¿Pueden las bombillas más eficientes aumentar el consumo?

Por: | 15 de septiembre de 2010

Bombilla LED de la marca Philips.Este 1 de septiembre se cumplía el plazo en España para la retirada del mercado de la  bombilla incandescente de 75 W. Hace justo un año le tocó el turno a la de 100 W y en 2011 será la de 60W. Es parte del plan europeo de abandono de este tipo de lámparas tradicionales para impulsar el uso de otras tecnologías con un consumo de energía mucho menor, como las halógenas, fluorescentes o LED. Se espera que la propagación de bombillas más eficientes ayude a reducir el gasto energético. Sin embargo, el resultado puede no ser el esperado.

Un estudio publicado de forma reciente en la revista científica Journal of Physics D: Applied Physics considera que el desarrollo de una tecnología mucho más eficiente, como la iluminación en estado sólido (de la que forman parte los LED), tendrá justo el efecto contrario. Su argumentación es que así ha ocurrido en el pasado: desde el siglo XVIII, la aparición de nuevos sistemas para producir luz artificial se ha traducido en un mayor consumo como consecuencia de la reducción de costes.

En realidad, la idea no es nueva. Es lo mismo que el denominado “efecto rebote”: el que una bombilla sea más eficiente implica que su uso tendrá un menor coste (en electricidad) y esto puede acabar provocando que se pongan más bombillas o que se dejen más tiempo encendidas. Se habrá utilizado una tecnología que gasta menos, pero el consumo energético global será el mismo o habrá aumentado.

Esto puede ocurrir con otros muchos productos y procesos, como cuando uno se compra un coche más eficiente y luego aprovecha que se gasta menos en gasolina para hacer muchos más kilómetros que antes. Ahora bien, los expertos tampoco tienen claro hasta qué punto interviene el efecto rebote en el caso de la iluminación. Por eso no dejan ser controvertidas las proyecciones de este trabajo de investigadores de los Laboratorios Nacionales Sandia (EEUU), que estiman que el uso generalizado de estas tecnologías más eficientes podría llegar a multiplicar por diez el consumo de luz y duplicar el gasto de energía relacionada con la iluminación en el año 2030. Esto es lo calculado para el escenario más extremo, en el que la tecnología de iluminación en estado sólido (solid-state lighting/SSL) estuviera ya totalmente extendida y el precio de la energía se mantuviese estable. La evolución del consumo de luz estimado sería distinto si se incrementase el precio de la electricidad o si las lámparas más utilizadas fuesen otras menos eficientes, como las fluorescentes.

Hay que tener en cuenta que este trabajo ha sido publicado en una revista de Física y no de Economía. Aún así, estas perspectivas económicas y energéticas resultan interesantes para plantearse algunas preguntas. Según el equipo del investigador Jeff Y. Tsao, la relación entre la reducción del coste de la luz y el aumento de su consumo quedaría probada por una tendencia histórica: A lo largo de los últimos tres siglos y, hasta ahora, el gasto en luz artificial en el mundo se ha mantenido en cerca de un 0,72% del PIB. Así ocurría en el Reino Unido del año 1.700, pero también sucede en el mundo en desarrollo de los tiempos modernos o en los países desarrollados que utilizan las tecnologías más avanzadas en iluminación. El ahorro conseguido por las nuevas formas de producir luz artificial se ha empleado para aumentar su consumo.

Claro que esta tendencia debería romperse una vez que se alcanza una saturación de la demanda. ¿En qué medida se ha llegado en el mundo a una saturación en luz artificial? La contestación a esta pregunta constituye la parte más llamativa de este estudio. Según los investigadores, está claro que en los países en desarrollo no se ha llegado a ese punto, pero incluso en los desarrollados todavía quedaría margen para seguir poniendo bombillas.

El trabajo de los Laboratorios Nacionales Sandia (EEUU) indica que los niveles actuales de iluminación en un el interior de oficinas o espacios para vivir modernos están cercanos a los 500 lúmenes (lm) por m2. Esto parece más que suficiente, no en vano, en determinados momentos resultan preferibles ambientes menos iluminados. Sin embargo, para los investigadores, sería verosímil aumentar todavía diez veces o más estos valores, pues una iluminación agradable al aire libre de un día nublado es del orden de 5.000 lm m2 y la de un día soleado de 30.000 lm m2.

Otra forma de medir los niveles de luz artificial es en base al número de horas que el espacio alrededor de una persona está iluminado. Y aquí es donde se estaría más cerca de la saturación: Alguien que pase la mayor parte del tiempo en interiores (en casa, la oficina) puede estar dos tercios del día con luz. No hay mucho margen para seguir incrementando la iluminación, pues no queda más remedio que dejar el otro tercio del día a oscuras para dormir.

Esto cambia si lo que se evalúa es el área iluminada en torno a una persona. La media para un habitante de EEUU sería de cerca de 41 m2; más que el espacio individual en una oficina, pero menos que el de una vivienda. Según los investigadores, los humanos son animales que encuentran confort en los lugares cerrados y estos 41 m2 de luz parecen más que suficientes. De hecho, en los edificios que utilizan sensores para encender o apagar las luces al paso de las personas, el espacio iluminado es similar a esta medida. Sin embargo, los científicos recuerdan que los humanos son también animales sociables y les gusta los lugares abiertos, lo que puede suponer que se siga incrementando esta superficie iluminada, para desgracia de los amantes del cielo nocturno y de las estrellas. Esto puede ocurrir, sobre todo, si se continúan expandiendo las zonas urbanizadas. Más bombillas que colocar.

Un factor también importante a tener en cuenta es el cambio en los hábitos de consumo que puede provocar la propia tecnología. Y es que la innovación puede venir acompañada de nuevas formas de consumir luz. En el caso de tecnología como el LED esto es evidente, pues la posibilidad de jugar con el color de la luz artificial abre nuevas aplicaciones en campos como la decoración o la arquitectura.

Hay 21 Comentarios

Gracias por el artículo! Me ha resultado sorprendente sin embargo que hables de saturación de las necesidades en el mundo desarrollado cuando precisamente vivimos en una sociedad experta en crear nuevas necesidades.

A Hinolina. Sobre la duración de las bombillas de bajo consumo es verdad lo que dices, que hay marcas que duran mucho menos que otras (hablando de lámparas de influorescencia). No te puedo dar una regla general (no creo que esté bien poner marcas), pero dados los precios a los que se pueden encontrar hoy en día es algo completamente secundario. El tema de las luces LED aún está verde en los temas de iluminación general, pero se producirá una bajada de precios muy rápida.

Evidentemente al pasar de las velas a las bombillas el consumo energético se dispararía, pero me parece absurdo comparar "la aparición de nuevos sistemas para producir luz artificial desde el siglo XVII" con el desarrollo de bombillas de bajo consumo, no creo que nadie quiera que la iluminación del salón de su casa parezca una tarde soleada por muy baratas que sean las bombillas

Lo de "campo energético nocivo para la salud" me ha encantado. Me sorprende un poco que algo tan letal se use para iluminar y no para el combate intergaláctico, pero debe de ser porque aún está en fase de desarrollo.

PS: No estaría mal imponer límites a la iluminación nocturna de exteriores y, en general, sobrecargar de impuestos los consumos excesivos.

Hinolita, tienes una paja mental impresionante. Enterate que son las lamparas LED y veras como se acaban todos tus problemas. No contaminan, duran mas de 100.000 horas (si, cien mil), las puedes encender las veces que te de la gana, dan la misma luz siempre y consumen 3 veces menos que las bombillas de bajo consumo. Valen caras, de momento, pero es una inversion que se recupera en muy poco tiempo.

Hace tiempo que tengo las bombillas de bajo consumo dando vueltas en la cabeza. La primera vuelta es el material con que están hechas, altamente tóxico y su recuperación al final de su utilidad. La segunda vuelta es que a su alrededor se crea un campo energético nocivo para la salud, especialmente cuando están colocadas, por ejemplo, en la mesilla de noche y la tercera es su duración, Desde que empezamos a usarlas sustituyendo las incandescentes por las de bajo consumo se nos han quemado bastantes más bombillas que las tradiconales ¿? Me gustaría que alguien me lo explicara de forma que lo entienda. Dicen que no hay que encender y apagar con frecuencia. En mi casa se encieden, se tienen encendidas el tiempo que es necesario y punto y no las estamos apagando cada vez que se sale de un cuarto, pero se apagan cuando nos retiramos a dormir; según otra teoría, me lo dijo el vendedor, es que si sólo se tienen encendidas un poco tiempo es cuando se queman, que para que duren hay que tenerlas encendidas muchas horas ¡Vaya! Así que hay que gastar luz todo el día para que duren las bombillas. Yo creía que encendiendo una vez al día y apagando cuando ya no se necesita bastaba. Casi me paso a las velas, así además me ahorro la contaminación lumínica y el deterioro de la hipófisis pues no soy gallina que tenga que poner muchos huevos.

La paradoja de Jevons, denominada así por su descubridor, William Stanley Jevons, afirma que a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, lo más probable es que aumente el consumo de dicho recurso, antes que disminuya. Concretamente, la paradoja de Jevons implica que la introducción de tecnologías con mayor eficiencia energética pueden, a la postre, aumentar el consumo total de energía.

En su obra de 1865 titulada "The Coal Question" (la cuestión del carbón) Jevons observó que el consumo del carbón se elevó en Inglaterra después de que James Watt introdujera su máquina de vapor alimentada con carbón, que mejoraba en gran manera la eficiencia del primer diseño de Thomas Newcomen. Las innovaciones de Watt convirtieron el carbón en un recurso con mayor eficiencia en relación con el coste, haciendo que se incrementara el uso de su máquina de vapor en una amplia gama de industrias. Ello, a su vez, hizo que aumentara el consumo total de carbón, aunque la cantidad de carbón necesaria para cada aplicación concreta cayera.

La observación de Jevons no es una paradoja lógica, pero sigue siendo considerada como una paradoja por los economistas pues se opone a la intuición económica de que la mejora de la eficiencia permite a la gente usar menos cantidad de un recurso.

La paradoja de Jevons formalmente dice: aumentar la eficiencia disminuye el consumo instantáneo pero incrementa el uso del modelo lo que provoca un incremento del consumo global.

Por cierto, en cualquier caso el estudio que hay que hacer, que es muy sencillo, es de cuanto gastamos en electricidad para iluminación y cuanto para otras cosas como la calefacción, el ordenador, la tele...

Para todos aquellos que conviven con la psoriasis, tienen familiares o amigos o simplemente se quieren informar un poquito sobre el asunto las invito a conocer y comentar en mi nuevo blog http://psoriasisweb.blogspot.com/ la idea es que sea un espacio para darle voz a los miles de personas que tenemos esta enfermedad pero con un toque moderno y despreocupado. Gracias y saludos!!!Espero sus comentarios.

O sea, que cuando la ciencia pone a disposición dispositivos más económicos y eficientes hay mayor número de personas que los usan y LOS DISFRUTAN y esto al parecer es muy malo para algunos. El razonamiento no puede ser más tonto. Es....cuando el monte se quema, algo suyo se quema Sr Conde !!!!! Los avances tecnologicos solo lo deben utilizar las élites del mundo según esa teoría. Puaffff

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Ecolaboratorio

Sobre el blog

Como si mirásemos por el ocular de un microscopio, Ecolaboratorio es un blog ambiental que trata de ver más de cerca todo aquello que nos rodea. En este particular laboratorio se buscan respuestas a las cuestiones más enrevesadas que nos asaltan de forma cotidiana.

Sobre el autor

Clemente Álvarez

(Madrid, 1973) es un periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Colaborador de El País desde 2004, le entusiasma mezclar elementos de la ecología con reactivos de la energía y la economía, aunque la fórmula pueda resultar inflamable.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal