El debate

Atajar la raíz del problema

Por: | 16 de marzo de 2012

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Sede del BCE en Francfort.

Desde que la crisis financiera alcanzara su mayor virulencia a nivel global, en septiembre de 2008, Europa lleva intentando poner en pie un sistema de regulación y supervisión bancaria para intentar sanear las entidades europeas, homogeneizar las normas existentes y devolver al sistema financiero la confianza de los mercados. Pero, a la vista de la valoración de los expertos de Economismo, parece que todo ello con escaso éxito.

Los cambios regulatorios en este tiempo han sido constantes, lo que ha dificultado la adaptación de las entidades a las normas, cuando no han sido contradictorias entre sí. Es, en buena medida, lo que ha sucedido con el mensaje de las autoridades a través de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) al aumentar los requisitos de capital y la definición del mismo, frente a las inyecciones de liquidez masiva por parte del Banco Central Europeo (BCE) que apostarían por reducir los diferenciales de deuda soberana y facilitar una mayor fluidez del crédito.

Por el lado de la supervisión, no faltan voces —como la del exconsejero del BCE, Lorenzo Bini-Smaghi, desde estas páginas la semana pasada— que alertan de la necesidad de que esa labor se lleve a cabo a nivel europeo, para reducir así la posibilidad de injerencias políticas y homogeneizar los criterios aplicados a nivel comunitario, lo que ayudaría a su vez a consolidar la posición de la banca europea frente a la estadounidense. Temas todos ellos que exigen una profunda revisión del modelo actual y que anticipan un largo camino por delante.

Santiago Carbó, de la Universidad de Granada, destaca en su larga aportación al blog la importancia del sector bancario para la recuperación económica pese a lo cual, señala, las iniciativas puestas en marcha por las autoridades europeas se demuestran “insuficientes y descoordinadas hasta la fecha”. Carbó señala que las acciones se han centrado en exigir más solvencia a los bancos más grandes cuando los problemas “tienen mucho más que ver con el modelo de negocio y con las actividades que realiza que con su tamaño”. Y, además, insiste en un punto importante: “no se ha proporcionado ninguna medida para controlar el riesgo sistémico ex ante” y que “en cada país existe un tratamiento distinto de lo que se consideran activos ponderados por riesgo y existen también divergencias difíciles de explicar entre países en este punto, lo que dificulta la homogeneidad en la aplicación de la normativa de solvencia”. A su juicio, aunque la creación de la EBA fue un paso en la dirección correcta parte de un problema evidente: “no tiene la sufifciente autoridad”.

Carbó, también asesor de la Reserva Federal de Chicago, insiste en que el tratamiento de la liquidez demuestra que “el sector bancario europeo no está siendo conducido por los derroteros adecuados” y que la liquidez “es un síntoma y el riesgo y la debilidad de los balances es el verdadero problema de fondo”.

Joaquín Maudos, de la Universidad de Valencia, resume el sentir casi generalizado de los expertos de Economismo: “lo que hace falta no es más regulación, sino mejor regulación”. A su juicio, los cambios regulatorios se están produciendo de manera excesivamente rápida, lo que distorsiona la toma de decisiones y falta, además, “mayor convergencia regulatoria. No hay más que recordar los cambios que se han producido en la definición de solvencia mínima exigida en las dos pruebas de resistencia realizadas (en la primera, Tier 1, y en la segunda, Core Tier 1), que a su vez difiere del capitalk principal del real decreto de reforzamiento del sistema financiero español”, una queja generalizada entre la banca española. Y en esa idea abunda Maudos. “Las exigencias de la EBA han penalizado a la banca española, al no computar en la definición de capital las provisiones genéricas, algo que quizás podría explicarse por la ausencia de representantes españoles en dicha autoridad”, subraya el catedrático de Economía.

En cuanto al impacto regulatorio sobre el sistema financiero español, Maudos considera que el reciente decreto va en la buena dirección al limpiar los balances “pero deja fuera eal 80% de la inversión crediticia”. En su opinión, el problema de fondo es de financiación, dadas las dificultades que tendría el FROB (Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria) para financiarse a los mercados. Lo mismo se aplica al FGD (Fondo de Garantía de Depósitos) como alternativa para ofrecer esquemas de protección de activos en las fusiones. Mientras no se resuelva ese problema, el saneamiento será insuficiente.

Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research (CEPR) de Londres, es meridianamente claro en su diagnóstico: “La gestión de la crisis de deuda soberana y bancaria, ambas interrelacionadas, es el ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer”. De la Dehesa critica la ausencia de un potente cortafuegos, “por no querer financiarlo”, para calmar a los mercados y reducir los spreads; la falta de saneamiento de los balances bancarios para que fluya el crédito, “pero la EBA ha obligado a provisionar la deuda soberana y aumentar brutalmente el capital, obligando a reducir balances y crédito”. De ahí que, el BCE haya tenido que inyectar masivamente liquidez a 3 años para evitar una catástrofe bancaria y reducir los spreads de la deuda soberana. “Al haber salvado la situación el BCE, los gobiernos tienen un incentivo todavía mayor para no hacer nada, sabiendo que, al final, el BCE comprará deuda al no existir un cortaguegos o un Tesoro europeo y volverá a salvar a la banca”, concluye.

Desde la Universidad de Murcia, el profesor José García Solanes, se centra en el caso español donde, a su juicio, “son indispensables medidas que refuercen la transparencia de los balances bancarios a efectos de evitar la contaminación creada por las pérdidas inmobiliarias que en ellos se esconden”. García Solanes defiende, además, que las ayudas al sistema financiero —que “se están prodigando en exceso”— “han de estar muy bien regulados y vigilados”, con el fin de evitar un sobrecoste para los ciudadanos e impedir que falseen la competencia. en su opinión, “las entidades que no puedan reestructurarse por si mismas o participar en fusiones eficientes, deberían abandonar el mercado”.

Con semenjante escenario, parece que el sistema financiero europeo, en general, y el español, en particular, aún tienen por delante una larga travesía.

Hay 2 Comentarios

El estudio habla, en genera, de mas y mejor financiación del sistema financiero por parte de las autoridades europeas. Pero creo que estas deberian de inyectar liquidez directamente sobre la economia real. Lo que financia a las empresas y dá liquidez a los bancos es la actividad. Mas politica fiscal en Europa


LA GRAN ESTAFA.

Los ciudadanos de a pie no tenemos por qué reventarnos trabajando noche y día (los que aún trabajamos) para solucionar los GASTOS EXCESIVOS de Gobiernos, Comunidades Autónomas, Diputaciones, Ayuntamientos.
Ni para pagar RESCATES de la BANCA, ni de PAISES ni de nada.
¿Quién RESCATARÁ a los MILLONES DE PARADOS, a los SIN TECHO, a los NUEVOS POBRES (mujeres y jóvenes sin trabajo)?
¿El Capitán AMÉRICA? ¿SuperMerkel? Me inclino por LA MASA, la que se pone verde cuando se cabrea...

(recuérdese la REVOLUCIÓN FRANCESA: ¡LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD!. NO QUEDÓ TÍTERE CON CABEZA) ...

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