¿Son necesarios tantos semáforos?

Por: | 29 de diciembre de 2011

Semáforo de TACSE fabricado en policarbonatoResulta difícil imaginar un paisaje urbano sin las luces roja, ámbar y verde.Nos hemos acostumbrado a movernos al son de los semáforos, hasta el punto de no poder concebir una ciudad sin ellos. El último ejemplo ha sido Olot (33.500 habitantes): Esta urbe catalana anunció hace poco que apagaría los semáforos por la noche para ahorrar, pero tuvo que dar marcha después de que aumentaran las voces en contra al producirse un atropello antes de aplicarse la medida. ¿Es imposible vivir sin estas señales de colores? Hace unos meses, en la isla de Menorca, la ciudad de Mahón (29.000 habitantes) retiraba su último semáforo utilizado para gestionar tráfico. Según José María Franc, inspector jefe de la Policía Local de la ciudad balear, “los accidentes han disminuido de golpe”.

Con la irrupción de los coches de motor en las ciudades, los primeros semáforos de la historia empezaron a colocarse poco antes del comienzo del siglo XX. Como explica Sebastián de la Rica, presidente de la Asociación de Ingenieros de Tráfico, la primera “farola de señales luminosas” de Madrid se puso el 19 de enero de 1926. En concreto, en el cruce de la calle de Alcalá y la actual Gran Vía. Desde entonces, los semáforos no pararon de multiplicarse, alumbrando un nuevo tipo de negocio del que han salido destacadas empresas españolas. Así hasta hoy, momento en el que, según De la Rica, solo en el núcleo urbano de Madrid se contabilizan 21.000 soportes que sujetan uno o varios semáforos.

“Los semáforos con el muñequito para los peatones los puse yo a finales de los años sesenta”, asegura el presidente de los ingenieros de Tráfico, que durante muchos años fue director de Servicios de Circulación en Madrid. Como cuenta, estas señales pasaron de ser rudimentarios aparatos con una especie de reloj con unas levas a sistemas electrónicos mucho más sofisticados que pueden cambiar de color en función de la situación real del tráfico (utilizando sensores en las calles que controlan el número de automóviles y su velocidad). “Hay mucha más tecnología de la que perciben los ciudadanos”, comenta este ingeniero, que explica que la regulación del rojo, el ámbar y el verde(1) depende de tres elementos: el tiempo que tarda en realizar un ciclo completo pasando por los tres colores (que puede variar entre 50 y 180 segundos), el reparto de ese tiempo entre coches y peatones, y la coordinación con otros semáforos cercanos. 

Hoy en día, se están sustituyendo las lámparas tradicionales de los discos por LED de colores (según la empresa Tacse, estos nuevos semáforos consumen un 80% menos de electricidad). Además, en algunas ciudades se utilizan ya las tres luces para dar prioridad de paso al transporte público (poniéndose en verde cuando se detecta que llega un autobús).

Para De la Rica, los semáforos resultan fundamentales para reducir la congestión de coches. Y, por lo general, los propios peatones piden más de estas señales, pues consideran que son el sistema que permite cruzar una vía ancha con mayor seguridad. Sin embargo, hay otros que piensan de forma diferente.

“En general, cuanto menos semáforos mejor”, asegura Pilar Vega, experta en transporte del grupo de estudios GEA21. Esta geógrafa considera que los semáforos se necesitan solo en entornos urbanos en los que sigue dominando el coche. Resulta evidente que la única forma de poder cruzar una calle ancha de varios carriles sin riesgo de ser atropellado es que se encienda antes la luz roja para los automóviles. Ahora bien, según Vega, el semáforo sobra cuando se diseña el espacio para que tengan prioridad los peatones y los automóviles deban reducir su velocidad. Como explica, esto se consigue estrechando las vías para los coches, elevando la calzada en los pasos de cebra, poniendo pequeñas rotondas... “Hay muchos sitios en los que se pueden quitar los semáforos”, asegura.

El caso más extremo es el de “espacio compartido” (shared space), un concepto urbano consistente en retirar todos los semáforos y señales de tráfico, lo que hace que los vehículos vayan mucho más despacio y que los ciudadanos presten más atención a los demás. “Aquí esto no se puede hacer, todavía no estamos preparados, no estamos educados”, asegura la geógrafa, que destaca el peligro que corren los peatones cuando en un cruce se pone uno de los colores del semáforo: el ámbar.

En Mahón optaron por sustituir los semáforos por pequeñas rotondas (que nada tienen que ver con las rotondas grandes que se están poniendo en muchos espacios urbanos). Como explica el inspector jefe de la Policía Local, solo queda algún disco intermitente en zona escolar y uno que regula la salida de autobuses en la estación de la ciudad, pero ninguno que gestione el tráfico dentro de la ciudad. “La seguridad es lo primero y esto está funcionando”, afirma.


(1) Las luces tienen que estar colocadas siempre en el mismo orden: rojo, ámbar y verde, de arriba abajo, si el semáforo es vertical, y de izquierda a derecha, si es horizontal. Según Sebastián de la Rica, “esto se hace así porque un 4% de los conductores hombres son daltónicos, no se guían por los colores sino por la posición de las luces”.

Hay 42 Comentarios

Hola Clemente, en absoluto son necesarios tantos semáforos. Suiza es un claro ejemplo de ello, donde unicamente en punto de flujo de trafico muy, muy denso se regula transito con semáforos.

Aqui en Xirivella no hay semaforos desde hace muchos años, y la verdad que fue un acierto

el caso de Olot demuestra la ineptitud de los políticos: el fatal accidente se produjo en un paso de cebra SIN semáforo. por lo tanto dieron marcha atrás sin ningún motivo. es decir, no tenían ni clara la medida y la deshicieron por miedo a las represalias infundadas de la ciudadanía, y sobretodo de la prensa.

el otro día me atropellaron en un semáforo, en la zona de madrid río, que estaba en ámbar para vehículos, verde para peatones. por suerte no me pasó nada, más allá del susto. el primer problema es que la ciudad está pensada para los vehículos, única y exclusivamente, el segundo problema es que la gente no sabe conducir, es decir, no respeta las normas. si hay muchos semáforos, que no digo que no, no sé muy bien cómo van a resolver que en muchos pasos de cebra haya un conductor que se apiade y pare, para que los peatones puedan pasar. que quiten semáforos, si es que sobran, pero que pongan badenes, donde si el vehículo va a mucha velocidad se deje el motor en él. si quitan semáforos, habrá más atropellos aún.

Juanjo. Siento decirte que discrepo con tu opinión. Los semáforos de Madrid están bastante bien regulados, teniendo en cuenta, ademas, la complejidad de algunos cruces. Y te doy mis argumentos: compara con otras ciudades españolas o europeas; y segundo, dicho por mi profesor de automática, el cual a trabajado en varias ciudades no españolas en el tema de regulacion de tráfico.

En los municipios madrileños de Las Rozas (89.151 habitantes) y Majadahonda (70.076 hs.) hace más de diez años que se eliminaron los semáforos y no hay ningún problema. En mi opinión, se gana tiempo y se gasta menos combustible.
Los pasos de peatones elevados son una garantía para los peatones y si están bien señalizados no perjudican a los vehículos, estos solo tienen que reducir la velocidad (con el consiguiente ahorro energético).
Sin embargo, los conductores despistados son un peligro publico.

El problema es que hay muchos y mal colocados. Fijense en como están en USA, Inglaterra o Alemania. Y no hablemos de las señales, que hace pensar que las ponen una panda de locos.

Los semáforos no harían falta si las ciudades estuvieran diseñadas con calles que fuesen círculos concéntricos; se pasaría de uno a otro incorporándose por un carril de aceleración con un ceda el paso.

Yo siempre he pensado que era una forma más de corrupción entre el ayuntamiento y la empresa que los instala. Cuantos más se instalan más presupuesto y más comisión.
En Barcelona hay calles PEATONALES con un semáforo cada 10 metros. He llegado a contar en un tramo de calle 4 semaforos

habrá que irse a vivir a menorca... ya lo tenía pensado pero viendo que allí los políticos actúan con coherencia todavía más...

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Como si mirásemos por el ocular de un microscopio, Ecolaboratorio es un blog ambiental que trata de ver más de cerca todo aquello que nos rodea. En este particular laboratorio se buscan respuestas a las cuestiones más enrevesadas que nos asaltan de forma cotidiana.

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Clemente Álvarez

(Madrid, 1973) es un periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Colaborador de El País desde 2004, le entusiasma mezclar elementos de la ecología con reactivos de la energía y la economía, aunque la fórmula pueda resultar inflamable.

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