Algunas empresas ya no contaminan el río más sucio de Sudamérica

Por: | 05 de julio de 2013

El Riachuelo de Buenos Aires, que desemboca en el Río de la Plata, es uno de los diez afluentes más contaminados del mundo, junto con el Ganges, el asiático Salween, el Yangtsé, el Mekong, el Nilo, el australiano Murray-Darling, el Indo, el Danubio y el Bravo-Grande. Han pasado gobiernos y años prometiendo que sanearían el riacho que separa el sur de la capital argentina y la provincia de Buenos Aires, sin que sucediera nada. Seguramente los turistas que vayan a visitar el barrio porteño de La Boca y miren al otro lado del río, al municipio bonaerense de Avellaneda, sigan sintiendo el mal olor. Unas 11.000 personas siguen expuestas a todo tipo de enfermedades infecciosas, extrañas patologías en la sangre, metales pesados que actúan como agentes cancerígenos y a grandes basurales, pero el mes pasado se ha conocida una buena noticia entre tantas historias de postergaciones y afecciones humanas y medioambientales: unas 314 fábricas finalizaron el plan de reconversión industrial para dejar de contaminar el Riachuelo.

 

De aquel total, unas 260 terminaron sus tareas de reparación en lo que va de 2013, según informó la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo, que está integrada por el Gobierno de la peronista Cristina Fernández de Kirchner, la provincia de Buenos Aires –donde gobierna su correligionario Daniel Scioli- y la capital –cuyo alcalde es el conservador Mauricio Macri-. No obstante, hay 890 plantas que aún no han finalizado sus planes de reconversión, mientras que persisten 257 clausuradas porque no han iniciado todavía los trámites para emprender un programa de adecuación.

La industria curtidora de Argentina es una de las tres más poderosas del mundo, pero sus empresas, la mayoría de capital local, se encuentran entre las grandes responsables de la polución. Sin embargo, en la lista de contaminantes hay empresas grandes, medianas y pequeñas de diversos sectores industriales y comerciales, de capitales nacionales -incluidas estatales- y multinacionales, que pareciera que aquí no respetan los mismos estándares medioambientales que en sus países de origen.

Riachuelo

Entre los 314 establecimientos que han dejado de contaminar el Riachuelo figuran algunos de empresas extranjeras, como la minorista norteamericana Wal-Mart, su competidora chilena Cencosud y el laboratorio estadounidense Pfizer.También hay grandes empresas de Argentina, como Andreani Logística, Cafés La Virginia, Clarín (imprenta), Coto (supermercados e industria cárnica), la farmacéutica Roemmers y Techint (siderurgia). 

Entre las 890 plantas que se encuentran en pleno proceso de reconversión aparecen los de la láctea francesa Danone, la alimentaria norteamericana General Mills, la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), la minorista francesa Carrefour, la petrolera estatal argentina YPF (12% de Repsol, que hasta el año pasado tenía el 57%), Cencosud, el laboratorio alemán Boehringer Ingelheim, la cervecera Quilmes (propiedad de la belga-brasileña AB InBev), una embotelladora que opera con la estadounidense Coca-Cola, la estatal Aerolíneas Argentinas, la siderúrgica luxemburguesa ArcelorMittal, la mayorista holandesa Makro, la alemana de correos DHL, la agrícola norteamericana Cargill y la procesadora española de residuos Urbaser (propiedad de ACS). En la misma situación están otros establecimientos de grandes compañías argentinas como Coto, Exolgán (logística), Rasic (carne aviar), la farmacéutica Bio Sidus, Boldt (bingos), la estatal Ceamse (tratamiento de residuos) y Editorial Perfil. Entre las plantas que siguen clausuradas porque aún no han presentado un plan de reconversión aparece la conocida Granja Tres Arroyos (carne aviar), entre otras muchas empresas de capital local de poco renombre.

Las autoridades inspeccionan periódicamente las empresas para evaluar los niveles de vuelcos industriales y permisos correspondientes. De existir alguna irregularidad, se declara un establecimiento como agente contaminante y se lo intima a reconvertir sus procesos, lo que implica en algunos casos la inversión en plantas de tratamiento de los efluentes y en otros, la modificación del esquema de producción o el cambio de los insumos usados. La planta sancionada debe entonces explicar al organismo cómo reconvertirá su producción en un programa detallado. Una vez que las autoridades aprueban la propuesta, la industria comienza el proceso, con controles de avance periódicos, ya que debe cumplir un plan de trabajo con tiempos determinados. Cuando la compañía finaliza el plan, se la inspecciona para controlar que efectivamente haya dejado de contaminar y declararla, en ese caso, reconvertida.

Hay 2 Comentarios

Aunque en la Capital Federal desde hace décadas a este curso de agua se le conoce como El Riachuelo, su nombre geográfico es Rio Matanza (un nombre realmente alegórico)
Tiene una extensión aproximada de 70 km y su cuenca abarca unos 2500 km2 Originariamente este curso de agua se origina en el desague pluvial de una zona rural aledaña ubicada al Sud Oeste de la Ciudad de Buenos Aires.Como este rio atraviesa una zona densamente poblada, que carece de desagues cloacales, y cuya densidad de población va en aumento, el problema no termina de resolverse con la reconversión de las industrias adyacentes o su erradicación, aunque estas sean las mas contaminantes, dado que los efluvios cloacales también contaminan. A su vez como la gran mayoría de los pobladores son personas de ingresos medios a bajos, las obras de saneamiento requieren de la intervención Oficial de los municipios afectados, algo dificil de lograr en èpocas de vacas flacas y cuando los recursos fiscales no abundan, y especialmente en municipios en donde la mayor parte de su recaudación se vá en el pago de sueldos. O sea que esta cuestión también se vincula con una cuestión de carácter socioeconómico, que afecta a varios millones de habitantes, cuya solución está ligada también a un mayor desarrollo económico de los pobladores, que por ahora se vislumbra como dificil de alcanzar en el corto y mediano plazo.

Es de desear que por el bien de la poblacion toda, se pueda cumplir con autoridad el programa de saneamiento del Riachuelo.Que autoridades publicas tan divergentes en lo politico se pongan de acuerdo para llevar adelante un programa conjunto, es un mensaje de seriedad democratica.Esos son los pasos de una madurez que tiene objetivos comunes : el bienestar, un bien supremo.

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Sobre el blog

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Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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