El PSM o las oportunidades en el pozo

Por: Pablo Guimón | 18 nov 2011

Lissavetzky y gómez


Cuando el resultado es catastrófico no sirve buscar culpables concretos. La culpa es del proyecto. O de la coyuntura. O de las dos cosas. Y esa es, probablemente, la lectura que se haga en el PSOE después del domingo. No parece, desde luego, que haya nadie dispuesto a atribuir responsabilidades a federaciones concretas por los resultados en una determinada región. Si se cumple lo que indican las encuestas, esto puede ser una suma de récords negativos para los socialistas.


El lunes se abrirá un periodo de reflexión en el PSOE. Habrá que ver qué hace Rubalcaba. Y quién tiene ganas de liderar aquello. Habrá congreso, probablemente, en el primer trimestre de 2012. Suenan nombres: Carme Chacón, Patxi López, Guillermo Fernández Vara. Pero puede haber otros. En marzo de 2000 nadie hablaba de Zapatero y cuatro años después era presidente del gobierno. Hay quien no descarta que, en ese contexto, Tomás Gómez mueva ficha.


Lo cierto es que, si hay una federación socialista cohesionada, esa es la de Madrid. Gracias, dicen los críticos, a la “política de arrase” que llevó a cabo Gómez después de las primarias. Apenas están representados en las instituciones quienes se alinearon con Trinidad Jiménez en las primarias. Con la notable excepción del líder de la oposición socialista en el Ayuntamiento de la capital, Jaime Lissavetzky, amigo íntimo de Rubalcaba y que formó con Trinidad Jiménez el tándem madrileño propuesto por Ferraz.


Al margen de lo malo que pueda ser el resultado del domingo, pueden vislumbrarse oportunidades para el socialismo madrileño dentro la crisis. Sí, las hay, por extraño que parezca. Tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento, las perspectivas que se abren para los socialistas pueden ser, paradójicamente, mejor de lo que parecen a primera vista de cara a las próximas elecciones municipales y autonómicas. En Madrid se abre un proceso interesante en términos políticos.


La crisis ha acabado con el PSOE en tres años. Y nadie espera una recuperación mágica en los próximos tres. Habrá más recortes, vendrán malas noticias para los ciudadanos. Y, con el PP acaparando todo el poder institucional, en las tres administraciones, habrá solo un partido al que echar la culpa. Todo indica que Aguirre no repetirá como candidata a la Comunidad de Madrid. Y que Gallardón se irá del Ayuntamiento. Lo cual puede traer desgastadoras peleas sucesorias en las filas del PP.


Hay quien dice que Aguirre podría ser candidata a la alcaldía de Madrid. Todo ello si finalmente Gallardón deja el palacio de Cibeles. En ese caso el alcalde se llevaría parte de su equipo (y otra parte se iría por su cuenta). Lo cual, y aquí se frotan las manos en la oposición municipal, podría dejar al Ayuntamiento en condiciones políticas paupérrimas. Además de arruinado. Si Ana Botella se queda de alcaldesa Jaime Lissavetzky podría tener ante sí una oportunidad de oro de convertirse en un referente nacional en la oposición a la derecha. Eso sí, tendría que estar dispuesto a aprovecharla. Se decía hace meses que Ana Botella podría quedarse de alcaldesa pero que nunca la pondría el partido como candidata a las próximas elecciones. Pero si el PP gobierna en todas las administraciones de toda España tampoco tendrá tanta gente de la que tirar. Ya dijo ayer el propio Gallardón, y no suele dar puntada sin hilo, que sería una buena candidata.


Pues eso. Que hay muchas crisis por delante. Que una derrota hoy puede abrir las puertas a una victoria pasado mañana. Y que los efectos dominó, en esto de la política, son insondables.

Pongamos que debatieron de Madrid

Por: Pablo Guimón | 12 nov 2011

Rajoyrubalcaba

Acaba la semana de los debates electorales. Dos citas, las noches del lunes y del miércoles, en las que Madrid ha estado encima de la mesa en las más diversas formas. He elegido tres. Vean:

1. MICROCOSMOS DEL PP. En el debate del lunes entre Rubalcaba y Rajoy, el bloque de políticas sociales se convirtió en una especie de examen a las políticas aplicadas por el Gobierno de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. En la estrategia de los socialistas, Madrid parece ser el fantasma al que invocan como microcosmos de lo que será España cuando gobierne el Partido Popular. Dijo Alfredo Pérez Rubalcaba: “Empieza a haber una presencia muy importante de lo privado en la sanidad en algunas comunidades”. Y, en su siguiente intervención, ya le puso nombre y números: “En el presupuesto de la Comunidad de Madrid ha subido un 30% el dinero para la sanidad privada y baja un 2% el de la pública”. En efecto, los ocho años de gobierno de Aguirre han sido un viaje hacia una progresiva privatización de la asistencia sanitaria en Madrid. De la decena de hospitales que se han creado en estos años, en todos se ha introducido, en mayor o menor medida, la gestión privada. Con el segundo hospital de Móstoles y el de Collado Villalba, que se inaugurarán previsiblemente el año que viene, serán cuatro los hospitales de gestión enteramente privada en la región. El incremento del presupuesto sanitario en las cuentas regionales para 2012 es de un 0,6%, lo que equivale, teniendo en cuenta la inflación, a un ligero descenso. Solo crece, y lo hace nada menos que en un 34%, el dinero destinado a la asistencia sanitaria concertada. Pasa de los 371 millones de este año a 496. En Madrid, la gestión de la sanidad pública está cada vez más en manos de empresas privadas y los hospitales de gestión pública directa pierden recursos cada año. “Yo no conozco que haya privatización de la sanidad”, respondió Rajoy a Rubalcaba. “Hay gestión privada”. Desde luego.

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Figar lo tenía todo

Por: Pablo Guimón | 03 nov 2011

Lucía Figar (a la derecha), con Esperanza Aguirre e Ignacio González. / CLAUDIO ÁLVAREZ

Es joven, representa a la nueva generación del partido, pero, a la vez, contenta a su ala más dura: está casada con Carlos Aragonés, que fue jefe de gabinete y mano derecha de Aznar (de cuyo nieto, por cierto, es madrina). Habla tres idiomas, su carrera ha sido fulgurante y sin manchas. Y es mujer, algo que no abunda en las quinielas de ministrables populares. Lucía Figar (Madrid, 1975), consejera de Educación y Empleo de la Comunidad de Madrid, lo tenía todo para ser ministra.

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Indignan a los indignados

Por: Pablo Guimón | 30 oct 2011

Foto_sol

Hay bastantes cosas tristes en la prohibición de manifestarse en Sol y otro centenar de plazas madrileñas durante la campaña. La primera es que no suele ser una buena noticia que se restrinja el derecho de manifestación, como advierten desde Toma la Plaza. Pero aquí quería detenerme en otra razón por la que me parece lamentable.

Me asquea porque a lo que estamos asistiendo es, una vez más, a la batalla electoral en su variedad más cutre, esa en la que se acaba perdiendo de vista a los ciudadanos. La cosa funciona así: la Ley Electoral, en su artículo 57.1, establece que los Ayuntamientos deben comunicar a la Junta Electoral los “locales oficiales y lugares públicos que se reservan para la realización gratuita de actos de Campaña Electoral”. La reserva de esos lugares implica que ahí no se pueden celebrar manifestaciones durante la campaña. Pues bien, para estas elecciones el Ayuntamiento de Madrid ha mandado reservar 110 lugares públicos, incluido Sol, 42 más que en las pasadas elecciones municipales y autonómicas y 45 más que en las generales de 2008. ¿Somos muchos más votantes, están en juego muchos más escaños, estamos mucho más repartidos geográficamente por la ciudad que en 2008? ¿Alguna explicación a los ciudadanos de ese aumento de más del 60% de los lugares en que se prohíbe manifestarse? No la ofrecieron cuando este periódico se lo preguntó el viernes.

De modo que el Ayuntamiento (PP) es quien reserva los espacios, pero es la Delegación del Gobierno (PSOE) la que debe velar por el cumplimiento de las restricciones. Supongo que comprenden la magnitud de la patata caliente. Y si no, ahí está el siempre sutil Francisco Granados, secretario general del PP madrileño, para arrojar un poco de luz. “Hay que esperar que la delegada del Gobierno deje de hacer oídos sordos a las resoluciones que se van tomando y haga lo que tiene que hacer, lo que es su obligación, cumplir y hacer cumplir la ley”, declaró a Efe.

Pues eso. Los indignados saldrán a la calle, por supuesto. Más indignados todavía. Y los artilleros de la derecha presionarán hasta la náusea a Interior para que cumpla con su obligación y envíe la policía a desalojar las plazas. Son unos blandos, dirán. Están ustedes desprotegidos, ciudadanos de bien. Y pobres los comerciantes. Ya saldrá Arturo Fernández a decir que no les dejan vender nada. Y si la policía sale se frotarán las manos frente a los televisores de sus despachos.

Y todo, ¿para qué? ¿Qué consiguen? ¿Que usted, ciudadano, esté más seguro? ¿Que le lleguen a usted mejor los mensajes de los políticos? Claro que no. ¿No sería mejor dejar que los indignados debatan en la calle? ¿Es que no han demostrado sobradamente que son pacíficos? Me temo que el único objetivo de todo esto son los votos. Y eso es precisamente lo que indigna a los indignados.

Han metido al 15-M en su campaña. Pero no para dejarles debatir, intercambiar ideas, ejercitar y compartir la ciudadanía en las plazas. Lo han metido como arma arrojadiza, como argumento-cachiporra para sus batallas estériles. Chapeau.

Palabra de Gallardón

Por: Pablo Guimón | 26 oct 2011

Gallardón, en la presentación de la Red Bull Music Academy (Luis Sevillano)

“No tengo prevista cosa distinta que terminar mi mandato como alcalde de Madrid". Piensen en esta frase. Lo sé, da un poco de rabia. Es todo espontaneidad. Puro Gallardón. La pronunció el pasado martes en el pleno municipal y el comentario, aquí en la redacción, no se hizo esperar: “Gallardón acaba de decir que se queda, ¿no?”. Pues no. Ha dicho exactamente lo contrario. O, más bien, lo que ha dicho es algo que le permitirá defender que nunca ha mentido a los madrileños cuando acepte un puesto en el próximo gobierno de Rajoy y abandone la alcaldía para la que fue elegido hace apenas seis meses.

En estos casos funciona muy bien la extrapolación a lo cotidiano. Vean:

-Cariño, ¿comemos el domingo en casa de mis padres?

-No tengo prevista cosa distinta.

¿No lo ven? ¡Es un no como una casa! Si vas a ir a comer, respondes “sí”. Si no vas a ir a comer y te da igual, dices “no”. Y si sabes que no vas a ir pero no quieres decirlo todavía, dices algo que parezca un sí pero que luego no te haga quedar como un mentiroso cuando no vayas.

Sitúense dentro de un mes y pico. Rajoy ofrece a Gallardón la cartera de, pongamos, Fomento. Gallardón la acepta y nosotros nos quedamos con Ana Botella de alcaldesa. El alcalde a la fuga (usted) atiende a los periodistas (su pareja):

-Pero usted dijo que terminaría su mandato como alcalde (dijiste que vendrías a comer a casa de mis padres)… ¿Ha mentido a los madrileños? (¿Me has mentido?).

-Disculpe, yo nunca he dicho eso. Lo que dije es que no tenía previsto cosa distinta que terminarlo (que ir a comer a casa de tus padres). Y le puedo asegurar que esto (no ir) no lo tenía previsto.

La clave, claro, está en las palabras. Y Gallardón las maneja bien. Terminar un mandato es algo objetivo. O se termina o no se termina. Tener previsto terminar un mandato, en cambio, pertenece al plano de lo no comprobable. ¿Quién puede demostrar lo que usted tenía o dejaba de tener previsto?

“Previsto”. No es la primera vez que el alcalde utiliza el concepto de previsión para salir de rositas con este tema. Ya en mayo de este año, pocos días antes de las (previsiblemente) últimas elecciones municipales de Gallardón, a la pregunta de Daniel Verdú y Elena G. Sevillano de si agotaría el mandato, el candidato, conocido entre los periodistas por su retórica barroca, respondía con esta joya: “Esa es absolutamente mi previsión”. Atención. Coloca un “absolutamente” para transmitir la sensación de que acaba de dar una respuesta categórica. Pero, muy al contrario, lo que acaba de hacer es irse por las ramas. Cariño, ¿vas a sacar la basura? Esa es absolutamente mi previsión.

Era más larga la respuesta a esa pregunta en aquella entrevista al entonces candidato a alcalde. Y terminaba con otra joya: “No creo que hubiese ningún puesto en el Gobierno de España que me produjese más satisfacción que este”. Suena a compromiso, ¿verdad? Suena a titular. Y sería uno magnífico… si no fuera por el “creo”. Cuatro letras que le evitan cualquier rectificación ulterior y que le permiten, de nuevo, salir ileso. Sus votantes bien intencionados lo entenderán como un compromiso. Pero, aunque solo sea por cuatro letras, no lo es.

Asúmanlo. Alberto Ruiz-Gallardón no se ha comprometido, ni durante la campaña de las municipales ni después, a terminar su mandato como alcalde. Aunque sabía que existían muchas posibilidades de que no lo terminara. Si Rajoy gana el 20-N y le ofrece a Gallardón un buen puesto en su Gobierno, nosotros nos quedaremos con Ana Botella de alcaldesa y Gallardón no tendrá nada que desmentir. Ya lo dijo el propio alcalde en el mismo pleno del pasado martes. “Yo he cumplido mi palabra absolutamente siempre, precisamente porque mido mis palabras”. Absolutamente. Palabra de Gallardón.

Sobre el autor

Pablo Guimón

. Nací en Bilbao en 1975 y soy madrileño desde los 24 años. Después de recorrer diferentes secciones del periódico ahora soy redactor jefe de la sección de Madrid.

Sobre el blog

La política tiene estas cosas. Uno mete un sobre en una urna para elegir presidente del Gobierno y acaba con un nuevo alcalde. O alcaldesa, en este caso. Nunca unas elecciones generales han significado tanto para la capital. No busque en este blog la actualidad de los cabezas de lista de Madrid, de los que saldrá el próximo presidente del gobierno. Busque los efectos secundarios del 20-N para una ciudad y una comunidad que puede vivir unos cambios políticos como hace tiempo que no vivían.

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