Falsos impuestos ambientales

Por: | 31 de marzo de 2011

Torre de alta tensión La crisis económica ha despertado un enorme interés en las Comunidades Autónomas por los “impuestos ambientales”. Esto debería ser una buena noticia para el medio ambiente. Sin embargo, lo cierto es que estos nuevos tributos tienen poco de impuesto ambiental.

Tras la fallida ‘ecotasa’ de hace unos años que gravaba la estancia en hoteles en las Islas Baleares, esta nueva ola de mal llamados impuestos ambientales va dirigida a instalaciones como embalses, parques eólicos o líneas eléctricas.

Galicia tiene un gravamen sobre el agua embalsada, Asturias acaba de aprobar en sus Presupuestos de 2011 uno sobre el transporte de la electricidad, Extremadura ha aumentado también en sus Presupuestos otro que ya tenía por el transporte de la electricidad, Castilla-La Mancha ha sacado adelante un canon para la energía eólica, y Castilla y León estudia en estos momentos implantar varios de estos tributos.

La filosofía es hacer pagar a aquellas instalaciones que tienen un impacto sobre el territorio o el paisaje. En apariencia, esto suena muy ambiental. ¿Por qué no deben de ser incluidos entonces estos tributos dentro de la tan reclamada fiscalidad verde? La respuesta está en el propio concepto de impuesto ambiental: si algo distingue este tipo de tributos de cualquier otro es que su objetivo fundamental consiste en desincentivar la actividad que causa un impacto. Es decir, el propósito es aumentar el coste para que deje de compensar económicamente (en parte o totalmente) el realizar esta acción negativa para el medio ambiente.

¿Es esto lo que se persigue en todos estos nuevos gravámenes autonómicos? Si esto fuera así, entonces se debería cumplir uno de los primeros requisitos para desincentivar una actividad: que realmente se pueda dejar de realizar esa actividad. Cuando se pone una tasa ambiental para circular en coche por el centro de una ciudad es porque se entiende que existen otras alternativas para desplazarse por esa área, como el transporte público, una bicicleta, a pie… Ahora bien, parece realmente complicado dejar de utilizar hoy en día las torres de alta tensión para transportar la electricidad. O al menos sin afectar hoy en día al suministro que debe llegar a los usuarios (pues sí que existen opciones tecnológicas para ir reduciendo su uso).

¿Por qué torres eléctricas? Pues porque esta es una de las instalaciones, junto a antenas de comunicación y otros elementos fijos para el transporte de electricidad, que grava el “Impuesto sobre el desarrollo de determinadas actividades que inciden en el medio ambiente”, aprobado en el Principado de Asturias, dentro de la Ley de acompañamiento de los Presupuestos de 2011 (en su Capítulo III). En concreto, este impuesto obliga a pagar al año 700 euros por kilómetro, torre, poste, antena o instalación y elemento patrimonial afecto. No es previsible que estos 700 euros sirvan para reducir el impacto ambiental de estas instalaciones, que van a seguir siendo igual de dañinas y necesarias, pero desde luego se trata de una buena cantidad de dinero.

¿Y qué pasa en el caso de embalses o de parques eólicos? Desde luego, parece difícil reducir el impacto ambiental de lo que ya está construido por medio de un impuesto. El impacto visual de un aerogenerador o de un embalse va a seguir siendo el mismo. Así pues, aquí tampoco se busca evitar que se produzca un daño al medio ambiente.

Es cierto que el “canon eólico” aprobada en Castilla-La Mancha o el impuesto “sobre el daño medioambiental causado por determinados usos y aprovechamientos del agua embalsada” de Galicia sí puede desincentivar la construcción de nuevas instalaciones. En el caso concreto del canon, el tributo obliga a pagar trimestralmente por cada aerogenerador 489 euros en parques eólicos de 3 a 7 turbinas, 871 euros en parques de entre 8 y 15 turbinas, y entre 1.233 y 1.275 euros en parques de más de 15 turbinas. Mientras que el impuesto gallego grava las presas con una cuota trimestral de 800 euros por hm3 multiplicada por un coeficiente en función del salto o la potencia instalada.

Sin embargo, de nuevo, resulta poco probable que esto ayude a reducir el impacto ambiental de estas actividades. En el caso de los embalses, porque hoy ya no hay grandes proyectos de nuevas presas como antaño (no tiene sentido desincentivarlas de este modo). Y en el de los parques eólicos, porque si realmente el propósito fuera disminuir las posibles afecciones se tendría en cuenta el factor más determinante en el impacto ambiental de un aerogenerador: el emplazamiento. ¿Tiene sentido gravar por igual a aerogeneradores en ubicaciones que sean muy diferentes? Conclusión: estos nuevos impuestos no han sido diseñados para desincentivar un impacto ambiental, sino para recaudar dinero en tiempos de crisis. No se trata de impuestos ambientales.

¿Y qué ocurre si en lugar de reducir su impacto se intenta compensar? Estos nuevos tributos se comprometen a utilizar el dinero recaudado en acciones beneficiosas para el medio ambiente. ¿No es esto suficiente para considerarlos impuestos ambientales? La respuesta es no. Y es que para reducir el impacto negativo de una actividad se necesita un impuesto ambiental que desincentive realmente que se lleve a cabo, no vale cualquier tributo, pero el dinero para medidas correctoras si puede venir de cualquier otro sitio con el mismo resultado. De hecho, sería mucho mejor conseguir esos fondos de aquellas actividades que son más nocivas para el medio ambiente: el consumo de combustibles fósiles, las emisiones nocivas, la contaminación de los suelos o el agua…

Aunque a nadie le gusta pagar, una buena fiscalidad ‘verde’ puede ser un instrumento muy interesante para conseguir unos determinados objetivos ambientales. Sin embargo, eso no quiere decir que pagar más impuestos sea más ambiental. En realidad, se  trata de desincentivar las prácticas realmente más dañinas para el entorno (aumentando sus costes) e incentivar aquellas más sostenibles (reduciendo sus costes). Se entiende que las comunidades autónomas quieran tener una compensación por aquellas instalaciones construidas en su territorio, sobre todo, si los beneficios van a ir a parar a otras regiones. Ahora bien, también se espera que estos impuestos estén en consonancia con una estrategia ambiental más global, de otra forma, se puede estar penalizando en algunos sitios actividades que por otro lado están siendo fomentadas (o incluso primadas).


* Pedro Linares es profesor de la Universidad Pontificia Comillas.

Hay 12 Comentarios

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Soy Inspector de Finanzas, y no podría estar más de acuerdo con esta entrada. Lo importante para que un tributo sea medioambiental no es lo que diga la exposición de motivos de la ley que lo establece. Lo importante es que la estructura del impuesto incida en las conductas medioambientalmente nocivas, de forma que un comportamiento responsable suponga menor imposición. Si no, se está gravando otra cosa, y entramos en doble imposición, por más que se haya alterado la LOFCA para permitir la doble imposición evitando la colisión con el IBI y el IAE. Nuestros legisladores son una panda de tahúres.

Mientras no usemos la tecnologia de Tesla, seguiremos igual.
Andamos en el siglo 19 en lo que se refiere a tranporte de energía y a su extracción, cuando tenemos los avances que hizo Tesla, que haría que no necesitaramos cables. La energía se podría transmitir sin necesidad de cables.

Quiero llamar la atención sobre un tema muy importante que pasa desapercibido para mucha gente. En mi ciudad (Bucaramanga, Colombia) la oposición ciudadana ha logrado detener un proyecto aurífero a cielo abierto en alta montaña. Me explico: una multinacional canadiense quería dinamitar la montaña donde nacen los ríos que abastecen a la región, para hacerse con el oro tras un proceso en el cual emplean cianuro. Los habitantes nos hemos movilizado, hemos frustrado los planes de la compañía y ahora vamos a declarar la montaña reserva forestal, es decir: intocable. En este proceso que ha durado meses, hemos investigado largamente y hemos encontrado que esta situación se repite a todo lo largo de latinoamérica. Dos son las razones: los planes de desarrollo del banco mundial contemplan que el subcontinente otorgue en conceción sus yacimientos de oro y otros minerales a compañías extranjeras, y en este momento los precios del oro están por las nubes, lo cual ha desatado una fiebre del oro que no respeta pueblos ni ecosistemas. Dicha fiebre del oro esta destruyendo y contaminando el amazonas, los glaciares del cono sur, los ecosistemas de centroamérica. Mientras leéis esto la destrucción avanza. Es urgente. Por eso hago un llamado para os informéis sobre este problema y para que no compréis oro, ni joyas. Ver: http://4jinetes.blogspot.com

Siempre he creído en un buen sistema impositivo ambiental como único incentivo a la contención de emisiones de CO2. No pagar impuestos hoy, y por tanto, no forzar la reducción de emisiones (transmitiendo la responsabilidad al consumidor final, no como hasta ahora) me parece pan para hoy y hambre para mañana. Puesal final acabaremos pagando, y sin contraprestación, los excesos de emisiones en forma de derechos, excesos, o lo cual sea la forma elegida (ya lo estamos pagando, de hecho).
Si se plantearan adecuadamente serían aceptados, pero estas triquiñuelas regionales tiran por tierra todos los esfuerzos en materia medioambiental (hay que cuidar la opinión pública).
Hoy salen publicados rumores de impuestos, más coherentes, enfoacdos y adecuados, sobre el CO2 en el borrador de la Ley de Eficiencia Energética.... el gobierno se ha apresurado a desmentir su implantación... aún siendo, creo, la única solución. Pero claro: "no está el horno para bollos", como dicen por mi tierra...

Un saludo!

Que lo digan claramente: SOMOS POLÍTICOS Y HEMOS VENIDO A ROBAR, porque ya me dirán quienes acabaremos pagando todo este entuerto. Es una forma de camuflar IMPUESTOS INDIRECTOS. Dentro de 4 días subirán la luz un 15% y todos tan contentos. Bonita forma de incentivar el uso de renovables.

A ver. Lo de las torres de alta tensión sí es mejorable...enterrando los tendidos, como ya se hace en las alemanias esas que son capaces de tumbar a un gobierno por las nucleares. Justo igual que aquí, en donde las empresas eléctricas tienen la prerrogativa de nombrar un ministro para ellas solitas. Nos queda mucho por converger. Sobre todo de la cabeza.

Hay un aspecto de este tipo de tributos que se te escapa, Pedro, y es el hecho de que sirven (también) para que las comunidades productoras netas de energía puedan recuperar parte del beneficio que genera esta energía en las zonas que son consumidoras netas.

No es cierto que la norma asturiana sea inútil por la imposibilidad de sustituir las conducciones eléctricas. Es cierto que hay que poner torres, pero por desgracia en España hoy por hoy sale más barato abrir un nuevo tendido eléctrico a pocos metros de otro existente que reforzar el actual para que pueda llevar más carga. En la carretera de Villablino a Toreno (León) hay un tramo con 4 tendidos eléctricos paralelos, separados por la mínima distancia de seguridad entre ellos.

Además, si el transporte eléctrico por torres se encarece lo suficiente, quizá comiencen a pensar en soterrarlo cada vez que se construye o remoza una carretera que realiza el mismo recorrido.

A ver Srs Linares y Álvarez, parecen ustedes nuevos. Están ustedes hablando de E-s-p-a-ñ-a ¿no lo sabían?. Paraiso de politicos incompetentes, poco preparados y pseudo ecologistas analfabetos. Reserva occidental de inútiles, en definitiva, colocados por amistad o por afiliación juvenil, en altos cargos municipales, autonómicos y estatales,con potestad para proponer, aprobar y aplicar cualquier tipo de tasa que les permita camuflar el desaguisado administrativo cometido en las últimas dos décadas. Obviamente sin posibilidad de ejerecer control alguno por parte del ciudadano sobre el uso de este dinero, su dinero.
Ya está bien con este timo de querer vendernos como si fueramos Alemania. Más bien Senegal, diría yo.

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Ecolaboratorio

Sobre el blog

Como si mirásemos por el ocular de un microscopio, Ecolaboratorio es un blog ambiental que trata de ver más de cerca todo aquello que nos rodea. En este particular laboratorio se buscan respuestas a las cuestiones más enrevesadas que nos asaltan de forma cotidiana.

Sobre el autor

Clemente Álvarez

(Madrid, 1973) es un periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Colaborador de El País desde 2004, le entusiasma mezclar elementos de la ecología con reactivos de la energía y la economía, aunque la fórmula pueda resultar inflamable.

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