Bitácora de viaje a tierra qom (I)

Por: | 21 de mayo de 2014

Planeta Futuro publicó el pasado lunes el reportaje de un viaje a tierra de los qom, el segundo colectivo indígena más grande de Argentina. En los próximos días compartiremos en este blog más detalles de ese acercamiento a una realidad que comparten muchos de los más de 50 millones de aborígenes que pueblan Latinoamérica. El periplo comenzó por Sáenz Peña, la segunda ciudad más importante de la provincia de Chaco, en el noreste de Argentina. Saénz Peña tiene unos 89.000 habitantes, de los cuales 10.000 son indígenas qom y mocoví, según el director del área aborigen del municipio, Florencio Díaz. Hay dos barrios qom, la etnia antes conocida como toba por el hombre blanco. En uno de esos barrios, Nalá, está la segunda escuela pública de gestión social indígena de Chaco. Es una primaria. El edificio fue inaugurado por la presidenta de Argentina, la peronista Cristina Fernández de Kirchner, en 2010, pero en aquel entonces no era una escuela bajo gestión indígena. Solo después de las quejas de los padres de los alumnos por el bajo nivel educativo que recibían, un maestro qom del barrio, David Zacarías, elaboró con ellos un proyecto para cambiar el modelo de gestión. “Había mala calidad por la discriminación hacia los pueblos indígenas. En otros lugares sigue”, explica Zacarías. Para entonces ya había un colegio público indígena en Resistencia, capital de Chaco. En 2012 se modificó el régimen de la escuela de Sáenz Peña. "La comunidad de padres lo logró porque se puso firme ante el Gobierno provincial", recuerda Zacarías. El entonces gobernador chaqueño era el peronista Jorge Capitanich, ahora jefe de Gabinete de Ministros del Gobierno de Fernández. 

 

En la década del 60, un qom llamado Celestino Fernández había armado una primera escuela en el barrio Nalá con los pupitres en el medio del monte de arbustos. En la nueva escuela indígena, la mitad de los alumnos son qom y el resto, criollos, es decir, mestizos y blancos. “Hubo respuesta de los padres por el cambio que generé: los docentes son más dados con la comunidad, cambió el comedor, mejoró la administración. Los chicos no indígenas de estos barrios (periféricos de Sáenz Peña) se adaptan al (idioma) qom”, se enorgullece Zacarías en su pequeño despacho de paredes blancas, decoradas por dos arcos sin flecha, un ventilador encendido en el otoño austral, unas niñas que se asoman y sonríen por la ventana y un armario donde guarda el papel higiénico para toda la escuela.

“Hay padres que no quieren que sus hijos tengan maestros no indígenas”, comenta Zacarías. “Es una lucha permanente con los padres. También con los maestros, para que acompañen. Pero acá no hacen paro porque es una escuela de jornada completa y cobran más”, cuenta el director el mismo día en que los docentes de Chaco iban a la huelga en demanda de mejoras salariales. Una semana después se celebraría un congreso educativo bilingüe pluricultural para comprender mejor al alumno indígena. “A veces el chico toba no habla, se encierra, tiene problemas y abandona la escuela. A veces la dejan por un mes porque su familia viaja a Rosario (donde vive una importante comunidad qom) a ver un pariente. Es que la mentalidad sigue siendo nómade. O si la madre está con la menstruación, el chico no puede salir de la casa porque dicen que va a hacer enojar a los animales por el camino. Hoy en día se deja faltar a las maestras qom los días que están con la regla. Claro que después viene el planteo de las docentes no indígenas”,  comenta el director del colegio.

Diaz

Cuando comenzó la escuela indígena, Zacarías se encontró con que había niños qom de 12 años que iban a acabar la primaria sin saber leer ni escribir. “Formé un equipo para que aprendieran la base mínima de lengua y matemática para pasar a la secundaria”, recuerda el director, que vive en Nalá, pero es oriundo del pueblo de Pampa del Indio, en el límite con la provincia de Formosa. “Hemos logrado avances, como que los chicos participen de actos en la plaza central de Sáenz Peña, la San Martín, actos a los que antes no iban los de esta escuela porque decían que se iban a comportar mal”, recuerda Zacarías. “También fueron a competencias deportivas y ganaron”, añade. El pasado 11 de octubre, el día en que los indígenas de toda América recuerdan el “último día de libertad” del continente, alumnos de otros colegios visitaron el de Nalá para un acto conmemorativo.

En una reunión de maestros, la bibliotecaria Gabriela sonríe cuando se le pregunta qué diferencia a la escuela indígena de la que no lo es. Ella es criolla: “Hay que aprender a convivir, unos con otros”. Diego Mauricio, maestro qom, añade: “Lo que no hay en otras escuelas es la enseñanza de la cultura, del idioma. No sé si los chicos criollos aprenderán el idioma, pero sí que hay una cultura diferente. Nosotros de chicos padecimos prejuicios, por el color de piel. Eso fue llevar una mochila para nosotros. Uno escuchaba todos los días que los compañeros te decían “indio de mierda” y uno se tenía que defender. Ahora yo me pongo contento porque los chicos no indígenas que vienen a esta escuela no van a discriminar. Nosotros, como docentes, les decimos que somos todos personas, pero el problema viene de las familias”. Nicolás Duré, profesor criollo de educación física, aporta su visión: “Hay menos discriminación. Como docentes, buscamos nuevos métodos para entender las expresiones de los chicos (qom). Además manejan más el castellano (español)”. Adriana Putzolo, maestra wichi, la segunda etnia indígena más grande de Chaco, después de la qom, interrumpe: “Pero hay zonas donde los chicos no están castellanizados y se necesitan más maestros indígenas. Solo recientemente la sociedad ha empezado a respetar nuestra cultura”. “En otros barrios no hay escuelas bilingües, los chicos están abandonados”, suma Sibila Carmelo, docente qom. “A veces los maestros de otras escuelas se sorprenden de que los chicos aborígenes hagan las cosas bien”, lamenta Sibila.  

El director Zacarías considera que los indígenas de su provincia han comenzado a lograr avances desde que se aprobó la ley del aborigen chaqueño en 1987, cuatro años después del regreso a la democracia en Argentina, tras la más sangrienta de sus dictaduras (1976-1983). “Hay mucho avance educativo, en tierras, derechos indígenas, pero hay discriminación en gente que está en el poder”, lamenta Zacarías, que a los 14 años comenzó su militancia en Pampa del Indio y ahora ya ha cumplido 47. Él se fue de su pueblo a los 23 años, “con un castellano pobre”, a estudiar la carrera docente a Sáenz Peña.

 

Con Félix Díaz, líder de una comunidad qom en Formosa, participó desde 1992, año del quinto centenario de la conquista española de América, en diversos congresos con otros pueblos originarios de Argentina, como mapuches, collas, guaraníes, wichíes y mocovíes. Para entonces ya era profesor de lengua y cultura toba y pertenecía al Equipo Nacional de Pastoral Aborigen, donde se formó una generación de dirigentes. Aquel año en Pozo Azul, provincia de Misiones, también en el noreste de Argentina, proclamaron los derechos indígenas y se propusieron reflotar su lucha antes invisible para el hombre blanco. A finales de 1992 viajaron a Mendoza y San Juan, en el este del país, a concienciar a los huarpes de allí, para que no tuvieran vergüenza de reconocerse como tales. En una escuela los recibieron unos maestros criollos. “¿Son ustedes los indios de Chaco? Esperábamos que vinieran con plumas y arcos”, se sinceraron los docentes.

En 1994 muchos de esos dirigentes viajaron a Santa Fe para instalarse en la asamblea de la reforma constitucional de Argentina, de modo de impulsar la incorporación de sus derechos en la nueva Carta Magna. Y finalmente lo lograron. “Nos llamaban los constituyentes del pasillo”, recuerda Zacarías. “Había dirigentes indígenas que no peleaban por nuestros derechos, que se habían acomodado, pero a Santa Fe fuimos los dirigentes de base. Antes muchos qom negaban la identidad, los mayores la ocultaban después de la masacre de Napalpí (1924). Es un trabajo de hormiga volver a plantear la cuestión de la identidad”, reconoce el director de la primaria.

Qom

A la vuelta del colegio hay una escuela infantil. Enfrente de ella, un tanque de agua del que los 430 vecinos del barrio se abastecen. Muchas casas de Nalá carecen también de cloacas y letrinas. Zacarías, que vive con su esposa y tres hijos, paga cada 20 o 30 días 300 pesos (26 euros) para que un camión le lleve 10.000 litros de agua a la cisterna que instaló en su casa. Los que carecen de ese dinero desfilan todo el día por el tanque comunitario. Una madre empuja un carro de bebé y lleva dos bidones para cargarlos con agua. Algunos vecinos usan envases de plaguicidas que descartan en plantaciones vecinas. Los limpian con lejía y ya está.

Onaxaic ra Qarviraxaqui (bienvenidos)”, reza el cartel de ingreso a la escuela inicial, con dibujos de niños morenos. Su directora, Olga Trangoni, trabaja allí desde 2006. Conoce “palabras sueltas” de qom, pero en las tres salas de su establecimiento hay maestras auxiliares de esa etnia. El 90% de los alumnos son qom. “Me gusta la comunidad, es mucho más tranquila que otras. Los chicos son más callados, más respetuosos”, destaca Trongoni. ¿Y el nivel educativo? “Hubo que trabajar más. En otros barrios los padres ayudan más o los chicos ven tele, oyen radio, están más estimulados”, cuenta la directora de una escuela en la que flamean por igual las banderas argentina y wiphala, la de los pueblos originarios. Mientras tanto, pasa una motocicleta conducida por un niño y en la que atrás va otro con la camiseta de Boca Juniors tan desteñida que el azul ya es violeta.

Al lado de la guardería hay una sala de atención sanitaria. Allí atienden cuatro médicos determinadas horas por semana. De guardia hay una enfermera, Miriam Fernández, de 26 años, y una de las diez nuevas agentes sanitarias qom, Ángela Sarabia, de 48. Cada vez más la provincia forma en cursos de seis meses a estos agentes que se pueden comunicar mejor con las comunidades indígenas porque hablan su propia lengua y comprenden sus costumbres y creencias. “Les cuesta hablar”, comenta Fernández. “Además, a veces no van al hospital porque no tiene plata para el colectivo (autobús)”, añade la enfermera, que lleva ocho meses en ese puesto. “Acá hay muchos casos de gastroenteritis y tuberculosis. Al no tener una buena dieta y fumar, les bajan las defensas. Además hacen fuego para cocinar en sus casas y hay intoxicaciones con monóxido de carbono, aunque ahora están más civilizados”, no se cuida en el lenguaje la enfermera. Entonces Zacarías interrumpe: “Yo insisto a los alumnos en que cada uno use en su casa su taza, su vaso. Pero no hay agua y la higiene es poca”.

 

La sala sanitaria está decorada con imágenes de Hello Kitty y en un rincón hay una caja con preservativos. “A las mujeres se les habla mucho de que no tengan muchos hijos. El hombre es más tímido. Hay demasiado embarazo de adolescentes, que no siguen los controles y entonces las agentes sanitarias las van a buscar a sus casas”, relata la enfermera. Pero la agente Sarabia destaca que las familias del barrio tienen menos hijos que antes. Ella concibió cinco y una de sus hijas, solo dos. “Se cuidan, también con pastillas”, cuenta Sarabia.

Un poco más lejos están las viviendas sociales que está construyendo el Gobierno de Fernández. Enfrente del centro médico se erige un templo de la Iglesia Evangélica Unida. En el barrio hay diez iglesias protestantes y ninguna católica porque los qom en su mayoría se convirtieron a esas confesiones. Zacarías es de los pocos católicos: “Mi padre era católico porque era amigo de un franciscano. Cuando quiero ir a la iglesia, me tengo que ir a la catedral (de Sáenz Peña). Acá crecieron los evangélicos porque en los 40 dejaron que entrara la cultura qom a las iglesias, inclusive las danzas”. A pocos metros de allí hay una casa abandonada de la Iglesia católica en la que en 2015 abrirán talleres de capacitación laboral para jóvenes. Zacarías quiere sumarse a ese proyecto porque ve que la primaria ya está encaminada: “Quiero capacitar a jóvenes a armar cooperativas para poner un taller mecánico, una gomería (lugar de reparación de neumáticos), una carpintería. Ahora hay qom que están llegando a la universidad. Algunos son contadores (contables), hay seis que estudiaron medicina en Cuba, que les ofrece becas y un sistema de seguimiento personalizado. Uno de esos médicos es codirector del hospital de Castelli”. Se trata de una pequeña ciudad que se autodenomina portal de El Impenetrable, bosque nativo que se extiende por el oeste de Chaco.

Hay 7 Comentarios

Soy Médico, vivo en C.A.B.A. y hace unos años estuve por El Impenetrable como turista, me impacto el abandono sanitario de sus habitantes. Sí hay alguna actividad, en la cual pueda colaborar, dentro de mis posibilidades, me ofrezco

pues qué diría Monataigne de estos criollos de ahora que explotan a su gente, y es que no hay peores amos que los que han sido esclavos

Agradecemos al autor esta nota que nos muestra la actualidad de esta etnia.Lo que estos pueblos necesitan es educación, servicios sociales, medicinas que les curen de sus enfermedades y sobre todo AGUA. Les pregunto tanto a los Evangelistas como a los Católicos si ellos van a dedicar sus esfuerzos para que esta gente tenga agua y puedan vivir con DIGNIDAD.

No es verdad que antes de la llegada del hombre blanco no había nada. Montaigne cuenta que, los primeros españoles que entraron en contacto con los guaraníes,en medio de la selva, se encontraron con un CORO de 600 voces y ninguno desentonaba.Tanto fue el interés de los hispanos en esta gente, que llevaron a la corte de Francia a una decena de nativos, los cuales hicieron sus danzas ante Catalina de Médicis.Cuando les preguntaron que opinaban de los europeos,respondieron: "No podemos comprender como tan pocas personas mantengan tanto poder y tanto lujo sobre un pueblo empobrecido sin que éstos se rebelen."

Estos latinos son de traca, ahorita, después de 200 años de independencia, se acuerdan de "sus indígenas" (perdón pueblos originarios)

El Chaco olvidado por la historia. Los pueblos originarios de esta tierra, donde muchos dicen que antes de la llegada del hombre blanco no había nada, aún luchan por vivir dignamente. En el Chaco paraguayo aún existen grupos de Ayoreos que viven en aislamiento voluntario y como lo han hecho durante milenios, aunque cada vez más acosados por ganaderos y agricultores sojeros con pocos escrúpulos. Lo pude vivir de primera mano en http://tierrasbajas.wordpress.com/2012/06/25/carmelo-peralta-entre-brasil-y-los-ayoreos/

Ni DiOSES, NI AMOS, NI CANTAMAÑANAS

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Sobre el blog

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Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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