Bitácora de viaje a tierra qom (II)

Por: | 24 de mayo de 2014

El viaje por tierra qom continúa hoy en una escuela inicial de Sáenz Peña, la segunda ciudad más poblada de la provincia de Chaco, en el noreste de Argentina. Hace unas semanas esa escuela recibió un nombre, el de Gregorio Maza, uno de los fundadores del barrio Nalá, habitado mayoritariamente por los qom, que a su vez constituyen el segundo mayor colectivo indígena de este país sudamericano. Antes de comenzar el acto suena música folklórica argentina, la del blanco y el mestizo. Solo después los jóvenes del barrio bailarían danzas qom y los niños de la guardería, vestidos con sus delantales azules, cantarían en su idioma sobre la primavera o los cazadores que buscan miel, mientras sonaban las guitarras española y eléctrica y el violín. “En la educación descansa el porvenir de los pueblos”, decía un cartel en el escenario del acto montado en plena calle. Figuras de niños ataviados con plumas decoraban la leyenda. Pero ni las plumas ni la caza ya son parte de la vida cotidiana de la mayoría de los qom.  Una furgoneta y una moto del ayuntamiento de Sáenz Peña habían cortado el tránsito para que se desarrollara el acto, mientras que los perros del barrio iban y venían. Varios hermanos mayores de los alumnos esperaban con la camiseta de la selección argentina puesta, mientras que algunas madres controlaban su móvil al tiempo que amamantaban a sus niños.

 

Allí se hizo presente el director del área aborigen del municipio de Sáenz Peña, Florencio Díaz. “Hace un año se creó mi cargo. Es un cargo que se debía crear por la ley del aborigen chaqueño (1987), pero solo en Sáenz Peña se creó. Mi función es atender a la comunidad, en la parte social, institucional”, cuenta Díaz. “La primera necesidad de los indígenas es el agua potable. Después, los títulos de propiedad, porque muchos no los tienen. Los progresos que hemos logrado siempre fueron con lucha, como en la educación o la salud. Acá en el barrio tenemos una salita (sanitaria) desde 2013, pero falta que vengan más doctores todos los días, faltan medicamentos o tarda la ambulancia para trasladar pacientes al hospital”, expone Díaz, sobrino de Maza, el dirigente homenajeado en la escuela. 

Finalmente comenzó el acto. Entraron los alumnos de secundaria con las banderas de Argentina, Chaco, Sáenz Peña y la wiphala, la de los pueblos originarios. Sonó el himno argentino. Algunos lo cantaron, otros no. Había blancos: directivos, docentes y algunos dirigentes sociales. Había qom: maestros, alumnos, vecinos en zapatillas o sandalias, vaqueros o chándal. Una locutora recordó a Maza, campesino, delegado indígena ante el Gobierno provincial e integrante del Equipo Nacional de Pastoral Indígena (Endepa), defensor de valores como libertad, igualdad y justicia. Después invitó a un sacerdote católico a bendecir la escuela a la que asiste una mayoría de evangélicos. Era un cura colombiano que venía de la catedral de Sáenz Peña. Leyó una oración de un libro de bendiciones. Después subió al escenario un pastor evangélico qom, Patricio Saravia. Habló en los dos idiomas. Recordó a Maza, su lucha por la ley del aborigen chaqueño y su paso por Endepa.

Toba

Todo transcurría con normalidad, pero un conflicto subyacía. La supervisora técnica del distrito escolar, Gladys Abba, había prohibido que todo el acto fuese traducido en simultáneo al qom, que es una de las cuatro lenguas oficiales de Chaco. El director de la primaria contigua a la escuela inicial, David Zacarías, se quejó ante la superiora de Abba y finalmente se autorizó el uso del idioma nativo. Zacarías prometió denunciar a Abba ante el Instituto Nacional contra la Discriminación. Pero más allá de esa polémica que antecedió al acto, cuando Abba tomó la palabra ante el público, nadie la silbó o repudió. “Tienen que seguir luchando por sus derechos”, recomendó la supervisora en su discurso, mientras atardecía en Sáenz Peña y los mosquitos se despertaban en el otoño austral.

De aquella ciudad partimos hacia los montes de El Impenetrable por caminos de tierra que con frecuencia se tornan casi intransitables por las lluvias. Entonces solo pueden circular por allí las camionetas cuatro por cuatro, las motos o las bicicletas. En el camino se ve bosque arrasado y, en su lugar, plantaciones de trigo. De vez en cuando cerdos se atraviesan por la senda. Así llegamos al pueblo de El Espinillo, casi en el límite con la provincia de Formosa. En derredor de aquel pueblo un gobernador chaqueño, Ángel Rozas (1995-2003), de la centrista Unión Cívica Radical (UCR), entregó el título de propiedad comunitaria de 150.000 hectáreas a la comunidad qom. De ahí fuimos a Castelli, pequeña ciudad que se define como portal de El Impenetrable. Allí nos encontramos con Ismael Castro, qom que trabaja en el área sanitaria. Castro comienza el diálogo con desconfianza hacia la prensa que llega desde Buenos Aires porque considera que allí todos los periodistas se han puesto del lado del dirigente qom de Formosa Félix Díaz y en contra del gobernador de esa provincia, el peronista Gildo Insfrán, en un conflicto que mantienen por tierras. “Hay gente qom en contra de Díaz. Él es radical. Hay muchos qom que quieren a Insfrán porque que les construyó viviendas. Acá pasó los mismo con (Jorge) Capitanich”, se refiere Castro al exgobernador peronista de Chaco (2007-2013) y actual jefe de Gabinete de Ministros del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Es decir, los indígenas tratan de canalizar sus reclamaciones a través de peronistas y radicales, los dos partidos tradicionales de Argentina. “Acá en Castelli pasa lo mismo. Hay muchos referenciados en el peronismo, pero otros son piqueteros (activistas sociales que cortan las carreteras para manifestar sus reclamos). En Castelli (27.000 habitantes) hay como 30 grupos piqueteros, de 20 tipos cada uno. Cada grupo corta la ruta por su cuenta para pedir mercadería y vivienda, pero no piden mejor salud y educación. Usan el método del piquete, que es no indígena, es de blancos”, comenta Castro. Efectivamente, los primeros piqueteros eran trabajadores despedidos de YPF en el sur argentino después de la privatización de la petrolera en 1993. En la crisis argentina de 2001/2002 el fenómeno de los piquetes se extendió por las grandes ciudades.

“Si no hubiese un diputado indígena, al blanco nunca le interesarían nuestros temas”, lamenta Castro. El qom Orlando Charole es el único indígena de los 32 diputados de Chaco, donde el 3,4% de la población pertenece a los pueblos originarios. “A Capitanich le interesa, aunque sea algo, el tema indígena. Quizá no cumple con lo que promete, pero da la cara”, añade Castro. Si compara la situación actual de los qom con la de hace 30 años atrás, cuando Argentina recuperaba la democracia después de su más cruel dictadura (1976-1983), Castro concluye: “Socialmente, estamos 10% o 20% mejor. Hay más reconocimiento, gracias a las protestas. Hubo algo de avances con las viviendas. Pero veo retroceso en la educación porque hay que pelear para conseguir becas para ir a la universidad. No hay política sanitaria. Hay discriminación”

 

De Castelli partimos hacia el pueblo de Pampa del Indio, ya fuera de El Impenetrable y cerca de Formosa otra vez. El camino es de asfalto, la carretera provincial 3, la primera de Chaco en la que todos los carteles están no solo en español sino en qom. En Pampa del Indio visitamos el complejo educativo bilingüe donde funcionan dos secundarias y varias carreras terciarias. Nos recibe uno de los integrantes de la institución propietaria del centro, el Consejo Qompi, Aristóbulo Silvestre, de 44 años. Primero cuenta que allí se dictan el profesorado en ciencias jurídicas, el magisterio inicial, pedagogía, enfermería y la tecnicatura en comunicación, pero después interrumpe la lista y aclara: “Es la comunidad la que decide si se hace esta entrevista”. Entonces se reúnen los líderes y después piden detalles de para qué es el artículo. En su despacho de director del bachillerato de adultos, Silvestre guarda una cuna donde una joven dejaba a su bebé cuando venía a clases. Un cartel aclara que la institución carece de “porteros” y que, por tanto, los docentes y alumnos deben encargarse de mantener limpio el edificio. Finalmente, los qom aceptan la entrevista.

Feliciano Gutiérrez, coordinador del complejo, recuerda que algunos vecinos de Pampa del Indio pensaban que aquello no iba a durar más que un año. Pero desde 2001 viene creciendo. En la secundaria para adultos y la agrícola hay profesores qom, pero también algunos blancos, en materias en las que aún carecen de indígenas formados, como física y matemática. “La idea es cubrir a futuro todos los puestos con qom”, explica Gutiérrez. “Cada profesor da clases en su idioma. El año pasado, los profesores criollos (blancos y mestizos) recibieron clase de qom. Esperamos repetir”, añade el directivo y después cede la palabra a alumnos de la tecnicatura en comunicación. “Hay un ánimo por superarse a través de la carrera”, destaca Gutiérrez. Orlando López, de 24 años, terminará en 2014 la tecnicatura. “Pude recuperar la cosmovisión, la lengua, la historia qom. Los roqshe (blancos) nos quisieron imponer lo suyo. Te decían que lo suyo era lo único que existía”, lamenta Orlando. El secretario de la secundaria agrícola, Epifanio Lorenzo, cuenta que en su currícula hay contenidos qom: “La filosofía griega no es la única. Acá se enseña la clásica, pero también la qom. Lo mismo pasa con la educación cívica, las activistas plásticas, la historia”. En su escuela también se enseña inglés.

Wipa

Con otro de los alumnos de la tecnicatura en comunicación nos encontramos en la radio del Consejo Qompi. Es la segunda emisora indígena de Chaco y fue inaugurada en 2013. Se llama Lqataxac na Qompi (Mensaje de los Qom). El joven se llama Maximiliano Núñez, tiene 24 años, también acabará la carrera en 2014 y en la radio locuta y opera los controles. “La idea de la radio nació en 2002, pero tardamos diez años en conseguir los equipos. El INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) nos dio el transmisor y la consola. Instituciones solidarias nos dieron la plata para el edificio y la antena”, relata Maximiliano. “Somos escuchados mucho por la gente de la comunidad. Hay libertad para expresarse. Vienen los dirigentes a la radio a hablar todo lo que quieren, no los cortamos a los 15 minutos, como en las otras radios de Pampa del Indio. No dependemos de un partido político. Cuando hubo represión (del Gobierno provincial del peronista Juan Carlos Bacileff Ivanov contra los qom en marzo pasado), vinieron los representantes de las organizaciones (reprimidas). Félix Díaz (el dirigente qom formoseño) vino a visitarnos. Antes solo tenían radio los que tenían mucha plata. Nosotros hablamos en nuestro idioma de los problemas que nos suceden. Hay abuelos que no comprenden bien ciertas palabras del castellano (español). Esta radio es un beneficio para la comunidad, que es la que la mantiene”, expone el joven estudiante.

Para terminar la visita a tierra qom, el director del bachillerato de adultos y también concejal Silvestre quiere llevarnos a ver unas 10.000 hectáreas que su familia y otras 39 recibieron como propiedad comunitaria ancestral. En 1995, un año después de que la nueva Constitución de Argentina reconociera el derecho de los pueblos indígenas a sus tierras, Silvestre y su comunidad comenzaron a pedir por 20.000 hectáreas que archivos oficiales decían que pertenecían al colectivo liderado por el antiguo cacique Taigoyé. En 2007 consiguieron que el juez ordenara a la Policía que desalojara a hacendados criollos de la mitad de lo reclamado. El sitio se llama Campo Cacique. Silvestre cuenta que en 2013 Capitanich entregó otras 400 hectáreas a una comunidad qom. Vestido de camisa amarilla y zapatos náuticos, mira el marrón río Bermejo que limita entre sus tierras chaqueñas y Formosa y reconoce: “Los qom ya no sabemos pescar con lanza o ir a buscar al animal o la miel. No hay ayuda para los pequeños agricultores y entonces hay mucha migración de jóvenes a la ciudad, porque ahí te dan vivienda, bolsones (de comida). En Pampa del Indio en 2004 no había barrios qom. Ahora hay diez”.

Un viejo tractor naranja lleva a tres campesinos en las tierras comunitarias de Campo Cacique. Lo usan para trasladar postes para el alambrado, cabras o vacas. También hay caballos en el campo. Los indígenas cazaron una corzuela y han colgado su carne para hacer charqui (método quechua para deshidratarla con sal y al sol). En una tienda moderna pero pequeña duermen algunos de ellos. “Somos ocho los que trabajamos acá”, cuenta Oscar Núñez, de 42 años. “Cuidamos las vacas y cabras comunitarias, alambramos. Comemos algún pato, guazuncho (corzuela) o palomas. Nos pagan 5.000 pesos (442 euros) por kilómetro alambrado y nos los repartimos entre los ocho, es muy poco. Empezamos hace dos semanas y nos falta alambrar 3.000 kilómetros. Yo, como soy solo, no tengo subsidio por hijo, como mis compañeros. Es dura la vida acá, por los mosquitos, porque se duerme mal, sin colchón. La vida del pobre es así”, se resigna Núñez.  

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Sobre el blog

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Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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