El Charco

Sobre el blog

El Charco. 1- Superficie de agua poco profunda que de no ser por los visitantes podría pasar totalmente desapercibido. 2- Coloq. Arg. Océano que separa el continente americano y el europeo.

Sobre el autor

Santiago Solari

Santiago Solari nació en Rosario, Argentina, en 1976. Jugó al fútbol en River Plate, Atlético de Madrid, Real Madrid, Inter de Milán, San Lorenzo de Almagro, Atlante y Peñarol.

Archivo

febrero 2012

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29        

El Barça, ideas e intérpretes

Por: | 28 de agosto de 2011

Mess 

Una vez más salió este grupo de futbolistas a imponer su estilo. En esta ocasión, en la Supercopa europea, en el resbaladizo césped monegasco. Con intensidad, pero con soltura; concentrado, pero liviano. No dando por sentado nada de lo conseguido, pero, al tiempo, consciente de su superioridad. El Barcelona llega a estas citas sin regodearse en el tesoro acumulado. Consciente de lo que, de nuevo, se juega.

Un equipo que ha encontrado a los mejores intérpretes para aplicar sus ideas, pero que antes ha tenido la precaución de tener ideas a las que buscar intérpretes... Este Barça es una equilibrada conjunción entre la libertad individual y el compromiso táctico colectivo. Cada jugada es una declaración en la que se lee la fe de los futbolistas en lo que hacen. Ejecutan con plena confianza los mecanismos y las variaciones que al ya largamente arraigado estilo ha ido agregando Pep Guardiola para enriquecerlo.

Las salidas cortas en el comienzo de las jugadas, incluso ante la presión adversaria, son quizás el ejemplo más contundente de confianza en las propias condiciones. La inserción de Xavi entre los centrales, que se abren como un resorte a orillas del área grande, coloca a los laterales en posiciones ofensivas cuando Valdés todavía tiene la pelota en los pies. Los movimientos horizontales en la posesión, a través del juego corto y medio, se estructuran con triangulaciones verticales que depositan el balón en la otra banda utilizando recorridos que dificultan la presión rival y facilitan la disposición para profundizar. Cuando la pelota supera el mediocampo y los triángulos encuentran a Xavi o Iniesta como vértices bajos, Villa y Pedro, con un ojo en el pie del lanzador y otro en la última línea enemiga, coquetean con el fuera de juego y piden la profundidad. Doble amenaza que, además, desprende a Messi de los centrales y le permite enlazar con holgura.

A los 35 minutos el Barcelona ya tenía el 70 % de la posesión y cuadruplicaba al Oporto en la cantidad de pases. No solo el Barca tiene incorporada su partitura de antemano, sino que, además, afina su instrumento en el transcurso del partido. Tras una salida larga de Helton, a los 37 minutos, los delanteros del Oporto apretaron hasta llegar a Valdés, arrastrando al resto de los bloques con ellos. Valdés, Abidal y Xavi triangularon en el área desairando la presión y, en menos de 14 segundos y sin dejar de tocar el césped, el balón se encontraba en el área contraria en poder de Alves.

El ahogo que produce la presión en falso y el consiguiente regreso de los bloques afectó directamente al Oporto, que, tras recuperar ese balón, no tuvo fuerza para desplegar sus filas nuevamente. El pase atrás de Guarín en el gol de Messi es un claro error individual, pero se produce por la falta de movilidad del equipo portugués para generar posibilidades en la salida tras el esfuerzo en vacío de la presión fallida.

La segunda parte repitió argumento con pequeños matices. El Oporto intentó exigir a Valdés con tiros desde fuera del área y el Barça improvisó alguna salida larga. El dominio y el control no se inmutaron. Solo en saques de esquina superaba el Oporto al Barça cuando Alexis Sánchez reemplazó a Villa y Busquets mandó a Abidal al lateral tras sustituir a Adriano. El partido únicamente corrió riesgo para el Barça en el minuto 78, cuando Abidal dobló su error en la salida derribando a Guarín en un lance que empañó la hasta entonces muy buena labor del árbitro.

Cesc ingresó a 10 minutos del final para corroborar, en pocas intervenciones y con gol incluido, que su fichaje responde a factores que superan lo futbolístico. Con la misma intención que los arqueólogos griegos cuando reclaman al Museo Británico algunos fragmentos de la Acrópolis, el Barça recupera con Cesc un pedacito de su estilo que estaba en manos inglesas. Se asegura calidad y se garantiza competencia a la altura del grupo.

El Barca gana su segundo trofeo de los seis que le ofrece el año y se muestra con cuerda para rato. Aunque el Madrid, fiero y punzante como demostró en La Romareda, le disputará hasta el final tres de ellos.

Los renglones torcidos de Mou

Por: | 22 de agosto de 2011

Jose_Mourinho

Más ofensivo, más agresivo y asumiendo más riesgos. Así se presentó el Real Madrid esta temporada ante el Barcelona. Un giro táctico de Mourinho para afrontar los clásicos, apretando con una intensidad asfixiante desde el inicio, obligando al Barca a una posesión incomoda y no permitiendo sus típicas triangulaciones horizontales, que van inclinando el partido a través del volumen de juego.

Con presión constante y ordenada sobre los centrales, los laterales y los volantes, Valdés se vio a menudo utilizado como apoyo final para buscar salidas en el Bernabéu. Las coordinaciones en la presión se vieron también en el preciso manejo del Madrid de los tiempos, los espacios y la elección del jugador a presionar e incluso de la dirección en la que esta se ejercía. Así, en el partido de vuelta, los blancos angostaron los caminos y guiaron deliberadamente la salida hacia Mascherano, obligándole a lanzamientos largos o a pases apurados y arriesgados.

El Madrid robó, en ambos partidos, gran cantidad de balones en los tres cuartos de la cancha. Una zona ideal para ahogar al Barca y atacarlo rápidamente, inculcándole dudas y temor en el despliegue, una fase clave para el desarrollo de su juego.

Para aplicar esa presión en bloque no solo se necesita intensidad, un gran estado físico y una afinada coordinación. También se requiere coraje. Solo con esa determinación y dos magníficos centrales como Carvalho y Pepe se puede mantener la línea defensiva tan alta, plantada casi en la mitad de la cancha, cuando enfrente hay pasadores como Messi, Iniesta y Xavi y alfiles como Pedro y Villa.

No solo fue el Madrid más decidido en su determinación por achicar los espacios, sino también más respetuoso con el destino del balón. Con mejoras conceptuales para no permitir la presión rival, la pelota no voló frontal en el juego largo y se movió cruzada en el juego medio, con Alonso y Khedira buscando abrir a Cristiano y Di María a espalda de sus marcadores.

Ya asimiladas desde el curso anterior, las salidas rápidas y la aceleración vertical tras el robo, marca registrada en los equipos de Mourinho, se ejecutaron de forma diligente.

En ese crecimiento con el balón y robando tiempo de posesión y energías a un Barça obligado a replegarse asiduamente, al Madrid quizá le faltó encontrar esa dosis de paciencia necesaria para que el dominio del partido no dependa exclusivamente de la intensidad física.

Solo Messi, con sus tres goles y dos asistencias, se interpuso entre la Supercopa y el Madrid. No perdió la batalla del juego ni mucho menos la psicológica, en la cual insertaba nuevas dudas a un Barca que se vio superado durante larguísimos tramos. Se trataba de una derrota matizada, con grandes avances estratégicos y tácticos. Hasta que el equipo decidió ocultarlos y pelear contra sí mismo.

Cuando el Madrid dedica sus energías a enfocarse en el discurso futbolístico, el conjunto y el entrenador transmiten con claridad sus ideas a través del juego. Cuando se dedica a reñir o a vociferar el afiebrado discurso extrafutbolístico, el Madrid transpira sobre su tradición los excesos de quien circunstancialmente lo representa.

Ya no cuenta el Madrid ni siquiera con un intérprete como Valdano, conocedor de la cultura del club, que intente moderar y enderezar el mensaje ante la imposibilidad de moderar a quien lo dicta.

Construido con retazos de la realidad y zurcido con el hilo de la sospecha, cuesta hoy distinguir si el discurso en el que está enredado el club responde a una intención premeditada de acoso y presión psicológica, con la intención de influir al Barça y condicionar la mirada general -una argucia maliciosa con la que se podría estar de acuerdo o no, pero que al menos determinaría la existencia de un proceso deliberado, de un esquema razonado-, o si finalmente los protagonistas compraron su versión personal de los hechos para, convencidos del propio relato, deslizarse de lleno en una ilusión persecutoria perpetrada en su contra y ante la cual se ven obligados a rebelarse.

Una visión torcida que se reafirma a sí misma con el paso del tiempo y de los hechos, ya que, como lo describe Jorge Fontevecchia (Diario Perfil, 30-4-11): "El paranoico siempre tiene razón. Presume que alguien lo va a atacar y para defenderse lo ataca primero. El atacado, también para defenderse, devuelve la agresión. El paranoico confirma su teoría: querían atacarlo". Como sucede con Alice Gould, en la famosa novela de Luca de Tena, el lector desconoce en cuál de estos ovillos se encuentra atascado el Madrid de Mourinho.

Un equipo que se encuentra futbolísticamente más cerca que nunca de su presa y todavía esta a tiempo de olvidar todo este ruido y escucharse a sí mismo en su mejor versión: jugando a la pelota.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal