Argentina pierde un tercio de sus reservas internacionales

Por: | 13 de noviembre de 2013

Ningún país latinoamericano ha perdido tantas reservas internacionales este año como Argentina. Algunos sufrieron una bajada de recursos de sus bancos centrales para evitar una mayor depreciación de sus monedas, como son los casos de Brasil o Venezuela, pero solo en Argentina el retroceso supera los 10.000 millones de dólares. Desde que hace dos años el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner impuso los controles cambiarios que han terminado por prohibir la compra de divisas para ahorrarlas, como hacían los argentinos que podían desde la década del 70, el Banco Central de su país perdió un tercio de las reservas: de 47.000 millones a 32.700 millones.

 

En enero de 2011, estos fondos clave para defender el valor del peso, financiar importaciones productivas y de consumo y pagar la deuda externa habían batido una marca histórica de 52.654 millones. En los meses siguientes se perdieron unos 5.700 millones por una fuerte fuga de capitales. Inversores especulativos apostaron entonces al dólar porque preveían una devaluación del peso después de seis años de una inflación que superaba el 10% o 20% anual mientras que la moneda norteamericana apenas se apreciaba. Si bien el peso aún mantenía su competitividad frente a otras divisas, en Argentina el dólar ha sido referencia para el ahorro no solo de la clase alta sino también de la media y para gran parte del mercado inmobiliario, que opera con esta moneda y en efectivo, después de cuatro décadas en las que se sucedieron años de alta inflación, apreciaciones cambiarias seguidas de bruscas depreciaciones o confiscaciones de depósitos.

Pero en octubre de 2011, después de su reelección, Fernández optó por evitar una devaluación con el argumento de que empobrecería a los argentinos, dado que alentaría aún más la inflación y eso reduciría los niveles de actividad y empleo. Restringió entonces el acceso a las divisas, en lo que la prensa crítica y la oposición dieron en llamar cepo cambiario. No solo ha cerrado el grifo de divisas para “atesoramiento”, como indica la terminología oficial, sino que ha impuesto un cupo acotado para comprarlas para viajes al exterior, ha autorizado a cuentagotas el giro de beneficios de las filiales de multinacionales a sus casas matrices, con especial buena predisposición hacia las mineras, y ha restringido todavía más las importaciones de bienes y servicios, incluido un recargo tributario del 20% a quienes pagan con tarjeta de crédito viajes al extranjero o compras vía comercio electrónico en otros países.

Dolar

El Gobierno argentino logró abortar una devaluación brusca y redujo a la insignificancia la fuga de capitales. La economía ha perdido el fuerte ritmo de crecimiento, a la par de lo que ha sucedido en el resto de Latinoamérica, y no por eso se redujo una inflación del 24% anual, la segunda más alta de la región después de la de Venezuela. En el último año, el peso sufrió la mayor devaluación latinoamericana, después de la del bolívar venezolano, aunque la de la moneda argentina ha sido paulatina. El dólar subió 21,5% frente al peso en el mercado oficial en 2013, el 46% frente al bolívar y el 13,8% ante el real brasileño. Pero pese a los controles, que redujeron en dos años en 37.000 millones la salida de capitales y el giro de utilidades de multinacionales, Argentina perdió un tercio de sus reservas. ¿Qué sucedió?

Las divisas se fueron por otras vías. Por un lado, el Estado siguió cancelando deuda externa, lo que la ha continuado reduciendo a niveles moderados (del 166% del PIB en la crisis de 2002 al 45% actual), en un contexto latinoamericano en que la mayoría de los países, tan diversos como Chile, Brasil o Bolivia, refinancia vencimientos a tipos de interés bajos. Argentina, Venezuela y Ecuador son de los pocos sin acceso al mercado de deuda. En el caso argentino, si bien es cierto que las reservas se han reducido en 2013 tanto como en la crisis que este país padeció en 2001, esta vez la mitad, unos 5.000 millones, se destinó al pago de deuda, lo que reduce la vulnerabilidad del país. En cambio, en 2001, cuando cayó el Gobierno de Fernando de la Rúa en medio de una debacle político, económica y social, las reservas se usaron solo para financiar la salida de capitales, es decir que ganaron los inversores especulativos que apostaron contra el peso, y el Banco Central acabó con solo 15.000 millones de dólares de reservas.

En los últimos dos años no solo el Estado ha cancelado deuda en dólares. También lo hicieron las empresas, que aprovecharon el peso apenas devaluado para saldar pasivos en el exterior y al mismo tiempo dejaron de tomar créditos fuera por el persistente temor a una futura depreciación brusca. Las compañías usaron sus pesos para comprar dólares para abonar vencimientos externos y se siguieron financiando en moneda local en Argentina. Entre el Estado y las compañías privadas, el país sudamericano canceló deuda en dos años por unos 28.000 millones, lo que redundó en una pérdida de reservas, aunque también en un saludable y costoso desendeudamiento.

 

Por otras cuatro vías se fueron otros 34.000 millones. Una es el déficit energético: Argentina ha perdido desde 2011 el autoabastecimiento y cada día necesita importar más. El Gobierno espera recuperar la autosuficiencia energética en 2018, si prospera la explotación de hidrocarburos no convencionales por parte de la nacionalizada YPF. Una segunda vía es la importación de piezas para la producción de sus diez plantas de coches. Argentina es uno de los 20 mayores fabricantes de esta industria en el mundo y exporta sobre todo a Brasil y algunos otros destinos en diversos continentes. La tercera vía de escape es la compra en el extranjero de los componentes para ensamblar productos electrónicos en la provincia más sureña, Tierra del Fuego, donde el kirchnerismo ha querido recrear una industria destinada al consumo interno.

La última ruta de salida es el turismo en el extranjero. Cada vez más argentinos viajan al exterior e incluso compran billetes para volar hasta mediados de 2014, por ejemplo, al Mundial de Brasil. Sucede que el tipo de cambio oficial, que rige para adquirir algunas pocas divisas para viajes, está a 5,98 pesos por dólar, mientras que la compra de paquetes turísticos con tarjeta de crédito se hace a 7,18 pesos, por el recargo tributario del 20%, pero la moneda norteamericana se consigue a 9,87 en el aún pequeño mercado ilegal que se ha expandido a partir de los controles instaurados en 2011. Más de un argentino pudiente considera que el llamado dólar turista es barato comparado con el marginal o teme que en un futuro el Gobierno aplique medidas para encarecerlo y por eso compra en la actualidad billetes de avión o estadías en hoteles con todo incluido.

Banco

El Gobierno no puede reducir las importaciones de energía o de piezas para las industrias del motor y la electrónica sin un consiguiente coste en términos de actividad económica y empleo. Por eso lo que está analizando es alguna disposición que desaliente los viajes al extranjero. Una opción es aplicar un cupo a las compras de paquetes turísticos, otra consiste en un aumento del recargo impositivo del actual 20% y una tercera es la instauración del llamado desdoblamiento cambiario, es decir, que rija una tasa de cambio diferencial para el turismo y otra para el resto de las operaciones legales. También está la alternativa de que el Ejecutivo restrinja aún más las importaciones de bienes de consumo, no necesarios para la producción. De hecho, esta semana se instauraron nuevos controles impositivos para la compra de coches de lujo, que Argentina importa.

Además de restringir la salida de divisas, Buenos Aires también busca atraerlas. Por un lado, se esperanza con acuerdos con petroleras para invertir en hidrocarburos no convencionales, como los firmados este año con las norteamericanas Chevron y Dow y la alemana Wintershall. Por otro, busca colocar deuda en dólares entre grandes empresas y ya lo hizo con éxito con cinco compañías que litigaban en su contra en tribunales internacionales. Este arreglo, a su vez, reabrió las puertas del financiamiento del Banco Mundial, donde EE UU, su mayor accionista, lo bloqueaba por ésta y otras deudas pendientes de Argentina.

El Gobierno analiza medidas para evitar que continúe la caída de reservas del Banco Central, mientras conviven en su seno diversas posiciones. El jefe de Gabinete de Ministros, Juan Manuel Abal Medina, dijo a principios de mes que “en cualquier momento” podía haber cambios de figuras en el Ejecutivo, pero este martes las descartó. Se supone que ninguna modificación en el gabinete ni en las políticas cambiarias sucederá hasta que el lunes próximo Fernández vuelva a sus funciones, después de un mes y medio de excedencia por motivos de salud. Así es que por ahora conviven en el equipo económico posiciones más liberales de parte del vicepresidente de Argentina y actual jefe de Estado interino, Amado Boudou, y del ministro de Economía, Hernán Lorenzino, que plantean la búsqueda de fondos en el extranjero, con otras más heterodoxas defensoras del desdoblamiento cambiario, sostenidas por el viceministro de Economía, Axel Kicillof, aquellas que defienden lo hecho hasta ahora, encarnadas por la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, mientras que el todopoderoso secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, encabeza la estrategia de convencer a las exportadoras agrícolas, las telefónicas, los bancos, las petroleras, las mineras y las fabricantes de coches de suscribir títulos públicos.

Hay 5 Comentarios

en argentina habría que empezar a colgar en las plazas a todos los que compren dolares, gente llegada a mi poseen , entre el techo y el cielo raso de sus casas mas de 200.000 dolares guardados, y así llegamos a los mas de 200.000 millones que los argentinos guardan bajo el colchón, es normal eso?, es culpa de este gobierno?....basta ya, en lo que si estoy de acuerdo con la normalidad de los países vecinos con el pepe, es que en esos países ni piensan en el dolar, mientras los argentinos sigamos con nuestras mentes dolarizadas, (y aquí me voy a contradecir un poco con mi último posteo); por mas industrias recuperadas, por mas gas y petroleo que tengamos, ningún gobierno que venga podrá solucionar las cosas.

pepe, un gobierno normal?...jajajajajajaja...quienes lo tienen? los chilotes?, los brasucas?, los yoruguas?, jajajajajajjaja.....dejaaaate de jodeeeeer.

creo muy positivo, que las reservas argentinas hayan caído en un pocentaje alto, debido al pago de la deuda externa, sin necesidad de tener que pedir prestado a nadie, argentina es un país que crece, para mal de quienes siempre esperan el fracaso, es un país que está recuperando industrias, con tremenda riqueza petrolera y gasífera, no me cabe dudas que las reservas empezarán a crecer muy pronto, ojalá no sea pidiendo préstamos como se hacía antes.

Argentina se merece un gobierno normal una vez en la vida. El ciclo opulencia-carestia ha dominado su historia. Y siempre con esa arrogancia pedante insoportable. Una pena ....para nosotros, los paises vecinos.

Las economías del mundo están en un peligroso declive a nivel mundial. La fragilidad en la que se sustenta sus estructuras financieras, la somete a una vulnerabilidad exponencialmente alta. Desde el descalabro de Wall Street, las cosas han ido de mal en peor y no se ve solución a la vista. Ya nadie confía en los entes financieros responsables de esta debacle. Se perdió la credibilidad en los políticos, las iglesias y las instituciones tradicionalmente respetables de este mundo, que junto con el sistema financiero han decepcionado a medio mundo. Razón tiene la Biblia a señalar estos días como los últimos (2Timteo 3:1-5), tiempo en el que el Reino de Dios tomará acción para reemplazar a todas estas instituciones ineficaces y la tierra será poblada por personas que amen de verdad a su prójimo y a Dios. Daniel 2:44, Salmos 37:10-11,29. Para más información, visitar jw.org

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Sobre el blog

Novedades, tendencias y debates sobre el devenir de la economía y el desarrollo de Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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