario y el industrial, sobre todo en Sudamérica. Esto es distinto que en los países desarrollados. No se cierra la brecha de productividad entre los sectores primarios e industriales de nuestra región. Esto tiene impacto en el tipo de cambio y en el nivel de desempleo. Por eso es necesario un tipo de cambio más alto (monedas menos apreciadas). Hay que crear impuestos para quitar las cuasirrentas de los sectores primarios. Son cuasirrentas porque dependen de la posesión de un bien. No se puede producir más materia prima porque hay más demanda. El negocio depende del derecho de propiedad, y no de la libre competencia. Hay que ver qué se hace con ese dinero recaudado de las cuasirrentas. Ejemplos buenos hay en Chile con el cobre y en Colombia con el petróleo. Allí lo recaudado se aplica a financiar I+D+i, becas para que estudiantes se formen en el exterior e inversión en infraestructura.

P: -¿Qué países están siguiendo la receta que usted plantea y cuáles no?

R: -Voy a decir que hay países que se aproximan más en algunos aspectos, como lo que mencioné de Chile y Colombia. Pero en cada capítulo hay países que lo hacen mejor o peor. Un activo que tiene la región son las multilatinas. En algunos países las empresas han conseguidos despegar en el exterior, como en Brasil y México. En menor medida eso sucede en Chile, Colombia, Argentina. Son empresas internacionalizadas que salen a competir e instalarse en terceros países.

Hay 4 Comentarios

Los Estados modernos nunca debieran tener deuda, pues tienen el poder de emitir moneda, lo que tienen que tener es la responsabilidad que ello conlleva y por tanto saber calcular sus actos. Deben suprimirse totalmente, sin excepciones, los llamados paraísos fiscales. Solo benefician a la acumulación de capital que sistemáticamente es detraído de la circulación financiera en la economía real. Son la base de partida de las inversiones especulativas contra el sistema en su conjunto, además de fraude generalizado contra las Haciendas Públicas. ¿Porque permitir a las grandes corporaciones, a las empresas transnacionales, a las grandes fortunas, no pagar los impuestos que les corresponde? De no hacerlo terminaran dinamitando todo consiguiendo hasta su propia asfixia. La deuda generada por la ingeniería financiera desbocada es virtual, es impagable. Las soluciones que se están aplicando son meros maquillajes contables que ahogan, aún mas la verdadera economía real. Aquí no disponemos del espacio requerido para exponerlo, entra en blog y lee Revolución Financiera. La solución existe. http://fraesma.blogspot.com

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Tal cual LATAM ha crecido mucho, pero más importante es el desarrollo. Me causa risa, por no decir lástima, cuando algunos países se jactan porque su país figura entre las primeras economías del mundo. Sin una economía importante, obviamente no hay desarrollo, pero algunos se conforman sólo con tener una economía importante, cuando lo que realmente ubica a un país en los llamdados civilizados es cuando ese crecimiento se utiliza en desarrollar intelgralmente un país.

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Sobre el blog

Novedades, tendencias y debates sobre el devenir de la economía y el desarrollo de Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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