Economía para el 99%

Sobre el blog

Este es un espacio para la reflexión económica que pretende interesar y ser accesible para el 99% de los ciudadanos; esa gran mayoría de personas que sigue la evolución de la crisis y que no deja de plantear preguntas para salir pronto de ella. Puede que haya un 1% que por opulencia o ignorancia no se sienta concernido en la búsqueda de una recuperación sostenible y beneficiosa para la mayoría. Ellos buscarán otras lecturas, pero un amplio 99% hallará aquí sus respuestas.

Sobre el autor

Carlos Mulas

. Soy economista de formación y académico de profesión con fuerte vocación política. Actualmente soy Profesor Titular de Economía en la Universidad Complutense de Madrid y Director de la Fundación IDEAS. Puedes conocer más sobre mi trayectoria en mi web personal: www.carlosmulasgranados.com


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El recorte de Rajoy será de 33.000 millones

Por: | 27 de febrero de 2012

Deficit 2
Por fin llegó el momento: ya tenemos la cifra oficial del déficit público en 2011 (-8,5%) y la previsión de crecimiento realizada por la Comisión para 2012 (-1%). Ahora sólo falta que Rajoy presente los presupuestos y que Bruselas decida si nos permite suavizar la senda de ajuste original. Si no lo hace, Rajoy tendría que recortar 41.000 millones de euros este año (para reducir el déficit del -8,5% al -4,4% inicialmente comprometido). Pero yo creo que el recorte al final será menor.

Hoy, todos los economistas (incluso los más conservadores) comienzan a entender que la política irracional de austeridad generalizada en todos los países europeos nos ha metido en recesión, y que es necesario tomarse la consolidación con más tranquilidad. En este contexto, y con las elecciones andaluzas y asturianas a la vuelta de la esquina, Rajoy ha decidido optar por su estrategia favorita: dejar que el tiempo corra a ver si los problemas se resuelven solos. Retrasar la presentación de los presupuestos hasta el 30 de marzo tiene ventajas electorales para el PP, y además hace que Europa pueda reconsiderar el calendario de ajuste para todos (no sólo España) a la vista de que una gran mayoría de países europeos vuelve a caer en el agujero del crecimiento económico negativo.

Las previsiones de la Comisión para España que nos pronostican una caída del PIB del -1% están lejos de las estimaciones de la OCDE y del FMI (que se disparan hasta el -1,5 y el -1,7%, respectivamente). Rajoy también reaccionó a esas cifras la semana pasada y dijo que él calculaba una caída del PIB del -1,3 o -1,4%. La verdad es que si ya tiene los números en la cabeza, debería presentar los presupuestos y evitar un ejercicio de irresponsabilidad mayúscula que claramente se explica por su evidente voracidad electoralista. Pero en todo caso, todas las señales apuntan a que el objetivo final de déficit para 2012 se relajará, aunque lo importante es saber si será mucho o poco.

Con este mareo de cifras, lo que todo el mundo quiere saber es  ¿cuánto va a recortar finalmente Rajoy en 2012?. Yo me voy a aventurar a dar una cifra concreta. Creo que con estos números, y conociendo el juego normal entre Moncloa y Bruselas, está bastante claro que serán unos 33.000 millones de euros: la mitad ya anunciados en diciembre pasado (con las subidas del IRPF y los recortes en todos los ministerios), y la otra mitad por anunciar el último viernes del próximo mes de marzo.

Explicaré brevemente mis cálculos, que por otro lado no exigen demasiada complicación. El objetivo original de reducir el déficit del -6% en 2011 al -4,4% de déficit en 2012 estaba basado en una previsión de crecimiento del PIB para el presente año del 2,3% (lo que hoy se antoja como una auténtica quimera). Eso significaba que por cada punto de crecimiento estimado de PIB, la Comisión nos pedía un recorte del déficit de 6 o 7 décimas. Ahora que no vamos a crecer, sino a decrecer un 1%, lo lógico sería, por tanto, que la Comisión nos diera un respiro adicional de esas mismas 6 o 7 décimas al alza, lo que implicaría tener que rebajar el déficit al -5% en lugar de al -4,4% inicialmente comprometido. La Comisión ha dicho que no quiere ceder mucho, pero hay dos elementos que el gobierno de Rajoy está utilizando para ganar algo más de margen: por un lado acaba de anunciar que el déficit heredado es más alto de lo previsto (del 6% se ha ido al 8,5%) y que la recesión será más profunda de lo que dice Europa. El gobierno español pretende elevar el objetivo al entorno del -5,5, para que los recortes no sean tan drásticos, y Bruselas sólo quiere "ceder unas décimas" (en palabras del Comisario Oli Rehn)

Yo creo que al final la Comisión y el gobierno de Rajoy llegarán a un acuerdo para quedarse en un déficit para 2012 alrededor del -5% del PIB. Vistas las declaraciones recientes del BCE, dudo mucho que prolonguen a 2014 la senda de ajuste, así que en 2013 tendríamos que cumplir en todo caso con el límite del -3% al que obligan los tratados. Es decir, a Rajoy le están sirviendo sus amigos conservadores (Barroso en la Comisión y Merkel y Sarkozy en el Consejo) para ganar algo de margen este año y para recibir aplausos en sus recortes laborales y fiscales, pero no le darán mucho más oxígeno para los años siguientes. Zapatero habría agradecido ese buen trato, pero se ve que en Europa la cosa va de familias ideológicas y tampoco eso garantiza demasiado. Rajoy va a tener que flirtear fuera del eje Merkozy con gobiernos tecnócratas (Monti y Papademos) o de fuera del euro (Cameron) -como ha hecho con su carta conjunta de la semana pasada- si quiere doblarle la mano al férreo eje franco-alemán (salvo que se rompiera naturalmente con la victoria de Hollande en primavera) . En todo caso, pase lo que pase, nadie librará a Rajoy de recortar al menos 3 puntos del PIB (entre 30 y 35 mil millones este año). Pero para él la diferencia entre esa cifra y los más de 40.000 millones que pensaba tener que recortar cuando ganó el 20N, supone un colchón crucial porque ahí está la frontera entre atacar la educación y la sanidad (con el consiguiente estallido social) o dejarlas a grandes rasgos como están.

Por tanto, si la Comisión le deja a Rajoy ese margen adicional, lo que nos espera es "solamente" un recorte adicional de 16.000 millones entre marzo y diciembre de 2012. ¿Cómo hará Rajoy ese nuevo ajuste? A mí me parece claro que subirá el IVA, recortará la factura del gasto en desempleo e incluirá alguna medida recaudatoria de izquierdas que le dificulte al PSOE la oposición, como viene haciendo en todos sus paquetes de reforma. Al primer ajuste lo acompañó con subidas más que proporcionales del IRPF y del capital, que parecían sacadas de un manual socialdemócrata. Y a la reforma financiera la ha acompañado con engañosas recomendaciones a la dación en pago, que han surtido gran efecto mediático. Parece que en este terreno, Rajoy está jugando como Sarkozy lo hizo durante sus primeros años, para tratar de complicar aún más la vida a sus rivales políticos.

En ese escenario, podemos esperar una subida del IVA de 2 puntos (del 18% al 20%, que es la media de la UE-27), lo que supondría aumentar la recaudación en 5.000 millones de euros aproximadamente. Para reducir los gastos de desempleo (que hoy está por encima de los 30.000 millones de euros al año) en otros 5.000 millones hay varias fórmulas: reducir el número de meses que se percibe la prestación, disminuir la tasa de cobertura, o eliminarla cuando se rechace alguna oferta de empleo (algo que ya viene proponiendo la CEOE a modo de avanzadilla). Y, finalmente, para cuadrar el último tramo re recortes, Rajoy tiene dónde elegir. Podría adelantar la introducción de la euroviñeta para el transporte en camiones (como obligará Bruselas en 2013), lo que supondría 2.700 millones más. Podría elevar el céntimo sanitario o introducir un copago de 1 euro por receta (como ha hecho el gobierno de Mas en Cataluña), lo que le daría unos 1.500 millones adicionales; o finalmente, podría terminar jugándole una mala pasada al PSOE si subiera el impuesto del patrimonio (grandes fortunas), revisara la remuneración a las energías tradicionales (intentando compensar el golpe a las renovables), o incrementara los impuestos al alcohol y al tabaco. Todas ellas fueron propuestas de Rubalcaba en campaña para recaudar entre 2.000 y 4.000 millones más, pero servirían a Rajoy para terminar de cuadrar una cuentas muy complicadas, al tiempo que barnizaría sus recortes con un tinte progresista.

Haga lo que haga, lo cierto es que no lograremos sacarnos los asfixiantes recortes de encima y tendremos otro año más de grave crisis económica y creciente desigualdad social. Eso deprimirá aún más a la población española y, por tanto, alejará de nuevo la recuperación. Esperemos que esa dinámica cambie a base de alternancia democrática en los líderes de la zona euro, empezando por Francia en 2012 y siguiendo por Alemania en 2013. A los españoles nos vendría de maravilla.

 

La reforma laboral se olvidó de las oportunidades

Por: | 21 de febrero de 2012

Oportunidad-imagen
Esta primera entrada del blog quería haberla dedicado a explicar el título del mismo. Mi propósito era haber concentrado esta primera pieza en la paradoja según la cuál una crisis generada por el 1% (sobre todo vinculado al sector financiero) está siendo soportada por el 99% de los ciudadanos, sin que las políticas que se vienen aplicando desde hace 4 años terminen de dar resultados ni hayan repartido justamente los sacrificios de la crisis.

Pensaba hablar también del incremento de la desigualdad previo a la crisis financiera (y que en cierto modo está en su origen, como apunta Rajan), pero que será mucho más fuerte como consecuencia de los recortes generalizados en todos los países desarrollados. Como señala Stiglitz, hoy el 1% de la clase alta en EEUU controla ya el 40%, cuando hace dos décadas apenas superaba el 33%. En España esos desiquilibrios están más controlados (el 1% más rico posee el 20% de la riqueza nacional) aunque su tasa de crecimiento durante las últimas décadas ha sido también muy llamativa. Eso supone que el otro 99% de la población debe repartirse el 60% de la riqueza restante en EEUU (80% en el caso de España). Es decir, más gente para disfrutar de una menor proporción de riqueza. Ese mayor número de gente (los autodenominados como el otro 99% de la población) es además quien sufrirá en mayor medida los recortes en educación, sanidad y pensiones.

Fíjense en que más allá de esa enumeración de recortes en el estado de bienestar, he dejado fuera todos los cambios que se están produciendo en el mercado de trabajo en los últimos 2 años, porque creo que merecen un tratamiento diferenciado. Es precisamente la reforma laboral aprobada por el gobierno del PP la que se ha metido en la agenda económica justo cuando yo comenzaba a escribir este blog, y la que me ha hecho cambiar el tema general de este primer post. La actualidad manda y por eso le voy a dedicar una reflexión especial, consciente en todo caso, de que el debate sobre la desigualdad no sólo se limita al ámbito del reparto de rentas, sino que está también estrechamente vinculado a las discusiones sobre el mercado laboral.

Frente a la educación, la sanidad y las pensiones (que son sistemas de protección universal con buenos resultados en términos de equidad en España), la parte de nuestro estado de bienestar donde hay más desigualdades sigue siendo el mercado de trabajo. Esto puede parecer una paradoja, pero es importante que asumamos esta realidad de partida antes de emitir una opinión sobre las últimas reformas (del PSOE y del PP). Desde hace años tenemos en España lo que los economistas llamamos un mercado de trabajo dual, donde el 30% de los trabajadores tienen contratos temporales (con indemnzaciones bajas que en el caso máximo llegan a los 12 días por año trabajado), mientras que el otro 70% tiene contratos fijos (con indemnizaciones de 45 o 33 días por año). Todos ellos suman 17 millones de ocupados, que conviven con otros 5,5 millones de parados, lo que en realidad convierte a nuestro mercado laboral en un mercado trial (parados, temporales y fijos). Si se suman los temporales y los parados, son casi tantos como los fijos. Y los jóvenes están en los primeros grupos, mientras que los mayores están en el segundo.

Desde que el gobierno del PP anunció la mayor reforma laboral de la democracia, las protestas de las centrales sindicales y de los partidos de izquierda se han concentrado en denunciar la pérdida de derechos de los trabajadores. Me parece una crítica acertada pero incompleta. En mi opinión, la reforma laboral no es mala únicamente porque baje el despido efectivo de 45/33 días a 20 (en el caso de los despidos procedentes, que pasarán a ser la mayoría), sino porque no hay medidas de calado para impulsar el empleo.

Con un mercado de trabajo tan desigual como el que tenemos, con la crisis tan brutal que padecemos y con el nivel de paro que hemos acumulado, la cuestión sobre la que más deberíamos debatir es cuáles son la reformas necesarias para crear nuevas oportunidades a los que no las tienen. El foco de los más progresistas debería concentrarse en aquellos que no tienen empleo, ni esperanza de encontrarlo o posibilidad de auto-generárselo. La situación de los que sí lo tienen y pueden perderlo con mayor facilidad es preocupante, pero no más que la de los que llevan meses, o años, sin ninguna perspectiva laboral.

Por eso creo que la crítica a la reforma planteada por el PP es que no propone nada serio con respecto a las políticas activas. No hay ni rastro del sistema alemán de formación-empleo (porque aunque se enuncia y se crea una bolsa personal de formación, no dota de recursos adicionales ni hay atisbos de inminencia en su desarrollo); tampoco hay ninguna medida que personalice el reciclaje de los parados (como en el sistema danés) o que utilice de forma efectiva el sector público para mantener a los desempleados con un buen entrenamiento práctico, mientras los trabajadores en activo salen a formarse (como en el modelo sueco). Las posibilidades de renovar nuestras políticas activas son numerosas, pero la reforma apenas las aborda. Y cuando la reforma ofrece iniciativas positivas (como la posibilidad de combinar subsidio y salario) nadie parece prestarles atención, ni siquiera desde el propio gobierno.

En definitiva, creo que para analizar esta reforma y las que vengan, el punto de vista hay que situarlo en la generación de oportunidades. Las reformas y recortes serán buenos o malos desde esa perspectiva, porque lo que nuestro país necesita es más movilidad social, más emprendimiento y más productividad. Aunque algunos no lo quieran ver, esa es también una manera muy eficaz de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, al tiempo que se genera un nuevo modelo de crecimiento y se sale de la crisis.

El País

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