"Hay una inflexión respecto de lo vivido entre 2003 y 2012"

Por: | 19 de agosto de 2013

En Brasil se devalúa el real. En Argentina, el Banco Central deja que se deprecie el peso en el mercado oficial. En Perú, el presidente Ollanta Humala reconoce que la "crisis" internacional ha llegado a su país. Aquí analiza la situación de toda Latinoamérica el economista argentino Carlos Quenan, que da clases en la Universidad de la Sorbonne Nouvelle y es vicepresidente del Instituto de las Américas, con sede en París. Quenan preside el Consejo Europeo de Investigaciones sobre América Latina. Ha asesorado al banco francés Natixis, a gobiernos latinoamericanos y a organismos multilaterales. Hace unos días visitó Buenos Aires y de regreso a Francia ha conversado por teléfono con El País.

 

Pregunta. ¿Cuáles son las fortalezas de la actualidad económica de Latinoamérica?

Respuesta. Desde el punto de vista de las fortalezas que son bastante estructurales, está el hecho de que hay una economía bastante sólida desde el punto de vista financiero global. Esto se vio bien en las etapas de crisis internacional (2008/2009). Los sistemas financieros están más sólidos, los países tienen en términos generales niveles de deuda pública respecto del PBI bajos y manejables. Hay pocos casos de exceso de endeudamiento privado que podría deteriorar la situación. Aun cuando el crédito bancario creció en muchos países de manera importante en comienzo de los 2000, como en Brasil y Chile, no parece claramente que haya síntomas de burbujas excesivas. El endeudamiento bancario doméstico sigue siendo débil desde una perspectiva internacional. No hay ningún caso de la región que se parezca a la primera etapa de lo que pasó en la crisis internacional, como lo que les pasó a los países de Europa del Este, que sufrieron fuertemente. Ahora tendemos a olvidar que varios países de Europa del Este fueron muy sacudidos por la situación de 2008 y 2009. Hubo en Latinoamérica un crecimiento moderado de los sistemas bancarios después de las crisis de los 90. Hay una leve exposición a actividades internacionales riesgosas.

P. ¿Cuáles son las fragilidades?

R. Hay una fragilidad estructural y coyuntural para América del Sur sobre todo: una muy fuerte dependencia respecto de la exportación tanto en volumen como en valor de materias primas. Esto fue un ingrediente fundamental de la prosperidad y de la buena capacidad de resistencia, pero no el único. Ahí está esta famosa discusión que hay en Argentina de si hay viento de cola o viento de frente. No todo el auge se explica por el viento de cola. Hubo una gestión, por lo menos en buena parte de la última década, bastante prudente en lo macroeconómico y había una serie de equilibrios que aparecían como clave, y que acompañaban ese proceso, como el excedente comercial y corriente, el excedente (fiscal) primario (ingresos menos gastos antes del pago de la deuda) y fiscal (después del pago de intereses de la deuda), tipo de cambio subvaluado después de la gran devaluación de 2002. Eso permitió manejar el contexto internacional favorable de modo de reducir vulnerabilidades. Algunos de esos equilibrios se han deteriorado. Si uno compara el boom (auge) reciente que conoció Venezuela por los precios del petróleo y el boom de los años 70, cuando el presidente era Carlos Andrés Pérez, uno se da cuenta de que se manejó de manera mucho más irresponsable en aquel momento que en éste. Aun en los gobiernos que suelen ser caracterizados como populistas, que es una caracterización bastante resbaladiza, difícil de saber qué es y con el dejo de ser despectiva, aparece que hubo un efecto aprendizaje del pasado que hizo que la región fuera más prudente.

Quenan

P. O sea que el riesgo es la dependencia de las materias primas.

R. Vamos a hablar del bienio 2013-2015. Una cuestión que era positiva, pero que de tan positiva se transformaba en problema, era que había capitales que llegaban en abundancia a la región en general, salvo casos excluidos como Argentina, con su historia particular de no resolución completa del default (suspensión de pagos). Esa entrada masiva de capitales puede que pertenezca al pasado por el progresivo abandono de la política monetaria no convencional de EE UU y el eventual aumento de tasas (de interés). En otras palabras, el principal peligro de Latinoamérica es que reaparezca la restricción externa (de divisas). La situación de la región en general es sólida, por lo que dijimos antes, pero estoy haciendo un trabajo que compara sistemáticamente variables como el crecimiento, el saldo de cuenta corriente y los saldos fiscales entre 2003/2008 y el periodo 2009/2012 y uno se da cuenta de que en gran medida por los impactos de la crisis económica internacional la situación se deterioró en la región. Hay un diferencial de crecimiento negativo entra ambos periodos. Prácticamente en todos los países de la región si uno compara el saldo de cuenta corriente de 2003/2008 con 2009/2012, el resultado da negativo. Hay menos excedente e incluso en algunos casos se pasó del excedente al déficit. Ningún caso aparece como dramático. Un saldo negativo de cuenta corriente del 2,5% o 3% del PIB de Brasil por el momento es más que financiado por las corrientes de inversión extranjera directa, pero hay una degradación. Con los saldos fiscales sucede lo mismo. Sobre una docena de países, solo tres tienen un saldo fiscal 2009/2012 comparado con 2003/2008 que ha mejorado y son Bolivia, Paraguay y Uruguay. El contexto de crecimiento será más débil para la región porque se desaceleró el mundo, porque no se puede crecer tan fuertemente basado en el impacto positivo de los flujos de capitales y de los precios de las commodities (materias primas). El promedio del crecimiento era 4,5% para el conjunto de la región entre 2003 y 2008. No podemos esperar nada mejor que el 3% o algo más en el bienio 2013-2015, con esta situación de que los márgenes de maniobra fiscal y de saldo externo se han deteriorado un poco.

P. Además de esta comparación, ¿qué otros aspectos de la economía latinoamericana está investigando?

R. En más profundidad, hay un tema que es parte de un libro que todavía está inmaduro, tengo que encontrar tiempo para rematar algunos capítulos. Se trata de las tensiones que hay entre la dinámica de economía de renta que tiene la mayor parte de las economías, sobre todo las de América del Sur y un poquitín México, cuyo presupuesto depende mucho del petróleo, y la diversificación productiva. Todo este periodo de boom, que fue manejado de manera bastante razonable en términos de gestión monetaria y financiera, sin embargo, deja mucho que desear en términos de diversificación productiva, capacidad de desarrollar una economía del conocimiento basada en la innovación. Los buenos precios de los commodities, la evolución favorable de los términos del intercambio (relación de precios de exportaciones e importaciones de un país) y la abundancia de fondos llegando a la región tendían a generar una sobrevaluación monetaria, a producir lo que los economistas llamado la enfermedad holandesa, es decir, se desarrollaban todos esos sectores exportadores en detrimento de los sectores no exportadores y de servicios, lo cual es normal. No es sencillo que si uno tiene capitales en un país como Perú los oriente hacia una actividad que no sea la minera o de exportación, cuyas tasas de retorno son muy elevadas. Esto está cambiando ahora porque justamente las monedas de la región se enfrentan a una tendencia de depreciación. Muchas son monedas commodities, es decir, van muy relacionadas con los precios de las materias primas, que presentan un menor dinamismo, entre otras cosas, por la desaceleración china. Ahora, en este contexto que pueda dar un poco de aire o disminuir este tema de la enfermedad holandesa, el problema es que aparece la restricción externa. El que ha sufrido mucho la desindustrialización es Brasil. Paraguay es otro caso, pero muy especial porque el boom sojero tiene un peso relativo muy grande respecto de la pequeñez de la economía.

 

P. Si hay restricción externa, es decir, falta de divisas por menores precios de las materias primas y salida de capitales especulativos, la región puede crecer menos. ¿Las protestas callejeras, que aparecen en Chile, Argentina, Brasil o Perú, también pueden agravarse? ¿Puede haber retrocesos respecto a la reducción del desempleo y la pobreza?

R. Si no hay retrocesos, por lo menos puede haber un estancamiento de la situación. El empleo puede no crecer como antes. Las mejoras han sido importantes, no deben ser subestimadas, pero hay una cierta precariedad de esas mejoras. La cantidad de pobres, según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), cayó de 220 millones en 2002 a 180 millones en 2008. Bastó solo que hubiese en 2009 una recesión que fue finalmente moderada, si uno excluye a México, para que de 180 millones se saltara a 190 millones. Es decir, hay mucha gente que está en la frontera. Dentro de las clases medias que se ha reconstituido, como en Argentina, o que se han desarrollado con un impulso novedoso, como Brasil, hay una parte que son clase media baja a la que una desaceleración del crecimiento puede poner en dificultades. Un deterioro franco de la economía no parece evidente, salvo un shock (choque) externo muy desfavorable, que puede ocurrir porque estamos en una situación internacional de gran inestabilidad. Se frenó la posibilidad de que se produzca un ataque cardíaco en la zona euro, es decir, que dos o tres países se tuvieran que salir, pero esta región sigue amenazada por el crecimiento débil o nulo. Ya antes de la crisis Europa era una zona de crecimiento muy bajo, salvo algunas excepciones. Ahora se agregan las políticas de austeridad, que no favorecen para nada el crecimiento. Un shock desfavorable que pudiera venir de una catástrofe de la zona euro está alejado, pero sigue existiendo el impacto negativo de un crecimiento débil que afecta a todo el mundo y que no debe ser minimizado. Hay perspectivas de un crecimiento mundial mediocre, lo que repercute en un estancamiento del progreso social que se dio en Latinoamérica. Y antes de que se produzca este fenómeno aparecieron otros como el que se dio en Brasil, donde sectores medios y bajos que han visto mejorar su situación tienen expectativas de progreso que no son satisfechas verdaderamente en términos de servicios, infraestructuras y aparece entonces una demanda de política públicas eficaces y efectivas. También estos sectores medios piden acceso a la educación y mejor respuesta de los políticos, que incluye una crítica a la falta de transparencia y la corrupción. Hay una inflexión respecto de lo que ha vivido América Latina desde 2003 hasta 2012.  

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Sobre el blog

Novedades, tendencias y debates sobre el devenir de la economía y el desarrollo de Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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