"Hay conflictos políticos que pueden afectar las economías"

Por: | 06 de marzo de 2015

Francisco Eduardo Pires de Souza es un economista brasileño de amplia trayectoria. Profesor de las universidades federales de Río de Janeiro y Fluminense y de un programa de extensión del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), se doctoró en la Universidad de Campinas e hizo un posdoctorado en la London School of Economics. Desde Río de Janeiro, Souza analiza la complicada coyuntura económica de su país y el panorama no mucho mejor del resto de Latinoamérica.

 

Pregunta. ¿Cómo ve la región?

Respuesta. De manera general hay una gran cuestión para Latinoamérica que es cómo reinventar su modelo de crecimiento y evitar un retroceso del proceso de redistribución de la renta ahora que el contexto mundial cambió. El crecimiento chino es más modesto, ahora es la economía norteamericana la que empuja, se acabó el superciclo de las cotizaciones altas de las materias primas, se invirtieron los térmicos del intercambio (relación entre precios de exportación e importación) de la década pasada. La pasada fue una década de oro en Latinoamérica, no le fue tan bien como a Asia, pero sí fue la de mayor crecimiento para la región en años. Y una característica especial en Latinoamérica fue que el crecimiento estuvo acompañado de una mejora en la distribución de la renta. En Brasil esto fue muy marcado, pero en otros países también ocurrió. Todo esto sucedió en diferentes grados según el país y según las circunstancias de los precios de sus materias primas exportadas y de la abundancia del flujo de capitales. Todo esto tornó viable un crecimiento virtuoso, fuerte, con districuión de la renta, en la mayoria de los países de la región hasta 2011. Ahora esas condiciones externas cambiaron profunda y drásticamente y el modelo de desarrollo tiene que ser repensado.

P. ¿Y cómo ve a Brasil?

R. Particularmente en Brasil se necesita un cambio estructural porque entre 2004 y 2011 hubo un crecimiento muy fuerte, con distribución, pero diferenciado en lo sectorial, con la industria brasileña, que es grande, perdiendo dinamismo y participación en el PIB. Y eso fue no solo por la competenencia de China y otros países, sino también porque uno de los facilitadores del modelo fue la apreciación muy grande del real. Entonces los efectos inflacionarios eran mitigados por la caída de la tasa de cambio. Así se viabilizó la expansión del consumo, pero el lado negativo fue la desindustrialización y la caída de la exportación de manufacturas. Pero en aquella fase estos fenómenos eran encubiertos por la demanda externa de materias primas y el crecimiento de la construcción, la renta, los servicios y el empleo. Hoy prácticamente no hay desempleo en Brasil. De aquí para adelante el reestablecimiento de la industria es el camino. La exportación de manufacturas va a requerir una economía más competitiva. La transición a ese modelo no va a ser fácil. Probablemente 2015 será el año más difícil en la economía brasileña de los últimos 20 años porque coincide la necesidad de transición del modelo con una serie de factores domésticos, hay una tempestad perfecta por el grave problema que afecta a la mayor empresa brasileña, que es Petrobras. Todo esto asociado con un problema de productividad lleva a una caída de la inversión. Las inversiones de Petrobras daban sustento a la economía brasileña. La inversión petrolera era el 12% de la total en Brasil. Eso caerá por el caso Petrobras. Otro factor es la situación de escasez crítica de recursos hídricos que quizá derive en un racionamiento del agua y la electricidad. Esto ya afecta fuerte las expectativas y lleva a la contracción de la inversión. Por último las políticas fiscal y monetaria son contraccionistas porque, al igual que otras economías de la región, Brasil sufre inflación, aunque Argentina y Venezuela viven situación más extrema.

FEPS

El economista brasileño Francisco Eduardo Pires de Souza/F. E. P. DE SOUZA

 

P. ¿Qué opina justamente de los otros países que no son Brasil?

R. Colombia, Chile y Perú son economías que tuvieron un desempeño mejor si se piensa en crecimiento e inflación, pero los tres sufren las consecuencias de la situación internacional, aunque aún sin tanto impacto como otros paises. Crecen un poco menos, pero con una inflación bastante baja. Son dependientes de la exportación de materias primas, pero tienen ciertas condiciones para ajustarse mejor a la situación internacional. México es un caso intermedio: su economía está muy ligada a la de EE UU, que en este momento es el motor de la economía mundial, y eso la ayuda. El caso más riesgoso es Venezuela porque es extremadamente dependiente del petróleo, cuyo precio cayó a la mitad. Venezuela ya estaba en una situación difícil con inflación alta y desabastecimiento antes de esa caída. Ahora con esta bajada afronta problemas en sus balances fiscal y de pagos. En Brasil, el petróleo tiene un peso mucho menor en la balanza comercial: aún se importan crudo y derivados. En las cuentas fiscales de Brasil el aporte del petróleo es muy pequeño, aunque para algunos estados es importante. Argentina tampoco depende del petróleo. En Brasil este cambio de los mercados financieros internacionales puede traer una reversión de los flujos de capital, que ya es uno de los factores que presionan a la devaluación. En Argentina son evidente los problemas difíciles que tiene: es muy dependiente de las materias primas y carece de crédito externo. Pero su situación es distinta de la de Brasil porque antes tampoco tenía acceso al mercado financiero internacional. Es verdad que tiene más inflación y problemas más serios, pero su endeudamiento público y privado es muy bajo, y eso, una vez resueltos los problemas, le va a dar una ventaja al país. En Brasil el largo ciclo de crecimiento de 2003 a 2014 fue muy impulsado por la expansión del crédito y eso llegó a una saturación. Eso reduce ahora el consumo, mientras crece la deuda pública. Por eso es necesario un ajuste fiscal. Este problema para Argentina es menos grave.

P. Usted no mencionó nada negativo sobre México, pero afronta el problema de la violencia y la caída del precio del petróleo…

R. México tiene un problema por la importancia del petróleo en sus cuentas fiscales. La cuestión política también es crítica allí y en varios países. Argentina, Brasil, Venezuela y México hoy viven conflictos políticos que pueden afectar las condiciones de sus economías.

P. ¿O sea que usted es pesimista?

R. Creo que 2015 no va a ser un año bueno para América Latina, pero no veo el nuevo contexto internacional como algo tan malo para el conjunto de la región. Sí lo es para los países muy dependientes de las materias primas, pero para otros es una oportunidad para redefinir el modelo de crecimiento en un plazo mayor que 2015. Este es el caso de Brasil.

 

P. ¿Cómo se construye el nuevo modelo?

R. El nuevo modelo requiere una nueva inserción externa de América Latina. Ya no tenemos el mundo donde China nos compra nuestras materias primas y nos exporta sus manufacturas. Esa era una forma de crecimiento pasivo para nosotros, era un mundo más facil. Ahora la inserción es más desafiante, pero también más promisoria, va a exigir un aumento de la productividad, que en Brasil creció muy poco en los últimos diez años.

P. ¿América Latina tiene algo más que materias primas para exportar?

R. No hay una oferta industrial generalizada, pero México, Brasil y Argentina sí la tienen. Son países que tienen competencias específicas en varios sectores que no son materias primas, se pueden integrar en cadenas internacionales. En Brasil puedo citar el sector aeronáutico o el farmacéutico, en los que tiene más competitividad con una tasa de cambio más depreciada.

Hay 1 Comentarios

El título no me gusta mucho ya que todas las políticas afectan de una manera u otra, no sólo unas pocas xD

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Sobre el blog

Novedades, tendencias y debates sobre el devenir de la economía y el desarrollo de Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) y Vaca Muerta (Planeta) junto con Alejandro Bercovich.

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