La economía del sistema de préstamo de bicicletas

Por: | 04 de febrero de 2011

Bici del servicio de préstamo de Barcelona_Wikimedia ¿Cómo reducir el impacto ambiental en un mundo de recursos limitados cuando la buena marcha de nuestra economía depende en realidad de que no se pare nunca de fabricar y consumir productos? Una de las ideas propuestas desde hace unos años es concentrarse más en vender servicios en lugar de productos, de forma similar a un sistema de préstamo de bicicletas, como el Bicing de Barcelona. En este caso, los beneficios económicos de la empresa no van a depender ya de no dejar de vender bicicletas, sino de sacar el máximo rendimiento posible de las que se tenga en alquiler, lo que se supone que promueve un uso más eficiente de los recursos disponibles y reduciría el impacto ambiental. O eso dice al menos la teoría.

Frente a la economía tradicional de los productos, este modelo de economía orientada a los servicios o de ‘producto de servicio’ (product-service system (PSS)) ha sido planteado por diversos autores en la última década. En realidad el concepto es bastante amplio. Existen negocios de este tipo que funcionan ya desde hace mucho tiempo, como una lavandería. Pero también se han propuesto muchas otras fórmulas y muy novedosas. En París, donde se implantó con gran éxito su sistema de préstamo de bicicletas, Vélib, existe un proyecto para probar ahora con coches eléctricos: Autolib. En ‘Cradle to cradle’ (De la cuna a la cuna), Michael Braungart y William McDonough defienden que aquellos productos con valiosos “nutrientes técnicos” (como coches, televisores, frigoríficos, una moqueta…) sean concebidos de nuevo para no vender el producto, sino el servicio que pueden prestar a un cliente. Y también se plantea que este tipo de sistemas se utilicen para algunos metales raros o escasos: de forma que el uso de materiales como el litio de una batería no implique tener su propiedad.

En teoría, esto evitaría que, como ocurre ahora, las empresas limiten la vida de sus productos para asegurarse que los clientes vuelven a las tiendas a comprar más (la llamada obsolescencia programada). Al contrario, al vendedor debería interesarle que dure lo máximo posible para poder seguir ganando dinero con la venta de sus servicios. Además, este modelo podría mejorar también la gestión de los residuos, pues los productos volverían siempre al vendedor que podría repararlos, reutilizarlos o reciclarlos de la forma más eficiente posible, lo que ahora no interesa tanto.

“Se ha trabajado poco con este concepto en España, pero como consecuencia de la crisis se está empezando a revitalizar todo esto dentro de la llamada economía verde”, asegura Luis Jiménez Herrero, director del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) y profesor de Economía del Medio Ambiente de la Universidad Complutense. “Se trata de ser más ecoeficientes y de desmaterializar el consumo, con el planteamiento tradicional hay que producir más para vender más, pero lo que debemos conseguir es producir menos para ganar más, o para seguir ganando”.

¿Es realmente esta economía orientada a los servicios tan positiva para el medio ambiente? Oksana Mont investigó esto mismo para su tesis doctoral en el International Institute of Industrial Environmental Economics de la Universidad de Lund (Suecia). "¿Mito o panacea?" Se preguntó directamente esta especialista sueca. Y su respuesta final fue: “Ninguno de los dos”.

El trabajo incidía en que, si bien existen experiencias de sistemas orientados en servicios en los que se sí se produce una reducción significativa de los impactos, esto no significa que este tipo de negocios sean de por sí mejores para el medio ambiente. Mont analizó lo que ocurre con taladradoras y máquinas cortacésped en distintos escenarios de uso: desde un único propietario hasta múltiples usuarios. Los resultados del análisis de ciclo de vida de estos productos muestran que sí se produce un impacto menor cuando se comparten estas máquinas entre vecinos de una zona residencial. Sin embargo, en algunos escenarios de alquiler en puntos más alejados las emisiones de CO2 eran mucho mayores por los desplazamientos para recoger y devolver el cortacésped cada vez que se necesita.

Para esta especialista sueca, el impacto real de estos sistemas va a depender sobre todo del diseño y de la eficiencia de la red. Lo mismo ocurre con la logística de un servicio de préstamo que tiene que tener bicicletas siempre listas por toda la ciudad: resultará muy importante reducir todo lo que se pueda los desplazamientos de camiones o vehículos contaminantes utilizados para redistribuir las bicicletas.

Una de las mayores limitaciones del sistema es que el impacto ambiental va a depender tambien en gran medida del uso que haga al final el consumidor, al que puede importarle poco su incidencia ambiental (o la conservación de una bicicleta que no le pertenece). Además, Mont incide en como estos sistemas resultan mucho más eficaces entre distintas empresas que entre empresas y el consumidor, por el gran número de intermediarios existentes. Con todo, este planteamiento si puede resultar muy útil, si va acompañado de un enfoque ambiental.

De hecho, existen casos de negocios que han conseguido poner en práctica este concepto en complicadas redes con resultados positivos. Un caso ya contado en Eco Lab es el de la empresa CHEP, que gestiona el uso compartido de cerca de 300 millones de palés empleados para transportar mercancías por todo el mundo. Los palés son reutilizables y están pintados de azul para distinguirlos de los desechables. No se compran, sino que se alquilan. Una empresa que comercialice un producto puede utilizarlos para transportar mercancía hasta otro país y allí serán recogidos por una filial de CHEP para revisarlos, repararlos si es necesario, y volver a utilizarlos.

Otro ejemplo interesante, aunque algo distinto al resto, es el del servicio de neumáticos para flotas de camiones de la multinacional Michelin. Aquí sí se vende el neumático, pero junto a un servicio de mantenimiento que se ocupa de alargar la vida de la rueda. Michelin envía técnicos a las flotas para controlar el estado de los neumáticos y se ocupa de que las ruedas gastadas sean recauchutadas para volver a utilizarse. El resultado es que los neumáticos duran 2,5 veces más que los que no utilizan este servicio, produciéndose además un significativo ahorro de carburante en los camiones.

Hay 25 Comentarios

Yo no creo que haya recursos limitados. Que tal la energia solar o la eolica. Habeis oido sobre el proyecto Venus? Suena a ciencia ficcion pero es posible a dia de hoy. Una sociedad sostenible en la que el dinero no existiria. Abrid vuestras mentes: proyecto venus!

Creo que puede ser un aporte interesante, pero no es la panacea. Las empresas de alquiler de coches venden los coches usados sacando una doble rentabilidad: la de los coches nuevos que compran tienen fuertes descuentos de los fabricantes, y una vez casi acabada su vida útil los vuelven a vender (no se repara, no se regenera, no se mantiene). Hay que seguir pensando para sacar una economía sostenible y realmente innovadora

Por favor, ¿así que el único inconveniente de la economía basada en servicios que ha encontrado toda una tesis doctoral es que puede incrementar el número de viajes para compartirlos? ¿Y qué es eso comparado con las fabricaciones de nuevos productos con fecha de caducidad (obsolescencia) programada? Además no es imprescindible (aunque muy deseable) compartir servicios. Por ejemplo yo necesito que me vendan el servicio de lavar la ropa, no una máquina lavadora en concreto (y puedo o no compartir lo que sea, no me afecta).

Ojalá la idea se popularice mucho más, necesitamos servicios, actos, trato humano, no más COSAS.

La verdad que muschas empresas se basan en teorias que no son ciertas para sacar provecho y hacer mas popular los servicios que ofrecen. La diferencia esta cuando realmente la empresa coopera activamente en el cuidado del medio ambiente.

Artículo no sólo muy interesante, sino además muy necesario. Dejando al margen la anécdota del Bicing de Barcelona (el cual, efectivamente, contamina demasiado, pero que quizá con otra gestión sería más eficiente) lo revolucionario de lo que aquí se propone es cambiar el modelo de propiedad. La gente ya no poseería multitud de objetos, sino que compartiría los que necesita de una manera esporádica. Es un concepto no sólo útil sino necesario, teniendo en cuenta que hemos pasado ya el Peak Oil (http://crashoil.blogspot.com/2010/11/la-agencia-internacional-de-la-energia.html) y con él hay muchas materias que comienzan a escasear (incluyendo los alimentos,http://crashoil.blogspot.com/2011/01/revueltas-del-hambre-antesala-del-caos.html). El verdadero problema está en adaptar un sistema económico basado en el crecimiento continuo y exponencial, y si encima pensamos que ese tipo de crecimiento es un requerimiento del sistema financiero... me parece que tenemos muy difícil lo de adaptarnos.

Gracias una vez más, Clemente, por tu labor de divulgación.

Salu2,
Antonio

Buen tema, mal ejemplo.

Me parece muy interesante el tema de la economía de servicios frente a la economía basada en el consumo de productos. Ahora bien, poner el Bicing como ejemplo de economía respecto a la utilización de bicicletas particulares creo que es un despropósito. Y no sólo porque el sistema cueste mucho más, sino porque conlleva algunos oscuros vicios que consumen mucho más de lo que pretenden ahorrar.

Lo he tratado de explicar en varios artículos:

http://bicicletasciudadesviajes.blogspot.com/2010/12/las-bicicletas-publicas-maduran.html

http://bicicletasciudadesviajes.blogspot.com/2010/07/la-bicicleta-publica-explota.html

Como también el asunto de los bienes compartidos:

http://bicicletasciudadesviajes.blogspot.com/2010/12/compartir-es-ganar.html

Creo que, pese a la terrible publicidad que los soporta y la ingente multitud que los justifica, los sistemas de bicicletas públicas son más contaminantes, más derrochadores y más caros de lo que nos cuentan... o queremos oir. Y lo peor, sustituyen menos viajes de coches de los que pensamos.

Ya era hora de que se empezara a hablar de un sistema verdaderamente sostenible, que no hunda la economía pero que no se base en el binomio producción-consumo, que sólo nos lleva a producir, producir y producir y que además sólo permite que lo disfrutemos unos pocos a costa de los países más desfavorecidos. El sistema basado en la venta de servicios parece desde luego bastante más sostenible que el actual. Un artículo muy interesante y que merece una amplia divulgación.

David dice que Bicing no podría sobrevivir sin subvenciones. No lo se, no soy especialista ni tengo números. Pero si tengo un concepto que difiere mucho de la "economía de mercado". Las subvenciones nos ni malas ni buenas en si mismas. Si el Estado, o el municipio debe subvencionar parte de ese servicio, la subvención no es tal, sino una inversión en calidad de vida. Lo mismo pasa con el dinero que se usa para educación, no se lo pierde, sino que se invierte en futuro. Hay municipios que, directamente, presan en forma gratuita las bicicletas. ¿Pierden o ganan? A mi entender ganan mucho más de lo que invierten.

Fermi, a pesar de tu alias debes ser economista, yo te muestro una gráfica que tiene muy mala pinta y tú en su lugar me enseñas la derivada, pero el problema que es el valor de la función ya lo tenemos aquí, ahora.

Fermi, te tenía por un tipo más inteligente. Lee bien de que va el tema biblico por favor, no mires solamente los dibujitos.

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Como si mirásemos por el ocular de un microscopio, Ecolaboratorio es un blog ambiental que trata de ver más de cerca todo aquello que nos rodea. En este particular laboratorio se buscan respuestas a las cuestiones más enrevesadas que nos asaltan de forma cotidiana.

Sobre el autor

Clemente Álvarez

(Madrid, 1973) es un periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Colaborador de El País desde 2004, le entusiasma mezclar elementos de la ecología con reactivos de la energía y la economía, aunque la fórmula pueda resultar inflamable.

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