'Eau de croquette': todo sobre los restaurantes que te dejan olor a frito

Por: | 17 de abril de 2013

Olor a cocina en la ropa
Foto conceptual. / EL COMIDISTA

 

Te pones tu mejor ropa porque vas a salir. Entras al restaurante y huele a comida. Cenas, bebes, charlas, ríes, lloras... Sales a la calle muy animado, y camino al bar donde vas a tomar la primera te das cuenta de que cierto aroma untuoso te acompaña. Tras acercar la nariz al jersey, lanzas un grito de horror: ¡soy una fritanga humana! Y es verdad que lo eres, porque tu camisa, tu chupa, tu pelo y hasta tus pestañas apestan a croqueta dorada en aceite milenario.

¿Por qué se produce este fenómeno? ¿Cuáles son las claves del efecto eau de croquette? ¿Hay alguna manera de evitarlo? Todas estas preguntas rondaban mi cabeza el otro día al salir de uno de mis chinos-chinos favoritos de Barcelona. Un lugar donde se sirve una comida deliciosa y baratísima, pero cuya proporción de moléculas de grasa en la atmósfera ha ido aumentando de manera exponencial desde que lo abrieron. Éramos un montón de gente porque una amiga celebraba su cumpleaños, y cuando nos fuimos a tomar algo después, formábamos una nube tóxica que casi te impedía respirar. A pesar de nuestros espectaculares cuerpos de top model, ninguno nos comimos un rosco esa noche: no existe nada más antilujuria que atufar a sartén.

No hay que ser Stephen Hawking para intuir por qué algunos establecimientos padecen esta lacra. Una mala extracción de humos en la cocina combinada con un aislamiento deficiente suele ser la causante de la producción de eau de croquette. "Para evitar los olores hay que instalar un sistema de extracción potente situado encima de todos y cada uno de los elementos de cocción", explica Maite Batalla, ex responsable de restaurantes como el Santa Marta, en Cabrera de Mar, donde diseñó la cocina. "El problema es que eso es caro y ruidoso, molesta a los vecinos y puede incumplir normativas de riesgos laborales para los empleados. La solución es insonorizar, lo que es aún más caro".

La separación de cocina y comedor es la otra clave. "La puerta entre la zona de cocina y la de sala debe ser de vaivén y no estar nunca abierta por completo. En los establecimientos sin puerta el olor pasa; en los que tienen cortinas de plástico de tiras anchas, tipo cámara, lo mismo: son un suplicio para los camareros, con lo que acaban dejándose abiertas y pierden por completo su función antiolor. Las posibles corrientes de aire entre una zona y otra agravan el problema".

Olor subway
"Huele a lechuga. O a lo que sea que se te pegue en la ropa". / COMICAL CONCEPT

El tipo de alimentos que se cocinan también influye en la peste, así como su calidad. "Freír con aceite limpio no desprende el mismo olor que hacerlo en aceite sucio, quemado o descompuesto", explica Batalla". "El siguiente peor olor es el de una plancha con pescados grasos. En esta categoría, el número uno es el rodaballo, cuya grasa al quemarse desprende un olor muy fuerte, pero las sardinas, boquerones, caballas, salmones y el resto de pescados azules van por el mismo camino".

Bien. Ya conocemos las causas. Vayamos ahora con la información práctica: ¿qué hacemos con la ropa una vez apestados? ¿Hay alguna técnica que le pueda devolver su aroma a limpio -o a levemente sudadillo- natural? ¿Es el Febreze nuestra última esperanza? "No hay ningún truco mágico", asegura Cristina Peña, de la tintorería industrial Sosnet. "En algunas ocasiones, si colgamos la prenda al aire libre podríamos llegar a eliminar los olores. Pero el mejor sistema es el lavado mojado".

Desde esta empresa, que se encarga de limpiar la ropa de restaurantes como el Dans Le Noir, Hotel Atenas o Jamón & Cava, nos dan una mala noticia: no hay tejidos odorífugos. "La lana es un tejido natural que absorbe mucho los malos olores, además del algodón... Si a esto le sumamos que el poliéster absorbe mucho el olor corporal, la combinación de éste con otros tejidos hace que la ropa huela de forma muy intensa. No importa el tipo de tejido que nos pongamos para ir a cenar, no notaríamos la diferencia. La solución no está en buscar una combinación en nuestra forma de vestir, sino en no ir a restaurantes y y bares de los que salgamos sintiéndonos como un plato andante". 

Palabras sensatas llenas de sentido común. Pero insatisfactorias para personas como yo, que conocen unos cuantos lugares en España que sirven comida fantástica pero te dejan película de churro. Como glotón, me niego a dejar de visitarlos a pesar de este defecto, pero utilizo algunos trucos personales. El primero es sentarme lo más lejos de la cocina, acción que sólo es efectiva si la presencia de friteroles de aceite en el aire es baja. El segundo consiste en ponerme ropa vieja o semiusada de algodón que pueda tirar a la lavadora nada más llegar a casa. Eso hasta que me compre el traje de neopreno para salir, que me da que va a ser la solución definitiva.

COCINA ABIERTA
Peligro: cocina vista. / DESIGNERS RAUM

 

TOP 5 DEL 'EAU DE CROQUETTE'

1) Freidurías, hamburgueserías y salchicherías

Este tipo de establecimientos suelen ser peligrosos porque para elaborar sus platos manejan aceites a alta temperatura. Cuanto más calor aplicado a los alimentos, más olor desprenden y más posibilidades hay de que dicho olor se quede pegado en tu ropa si la extracción de humos no es buena. Además, manipulan carnes o pescados, más pestíferos que las verduras.

2) Chinos chinos y woks chuzos

Siendo megafans de los chinos chinos, debo reconocer que la propina que te llevas de muchos de ellos es el pestuncio a pollo frito con soja. Una de las experiencias más humillantes que he vivido ocurrió tras visitar uno en Madrid con unos amigos. Después fuimos a una coctelería muy cool, tomamos algo y cuando salíamos de allí oímos comentar a unas chicas: "Uf, qué mal huele esta gente". No sé si por las temperaturas que alcanza el wok o por alguna salsa que utilizan, los sitios baratuzos de comida elaborada con esta sartén también tienden al pestazo.

3) Tascas de menú del día

Otro hábitat natural del eau de croquette es el clásico sitio de menús de barrio popular, de esos que tienen tarta al whisky y una plancha en la barra para hacer bocatas de panceta. A esta clase de tasca sueles ir al mediodía, con lo cual te llevas el tufo encima a trabajar para pasar toooooda la tarde degustándolo. Tú y tus compañeros, que lo detectan cada vez que pasas por su mesa o te acercas a decirles algo.

4) Restaurantes modernos con cocina a la vista

¿Pensabas que el olor a comida en la ropa era patrimonio exclusivo de los restaurantes cutrillos? Pues te equivocas: también hay sitios modernos o pijos con efecto tufo, especialmente los que cuentan con cocinas a la vista. Éstas llevan años siendo tendencia: dan espectáculo, son una prueba de transparencia en el negocio y si están aisladas por cristal, no suponen ningún problema. Pero si no, cualquier defecto en la extracción de humos se puede traducir en chupas, jerseys y camisas de clientes impregnados de olor a filete de Kobe a la plancha o a rodaballo salvaje a 25 euros la ración.

5) Fondues

Las fondues de queso son relativamente pestíferas. Pero Dios te libre de permanecer más de cinco minutos cerca de una de aceite. Recuerdo una vez que se nos ocurrió preparar una en casa de mis padres, y fue el apocalipsis del oloraco. No sólo nuestra ropa y nuestro pelo olía a frito: también las sillas, el mantel, las paredes... casi se veía un aura de aceite en todos los objetos que había en la sala. Sólo imaginarme algo parecido en un restaurante me dan escalofríos.

 

¿Has sufrido alguna vez el efecto 'eau de croquette'? ¿En qué restaurantes? Cuéntalo en los comentarios.

Hay 114 Comentarios

Cuando nos dejaban fumar en los bares y restaurantes nadie salía con olor a fritanga.

Te has olvidado de la "Carne a la piedra", fantástico momento en que la grasa amarilla del buey impregna el ambiente y las prendas de vestir de los comensales. Está buenísimo, eso sí, pero el comedor queda inapeláblemente inundado del aroma grasiento del bovino.

Hola tan pijo y comes en los chinos pues que quieres
tienes loque pagas.

En Sant Joan Despí hay un chino que es el puto rey de la pestuza. Eso sí, sus macarrones son como canto de sirenas para cualquier adorador de la pasta rehogada en salsa de soja: maravillosos e irresistibles, una vez los has probado, te atraen sin remedio a un oloroso retorno a la fuente de donde mana su encanto.
Cuando llevamos a cabo la imprudencia nasal de ir a comer allí para después volver al trabajo, tenemos en la oficina uno de esos sprays mataolores... lo cual no es ni mucho menos la panacea, pero algo ayuda. Hemos pedido a la empresa que ponga a la entrada uno de esos compartimentos estancos de descontaminación que te vaporizan unos humos limpiadores, como los que salen en las pelis de vertidos tóxicos o contagios víricos, pero se ve que con la crisis no les salen las cuentas. Lástima.

Aquellos bares y freidurías maravillosos que teníamos, donde además de comer, beber y tirar las cabezas de las gambas al suelo, SE FUMABA, y ese tufo todo mezclado que se adquiría rápidamente y con una enorme eficacia ya no lo vamos a volver a tener. Ahora viene la campaña anti olor a fritanca. Se va perdiendo todo. Termina la vida y empieza la supervivencia. El mundo será de los pijos, los hipster y los modernos.

lo mejor es buscar restos con mesas afuera es lo mejor,y tambien tratar de buscar cocinas donde tengan la delicadesa de cocinar co menos aceite y nada de frituras por favor

He sufrido el olor a fritanga en mis carnes, pelos y ropas en muchas ocasiones. Pero nunca olvidaré el tufo del Frankfurt José en el Raval de Barcelona. Ni con dos lavados se iba el jodido!!

Al lado del instituto en el que estudié había un bar llamado El ISI... Tenían unos pinchos de pollo baratísimos y enormes. Tan grandes que era imposible terminártelos en media hora. El caso es que también era el sitio habitual de pirar o hacer pellas. Cuando alguien pasaba allí una hora y volvía al instituto, TODO el mundo sabía que habías estado allí, incluidos los profesores. La frase 'Hueles a Isi' era (y es) un must en mi instituto.

Es una sensación muy incómoda, pero es cierto que quienes disfrutamos con la gastronomía nos negamos a dejar de ir a ese lugar auténtico donde se come tan bien por el tufillo post-comida, así que, ¡votamos por el traje de neopreno ya!

Para aromas yo recuerdo con cariño un sitio (ya cerrado) en Juan de Olías (Madrid). Plancha y freidora pegados a la barra, sin separación alguna. El extractor de humos (desactivado) tenía estalactitas de grasa. Daban como tapa huevos fritos, filete, oreja y otras varias delicatessen, eso sí, en grandes cantidades.Los perros del barrio te seguían al salir. De todos modos en tema de olores de ropa no conozco ningún sitio de comidas comparable al olor con el que se salía de los coffee-shop de Amsterdam. Si te descuidabas y volvías a ponerte la ropa al día siguiente, te paraba la policía en Barajas

En Getafe (Madrid) hay un sitio al que nosotros llamamos "un bar de viejos". Es el bar de toda la vida donde se juntan los viejos a ver el fútbol y los universitarios siempre que pueden. Es muy barato y si vas a cañas, ya comes o cenas con la pedazo de tapa que te ponen; la placa la tienen justo detrás de la barra, por lo que te puedes imaginar el aroma con el que sales. La especialidad es la oreja a la plancha (Niki Lauda) y las frituras varias.

Cuando quedamos para ir a ese bar, ya procuramos ponernos ropa que ya haya tenido su uso y no ir con el pelo recién lavado.

He pasado por muchos lugares con olor a fritanga, pero el number one es el bar que hay debajo de las Torres de Colón en Madrid. Hace unos años teníamos allí en las Torres la oficina y con el cafe de primera hora ya estabas condenado. Y lo que es mejor, el olor era mezcla fritanga con tabaco. Hasta las latas de coca cola olían a fritanga tabaquera. La ventilación de las Torres no era buena, dicho sea de paso.

¿Puedes recomendar algún chino-chino en Madrid aparte de el de Pza. España ?

Hace años íbamos a un bareto de tapas que se llamaba "Atrévete" y lo rebautizamos como el "Ahumaté" por que salías enfritangao.

mi marido salió con collegas a cenar a "la paradeta" en el Born, en Barceloba. Luego fuero de copas y había uno que iba de caza. Se acercaron a un grupo de chicas y wmpezaron a oir comentarios como "uy, aquí huele a gamba". Esa noche no hubo caza y desde entonces se autodenomiban "el club de la gamba"

La Plaza de España de Madrid huele a fritanga por culpa de un chino-chino que hay en el subsuelo. Eso sí, muy rica la comida de nuestro "Little Chinatown".

Para igs y demás fanses de la freidora. En el Corte Inglés vendían y no sé si siguen vendiendo una marca que se llama Movilfrit y es una pasada porque no huele nada. El aceite se aguanta seis meses, aunque luego hay que hacer una limpieza bastante asquerosa, pero alguna vez hay que lavarse.

No se si estará ya comentado, pero el summum de la peste son algunos tugurios (me resisto a decir restaurantes) que a la fritanga le suman el rancio del churre de los conductos de ventilación de la campana extractora que no los han limpiado jamás. ¡encima lo esparcen por el local!

Para olores infames, mi freidora, que compré en Holanda! (expertos en freír casi todo). La pobre ha ido acumulando una roña oleosa que solo se podrá ir totalmente si la baño en sulfúrico. No es que no se haya lavado y vaciado varias veces, es que lo que se le ha pegado NO se va (horreur!). He pensado en tirarla, pero me da pena. Ahora la uso poquísimo, y solo bajo el extractor a todo trapo o fuera al aire libre, porque tengo un enchufe al lado de la barbacoa. Se ha convertido en un electrodoméstico de destrucción masiva, pero aun hace unas patatas fritas buenísimas. Ay. Dilema.

Esto pasa en el Costello Rio (www.costellorio.com). La comida está muy bien y el local muy chulo, pero pasar por allí implica traerte los aromas de fritanga a casa. Una lástima.

Vivo en el extranjero y una vez nos juntamos un grupo de espanyoles a cenar y de paso jugar una partida de mus en un restaurante. Yo nunca habia ido a ese sitio, pero otras personas del grupo ya lo conocian. Debi mosquearme un poco cuando al entrar veo que una de las que venian com nosotros casi se desnuda... y eso que era diciembre y hacia un frio que pelaba... abrigo, jersey... todo fuera y en el coche. Entro con lo minimo para no ser arrestada por escandalo publico. Al salir del restaurante la entendi... se dejo puesto solo aquello que podia ir a la lavadora... yo tuve que pasar por la tintoreria al dia siguiente porque ni aireandolo se iba el olor...

Por dios, por qué faltan los KEBABS en la lista! Además, por experiencia propia, los sitios más guarros son donde ponen los mejores kebab. Y como dice una amiga: el sexo, como el kebab, cuanto más guarro mejor.

Los restaurantes griegos y los restaurantes turcos deberían estar en el top 5. Esos se llevan la palma.

Quienes lo han tenido claro durante siglos y son los mejores bajo los fogones , sin tanto nitrógenos y otras inventivas I+D+I , SON LOS FRANCESES , sus cocinas siempre cerrada al público y en el comedor se huele a la comida o el vino que te sirvan . Las cocinas americanas o abiertas al publico tienen su riesgo, por un lado los olores que nos impregnan y por otro , si alguien del equipo se equivoca , el CHEF no puede darle una bronca porque está ante su clientela y el error puede acabar en la mesa...

Muy divertida esta entrada Sr. MLI. Yo también odio a muerte el "eau de croquette", pero la ventaja de la crisis, al menos para mi, es que no me llega el sueldo para irme de cenitas por ahí. La comida la llevo hecha al trabajo, microondas y punto. Debo decir que para los que somos, poco apestamos.


Por cierto, Visi, reina (o rey...), ¿aún no sabes que usar el aceite de coco (o de palma) para comer es malísimo de la muerte para la salud? Incrementa los niveles de colesterol hasta el infinito. Mejor usarlo para dar (o recibir) masajes o para fabricar jabones.


Un saludo desde Mallorca.

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El Comidista

Sobre el blog

El Comidista trata todos los aspectos de la realidad relacionados con la comida. No sólo da recetas fáciles de hacer, habla de restaurantes accesibles o descubre los últimos avances en trastos de cocina, sino que comenta cualquier conexión de lo comestible con la actualidad o la cultura pop. Todo con humor y sin ínfulas de alta gastronomía.

Sobre los autores

Mikel López Iturriaga

es periodista y bloguero, y lo más decente que ha hecho en su vida es crear El Comidista en 2009. Escribe en EL PAÍS y habla en el programa 'Hoy por hoy' de la Cadena Ser, después de haber pasado por Canal +, El País de las Tentaciones, Ya.com o ADN. Aprendió a guisar con su madre y, después, en la Escuela Hofmann, pero sigue siendo cocinillas antes que cocinero.

Mónica Escudero

es DJ, madre, escribe, cocina y pone la mesa para El País Semanal, ejerce de Comidista adjunta, y no necesariamente en ese orden. Dirigió las revistas Barcelonés y Madriz, y colaboró en medios como Marie Claire, SModa, Vanidad, Yo Dona o La Luna. Ha escrito A vueltas con la tartera, y lo que más le gusta es cocinar, la michelada y los gatos (pero no para comérselos).

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