Economía para el 99%

Sobre el blog

Este es un espacio para la reflexión económica que pretende interesar y ser accesible para el 99% de los ciudadanos; esa gran mayoría de personas que sigue la evolución de la crisis y que no deja de plantear preguntas para salir pronto de ella. Puede que haya un 1% que por opulencia o ignorancia no se sienta concernido en la búsqueda de una recuperación sostenible y beneficiosa para la mayoría. Ellos buscarán otras lecturas, pero un amplio 99% hallará aquí sus respuestas.

Sobre el autor

Carlos Mulas

. Soy economista de formación y académico de profesión con fuerte vocación política. Actualmente soy Profesor Titular de Economía en la Universidad Complutense de Madrid y Director de la Fundación IDEAS. Puedes conocer más sobre mi trayectoria en mi web personal: www.carlosmulasgranados.com


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Felipe y la economía, una mirada 30 años despúes

Por: | 02 de diciembre de 2012

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Hace 30 años, Felipe González asumió el gobierno de España en medio de una crisis económica profunda. Durante estos días, se están haciendo muchos análisis sobre aquella época. Se está hablando de la consolidación de la democracia, de la entrada en Europa, de la lucha contra el terrorismo, de la expansión del Estado de bienestar, y por supuesto de cómo se superó aquella crisis. Este post, pretende aportar algunos elementos para continuar el debate en esta última dimensión. Comenzaré por presentar algunsos datos económicos que permiten comparar la situación de ayer y de hoy.

  • PIB: en 1982 España tenía un producto interior bruto de 190.000 euros frente a 1 billón que produce hoy cada año (eran apenas 6.000 euros de renta per cápita frente a los casi 24.000 euros de hoy). El crecimiento de entonces era del -0.1%, frente a casi el -1,5% actual, y no sería hasta la entrada en Europa cuando las tasas de crecimiento de España se dispararía hasta el 5%.
  • Paro: en 1982 había 2,5 millones de parados frente a los casi 5,5 de 2012. La tasa de paro era del 20%, algo inferior al 25% de hoy (pero ya entonces el paro era del 45% entre menores de 25 años). La seguridad social tenía hace 30 años apenas 10 millones de cotizantes (mientras que hoy son 17,8 millones) pero las prestaciones que tenía que cubrir eran mucho menores porque el Estado de bienestar aún no se había desarrollado en su plenitud.
  • Inflación: Hace 30 años, tras la crisis del petróleo y por los altos precios de la energía, la inflación española rondaba el 12% (4,5 de diferencial con Europa). Hoy la situación es mejor, ya que la inflación está cerca del 3% y el diferencial con nuestros competidores se ha cerrado.
  • Déficit público: La situación de las finanzas públicas en 1982 era deficitaria (5% de déficit) pero similar a la de otros países comunitarios. La deuda pública entonces era del 30% del PIB, tres veces menos que hoy (pero entonces casi el 85% de esa deuda se financiaba con créditos del Banco de España, y lo poco que se colocaba en los mercados se hacía a tipos de interés de 17%)
  • Déficit exterior: El déficit exterior en 1982 era del 3% del PIB, similar al 2,5% actual, pero aún muy inferior que el déficit que se acumularía durante la década de los 90 como consecuencia de la pérdida de competitividad que hoy se está recuperando poco a poco.

En aquel contexto, la gestión económica era complicada, pero con la perspectiva que da una mirada 30 años después, creo que se pueden identificar claramente al menos 4 logros económicos indiscutibles que pusieron las bases para el desarrollo económico y social que experimentó el país durante las siguientes décadas. Los resumiré brevemente:

  • La reconversión industrial: el proceso de reconversión industrial significó el desmantelamiento de buena parte de la industria pesada más obsoleta que se había ido construyendo desde la autarquía de los primeros años del franquismo en torno al INI. La reconversión se  concentró en determinadas zonas con un tejido industrial más sensible y menos diversificado, como por ejemplo Asturias (HUNOSA, ENSIDESA), la ría de Bilbao (Altos Hornos de Vizcaya, AHV), Sagunto (Altos Hornos del Mediterráneo, AHM), Ferrol (astilleros públicos tanto militares como civiles) Cartagena (astilleros e industria química) o la bahía de Cádiz (astilleros). Estas medidas se tomaron con retraso respecto a los restantes países industrializados de Europa, y supusieron recortes importantes en la capacidad productiva de las empresas de los sectores más
    tradicionales en crisis (naval, siderurgia, etc.). Los gobiernos de González trataron de canalizar la producción hacia otras nuevas ramas industriales con mejores expectativas, aunque en la mayoría de los casos se produjo una sustitución parcial de actividades industriales por el sector servicios. Más tarde, con la entrada en la UE, se produjo una “segunda reconversión” en otros
    sectores tradicionales (agrícola, lácteo y textil), para adaptarlos a las exigencias del mercado único europeo. Aunque ambos procesos fueron dolorosos, se culminaron con éxito y pusieron las bases para el ciclo más largo de desarrollo económico de la historia de España, que comenzaría a finales de los 80, y se reforzaría a partir de la mitad de los 90.  
  • La recapitalización de la economía (educación a infraestructuras): La LODE y la LOGSE articularon la universalización de la educación. Todos los datos de gasto y resultados educativos aumentaron desde el año 82. El gasto en educación paso del 3% del PIB en 1982 al 4,5% en 1993.
    El porcentaje de la población con estudios básicos pasó de apenas el 50% en 1982, hasta el 65% veinte años después. El número de titulados universitarios se multiplicó por 3 y el de facultades por 2,5 en esas dos décadas. El resultado es que la población ocupada que trabajaba en las empresas pasó de tener apenas 7 años de educación en 1982 a 11 años de educación en el año 2000. A ese proceso de fortalecimiento del capital humano y laboral que comenzó en la
    primera legislatura de González, se sumó un intenso proceso de expansión del capital físico a partir de finales de los 80. La llegada de fondos europeos a partir de 1989 y sobre todo de 1992 (fondos estructurales y de cohesión) favorecieron este proceso. Las inversiones anuales en carreteras se multiplicaron por 3 entre mediados de los 80 y finales de los 90, las inversiones en ferrocarril se multiplicaron por 2,5 (con especial impacto del primer AVE), y las inversiones en infraestructuras aéreas y marítimas por 2 (sobre todo en la nueva red de aeropuertos). En apenas dos décadas, España se convirtió en el país con la mejor red de transportes de toda Europa. 
  • La europeización de todos los sectores: La apertura de todos los sectores económicos al mercado interior europeo fue probablemente el mayor logro de la segunda mitad de los años 80. España lograba así culminar el proceso de internacionalización que había comenzado con el Plan de Estabilidad de 1959. Fueron casi 3 décadas de eliminación de barreras, de armonización de estándares e interconexión de rutas de distribución y acceso a mercados. España dio carpetazo final a la autarquía con la entrada en la UE. Los efectos de este proceso de europeización fueron especialmente positivos en el sector turístico, en el alimentario y el textil (tras sus respectivas reconversiones), en el automovilístico o en el sector financiero. La europeización no tuvo sólo efectos económicos, sino que ayudó decisivamente a consolidar la democracia.  
  • La expansión del Estado de bienestar y la economía social de mercado: Probablemente, el reto más singular que abordó González fue el de expandir el Estado del bienestar e integrarlo en el proceso productivo. Para lograrlo, aprovechó el crecimiento económico, generó nuevos
    ingresos públicos y aumentó decisivamente los gastos sociales. Durante las legislaturas socialistas, el gasto público pasó del 37 al 45% del PIB, y el gasto social del 16 al 22% del PIB (al igual que ocurre en 2012, estos datos estuvieron afectados al final del periodo por los efectos de la crisis del 93 sobre los gastos de desempleo). Lo más notable es que la presión fiscal aumentó del 26% al 34% en los 14 años de gobiernos de Felipe González, con especial
    crecimiento de la aportación de los impuestos directos (que en 1982 aportaban lo mismo que los indirectos, cuando aún no existía el IVA) y en 1995 los superaban en recaudación en un 15%. Al extender la educación, la sanidad, el seguro de desempleo y las pensiones, España adquirió un Estado de bienestar que generó la cohesión social necesaria para prolongar el proceso de desarrollo (sin redistribución y expansión de la clase media ese proceso se habría agotado en
    sí mismo). 

En definitiva, echando la vista atrás con la distancia que permiten las 3 décadas transcurridas, parece evidente que dada la magnitud de los retos que se superaron, aquellos logros no sólo fueron el resultado de la gestión de los gobiernos de Felipe González. Fueron el resultado de un esfuerzo colectivo, de ciudadanos optimistas y de una generación que afrontó aquella época con ilusión por alcanzar un futuro mejor. También fueron el resultado de los flujos de inversión extranjera y de los fondos comunitarios que llegaron con la entrada en Europa, que permitieron financiera muchas de las reformas estructurales que se acometieron entonces.

Hoy, algunos de aquellos retos regresan con otra cara. De nuevo, España necesita transformar su modelo productivo para salir de la crisis, tiene que recapitalizarse tecnológicamente, necesita seguir abriéndose al exterior (no sólo Europa sino las economías emergentes) y debe reflexionar sobre la mejor forma de reformar el Estado de bienestar para sostenerlo con calidad en el futuro. Se trata, una vez más, de retos enormes. Pero si entonces se abordaron con éxito, las dificultades que hoy afronta el país se pueden volver a superar.

 

El BCE, la prima y el riesgo Rajoy

Por: | 10 de septiembre de 2012

Parece que esta vez el BCE de Mario Dragui ha aprendido de los errores pasados y ha puesto en marcha un nuevo programa de compra de deuda pública (OMT-Outright Monetary Transactions) que está logrando disipar las dudas de los mercados sobre la continuidad del euro y ha rebajado de un plumazo las primas de riesgo de España e Italia. Este programa tiene un diseño más inteligente que el anterior programa impulsado por Trichet (SMP-Securities Market Program), y que estuvo operativo entre mediados de 2010 y finales de 2011. Y desde luego, es considerablemente mejor que la ausencia total de intervención en los mercados de deuda que hemos sufrido durante la primera mitad de 2012. Las características más importantes de este nuevo programa son las siguientes. Se trata de:

• Un programa ilimitado: a diferencia del anterior programa, no hay límites a la cuantía ni a la duración del mismo. El SMP de Trichet compró unos 210 mil millones de bonos de países periféricos durante el tiempo que estuvo en vigor, mientras que el nuevo paquete de Dragui no establecerá fronteras claras en relación con el tiempo que está dispuesto a comprar deuda ni las cantidades de dinero que imprimirá para adquirirla. Para colmo, ofrecerá información pública a posteriori de sus actuaciones, en un nuevo gesto de transparencia desconocido hasta ahora. Esta es la forma de pasar de las palabras a los hechos, y de demostrar que el BCE “hará todo lo necesario para salvar al euro”, como anunció Dragui el pasado mes de Julio.

• Un programa para financiarse a corto plazo: bajo el nuevo programa, el BCE comprará títulos de deuda a corto plazo (máximo a tres años), frente al mecanismo anterior que compraba títulos a 10 anos. De esta forma, el BCE aliviará la presi’on inmediata sobre la liquidez de los Estados pero seguirá dejando que los inversores manifiesten su juicio sobre la solvencia de los mismos en los mercados de deuda a largo plazo.

• Un programa condicionado y reversible: finalmente, el BCE ha condicionado su intervención a que los Estados soliciten formalmente la ayuda, acepten un nuevo pliego de condiciones y permitan la vigilancia de la Comisión Europea y el FMI. Se trata de que España y quizá Italia soliciten un nuevo formato de rescate parcial (distinto del rescate total aplicado a Grecia, Irlanda y Portugal). Esta es la forma en que Dragui intenta resolver el problema de “riesgo moral” que sufrió Trichet en primera persona, cuando nada más anunciar la puesta en marcha del SMP, Berlusconi dejó de lado todo el paquete de reformas y recortes que había anunciado.

En este sentido, la tentación política de aflojar el ritmo de los ajustes, una vez que el BCE intervenga y la prima de riesgo caiga, puede ser muy grande para Rajoy. De hecho, el mismo día que Dragui anunciaba su nuevo programa, Rajoy respondía en rueda de prensa con Merkel que aun no tenía claro si pediría el rescate, a pesar de que los mercados y el BCE lo vienen dando por hecho. El gobierno quizá confía en que con el anuncio de este nuevo programa, los mercados se relajen y pueda evitar el golpe electoral de tener que pedir el rescate justo antes de las elecciones gallegas y vascas. Rajoy ya demostró hace unos meses que le importaban más las elecciones andaluzas que el calendario impuesto por Bruselas para aprobar los Presupuestos Generales del Estado de2012, en un gesto que provocó la desconfianza generalizada del resto de los socios europeos hacia su gobierno. Así que, todos los que nos observan desde fuera temen que ocurra lo mismo ante una cita electoral tan importante para el PP. Por eso, Dragui ha intentado blindarse del posible “efecto Rajoy” que una relajación pre-electoral en España podría tener sobre la reputación del BCE y solo comprará títulos de deuda a 3 anos. Eso quiere decir que todos los títulos que el BCE compre en este último trimestre de 2012 vencerán justo cuando Rajoy se enfrente a las urnas a finales de 2015. Si Rajoy se la juega a Dragui ahora con las elecciones gallegas y vascas, no podrá esperar una nueva ayuda más adelante. Y desde luego, si en 2015 el déficit de España no está por debajo del 3% del PIB y Rajoy no ha cumplido las condiciones que se incluirán en el nuevo memorando de entendimiento del rescate (i.e: rebaja de las pensiones, de la protección por desempleo y/o del número de empleados públicos), el BCE podría abandonar a nuestro país definitivamente a su suerte. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos, pero lo mejor sería que Rajoy aclarase ya su estrategia y dejara de confundir a propios y a extraños.

El truco de los 450 euros

Por: | 27 de agosto de 2012

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El gobierno ha comenzado el curso político donde lo dejó, haciendo triquiñuelas y sin llamar a las cosas por su nombre. El primer intento fue el de calificar el rescate a la banca como una simple línea de crédito, y ahora nos prepara para aceptar un rescate total,  que parezca blando y sin condiciones adicionales.

Entretanto, se ha topado con la incomodidad de tener que tomar una decisión con respecto a la renovación de la ayuda de 400 euros para los parados que hubieran agotado la prestación. Esta medida, que introdujo el gobierno socialista en diciembre de 2011, ha beneficiado en estos 18 meses a 500 mil personas, y ha tenido un coste de unos 1100 millones de euros (con 345,9 millones en los primeros seis meses; 447,6 millones durante la primera prórroga y 309,6 millones durante la tercera, aún con datos provisionales).

Al PP no le gustó la medida entonces, y ahora se disponía a eliminarla. No lo ha hecho por dos razones: la primera para no darle aire al PSOE, que amenazó acertadamente con recoger firmas para hacer una iniciativa legislativa popular que probablemente habría tenido éxito. Y la segunda, y más importante, porque era una manera fácil de demostrar sensibilidad social justo antes de que llegue un rescate europeo que vendrá aparejado de recortes mayores. Serán entonces los técnicos de Bruselas los que decidan que esa partida no se puede prorrogar más y Rajoy podrá decir que el PP hizo lo que pudo por los más necesitados.

En todo caso, y para que este incómodo asunto no se le fuera de las manos, el gobierno ha procurado meter condiciones nuevas. Una serie de criterios donde se le ve el ramalazo ideológico (ahora el centro de los derechos deja de ser el individuo y pasa a ser la familia completa, con los abuelos incluidos), y que va directamente dirigido contra los jóvenes. A cambio, y a modo de distracción, ha subido la cuantía a 450 euros al mes y ha hablado de los niños en paro de familias acomodadas (de hasta 8.000 euros al mes) que se aprovechaban de esa ayuda sin necesitarla.

Aunque probablemente sólo la Ministra conoce familias así de primera mano, el ejemplo le ha servido para alimentar un poco esa mala costumbre española de compararse con el resto y envidiar a los otros imaginando que tienen mucho más. Y sobre todo, le ha servido para vender una medida que de otra forma nadie se habría tragado. Apenas 50 euros más y un bulo le han servido a Fátima Báñez para salir del paso.

Pero no hay que engañarse, las cuentas cantan y si el gobierno quiere cuadrarlas, al menos un 12% de los perceptores tendrán que dejar de percibir la ayuda. Esa es la cantidad en la que se ha aumentado la remuneración mensual, y por tanto, esa es la cantidad de gente que como mínimo dejará de acceder a ella. Pero yo creo que con los nuevos criterios, la cantidad de gente que dejará de recibir la ayuda superará el 35% lo veremos dentro de 6 meses, pero los cálculos son muy fáciles de hacer.

A finales de junio, casi 211.461 personas percibían la ayuda de 400 euros. El gobierno no podrá gastarse más de los 61,3 millones  euros de media mensual que venía constándole a las arcas públicas ese programa desde que Zapatero lo puso en marcha, así que tendrá que dárselo a menos personas. Si ustedes dividen esos 61,3 millones entre la nueva cuantía de 450 euros, les saldrá una cifra de 136.222 perceptores de media mensual. Es decir, casi 75.000 personas comenzarán este otoño sin la ayuda con la que contaban. Ahí estarán casi todos los jóvenes que no le gustan a la Ministra (aunque supongo que no todos acomodados) y que representaban el 14,1% de los beneficiarios. Pero también estará el perfil clásico de los que se más sufren en todas las crisis: hombres – el 56% de los perceptores-; de bajo nivel formativo – el 72% sin más que la educación primaria-;  y de mediana edad – ya que el 84% de quienes se han beneficiado hasta ahora tenían entre 25 y 54 años.

Espero que estos datos sirvan para hacer reflexionar a más de uno y para darse cuenta de que las triquiñuelas del gobierno les han amargado este verano. 

Monti, Rajoy y el rescate

Por: | 03 de agosto de 2012

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A la vista de lo ocurrido en los últimos 10 días, no debo ser el único que empieza a tener la certeza de que España será rescatada e Italia se librará por los pelos. A día de hoy da toda la sensación de que España tendrá que pedir el rescate y, en ese momento, cuando los mercados empiecen a especular contra Italia, el BCE considerará que el euro está en peligro y se decidirá por fin a intervenir, diga lo que diga el gobierno alemán, que para entonces ya se habrá cobrado una pieza mayor y podrá presentarse a la reelección con el crédito de su ortodoxia redoblado.

Las razones para este resultado que hace unos meses se antojaba imposible, serán fundamentalmente políticas. Zapatero y Berlusconi han sido sustituidos por Rajoy y Monti, y con el cambio Italia ha salido políticamente mucho más reforzada. En un principio, nadie podría haberlo imaginado porque Rajoy era un político profesional, con una larga carrera a sus espaldas y Monti era sólo un tecnócrata, o eso decían los medios de comunicación.

Sin embargo, los errores políticos de Rajoy durante estos meses se cuentan por aciertos en el caso de Monti. En particular, Rajoy ha cometido tres fallos cruciales. Primero, él y sus barones (con Cospedal a la cabeza) se dedicaron a propagar una falsa imagen de quiebra autonómica que aún no estaba en la agenda europea. Al hablar de cajones llenos de facturas impagadas lograron asustar a los acreedores de las CCAA y al final la falsa profecía se ha terminado cumpliendo porque ninguna entidad ha querido refinanciarles unas deudas  con las que en un contexto más tranquilo no habrían tenido mayor problema. Segundo, Rajoy se equivocó al torear a sus socios europeos, comprometiéndose en privado a unas cosas y vendiendo políticamente otras en ruedas de prensa posteriores. Los bailes en los objetivos de déficit (del 5.3 que prometió a Merkel al 5.8 que dijo en público) y los eufemismos con el rescate bancario (que llegó a llamar línea de crédito conseguida por él mismo), terminaron de romper el beneplácito internacional con el que contaba de inicio.

En tercer lugar, Rajoy no ha sabido generarse aliados: al fallar a Merkel en primera instancia, sólo le quedó recurrir a un Hollande con el que no tienen nada que ver (y con quien no tiene esa sintonía personal que existía entre Sarkozy y Zapatero y que salvó a España en más de una ocasión en la UE). El Cameron euroescéptico no tiene vela en este entierro, y Monti es en realidad un compañero tan fiable como puede serlo un equipo italiano en los minutos de descuento: al final forzará un penalti para salvarse y pasar a la siguiente ronda. En este sentido, nadie entiende por qué Rajoy no se ha dedicado a viajar como Monti, por qué no se ha trabajado a las potencias mencionadas o a los pequeños socios que como Austria, Holanda o Finlandia, apoyan la fuerte ortodoxia alemana y podrían haberle dado algún respiro.

La realidad es que Rajoy se ha visto completamente superado por los acontecimientos y su provincianismo nos va a costar un rescate y una intervención en toda regla. Jugó en clave nacional al anteponer sus intereses electorales en Andalucía y Asturias a la aprobación de los presupuestos de 2012. Y jugó en clave nacional al gotear sucesivos decretos de reforma financiera y dejando crecer la crisis de Bankia por sus problemas personales con Rato. Pero es que esta crisis se juega en el terreno europeo. La “virtudes políticas” de Rajoy se resumen en una modesta carrera profesional (licenciado en derecho, opositor y registrador de la propiedad) y una larga carrera institucional (presidente de diputación, parlamentario, cuatro veces ministro, vicepresidente y ahora presidente). Pero ese currículum no tiene nada que hacer ante las “capacidades técnicas” de Monti (licenciado por Bocconi y doctor por Yale, profesor de economía y rector, Comisario Europeo de Mercado Interior y luego de Competencia, experto en temas europeos y con amplio dominio del francés, el inglés y un modesto alemán).

Son esas capacidades las que le han permitido a Monti olvidarse del ciclo electoral italiano, y las que le han capacitado para trabajarse a fondo las relaciones personales entre los líderes europeos con un sello de credibilidad del que España ha carecido. Su experiencia internacional también le ha servido para seducir a los servicios de la Comisión europea de quien dependen las proyecciones y las recomendaciones sobre la economía italiana, y para tratar con el BCE y los inversores que compran deuda italiana a un nivel técnico del que carecen el resto de mandatarios europeos.

En realidad, el Monti técnico es el mejor político que Italia podía necesitar en estos momentos. Si a esto le añadimos que aquel país no se metió en la burbuja milagrosa que el PP alimentó mientras Rajoy era vicepresidente de Aznar, se entiende fácilmente por qué Italia está mucho más cerca que España de cumplir con sus compromisos de déficit público (2% frente al 6% nuestro) y por qué nosotros podríamos terminar el verano con un rescate total, mientras la Italia fundadora de la UE esquiva el golpe en el último minuto.

 

Europa, más allá de Krugman

Por: | 28 de junio de 2012

Este fin de semana se celebra el Consejo Europeo que según muchos analistas puede marcar el cambio de tendencia. Europa dejará de hablar sólo de austeridad y empezará a hablar de crecimiento. Algunos economistas llevan mucho tiempo reclamándolo. Hoy, sin ir más lejos, Paul Krugman ha firmado un manifiesto con Richard Layard bajo el título "Stop this austerity now" (http://delong.typepad.com/sdj/2012/06/the-krugman-layard-manifesto-for-economic-non-nonsense.html). Pero estando de acuerdo con la necesidad de relajar la austeridad, creo que Europa necesita algo más para salir de esta.

El motivo de este post es apoyar el manifiesto de Krugman, al tiempo que ofrezco mi visión personal sobre por qué hay que relativizar algunas de sus recetas, cuando hablamos de Europa. Creo que es importante entrar en esos matices dada su creciente influencia en todos los ámbitos, especialmente el político. Durante los últimos tres años, gran parte de los lectores de este diario y de otros periódicos de primer nivel mundial han descubierto la magnífica capacidad del economista Paul Krugman para explicar la crisis de forma didáctica y ofrecer alternativas a las políticas económicas del momento. Krugman es un gran economista, al que admiro y que merece todo nuestro reconocimiento, y por eso me apena que algunos de sus artículos sobre la crisis del euro en los últimos meses no hayan estado a la altura de su talento.

En particular, creo que se equivocó al pronosticar la la ruptura del euro con la salida Grecia (o incluso de España), y también a la hora de insistir sólo en el estímulo de la demanda agregada como solución a la crisis. Sus posiciones sobre la quiebra de la moneda única me parecen a veces apocalípticas, un tanto irresponsables (por contribuir a la profecía autocumplida), y también algo desconectadas de la realidad europea, porque los incentivos políticos y económicos de las partes juegan en la dirección contraria. Además, y en relación con las recetas para salir de la crisis, creo que Krugman se olvida con demasiada facilidad de que una buena parte de Europa tiene un problema de oferta agregada pendiente de resolver desde hace tiempo que debemos abordar para que la recuperación sea duradera.

Vayamos por partes. Cuando se habla de Grecia y la moneda única, se suelen cometer dos errores: por un lado, se la considera víctima de la crisis, y por otro, se asimila su posible salida del euro al caso de Argentina y el fin de la paridad peso-dólar en 2001. Caben dos puntualizaciones importantes: primero, es verdad que Grecia está pagando hoy tipos de interés muy altos por su rescate, pero también hay que recordar que nadie se preguntó por la viabilidad del euro hasta que Grecia no reveló en 2009 que su déficit real no era del 3,7% sino del triple, el 12,5% del PIB. Todo el mundo sabía de los fallos de diseño de la Unión Monetaria que ahora tanto se critican y de los que nadie se acordó durante una década, pero fue el falseamiento de las cuentas lo que desató la crisis de confianza generalizada, las dudas sobre el grado de solidaridad que tendrían unos Estados Miembros con otros, y el lio monumental en el que aún seguimos.

Segundo, en cuanto al paralelismo con Argentina, me parece que no se puede comparar un tipo de cambio fijo con una unión monetaria, ni Grecia tiene las materias primas ni la capacidad exportadora de Argentina. En realidad, no hay ninguna experiencia histórica que permita imaginar seriamente cómo podría articularse la salida ordenada de Grecia de la moneda única, y por tanto, sólo caben los escenarios caóticos, que tanto miedo dan a los mercados, a los ciudadanos y también a los políticos. Según las pocas estimaciones disponibles, la salida del euro de Grecia podría suponer una contracción del PIB en el continente de entre el 4% y el 12%, y al mismo tiempo implicaría la pérdida de los más de 150.000 millones de euros que los países avanzados han prestado al país heleno.

Si los riesgos económicos son grandes, también son importantes los riesgos políticos. En estos momentos, la decisión de la salida de Grecia del euro está en manos básicamente de Alemania y de la propia Grecia. Si Grecia se saliera del euro de manera desordenada, la fuga de capitales, la inflación, la escasez de productos básicos y el desorden se harían con las calles; la inestabilidad política se multiplicaría y podría terminar acabando con su sistema democrático. Para Alemania, la salida del euro de Grecia implicaría a corto plazo tener que decir adiós a los 80 mil millones de euros que los alemanes han prestado a los griegos, aspecto que podría costarle las elecciones a Merkel a un año de su celebración (un pequeño detalle político que Krugman y otros parecen obviar) y a medio plazo le costaría su liderazgo europeo. En conclusión, yo creo que ninguno de los jugadores de esta partida desea realmente la ruptura, y por ello creo que la probabilidad de que Grecia salga del euro es mucho menor de lo que se habla desde hace semanas en los medios internacionales.

En cuanto a la solución de la crisis económica que nos afecta, se ha hablado mucho de la necesidad de ralentizar los ajustes fiscales que se están llevando a cabo, o incluso de realizar un nuevo estímulo simultáneo en EEUU y en Europa. Así, la unión fiscal, la unión bancaria, el tesoro único, los eurobonos, el impuesto de transacciones financieras y el nuevo papel del BCE son las medidas que antes nadie entendía y que ahora se mencionan constantemente hasta en las tertulias televisivas.

Sin embargo, y aunque estoy de acuerdo en todos los puntos mencionados, me sigue sorprendiendo que tan pocos analistas hayan reparado en que la solución de largo plazo a  los problemas americanos y europeos está en la transición hacia un nuevo modelo económico que aún difícilmente imaginamos. Entre las excepciones merece la pena mencionar a Jeffrey Sachs, economista progresista pero no keynesiano, que hace unos días apuntaba en el Financial Times lo siguiente: “EEUU y Europa necesitan una estrategia de crecimiento a largo plazo y no un nuevo estímulo de corto plazo al crecimiento”. Para lograrlo habría que “dirigir la nuevas tecnologías –de la información, la comunicación, el transporte, los nuevos materiales y la genómica- hacia la resolución de los problemas de falta de sostenibilidad y calidad de vida a los que se enfrentan nuestras sociedades. El crecimiento a largo plazo (y la calidad de vida) podrían alcanzarse a través de nuevas inversiones que avancen hacia una economía baja en carbono, baja en contaminación y alta en prestaciones sociales y mediambientales.” Es ahí donde encontraremos la nueva revolución industrial que transformará nuestras vidas.

La guía para esa transición en Europa está parcialmente apuntada en la Estrategia 2020 y sus 17 sectores de crecimiento futuro. En el caso de España esa hoja de ruta tiene un primer embrión en la Ley de Economía Sostenible aprobada en 2010, o en Informes como el publicado por la Fundación Ideas sobre las nuevas fuentes del crecimiento que podrían cambiar la estructura económica española de aquí a 2025.

En definitiva, tan importante como mantener a Grecia en el euro, ralentizar los ajustes y poner en marcha instrumentos comunes de gobierno económico es concentrar todos nuestros esfuerzos en políticas de inversión productiva y cambio regulatorio que transformen de arriba abajo nuestra manera de producir y consumir bienes y servicios. No podemos olvidar que el origen de esta crisis está en un modelo excesivamente financiarizado y en el peso excesivo de la construcción dentro de un modelo social y medioambientalmente agresivo. La solución a nuestros problemas no consiste en reparar las heridas para perpetuar el viejo modelo productivo que nos trajo hasta aquí, sino en transitar hacia uno completamente nuevo que cree un marco en el que las nuevas empresas y los nuevos empleos sean sostenibles por décadas y la calidad de vida experimente un salto positivo sustancial. El reto es mayúsculo pero por eso debería ser la mayor de nuestras preocupaciones…aunque Krugman no lo mencione en sus tribunas.

Menos mal que este gran economista visitará nuestro país la semana que viene, y podremos escucharle. El Consejo Europeo no habrá resuelto todos los problemas de la crisis de la deuda, y tampoco habrá alumbrado las medidas definitivas para ese cambio de paradigma económico en Europa, así que será una gran ocasión para debatir sobre las medidas de corto plazo y las de medio plazo que debemos seguir impulsando en Europa. Nuestro futuro depende de ello.  

 

El rescate a los bancos: hasta 12.000 euros por familia

Por: | 10 de junio de 2012

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El gobierno se decidió ayer a pedir un rescate bancario con fondos europeos que podría ascender a 100.000 millones de euros. La cifra que finalmente se inyecte a los bancos dependerá del resultado de las auditorías que se harán públicas a finales de este mes. De momento, lo que sabemos seguro es que el Estado había puesto hasta ayer 38.000 mil millones de euros (15.000 millones en la recapitalización de las cajas que han recurrido al FROB y otros 23.000 en el reciente salvamento de Bankia). El FMI nos dijo el sábado que el sistema financiero español necesitaría otros 40.000 millones adicionales, pero por si acaso las auditorías destapaban algún agujero negro inesperado, el Eurogrupo aprobó un rescate potencialmente mayor.

Estamos hablando de cifras directas de inyección en el capital de los bancos, básicamente a través de compra de acciones, lo que excluye otros apoyos mediante avales o préstamos que el Estado ha venido poniendo en marcha desde el estallido de la crisis financiera en 2008. En este contexto, la oposición reclama que la recapitalización de los bancos no cueste ni un euro a los españoles, y el gobierno afirma que cuando se re-estructuren los bancos y se vendan de nuevo a manos privadas se recuperará toda la inversión. Pero la realidad es que esto no será así. Lo más normal es que el Estado termine asumiendo una buena parte de las pérdidas.

Lo más cercano al caso español es el caso británico, que puede servirnos para hacer un paralelismo aproximado de cómo puede acabar esta historia y de cuánto puede costarle a los ciudadanos de nuestro país. El Reino Unido recapitalizó las entidades bancarias en 2009. Fueron 123.000 millones de libras (en préstamos y compra de acciones) que se repartieron de la siguiente forma: Royal Bank of Scotland (46.800 millones); Lloyds (20.540 millones); Northern Rock (22.990 millones); Bradford & Bingley (8.550 millones) y otros 26.050 millones repartidos entre varias entidades menores para reforzar las garantías de sus depósitos.

El Estado británico comenzó a vender algunas de sus participaciones en 2011, y según los últimos datos disponibles de la National Audit Office, las pérdidas reconocidas hasta el momento por esas operaciones ascienden a 12.900 millones de libras. En realidad, las pérdidas finales no se sabrán hasta que el sector público salga de todos esos bancos, pero si hiciéramos una estimación con los datos de cotización actuales de las acciones, las pérdidas finales podrían ascender al 41% del total. Es decir, si el Reino Unido decidiera deshacerse hoy de todas las acciones que tiene en los bancos nacionalizados, sólo recuperaría 72.600 millones de libras de los 123.000 millones que puso, y los ciudadanos británicos deberían asumir pérdidas por valor de 50.400 millones.

En el caso de España no tenemos por qué suponer que la cosa vaya a ser diferente. La cantidad de activos tóxicos inmobiliarios es superior en nuestros bancos con problemas, lo que compensa el hecho de que no invirtieran en los derivados financieros que explican buena parte del agujero bancario en Reino Unido. Si España terminara recapitalizando los bancos en la cuantía que parece segura hasta ahora, 78.000 millones de euros, y perdiera el mismo 41% que parece que perderán los británicos, el coste para los españoles podría ser de 31.800 millones de euros. Es decir, 676 euros por ciudadano, o lo que es lo mismo, 2.706 euros por familia de cuatro miembros. Pero la cosa podría ser aún peor. Si el agujero se revelara mayor y hubiera que usar los 100.000 millones que le endosaron ayer a de Guindos, entonces la recapitalización total entre 2010 y 2012 ascendería a 138.000 millones, que podrían generar pérdidas para los ciudadanos españoles de 2.931 euros por persona (11.744 euros por familia). Vamos, una nadería, que no debería alterar la tranquilidad con la que parece que Rajoy va a disfrutar del primer partido de España en la Eurocopa de Polonia.

El G7 ante la crisis del euro

Por: | 05 de junio de 2012

EuroG7
Hasta hace un mes, la crisis del euro era un asunto exclusivo de la UE que sólo salpicaba a otras potencias internacionales cuando tenían que aprobar la implicación del FMI en los rescates de Irlanda, Grecia y Portugal. Sin embargo, en estas semanas han concurrido tres factores que afectan a sus protagonistas más destacados y que explican la mayor implicación que está tomando el G7 desde hace 15 días, hasta el punto de haber convocado hoy una reunión de urgencia.

El primer factor es táctico: Hollande no se ve capaz de ganar su batalla contra Merkel sólo en Bruselas y pretende involucrar a otras grandes potencias para doblegar la tozudez germana y aprobar un potente Plan de Crecimiento para la UE antes del verano. El segundo factor es electoral: Obama se arriesga a perder las elecciones si la economía se complica. Los pobres datos de empleo en EEUU de la semana pasada son sólo un aviso. Él sabe que la quiebra de Lehman Brothers hundió el final del mandato de Bush y quemó las posibilidades electorales de McCain; y le inquieta profundamente que la crisis del euro termine suponiendo su tumba política el próximo mes de noviembre. El tercer factor es financiero: los líderes del G7 son conscientes de que el sistema monetario internacional puede verse sometido este año a un shock sin precedentes que ellos tendrían que sufrir, costear y redirigir. Si la crisis bancaria en España obliga a un rescate masivo o si las elecciones en Grecia obligan a su  salida descontrolada del euro, el pánico volverá a apoderarse de los mercados financieros, la volatilidad se disparará y la desestabilización podría requerir una refundación del sistema monetario internacional, de mayor calado incluso que cuando colapsó el Patrón Oro.

En este contexto, y ahora que el G7 ha empezado a preocuparse seriamente por la crisis del euro, la cuestión fundamental es ¿qué puede hacer al respecto? En mi opinión, el G7 no debería perder mucho tiempo en especular sobre la gestión de posibles escenarios catastróficos, y debería emplear todas sus energías en intentar evitarlos. Creo que la mejor opción sigue siendo la de intentar que Europa solucione sus problemas sin la ayuda del resto. Involucrar masivamente al FMI, a EEUU y a China en este asunto debería reservarse como un último cartucho, aunque es cierto que su influencia concertada puede ser muy positiva en estos momentos.

Lo más importante es que el G7 y el G20 utilicen bien las reuniones que tienen previstas para presionar a Alemania y lograr que modifique su actitud permanentemente negativa. Merkel (también apodada Doña No) debería sufrir desde fuera la misma presión que ella impone a las economías más débiles de Europa. Alemania viene comportándose de forma egoísta desde hace meses, pero esa actitud está alargando una crisis que amenaza con contagiarse al resto del planeta. Desde esa postura miope, Alemania se ha negado a los eurobonos, se ha negado a incrementar la dotación del Mecanismo Europeo de Estabilidad (ahora dotado con 500 mil millones de euros); se ha negado a una Unión bancaria que suponga una garantía común de todos los depósitos; no admite ninguna desviación de la austeridad fiscal en Europa (ni siquiera en Alemania); no quiere que el BCE financie las deudas de los gobiernos; no permite una relajación de la política monetaria; y, por supuesto, no quiere ni oír hablar de inducir un boom de crédito y consumo en Alemania que ayudaría a salir de la crisis al resto de Europa.

El G7 debería darle la vuelta a los siete “noes” de Merkel (como los ha resumido Martin Wolf la semana pasada en FT). La zona euro necesita más financiación externa, que sería más fácil a través de los eurobonos; necesita un respaldo colectivo a los bancos, que sería más simple con una Unión bancaria y con un cambio en las reglas de utilización del fondo de rescate para la recapitalización de las entidades financieras en apuros (que las hay en España pero también en Alemania); El euro también requiere una contracción fiscal más suave, una política monetaria más expansiva con menores tipos de interés y una demanda interna alemana más vigorosa.

Si el G7 es capaz de lograr alguno de estos avances, sus reuniones habrán merecido la pena. Si no, tendrán que sacar la calculadora y empezar a elucubrar sobre escenarios imponderables de rescate a grandes economías avanzadas que no se han producido en la historia económica moderna. Confiemos en que la presión de los líderes más importantes del mundo sea suficiente para convencer a Alemania.

En este sentido, lo mejor será no empeñarse en los argumentos frontales, sino en los que pongan el interés propio alemán por delante. Algunos de esos argumentos son bastante potentes: si Grecia se sale del euro, los electores alemanes no perdonarán haber tirado 80 mil millones de euros de sus bolsillos a la basura; si España termina siendo rescatada, los bancos alemanes verán peligrar casi 200 mil millones de euros en activos invertidos en títulos españoles; y si Europa sigue ajustándose el cinturón hasta la inanición, la economía alemana entrará en recesión, ya que el crecimiento de sus exportaciones a las economías emergentes parece estar tocando techo.

Ante estos peligros para Alemania, el Plan de Barroso para avanzar en la Unión fiscal, la Unión bancaria y la Unión política puede suponer la excusa perfecta para que Merkel justifique un cambio de opinión y se ponga a la cabeza de esos cambios estructurales en la construcción europea. Por eso, el G7 debería apoyar también el Plan Barroso en su declaración final, como hizo hace unos días con los Planes de crecimiento que llevaba Hollande en la agenda.

Este mes de junio puede ser el final de una historia, pero los actores que tendrán que escribir las primeras líneas de la siguiente serán los mismos. Así que confiemos en que no hagan borrón y cuenta nueva. El mejor camino es enderezar los renglones más torcidos del actual relato.

 

¿Te sumas a la campaña contra la austeridad?

Por: | 28 de mayo de 2012

Auterity isnt working
Esta semana, mientras los jefes de estado y de gobierno de Europa se reunían en Bruselas para diseñar un plan de empleo  y crecimiento, los think tanks progresistas del continente y EEUU, entre ellos la Fundación IDEAS, han decidido que es hora de ejercer aún más presión contra la auteridad, y es necesario hacerlo de forma colectiva.  

La elección de François Hollande a principios de mes ha suscitado la esperanza de los progresistas de  toda Europa de que una alternativa a las políticas de austeridad es posible. Cuando se dirigió a sus votantes en la Bastilla, Hollande reconoció que su elección era la victoria de todos los europeos que deseaban cuadrar las cuentas públicas a base de crecimiento y empleo y no sólo a base de recortes. Aun así, en la Cumbre del G8 en Washington la semana pasada, y en la cena del Consejo  Europeo esta semana en Bruselas, el nuevo Presidente francés no ha conseguido cambiar el debate de forma sustancial. Mientras las promesas de crecimiento abundan, no existen planes reales de acción ni una hoja de ruta, cuando sólo queda un mes para que el Consejo Europeo de finales de junio intente cerrar un acuerdo.

Por tanto, sin voluntad política ni liderazgo, no es sorprendente que aumente la frustración en toda la sociedad y que cada vez haya más personas, colectivos y organizaciones de la sociedad civil que piensen que se necesita más presión desde abajo. Mientras los líderes se reunían en Camp David y en Bruselas, se empezaba a construir una coalición de instituciones progresistas a favor de una agenda pro-europea y pro-crecimiento. La campaña mundial “Austerity Isn’t Working” (www.austerityisntworking.eu) se inspira en parte en las campañas de movilización popular y a través de internet que, en los Estados Unidos han conseguido cambiar el rumbo de los debates públicos sobre la economía. De momento, esta iniciativa está en la fase de pre-lanzamiento, usando las redes sociales para recoger testimonios personales sobre cómo la austeridad está afectando a personas de verdad, y usando las redes intelectuales de los think tanks que la impulsan para aportar evidencia sobre los destrozos que las políticas de austeridad pueden crear en un contexto de restricción crediticia e incertidumbre generalizada. La campaña también pretende servir de plataforma para intercambiar nuevas ideas destinadas a ofrecer una respuesta fiscalmente responsable, pro-europea y pro-crecimiento a la crisis que sufrimos y, a principios del mes que viene, las diferentes plataformas implicadas empezarán a promocionar esa agenda públicamente.

Fue en Madrid donde el movimiento de los  “indignados” alumbró la esperanza de que una democracia mejor era posible. Sus propuestas para fortalecer las instituciones  desde abajo y  servir de contrapeso a las economías de mercado desreguladas con otros modelos de producción y consumo cooperativos, creativos y sostenibles, tuvieron un impacto muy positivo en otras partes del mundo. El movimiento de los “indignados” tomó varias formas en Nueva York, Tel Aviv y Londres entre otras muchas ciudades del que vivieron sus propias “Primaveras” de activismo social.

Un año después, vemos que esos movimientos siguen activos pero se enfrentan a la necesidad de transformar sus reivindicaciones genéricas en iniciativas políticas concretas. Creo que para muchos ciudadanos la iniciativa “La Austeridad No Está Funcionando”  puede ser la plataforma que estaban buscando, una plataforma para transformar su perplejidad y sus quejas ante la gestión actual de la crisis en una acción política de presión activa y positiva.

Esta campaña puede ayudar a que nuestros líderes políticos en Europa entiendan que la austeridad no tiene sentido en plena recesión causada por una crisis financiera. Aunque eso ya lo saben muchos de ellos, y por eso quizá lo más importante de esta campaña es que puede aportar historias personales que apoyen los argumentos con sentimientos de empatía hacia todos aquellos ciudadanos que están sufriendo las peores consecuencias de la crisis. Ciudadanos que están cayendo por debajo de los niveles de pobreza en zonas del mundo, como Europa o Estados Unidos, donde por primera vez en 6 décadas una generación entera de jóvenes se enfrenta a la desesperanza de un futuro sin empleo, y donde los otrora generosos sistemas de protección social son incapaces ya de cubrir las necesidades básicas de un número creciente de familias sin ingresos.  

Quienes lanzamos esta campaña somos conscientes de que se trata de un experimento, pero estamos convencidos de que es un experimento que puede crear un punto de inflexión y marcar la diferencia. Todos necesitamos canalizar nuestras energías de forma positiva y, por eso cualquier persona que tenga algo que aportar en forma de experiencia vital, historia personal o reflexión intelectual, será bienvenido a bordo de esta iniciativa. ¿Te sumas?

 

Austerimiento para Merkollande

Por: | 09 de mayo de 2012

Ya tenemos fecha para la nueva Cumbre europea sobre el crecimiento, el 23 de mayo, y ya ha comenzado la negociación. Merkel ha dicho que el Pacto fiscal es innegociable y Hollande ha empujado a la Comisión Europea a proponer cosas parecidas a las que él mismo ha defendido en su
campaña, como los project bonds (una especie de eurobonos para financiar proyectos de inversión a escala europea sin que computen en las cifras de déficit).

La primera cuestión importante no es si Europa va a incluir en sus declaraciones la apuesta simultánea por la austeridad y el crecimiento, sino qué orden le va a dar. Para Merkel y sus seguidores, la austeridad es la premisa del crecimiento porque, según ellos, los recortes del déficit generan confianza en los mercados financieros y así aumenta la inversión privada que luego deviene en actividad económica y empleo. Para Hollande y los suyos, la lógica es la inversa: es el crecimiento
el que permite estimular el empleo y generar los ingresos fiscales que a su vez son fundamentales para reducir los déficits y las deudas acumuladas. Como ven, es como la cuestión del huevo y la gallina, que depende de quién lo mire, pero la verdad es que el caso de las cuentas públicas tanto el numerador como el denominador son las dos partes inseparables de cualquier cociente numérico.

Dado que el pacto fiscal se firmó en el pasado Consejo europeo y que está ya en proceso de ratificación, creo que Merkel se hará fuerte en su posición y Hollande no logrará mucho más que añadir un plan adicional o algún tipo de enmienda, pero ni de lejos modificará ese tratado
como sugirió al principio de su campaña. En ese sentido, Europa evolucionará (como ya viene haciendo desde hace unas semanas) hacia un discurso híbrido en torno al “austerimiento” (o austeridad con crecimiento), pero no dará el salto hacia el orden contrario.

La segunda cuestión importante es qué tipo de instrumentos tendrá cada cual en la cabeza a la hora de hablar de crecimiento en esa cumbre. Para la ortodoxia alemana (y también de la Comisión y el BCE) lo único que merece la pena es impulsar el crecimiento a medio plazo por el lado de la oferta: para ellos, habría que continuar con reformas estructurales de los mercados de bienes y servicios y sobre todo del mercado de trabajo, lo que a su vez supondría también ganancias de competitividad internacional que expandirían la demanda externa vía exportaciones, mientras la demanda interna (el consumo de las familias, la inversión y el gasto público) permanecen bajo control. Según
esta lógica, lo que podemos esperar de la posición alemana para la cumbre de mayo son propuestas para mejorar el mercado de servicios, para rebajar la presión fiscal sobre el factor trabajo, para darle movilidad, así como alguna inversión para impulsar el I+D comunitario y también para mejorar las
interconexiones energéticas.

En el caso de Hollande y la coalición de países afectados por los recortes (entre los que podríamos encontrar a Rajoy de forma sorprendente), la apuesta de cara a la cumbre del 23 de mayo será por un crecimiento a corto plazo, ese que surge de expandir la demanda interna, con medidas que aumenten
el gasto público agregado, la actividad de las pymes y el consumo de las familias. En este paquete entraría el cambio en el ritmo de reducción de déficits (para que el consumo público no se deprima más de la cuenta), la ampliación del presupuesto comunitario (con nuevos recursos mediante impuestos a las transacciones financieras y/o project bonds) y un intenso programa de obras públicas europeas con impacto nacional en las zonas más castigadas por la crisis. También habría probablemente una parte dedicada a financiar nuevas políticas de reciclaje y activación de trabajadores en los sectores destacados como prioritarios por la Estrategia 2020.

Con estos dos enfoques llegaremos a la cumbre y saldrá un acuerdo intermedio, aunque no creo que sea muy ambicioso. Lo que realmente sería una sorpresa es que alguien pusiera encima de la mesa que quien tiene que hacer más por estimular la economía europea es Alemania. Es Merkel, por el superávit comercial que tiene su país y el ahorro acumulado, quien debería poner en marcha medidas de aumento del gasto público y privado alemán. Y si no desea hacerlo por cuestiones de política interna, Alemania debería financiar la mayor parte de las iniciativas europeas que se vayan a plantear en esa cumbre (lo que sólo ocurrirá si se vinculan a las próximas perspectivas financieras). De lo que se trata es de equilibrar una Europa que está desequilibrada, con toda la periferia en recesión, y una Alemania en buena situación que se financia gratis en los mercados por los problemas de deuda del resto. Todo el mundo habla de esto en círculos europeos, pero veremos si Hollande se lo plantea claramente a Merkel. Si fuera así, entonces el tándem tendría que invertir el orden de los nombres, aunque se convirtiera en una pareja de mote impronunciable. El resultado lo veremos en 2 semanas.

El programa económico de Hollande

Por: | 23 de abril de 2012

Tras la victoria en la primera vuelta, es muy probable que Francois Hollande sea el próximo presidente de Francia. Como todos los nuevos presidentes electos en Europa desde 2008, lo primero que tendrá que atender son los asuntos económicos.

La situación económica de Francia es de estancamiento, pues las expectativas de crecimiento para este año son de apenas el 0,6%, mientras que la inflación y el desempleo siguen creciendo, y el país afronta importantes dificultades para reducir el déficit (que se espera termine el año en -5,3%) y la deuda (que llegará hasta el 91% del PIB en 2013, según la Comisión Europea) (véase: http://ec.europa.eu/economy_finance/eu/forecasts/2011_autumn/fr_en.pdf)

Cuando Hollande visitó Madrid en Octubre de 2011 invitado por la Fundación Ideas, acababa de ganar las primarias del Partido socialista francés, pero ya tenía muy claro que centraría su programa electoral en la alternativa a las recetas económicas de Merkozy.

Global-hollande2

De hecho, en ese viaje, firmó la Declaración de líderes progresistas de Madrid, dirigida al G20 que se iba a reunir en Cannes, y donde ya reclamaba una nueva estrategia de crecimiento para Europa, un nuevo papel para el BCE y un impuesto a las transacciones financieras que diera nuevos recursos para impulsar la recuperación en el continente. Cuando presentó su programa económico completo en el mes de febrero de 2012, añadió también la propuesta de los “Project bonds” (eurobonos para financiar proyectos de infraestructuras y energía a escala europea).

Si  quiere cumplir con sus promesas, es probable que el primer viaje de Hollande sea para visitar a Merkel y presentarle un memorando de modificación del tratado fiscal aprobado en el Consejo Europeo de marzo, pero aún no ratificado por la Asamblea francesa. Si quiere jugar a fondo, deberá amenazar con bloquearlo en esa votación interna, con el propósito de que los alemanes acepten una modificación del texto (probablemente con un anexo nuevo) en el próximo Consejo Europeo del 27 y 28 de junio. Además de utilizar el mandato de las urnas, Hollande debería esgrimir ante Merkel que tanto el FMI como EEUU están de su lado al advertir de las devastadoras consecuencias que tendrá la austeridad excesiva en la eurozona, si los calendarios de ajuste no se revisan pronto.

Será muy interesante ver cómo contraponen su visión a la crisis europea Sarkozy y Hollande en su debate televisado antes de la segunda y definitiva votación. Junto a las nuevas políticas económicas en materia europea, Hollande deberá hacer valer también algunas de sus propuestas económicas de dimensión nacional.

Las medidas estrella del programa de Hollande se pueden agrupar en tres bloques (para más detalle véase: http://www.lepoint.fr/economie/document-le-programme-economique-et-social-de-hollande-decrypte-26-01-2012-1424142_28.php). En primer lugar, Hollande ha defendido la creación de una banca pública para la inversión productiva en las Pymes y el aumento de los límites de la exención fiscal (de 6.000 a 12.000 euros) para las libretas de ahorro destinadas a actividades industriales (producto que no existe en España); también ha propuesto separar la banca comercial de la banca de inversión y suprimir los productos derivados y los activos tóxicos; en segundo lugar, Hollande ha defendido retrasar un año el objetivo de equilibrio presupuestario (hasta 2017), la generación de nuevos ingresos mediante un nuevo impuesto de sociedades (con tipos del 35%, el 30% y el 15% en función del tamaño de las empresas), y con la interesante propuesta de rebajas adicionales si los beneficios son enteramente reinvertidos en nuevas actividades económicas; además ha propuesto un aumento de la fiscalidad de la banca en un 15%. Por último, para los jóvenes ha propuesto 2,5 millones de viviendas protegidas y un nuevo “contrato de tutoría”, con el fin de mejorar sus posibilidades de emancipación personal y de desarrollo laboral.

En realidad, el programa económico de Hollande contiene más de 60 propuestas específicas y ha intentado seguir en su mayoría el programa del Partido Socialista, pero ha añadido algunas medidas propias que le han permitido aumentar su visibilidad como candidato solvente en el terreno económico.

Parece que la batalla de la credibilidad interna la está ganando, a tenor de sus buenas perspectivas electorales. En apenas un par de semanas sabremos si sus propuestas a nivel europeo tienen el apoyo de los mercados y de Merkel (ójala no le pase como  a Miterrand cuando en 1981 tuvo que darle la vuelta a su programa ante la huída de capitales). Aunque sus iniciativas son distintas de la ortodoxia alemana, tienen un amplio respaldo entre reputados expertos económicos y organismos internacionales, así que es probable que si pone todo su empeño y experiencia política en el intento, logre impulsar un cambio significativo en la política económica de Francia y de toda la UE. Aquellos países en peor situación, como España o Italia, lo estamos esperando como agua de Mayo (y nunca mejor dicho).

 

El País

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