"La inseguridad es un obstáculo para el desarrollo de Latinoamérica"

Por: | 04 de junio de 2013

Hasan Tuluy, doctor en Economía por la Universidad Tufts, de EE UU, es turco y ocupa desde 2012 el cargo de vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. Ingresó en ese organismo en 1987 y en la actualidad destaca tanto la creación de empleo en la región como sus desafíos para seguir mejorando. Así lo manifiesta en diálogo telefónico desde Washington.

 

Pregunta: -Algunos expertos dicen que si América Latina quiere continuar reduciendo la desigualdad no podrá hacerlo solo, como en la década pasada, con crecimiento económico y planes sociales. ¿Qué otros factores serán necesarios?

Respuesta: -Desde 2003 a 2011, unos 70 millones de latinoamericanos dejaron la pobreza y unos 75 millones son ahora parte de la clase media. Para sostener las importantes ganancias económicas y sociales de Latinoamérica en el pasado reciente, y a la luz del debilitado contexto internacional, la región tendrá que impulsar sus propios motores de crecimiento. Yo suelo hablar sobre la batalla crucial por la productividad. Para América Latina, escapar de la llamada trampa de los ingresos medios, es decir, la dificultad que encuentran los países de ingresos medios para salir de ese estatus y transformarse en desarrollados, depende de impulsar la productividad y la competitividad a través de muchos esfuerzos, incluidos aquellos enfocados en la mejora de la educación, la logística y la infraestructura. El sendero de Latinoamérica hacia un crecimiento fuerte debería continuar con un uso inteligente del capital extranjero para sustituir el bajo nivel de ahorro y mejorar la calidad de la inversión. En la actual América Latina democrática, la búsqueda de competitividad basada en mano de obra barata y tasas de cambio subvaloradas lucen políticamente inviable y económicamente poco óptimo. Un mejor modelo para seguir puede ser Australia o Canadá, países ricos en materias primas que han encontrado el camino hacia un mayor crecimiento evolucionando en torno de la demanda doméstica. Algunos apuntan a las monedas locales más fuertes ante el creciente desafío de la competitividad de la región. Es claramente un factor, afortunadamente uno de corto plazo, detrás de la menor competitividad de algunos países latinoamericanos, pero hay factores estructurales: la floja productividad y la falta de dinamismo en las empresas. Para mantener el crecimiento, la región necesita incrementar la productividad y adaptar sus estructuras productivas a circunstancias cambiantes. En algunos países, la mejora de la logística será esencial; en otros, la modernización de la infraestructura para alcanzar la demanda del mercado global marcará la diferencia. En la mayoría, la calidad de la educación necesita mejorar. En muchos, la creación de una mayor competencia en la prestación de servicios será crítico. En todos, el Estado necesitaría ser más eficiente en nivelar el campo de juego y en proveer oportunidades y servicios a todos los ciudadanos.

P: -¿Cómo la inseguridad afecta la economía?

R: -Los altos niveles de inseguridad son claramente un obstáculo al desarrollo en la región. La percepción de inseguridad está extendida en la región y no está restringida solo a los casos más críticos como los países de Centroamérica. Hoy en día, en El Salvador, Honduras y Guatemala una importante suma de recursos que podrían invertirse en la mejora de la productividad, por ejemplo, está desviada hacia el combate del crimen. No hay dudas de que la falta de seguridad tiene efectos negativos no solo directamente en las víctimas sino también en la economía como un todo. La buena noticia es que todos los gobiernos de la región están completamente concientes del desafío, que usualmente es transnacional, y están uniendo fuerzas, con el Banco Mundial y otras instancias multilaterales, para combatirlo unidos y aprender de algunos de los éxitos que ya se han visto en la región. El esfuerzo necesita ser integral y multidimensional y con el compromiso de todos los grupos sociales.

Tuluy

P: -¿Cómo ve la coyuntura de Latinoamérica?

R: -Se espera que América Latina y el Caribe crezca 3,4%, una tasa mejor respecto del 3% del año pasado, pero aún por debajo del 5% de media de antes de la crisis de 2008/2009 y del 6% de 2010. Las tasas varían desde niveles bajos como el 0,1% de Venezuela y el 1% de Jamaica hasta el 6% de Perú, cerca del 9% de Panamá y por encima del 11% de Paraguay. Bolivia, Chile y Colombia continuarán mejorando la media regional con un crecimiento proyectado de entre el 4% y el 5%. México estará justo por debajo de la media latinoamericana, en el 3,5%, un poco inferior al 3,9% de 2012. Argentina y Brasil caerían por debajo de la media regional, a pesar del rebote después del 2% de 2012, y estarían cerca del 3% en 2013.

P: -Usted ha escrito que Uruguay es un modelo. ¿Por qué?

R: - Hace poco destaqué en una columna de opinión el ciclo virtuoso del progreso económico y social que se afianza en países donde están presentes usualmente cuatro factores: sistemas tributarios progresivos y eficientes, instituciones transparentes y efectivas, un entorno amigable para los negocios y una mejora de la gestión del riesgo. Elegí Uruguay como un buen ejemplo de un país donde cada uno de esos factores se han establecido desde hace varios años, con lo que la pobreza extrema descendió por debajo del 0,5% y la desigualdad es la menor de toda la región.

P: -¿Cuáles son las fortalezas de la región?

R: -Hay muchas fortalezas, pero déjeme enfocarme en las tres mayores. Latinoamérica, una región de ingresos medios, está ahora en el camino de convertirse en una región de clase media. Esta transformación refleja al mismo tiempo el crecimiento económico y la declinación de la desigualdad, un logro histórico en una región que largamente agobiada por la disparidad de la riqueza y en un momento en el que el resto del mundo se torna más inequitativo. Segundo, el mercado laboral ha sido crucial para la transformación de la región. La tasa de paro estuvo cerca del 6,4% en 2012, uno de los menores niveles de la historia de la región. El ingreso laboral fue el factor fundamental detrás de la reducción sin precedentes de la desigualdad. Jugó un papel mayor que la política social en la década pasada. El ingreso del mercado laboral contribuyó en un 69% en la reducción de la pobreza extrema, mientras que el resto fue por las transferencias públicas y privadas, desde los programas de transferencia de dinero hasta las remesas de emigrantes. En 2012, el 65% de las mujeres de 25 a 65 años estaba empleado, lo que es un gran salto. Unos 35 millones de empleos nuevos se agregaron en la década pasada en Latinoamérica. Tercero, el progreso de la región ha sido aún más impresionante teniendo en cuenta el contexto de una tradición democrática vibrante. En un entorno de inclusión y democracia en expansión, cualquier nuevo progreso obliga a seguir y a ser más sustentable en el largo plazo. Es interesante notar que la democracia ha traído modelos con diversos niveles de combinación de Estado y mercado, pero, independientemente del color político, todos los gobiernos en la región han reconocido la importancia de promover un crecimiento que beneficie a más que unos pocos.

 

P: -¿Y las debilidades?

R: -Ya mencioné nuestro énfasis actual en la necesidad de impulsar la productividad. Con este impulso, la región será capaz de continuar expandiendo las oportunidades de más gente. En la actualidad, la mayoría de los latinoamericanos vive en la pobreza moderada, un 17%, o es vulnerable a ella, un 35%. Parte de los desafíos de la productividad proviene de la aún baja integración y el poco comercio intrarregional. Un reciente informe del Banco Mundial descubrió, por ejemplo, que por los cuellos de botella asociados al transporte, el despacho de aduana y los caminos rurales es más caro enviar tomates desde San José de Costa Rica a Managua que enviarlos a la diez veces más lejana San José de California. Además, se necesita que la calidad de la educación mejore dramáticamente para adaptar las habilidades al mercado global y mejorar la competitividad.

P: -¿Cuál puede ser el motor de la economía si los precios de las materias primas siguen cayendo? ¿Le preocupa la desindustrialización?

R: -Esto me retrotrae a la necesidad de impulsar la productividad y la competitividad. Pero no, no estoy preocupado por la desindustrialización. Hoy en día, por ejemplo, México es un centro manufacturero de varios sectores, en especial de la industria del coche. Brasil es también conocido en todo el mundo no solo por las materias primas sino también por las manufacturas avanzadas, incluidos los aviones. Incluso cuando nos referimos a productos agrícolas, Brasil ha sido muy exitoso en el aumento de la productividad en los últimos 30 años. Brasil convirtió a una de sus regiones más improductivas en el Cerrado en una de las mayores reservas mundiales de alimentos.

Tuluy

P: -¿Qué cambios tributarios debería hacer la región?

R: -América Latina tiene una de las más altas tasas de impuestos del mundo. Con la excepción de Brasil, las siete mayores economías de la región tienen un bajo nivel del impuesto a la renta en relación al PIB, por debajo del que deberían tener por su PIB per cápita. Más aún: de acuerdo con la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), menos del 4% de los ingresos del Estado en Latinoamérica viene del impuesto a la renta personal, comparado con el 27% en las naciones industrializadas. Para compensar las deficiencias inevitables, los países latinoamericanos han adoptado impuestos indirectos como el IVA. Más allá de que estos impuestos son eficientes desde el punto de vista de la recaudación, son regresivos y le ponen una carga más a aquellos que destinan una mayor proporción de sus ingresos a necesidades básicas. No es sorprendente para nadie que la ruta para la reforma no es fácil. Pero sabemos que se puede hacer. En los últimos años, Costa Rica y Uruguay han puesto en práctica reformas impositivas progresivas.

P: - ¿Cómo se puede incrementar la inversión en infraestructura?

R: -Varios países en la región han incrementado la inversión pública en los últimos años. En Perú, por ejemplo, la inversión pública se elevó del 3% del PIB en 2000 al 5% en 2011. En Uruguay, del 3% en 2005 al 4% en 2012 y en México, del 4% en 2000 al 5% en 2012. Brasil anunció recientemente una inversión multimillonaria en infraestructura. Particularmente notable es el relanzamiento de la participación del sector privado como el camino para complementar el limitado espacio fiscal. Esto responde a un proceso que comenzó hace una década, en la que Brasil ha incrementado el uso de las asociaciones público-privadas y las concesiones. De acuerdo con la basa de datos del Banco Mundial sobre participación privada en infraestructura, Latinoamérica atrajo 55.400 millones de dólares en 2011, la mayor suma de la última década, lo que ha hecho que la región sea la de más alta inversión privada en infraestructura entre los países en desarrollo. La mayoría de la inversión fue a los proyectos eléctricos y dos tercios, a Brasil. El desafío sigue siendo asegurar la inversión en los sectores más complicados como la energía y en países con más desafíos que Brasil. Es importante decir que a veces no es suficiente tener los recursos para invertir. Muchos países de la región tienen leyes que establecen transferencias de los recursos de las materias primas a gobiernos locales, particularmente a las áreas relacionadas con la producción. Las leyes fueron creadas antes de la bonanza de las materias primas y ahora hay municipios con ingresos masivos de recursos, mayormente vinculados con la infraestructura, pero que carecen de la capacidad para gastarlos efectivamente.     

P: -Usted ha escrito sobre la preocupación por el medio ambiente. ¿Qué opina de las protestas que crecen en la región contra la minería o el uso intensivo del agua y los recursos naturales?

R: -Latinoamérica es responsable por un porcentaje menor, el 12,5%, de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Pero la región puede ser una de las más afectadas si la temperatura subiese. El Caribe y las regiones tropicales deberían soportar las mayores cargas y la población más pobre sería la que más sufriría. Es por eso que estoy convencido de que los líderes de Latinoamérica están completamente concientes de las compensaciones y están haciendo grandes esfuerzos por asegurar que el medio ambiente sea protegido. No estamos diciendo que los recursos naturales no puedan ser usados con fines productivos, pero hay modos de hacerlo. En la región no necesitamos repetir los errores de los países ricos. Los recursos pueden ser usados en un modo sustentable para que también estén disponibles en el futuro. Nuestra actual búsqueda de prosperidad no puede ser hecha mediante la reducción de opciones para las generaciones futuras.   

Hay 3 Comentarios

El problema de la minería pasa por una visión más humanista, menos depredadora y haciendo de ella un verdadero pilar de desarrollo local, incluyendo la participación de las poblaciones organizadas como comunidades empresariales y como accionistas importantes de las concesiones de explotación, mínimo del 30% de acciones con las cuales deben participar de los directorios y brindar un verdadero apoyo a sus comunidades, a su capacitación, a sus infraestructuras de progreso, a su capitalización, etc.

Similar o peor que la inseguridad y como si estuvieran de la mano con la corrupción; pero, frente a la inseguridad hay apoyo internacional mientras que para la corrupción apenas gestos de gran hipocresia.

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Sobre el blog

Novedades, tendencias y debates sobre el devenir de la economía y el desarrollo de Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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