Historia de una lata de atún

Por: | 05 de abril de 2010

Lata de atún fabricada en España que contiene Yellowfin. La historia de la lata de atún suele comenzar en un barco lejos de España. Pueden pasar varios meses desde que los atuneros salen hacia aguas del Atlántico, del Pacífico y del Índico hasta que el pescado llega al súper en el envase de hojalata.

Junto con Tailandia y EEUU, España cuenta con una de las mayores industrias conserveras de túnidos del mundo y en 2009 produjo 220.037 toneladas de este alimento, de las cuales 76.381 toneladas fueron exportadas a países como Italia, Francia, Portugal, Reino Unido... La lata de atún es la estrella de la potente industria conservera española de pescado y marisco, una actividad económica que representa el 2% del PIB del país y que se concentra de forma mayoritaria en Galicia. De hecho, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas de Pescados y Mariscos (Anfaco), las conservas de túnidos representan, en volumen, casi el 67% de este sector, situándose muy por delante de las de sardinas (8,3%), las de caballa (4,4%) o las de mejillones (4,1%).

En el interior de este pequeño envase de hojalata se meten principalmente túnidos tropicales: Yellowfin (Thunnus albacares), Patudo o Bigeye (Thunnus obesus) y Listado o Skipjack (Katsuwonus pelamys). Además, también se puede encontrar en mucha menor medida el denominado bonito del norte o albacore (Thunnus alalunga), especie pescada en el Cantábrico, pero también en aguas tropicales. El llamado “atún claro” se refiere al Yellowfin, aunque hoy en día se permite utilizar esta denominación para otras especies. Por otro lado, la industria conservera española no utiliza atún rojo (Thunnus thynnus), la especie de la que los grupos ecologistas, y la propia Comisión Europea, habían pedido sin éxito restringir de forma drástica su comercio internacional por considerar que se encuentra en situación crítica.

Fue un francés, Nicolas Appert, el que a finales del siglo XVIII descubrió que si se calienta un alimento en un recipiente hermético cerrado, este producto puede conservarse durante años. Según relata la Asociación Internacional Nicolas Appert, el Gobierno francés le ofreció escoger entre una patente para que sacara partido a su increíble hallazgo o ceder a todos su descubrimiento a cambio de un premio de 12.000 francos. Eligió lo segundo y, casi inmediatamente, el británico Peter Durand empezó a sacar las primeras conservas en envase de hojalata. Este material con el que se comercializa hoy la mayor parte del atún en conserva se compone de una fina lámina de acero recubierta de estaño. Cuenta el Grupo Calvo que fue en los años cuarenta del siglo XX cuando esta empresa coruñesa empezó a envasar Yellowfin (atún claro) en España en latas redondas, siendo hasta entonces el formato habitual el ovalado. Luego, en 1978, se empezó a comercializar el pack de tres latas. Y más tarde llegaría al mercado español el abre fácil.

¿Cuál es el impacto ambiental de una lata de atún? Investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela han efectuado en varias fases el análisis del ciclo de vida (ACV)  de este producto alimentario desde que se pesca el atún hasta que se tira la lata vacía. Como explica Gumersindo Feijoo, profesor de la Escuela de Ingeniería de esta universidad y presidente de la Red Española de ACV, un pack de tres latas con 179 gramos de atún supone la emisión a la atmósfera de unos 600 gramos de CO2. “Equivale a recorrer 6 kilómetros en un automóvil que emita unos 100 gramos de CO2 por kilómetro”, indica el profesor, que también recalca cómo la mayor parte de estas emisiones se producen por el uso de carburante durante la pesca (un 41%) y durante el procesado de la conserva (55%), por la fabricación y transporte de la hojalata.

Este importante volumen de emisiones supone uno de los principales impactos de este producto, motivo por el que los investigadores gallegos plantearon incluso la utilización de otro tipo de envasado diferente a la hojalata (hoy en día ya se utilizan bolsas de plástico para los canales de hostelería y restauración, además de frascos de vidrio o incluso tetra brik). Del mismo modo, también llamaron la atención sobre la ecotoxicidad de la pintura antiincrustante de los barcos pesqueros . Sin embargo, no se adentraron en el estado de las pesquerías de las distintas especies de atún, dadas las dificultades de la metodología del análisis del ciclo de vida para cuantificar este tipo de impactos.

La industria conservera de pescado (Anfaco) asegura que las especies de túnidos tropicales sacados del mar y congelados enteros a bordo de los pesqueros para después ser cocidos y enlatados en España se encuentran en buena situación y son explotadas de forma racional. Sin embargo, Paloma Colmenarejo, de Greenpeace, defiende que estas pesquerías están ya sobreexplotadas en algunas zonas y que para su extracción se utilizan a menudo métodos poco selectivos que dañan a otras especies marinas (la organización ecologista incluye por ello a varios de estos túnidos en su lista roja de especies pesqueras).

En el empaquetado de cartón de las latas, junto a la fecha de caducidad, los valores nutricionales y los ingredientes (atún, aceite y sal), algunas marcas incluyen  el sello “Dolphin Safe”, que acredita que en la pesca de ese atún no se ha dañado a delfines. “Greenpeace apoya este objetivo”, indica Colmenarejo, “pero este sello no tiene en consideración si el atún ha sido capturado de forma sostenible, ni otros impactos sobre la vida marina”.

Hay 16 Comentarios

Las consecuencias medioambientales de algo que nos cabe en una mano y nos alimentan son escalofriantes....Si ya el debate interno de cuando tengo me tengo que dsplazar: coche o transporte público me genera un pequeño gran dilema....disfrutar de una lata de atún significa, en analogía, contaminar con tu coche durante 6 kms....Vivimos en un sistema cerrado llamado Tierra, si en el solamente se saca y no se reinvierte estamos ante un balance negativo de materias. Seguiré disfrutando del atún pero ya no tan ingenuamente. Gracias.

Por favor, pueden dejar de utilizar las negritas sin ton ni son. Molestan a la lectura y no aportan absolutamente nada. Sean ustedes pioneros en desprenderse de modas de adolescentes chateros.
Un saludo.

Me ha encantado el artículo sobre la lata. Con respecto a las latas apilables,es bueno meditar en la idea de que cualquiera de nosotros podemos hacer este invento. No debemos esperar que las tecnologías lo hagan. Al fin y al cabo detrás de toda tecnología hay una mente pensante.

Me ha hecho gracia tua artículo porque se titula igual que un cuento infantil que escribi en gallego "Historia dunha lata" publicado en Planeta-Oxford, Colección Camaleón, que curiosamente trata la misma historia, la "vida" y repercusión de una lata de atún, que una vaca encuentra tirada en su prado.

atun en lata o tiburon en lata, hay dos clases de tiburon del atlantico sur que muchas conserveras de todo el mundo lo utilizan como atun, una de las clases de tiburon es el bakota, en esto de las conserveras desde que existen hay una parte que es fraude.

No me puedo resistir a hacer este comentario por si algún fabricante me lee: ¿cómo es posible que en pleno siglo XXI no se haya diseñado la lata de manera que se puedan apilar? Es increíble que no se puedan poner una encima de otra sin que se ajusten entre sí y se caigan. Tanta tecnología y no son capaces de anticipar eso. Saludos.

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Sobre el blog

Como si mirásemos por el ocular de un microscopio, Ecolaboratorio es un blog ambiental que trata de ver más de cerca todo aquello que nos rodea. En este particular laboratorio se buscan respuestas a las cuestiones más enrevesadas que nos asaltan de forma cotidiana.

Sobre el autor

Clemente Álvarez

(Madrid, 1973) es un periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Colaborador de El País desde 2004, le entusiasma mezclar elementos de la ecología con reactivos de la energía y la economía, aunque la fórmula pueda resultar inflamable.

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